Cuando hice la elección de las palabras yo pensé que en la letra A iba a ganar la palabra Amigo pero luego me enteré que ALELUYA tenía la mayoría de votos !!!¿¿¿POR QUÉ ALELUYA???¡¡¡ .Como no sabía nada sobre esta palabra, investigué en el internet y apareció:
1) Interjeción que se emplea para demostrar júbilo.
2) Dibujo que forma parte de una serie de ellos contenidos en un pliego de papel con la que se explica un asunto, generalmente con versos pareados al pie.
3) En la liturgia católica, canto de alegría en demostración de júbilo. especialmente en tiempo de pascua.
Si me preguntan, para mí ALELUYA es una expresión de felicidad, por eso les comparto una experiencia que me ocurrió en la escuela :
Yo estaba yendo a mi aula después del segundo recreo, cuando veo niños bajando con las mochilas y yo pensé: "no han dicho nada sobre salir temprano", y luego me pregunto :"¿y si dijeron y no le avisaron a mi mamá?" .Me tenía que quedar en la escuela hasta la hora normal de salida, ¡2 horas después!
"Suertudos los que ya los vinieron a ver" pensé. De repente apareció el papá de mi compañera Ana Paula y dije ¡La salvación!. Después de unas consultas telefónicas a mi mamá y padres de otras compañeras, logramos el permiso para que nos lleve a nuestras casas. Cuando nos encaminamos al carro del papá de Ana Paula me sentía tan feliz que pude haber dicho: ¡ALELUYA! ¡NOS VAMOS!
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domingo, 21 de septiembre de 2014
Aleluya...que lío!!!!!
Cuando leí que la palabra de la semana era Aleluya..pensé: y ahora qué escribo??. Y fue cuando me vino a la mente el significado que para mí tiene esa palabra: alegría, regocijo, alivio...y supe de tirón de qué escribiría.
La primera vez que vine a Gibraltar (donde ahora vivo) fue en 2012. Nunca había tomado un avión...jamás había salido de la frontera acuática de mi país: Cuba. Fue toda una experiencia de sigilo, secretismo y un poco de superstición. Para los que nos conocen ( a nosotros los cubanos) es una realidad que no nos sentimos seguros hasta que no montamos en el avión y a veces ni así. En mi caso era un boeing 747 de la aerolínea Virgin. Imagínense!!! Yo que nunca había tomado un avión en mi vida encontrarme en uno nada más y nada menos que trasatlántico y con destino Londres. Era simplemente increíble!!! Como increíble fue que no supiera desabrocharme el cinturón de seguridad..que pegara un salto cuando descargó el baño y que no supiera que con mi abriguito iba a pasar más frío en Londres que en el Polo Norte.
La sensación que experimenté cuando aterricé y me vi en la terminal Sur de Gatwick fue de pequeñez. Era un sinfín de personas, maletas, niños...hombres con trajes, mujeres con shislabas o jihabs y todo en un maremagnum de idiomas extranjeros. Eso sí..todo reluciente, pulcro...brillante. Sentada en una cafetería, con mi chocolate caliente en la mano y viendo a través del cristal como el viento azotaba a los que entraban y salían del aeropuerto pensé: Estás en Europa!!!
La sensación de bienestar duró hasta que tuve que sortear los 100 metros que me separaban de la entrada del aeropuerto a la parada del bus que me llevaría al hotel. Con 5 grados de temperatura fue como estar en bikini dentro de una nevera. Por suerte los británicos se caracterizan por su exquisita puntualidad y el bus llegó a los 2 minutos...2 interminables minutos para trasladarme a un hotel que parecía salido de la serie Downton Abbey...entre bosquecillos, molinos de trigo, casas con chimeneas de ladrillo y OVEJAS!!! Dentro alfombras de 20 centímetros de espesor, sillones de piel, mesas de madera pulida..una pelicula. Mi habitación tenía una claraboya en el techo y cuando vi que a las cuatro y media de la tarde era noche cerrada me di cuenta cuan lejos estaba de casa.
Por suerte mi vuelo al siguiente día salía temprano en la mañana rumbo a Gibraltar por lo que estaría a más tardar a las 12 ya en tierra...o eso creía yo. Luego de los trámites de rigor de chequeo de pasaporte, pesaje de maletas etc...corriendo a la puerta de la que salía el avion de Easyjet al fin me vi sentada y despegando hacia mi puerto de llegada. Luego de dos horas y media mirando por la ventana como las tierras de España parecían un inmenso mapa de colores verdes y marrones el piloto anunció que aterrizaríamos en Gibraltar en unos 15 minutos. Al fin!!! fue lo que pensé. Ya estaba cansada de tanto ajetreo y llevaba dos días de vuelo...mi cuerpo se lo estaba sintiendo ya.
Justo cuando empezabamos a descender el avión comenzó a sacudirse violentamente. Los pasajeros se miraban con cara de espanto..los nervios a flor de piel. No se si saben que la pista de aterrizaje de Gibraltar está entre las más peligrosas del mundo por los continuos vientos que azotan el Peñon. Pues en noviembre como era...fue imposible y luego de 20 minutos de tentativas infructuosas el capitán anunciaba que aterrizaríamos en Málaga. Bueno..tomándolo filosóficamente no lo consideré un tropiezo así conocería otro lugar antes de llegar. Lo que no tenía en mente que mi visa era para Gibraltar, no para España...pero al funcionario de Aduana de Málaga sí no se le escapó así que me vi echada a un lado, en una terminal antigua del aeropuerto y custodiada por un Guardia Civil hasta para ir al baño no fuera a ser que se me ocurriera echar a correr y salir del aeropuerto. Agradable verdad?
Pues al cabo de siete horas, hecha ya amistad con todos los guardias civiles con los que hablé hasta de futbol, tomadas las fotos para la visa española y habiendo comido me acomodé en un banco de la terminal con la cabeza en mi bolso dispuesta a pasar allí la noche. Justo en ese momento me anunció el funcionario en cuestión que me iba en un taxi para Gibraltar pues ya Madrid había considerado mi caso y concedido la visa. Gracias Madrid..al menos no pasé aquí la noche" pensé irónicamente. Dicho y hecho...a Gibraltar en taxi por toda La Costa del Sol pero bajo una llovizna pertinaz y una niebla que podía dejar ver poco más de 10 metros adelante.
Tras dos horas de viaje con un taxista andaluz que hablaba hasta por los codos vi por primera vez el Peñón de Gibraltar...envuelto en la lluvia y la nube de Levante..alzandose de forma imponente contra el cielo sin estrellas. El corazón me repiqueteaba como un tambor...me faltaban solo minutos.
Con mi maletita y bolso de mano...aterida de frio crucé la fronetra, entregué mi documentación y empecé a andar por el pasillo que separaba España de Gibraltar. Al doblar un recodo puede distinguir al final del pasillo a mi esposo (novio en ese entonces) envuelto en un chaquetón, todo mojado de la lluvia y con los brazos abiertos listos para un abrazo. En ese momento...si no fue aleluya lo que me vino a la mente el sentimiento fue muy similar: regocijo, alegría y por qué no...alivio!!!!
Era el final de mi odisea, la llegada a puerto seguro y el comienzo de una nueva etapa en mi vida....pero esa, esa es otra historia.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Entonces empiezo a recordar… ¡Aleluya!
Debo confesar que la palabra «aleluya» no
es parte importante de mis recuerdos. Aleluya no es para mí el mejor de los
cantos, es la palabra que decimos cuando sentimos alivio.
La palabra aleluya surgió en mi vida el
sábado 20 de septiembre de 2014.
Soy un estudiante todavía, por lo que
manejo carpetas y libros. Estos materiales son muy importantes, pues yo archivo
deberes, lecciones y actividades en clase. Tengo una carpeta por cada
asignatura. Una de esas carpetas, la de Educación para la Ciudadanía, se me
había perdido. Esa carpeta tiene más de veinte hojas llenas de contenido
copiado en clase.
Yo no quería volver a copiar tantas hojas.
Francamente, estaba desesperado. Busqué por toda mi casa, incluso ordené mi dormitorio.
También busqué en mi colegio, recuerdo haber ido incluso a una bodega de
objetos perdidos. Mi carpeta se había perdido el lunes 14 de septiembre y el
viernes 19 de septiembre parecía que la situación no iba a cambiar.
Recuerdo que el viernes debía estudiar Química,
así como debo estudiar para rendir otros numerosos exámenes y también debo
hacer tareas esta semana. No estudié porque no podía concentrarme, me sentía exhausto
y además preocupado por no haber encontrado esa carpeta. Mi madre me recomendó dormir
y yo de mala gana acepté. Para mi buena suerte, mi madre me despertó a las 04 h
y 20 min para que yo pueda estudiar.
Después de bañarme y vestirme, comencé a
estudiar. Luego de repasar los métodos de separación de mezclas y la
configuración electrónica, podía decirse que era un as en la Química. En realidad
no soy un as en la Química, pero en ese momento me sentía incluso más inteligente
que Heisenberg cuando cocina meta.
Este sábado tuve que rendir exámenes. Después de terminar satisfactoriamente
mi examen de Química, Sebastian, un compañero de clase, se acerca y me dice:
Sebastian: «Brother», toma tu capeta. ¡Gracias!
Joseph: ¿Qué? ¿De qué hablas?
Sebastian: Tú me la diste el lunes. Ya me puse al día, tómala y no
te hagas el bobo.
Entonces empiezo a recordar y Sebastian
tenía la razón. Yo se la había dado y no me había acordado de eso. Segundos más
tarde grité:
¡Aleluya!
Navidad, tiempo de Aleluyas
Querido blog...en serio...aleluya??? qué tengo que ver yo con aleluyas y esas cosas?
Me dije al principio...lo único que se me viene a la cabeza para compartir son los domingos de ramos interminables de mi infancia donde mi madre nos arrastraba obligadas a la iglesia, vestidas en nuestras mejores galas y cuyo único premio para mis 8 años era que en la puerta de la Parroquia de San Marcelo, adonde concurríamos había un vendedor de estampitas. Y a mi nunca me interesaron los santos pero siempre me fascinaron las estampitas. En fin...
Como sea, decidí averiguar qué significaba exactamente "aleluya" y encontré un bonita respuesta que decía que quería decir "¡Alabad a Yahvé!" y que se considera una exclamación bíblica de júbilo... les parecerá una tontería, pero también tuve que ir a confirmar qué era exactamente el "júbilo"...y resultó que el júbilo es según el diccionario "alegría extrema mostrada a través de signos externos"...así que, a pesar de que yo no creo que exista un Yahvé...estoy muy de acuerdo con el júbilo... bien ahí! Ahí fue donde supe qué anécdota les podía contar.
Durante gran parte de mi vida, canté en un coro. Lo que más me gustaba del calendario anual de presentaciones que teníamos era Diciembre, porque ahí era cuando nos juntábamos con otros coros para cantar todos juntos los villancicos navideños de iglesia en iglesia...y los villancicos me encantan!! Pero un año, tuve un enorme e inesperado privilegio. Una fundación dirigida por un sacerdote y destinada a la ayuda de niños en situación de riesgo y adolescentes embarazadas organizó una maravilloso festival de Navidad para recaudar fondos para la obra. Participaron muchos artistas reconocidos, como Victor Heredia y León Gieco y a nosotros, al coro "Torcuato Canta", nos invitaron a cantar la Misa Criolla.
La misa criolla, para los que no son Argentinos, es la obra cumbre de un extraordinario pianista llamado Ariel Ramirez y vendría a ser (es difícil de explicar) los momentos esenciales de la celebración de la misa con letras y música adaptadas a nuestro folklore. El kyrie, el gloria, el credo, el santo...todo adaptado a la música de nuestra tierra. Les dejo el link para que la conozcan. Le pone piel de pollo al más pintado, les aviso...es un obra que han cantado todos nuestros grandes artistas, especialmente Mercedes Sosa. Requiere para su interpretación a un solista y un gran coro. Nuestro solista fue Zamba Quipildor, un folklorista de esos de toda la vida. Hicimos tres funciones. Y la satisfacción inmensa, enorme y completamente inmerecida que significó para mi participar de eso me hace pensar que ese fue mi ALELUYA MOMENT.
ALELUYA CHIAPANECO
Me sucedió
Ustedes perdonarán, pero casi, casi le tuve que hacer al mago con la famosa palabrita ;-)
viernes, 19 de septiembre de 2014
Hallelujah
Pensar en una curiosa aventura con la palabra Aleluya, ha sido pensar en algo que me ocurrió no hace mucho, que me sacó una sonrisa y me ayudó a escuchar mejor. Aprecio la buena música, creo que junto con el biberón mi mamá me ponía música porque crecí en medio de melodías que para mi son inolvidables y soy de esas personas que escucha ciertas palabras y enseguida me conecto con la letra de alguna canción, no necesariamente su título si no más bien su letra y así resulta que aún en conversaciones intrascendentes mi mente puede estar divagando con alguna letra escondida que sale a flote para mi deleite musical, pues bien eso mismo me sucedió en una ocasión cuando alguien no recuerdo por qué razón mencionó Aleluya y de pronto divagué recordando el coro de My sweet Lord, la canción cantada por George Harrison y como me ha ocurrido en ocasiones anteriores ese estribillo no desapareció de inmediato y luego vino la irremediable búsqueda en youtube de la música sin prestar tanta atención en la letra, considerando que no soy angloparlante si no lo estrictamente necesario por razones profesionales.
En esa misma semana que estuve con este coro en la cabeza dándome vueltas, tuvimos un almuerzo familiar con mis padres en su casa, luego en la sobremesa nos dedicamos a escuchar música y ver vídeos y lógicamente busqué My sweet Lord de George Harrison y encontré una versión subtitulada y le dije a mi esposo escucha que dice Aleluya Oh Señor! Yo quiero verte Señor! Yo quiero estar contigo Señor! Qué bonito mensaje de alabanza a Dios y mi hijo me dice no mamá no es una canción alabando a Dios, el Dios en el que nosotros creemos, es una canción que mezcla y alaba a los Dioses hindúes, explicándome también el periodo donde The Beatles estuvieron viviendo muy de cerca la cultura hindú.
Aquella tarde escuché tantos nombres de Dioses hindúes hasta ese día ignorados por mi, porque sólo sabía de Hare Krishna y esa lección me la dio mi hijo Joseph, lector desde niño y autor también de este blog.
Comprendí que hay cosas que aprendemos de nuestros hijos y así crecemos juntos.
Les dejo la letra de la canción de marras para que sonrían como yo aquella tarde
My sweet lord
Hm, my lord
Hm, my lord
I really want to see you
Really want to be with you
Really want to see you lord
But it takes so long, my lord
My sweet lord
Hm, my lord
Hm, my lord
I really want to know you
Really want to go with you
Really want to show you lord
That it won't take long, my lord (hallelujah)
My sweet lord (hallelujah)
Hm, my lord (hallelujah)
My sweet lord (hallelujah)
I really want to see you
Really want to see you
Really want to see you, lord
Really want to see you, lord
But it takes so long, my lord (hallelujah)
My sweet lord (hallelujah)
Hm, my lord (hallelujah)
My, my, my lord (hallelujah)
I really want to know you (hallelujah)
Really want to go with you (hallelujah)
Really want to show you lord (aaah)
That it won't take long, my lord (hallelujah)
Hmm (hallelujah)
My sweet lord (hallelujah)
My, my, lord (hallelujah)
Hm, my lord (hare krishna)
My, my, my lord (hare krishna)
Oh hm, my sweet lord (krishna, krishna)
Oh-uuh-uh (hare hare)
Now, I really want to see you (hare rama)
Really want to be with you (hare rama)
Really want to see you lord (aaah)
But it takes so long, my lord (hallelujah)
Hm, my lord (hallelujah)
My, my, my lord (hare krishna)
My sweet lord (hare krishna)
My sweet lord (krishna krishna)
My lord (hare hare)
Hm, hm (Gurur Brahma)
Hm, hm (Gurur Vishnu)
Hm, hm (Gurur Devo)
Hm, hm (Maheshwara)
My sweet lord (Gurur Sakshaat)
My sweet lord (Parabrahma)
My, my, my lord (Tasmayi Shree)
My, my, my, my lord (Guruve Namah)
My sweet lord (Hare Rama)
(hare krishna)
My sweet lord (hare krishna)
My sweet lord (krishna krishna)
My lord (hare hare)
jueves, 18 de septiembre de 2014
Una gran aventura en mi vida

Cada
vez que deseo o necesito escribir sobre una aventura o experiencia en
mi vida, no puedo evitar que llegue a mi mente una época, cuando mi
primer hijo que solo tenía cuatro añitos desapareció por unas horas y además del tiempo transcurrido lo que mas me angustió, fue el lugar del suceso.
Nos
encontrábamos en una playa muy concurrida, él estaba jugando con otros
niños en la arena, construyendo sus palacios imaginarios, como lo hacen
la mayoría de ellos, no se en que momento desvié mi mirada hacia otro
lado y cuando la volví hacia donde él se encontraba había
desaparecido, eran las dos de la tarde de un domingo soleado, al
comienzo como suele suceder la búsqueda fue por los alrededores, pero
al pasar unos minutos todos mis esfuerzos fueron en vano, la alarma fue creciendo, los amigos, se unieron a
la búsqueda, primero por tierra luego por el mar, cuando llegó este
momento, yo no podía soportar mi ansiedad, pasaron las horas, oscurecía,
mi vista no se apartaba de la lejanía, cuando a eso de las 6 de la
tarde, un jeep apareció y un señor con una silueta en su mano, que yo no podía distinguir en medio de mi angustia, si se trataba de un hecho paranormal,
una figura imaginaria o una alucinación, pero no allí estaba presente
mi hijo, me costó pronunciar una palabra, y la que por fin salió de mis labios,
fue Aleluya, la mejor para poder expresar la alegría y el regocijo que
en ese momento me embargaba y de esta manera celebrar su presencia. El próximo mes de Octubre, cumpliría 60 años, 10 años de ausencia, pero hoy recordando ese acontecimiento, y escuchando el aleluya de Hándel, siento su presencia, por lo que cada vez que quiera tenerlo a mi lado, me sentaré a escuchar esa melodía
Aleluya...finalmente el correcto!!
Mi familia materna, y especialmente por el lado de mi abuelo, es poco dada a
perder el buen estado de ánimo, nos enfrentarnos a los problemas sin dejarnos
agobiar por ellos, le buscamos solución a los que tienen solución y si no
la tienen no nos mortificamos y seguimos adelante; de igual manera, y a pesar
de la pena que nos pueda causar la ausencia física de un ser querido, vemos la muerte como una
etapa de la vida, lo único que tenemos seguro. Se podría decir que somos unos
charlatanes, en el buen sentido de la palabra, por supuesto!!
Mi abuelo era un hombre muy familiar, tan familiar que como trabajaba como capataz de obra en la construcción de carreteras por todo el país, tenía dos familias, una con mi abuela y sus tres hijos en el interior del país y otra con Patria, en la capital; eso fue hasta que mi abuela se enteró y se olvidó hasta de su nombre, pero esa es otra historia.
Patria, conocida así por todos pero cuyo nombre legal era Julia, era de esas personas de trato afable y resultaba prácticamente imposible no tomarle mucho cariño, era consentidora con los nietos, las puertas de sus casa siempre estuvieron abiertas para toda la descendencia de sus esposo y no hacia diferencia entre sus hijos y los hijos de su esposo fruto de otras relaciones, lo que se extendía a los nietos.
Muy joven sufrió, un derrame cerebral que le dejo muerta la mitad derecha del cuerpo, eso no le impidió sacar adelante ocho hijos propios y tres de mi abuelo, a todos les proporcionó una profesión. Los hijos de mi abuela no están incluidos.
Cuando su salud empezó a deteriorarse, rondando los ochenta años, sus hijos decidieron llevarla a Estados Unidos por dos motivos: Primero, para disponer de cuidados de salud que aquí resultarían un poco costosos y en segundo lugar, para evitar que a pesar de su estado continuara pendiente de cada detalle de la casa, en la que vivían dos de sus hijos y dos nietos. Esto no dio muy buenos resultados, su estado de ánimob y alegria habitual decayó mucho al estar fuera de su ambiente acostumbrado por lo que luego de varios meses la trasladaron nuevamente al país donde recuperó su espiritu batallador y alegre, después de casi dos años de su regreso, falleció luego de menos de una semana en cama.
Su velatorio fue muy concurrido, las muestras de afecto y solidaridad fueron muchas, y aunque ella no era una persona de ir a la iglesia, era más común ver al Padre en la casa que a ella en la iglesia, una buena cantidad de los miembros de la iglesia de la comunidad acudieron a despedirle. Una de estas personas decidió decir unas palabras pero por alguna razón no atinaba a decir el nombre correcto, cada vez que se refería a ella le llamaba Olga, y alguien susurraba:
Mi abuelo era un hombre muy familiar, tan familiar que como trabajaba como capataz de obra en la construcción de carreteras por todo el país, tenía dos familias, una con mi abuela y sus tres hijos en el interior del país y otra con Patria, en la capital; eso fue hasta que mi abuela se enteró y se olvidó hasta de su nombre, pero esa es otra historia.
Patria, conocida así por todos pero cuyo nombre legal era Julia, era de esas personas de trato afable y resultaba prácticamente imposible no tomarle mucho cariño, era consentidora con los nietos, las puertas de sus casa siempre estuvieron abiertas para toda la descendencia de sus esposo y no hacia diferencia entre sus hijos y los hijos de su esposo fruto de otras relaciones, lo que se extendía a los nietos.
Muy joven sufrió, un derrame cerebral que le dejo muerta la mitad derecha del cuerpo, eso no le impidió sacar adelante ocho hijos propios y tres de mi abuelo, a todos les proporcionó una profesión. Los hijos de mi abuela no están incluidos.
Cuando su salud empezó a deteriorarse, rondando los ochenta años, sus hijos decidieron llevarla a Estados Unidos por dos motivos: Primero, para disponer de cuidados de salud que aquí resultarían un poco costosos y en segundo lugar, para evitar que a pesar de su estado continuara pendiente de cada detalle de la casa, en la que vivían dos de sus hijos y dos nietos. Esto no dio muy buenos resultados, su estado de ánimob y alegria habitual decayó mucho al estar fuera de su ambiente acostumbrado por lo que luego de varios meses la trasladaron nuevamente al país donde recuperó su espiritu batallador y alegre, después de casi dos años de su regreso, falleció luego de menos de una semana en cama.
Su velatorio fue muy concurrido, las muestras de afecto y solidaridad fueron muchas, y aunque ella no era una persona de ir a la iglesia, era más común ver al Padre en la casa que a ella en la iglesia, una buena cantidad de los miembros de la iglesia de la comunidad acudieron a despedirle. Una de estas personas decidió decir unas palabras pero por alguna razón no atinaba a decir el nombre correcto, cada vez que se refería a ella le llamaba Olga, y alguien susurraba:
-
No es Olga, es Patria o Julia.
Y el señor continuaba:
-
La hermana Olga, que era un ejemplo…
Y venia el susurro:
-
Olga no, Patria o Julia
Luego de que esto se repitiera en más
de diez ocasiones, finalmente el señor dio con el nombre correcto
-
Patria, que siempre estuvo dispuesta a colaborar…
Al escuchar esto, el mayor de sus hijos, dijo
-
Aleluya!! finalmente estamos velando a la persona
correcta, creía que nos habíamos equivocado
de capilla.
Esto, además de aligerar la incomodidad que ya estaba causando el error constante
por el nombre, en un discurso demasiado largo para alguien que no era cercano a
la fallecida ni a ningún miembro de la familia sirvió para ponerle fin y para
tener un tema cada vez que nos reunimos…De donde este hombre sacó el nombre de Olga??!!lunes, 15 de septiembre de 2014
El llamado interior.
Con sendos escapularios fuertemente asidos entre sus manos
entornadas se disponían las señoras a emitir el ferviente ¡Aleluya!, acto
seguido, como para quien no comprendiera la exclamación bíblica pura,
enfatizaban: ¡Alabado sea el señor! Y esperaban prudentemente la siguiente cita emitida por la voz del padre de turno que se extendía potente por todos
los rincones del recinto, para luego, con energías renovadas reanudar la
consabida exclamación.
Yo les analizaba desde las filas posteriores. Debido a que mi
abuela acostumbraba a llevarme todos los domingos a la misa y llegado el punto
en que la costumbre y repetición se me hacían tediosas, perdiendo todo interés
en el contenido de las oraciones y demás actos ceremoniales, me dedicaba a
detallar a las personas, a observar la cantidad de cuadros que adornaban el
lugar e incluso las esculturas que siempre me producían inquietud pues tenía
muy presente que todos consideraban que allí mismo se encontraban realmente
María, Jesús o el niño Dios.
En varias ocasiones admiré a ese grupo de mujeres casi
ancianas que siempre se sentaban delante e interactuaban entre sí como si de
una verdadera hermandad se tratara, me sorprendía su constancia y puntualidad,
el esmero que ponían en cada cosa que hacían y la importancia que le daban a
esos momentos; veía también con gran curiosidad a las demás personas que con
gestos afectados se arrodillaban o emitían frases que en unos casos dejaban
entrever cierto arrepentimiento y en otros un fervor inconmensurable.
Ahora sé muy bien que lo que entonces me sucedía; esa
tendencia a examinar de forma minuciosa a los demás era el principio de una
incómoda sensación que se apoderaba de mí al notar en otros lo que cada vez
confirmaba no había en mi ser. Hasta donde alcanza mi capacidad para recordar
puedo experimentar todavía la incredulidad que sentía al mirar las diferentes
estatuas y no ver más que figuras pétreas sin atisbo alguno de vitalidad; al contemplar el enorme techo de la Iglesia cuando el Padre aseguraba que allí estaba
Dios, viéndonos y oyéndonos, sin yo poder sentirlo aún; al cerrar los ojos y
esperar con impaciencia que alguna voz agradable se inoculara en mi mente y se
comunicara conmigo, para luego, resignado abrir uno de mis párpados y notar que
todos se concentraban profundamente y se encontraban arrodillados en la
comunión que yo no podía alcanzar.
Los intentos de acercamiento fueron entonces muchos, y al no
conseguir los resultados esperados el escepticismo afloró de manera inminente
en mi interior. Las idas a la Iglesia se hicieron esporádicas, luego escasas y
finalmente sólo quedó la ausencia. Sin embargo, aún hoy espero, no ya con
tantas ansias: Ya no cierro mis ojos, ni dedico tiempo a buscar un
acercamiento. Es una espera pasiva de una posibilidad que podría agudizar el
sentido de mi vida. He aprendido a vivir con mi incertidumbre, pero quiero
pensar que quizá más adelante, tal vez el día menos esperado, ese llamado
glorioso inunde mis fibras más íntimas y entonces poder entonar con enorme
dicha y una plenitud similar a la que poseen aquellos que tienen Fe, un sonoro ¡Aleluya!
La Gloria de Dios
— ¿Por qué tantas fotografías del cielo? ¿Qué representan para ti? — Preguntó mi maestra de origami una mañana de agosto.
—Una pregunta realmente sencilla pero complicada al mismo tiempo—. Contesté mientras intentaba, transmitir mi respuesta, y las emociones que me producía—. Las fotografías del cielo me permiten recordar el día que viví, así como las fotografías de las personas me hacen recordar lo que hicimos, las risas, los comentarios y sus rostros.
Luego de meditar durante unos días la pregunta llegué a una conclusión que decidí enviarle a mi maestra por Facebook como mensaje personal, nada profunda pero que deseo también compartirles, el cielo es diferente cada segundo, cada minuto, cada día, nunca es el mismo aunque así lo parezca, El cielo representa una promesa para mi justo por lo anterior, representa la promesa de algo mejor, es la manera de recordar que nada es para siempre, nada permanece estático, todo está en constante cambio. El cielo representa ese mundo al que pertenezco, ese mundo que está en mi cabeza y que a la vez me hace recordar donde estoy y a donde quiero llegar. El cielo representa esperanza, sueños, me recuerda que no hay límites y aunque todo luzca horrible y el mundo parezca cerrarse al final hay una pequeña luz que no permite que haya oscuridad.
—Chris ¿crees en Dios? — me preguntó ella.
No se cómo de alguna manera ella leyó entre líneas lo que yo escondía, lo que no quería revelar, que tenía dudas y que aún hoy en día las tengo, sobre todo cuando la cruel realidad parece golpear a mi puerta y no puedo dejar de preguntar ¿Existe un Dios?
Durante los últimos dos años me he había estado haciendo esa pregunta, y realmente no lo sabía con certeza. Creo que debe existir (Dios) pero una parte de mí se niega a creerlo, y he hecho esa misma pregunta a muchas personas y aunque afirmo que debe existir, no puedo creer, no lo puedo sentir, mi fe y confianza se basan en pruebas, tengo que ver, sentir para poder admitir y creer que existe.
En el mes de enero hice un viaje a México y en una de las
salidas visité Chichén Itzá lo primero que noté era la conexión que tenía
con el lugar y me hacía sentir que no existía espacio o tiempo, como si algo
sobrenatural me hiciera estar en el pasado y a la vez en el presente, me sentía
transportado en el tiempo, sentía que cada piedra y cada árbol hablaban y me
contaban una historia, los sonidos de la naturaleza se amplificaban, sonidos
que nunca antes había escuchado pero que me hacían palpitar el corazón de
emoción, no pude negarme a tocar una piedra de la gran estructura y sentir toda la majestuosidad del
mundo, tenía mi respuesta: Aleluya, debe existir un Dios, debe existir porque este tipo de belleza es única e inigualable.
Creo que hay una conexión tan simple con Dios por medio de la
naturaleza aunque no nos percatamos de esa belleza porque como diría el gran
Facundo el mundo nos ha distraído. No pertenezco a una religión pero creo en la existencia de Dios por la obra de la naturaleza aunque en otros muchos aspectos aún dudo.
El Mesías de Georg Friedrich Händel
Hace muchos años atrás, cuando me hice protestante, estaba con muchas ganas de participar en todas las actividades que la Iglesia programaba, como se dice, estaba viviendo mi primer amor con mucho entusiasmo.
Así que, cuando hicieron la invitación para los quisieran formar parte del Coro, porque pronto empezarían con los ensayos del Oratorio El Mesías de Georg Friedrich Händel, que se presentaría en Navidad, ni corta ni perezosa me fui a anotar, sin tener el más mínimo conocimiento musical, no ya digamos una voz melodiosa.
Por supuesto que durante los ensayos, el director del Coro se dio cuenta de mi incapacidad pero, pienso ahora, le daba pena decirme que no servía para eso por mi reciente conversión, entonces en cada ensayo me pedía lo mismo, "suba, suba más, máaaaaas" y yo trataba, por supuesto que cada vez que lo intentaba, me daban accesos de tos y la cosa se ponía peor. Pienso que Dios estaba poniendo a prueba la paciencia del director y enseñándome a mí a buscar mejor donde desarrollar mis talentos.
Finalmente se llegó el día de la presentación, y yo ahí, tercamente, queriendo ser parte de ese maravilloso e incomparable prodigio musical, que termina con el majestuoso ¡ALELUYA!
(Este no es el coro en el que participé)
¿Y ahora qué escribo?
Fue lo primero que vino a mi mente cuando, contando los votos, quedó elegida la palabra ALELUYA, como primer tema del blog.
Debo confesar con vergüenza que no fue nada elevado o inspirado lo que vino a mi mente, por el contrario, lo primero que pensé fue que la canción Aleluya era la que salía en la película de Shreck. Después mi mente quiso reivindicarse y me dijo que es la versión de Leonard Cohen la que realmente disfruto: la gravedad de su voz, la profundidad de su interpretación, la emoción que me transmite... definitivamente escucharla me hace bien.
Pero después pensé, ¿y acaso no había que escribir una experiencia personal relacionada con esta palabra? Y volví a recurrir a mi escurridiza memoria, en busca de algo que realmente valiera la pena compartir, después de todo, no en vano estudié 12 años en un colegio católico, donde "aleluya" probablemente sea una de las palabras más utilizadas durante los eventos religiosos, después de "amén", pero mi memoria decidió jugarme una broma, y lo único que venía a mi mente fue aquella vez en segundo curso de secundaria cuando, junto con mis compañeras de curso, teníamos que cantar un villancico cuyo coro decía:
"El niño Dios ha nacido en Belén, aleluya, aleluya
quiere nacer en nosotros también, aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya
Aleluyaaaaaa.
La canción es hermosa, pero su interpretación exigía un buen manejo de voces graves y agudas para el coro, algo que mis compañeras y yo no logramos hacer, de tal manera que la canción salía horrible. Dicen que cantar es orar dos veces, pero con esta canción creo que reprobábamos en oración.
Por último me dije ¿Y acaso no había que poner una fotografía alusiva al tema? ¿y ahora de dónde saco yo una foto de mis compañeras cantando en un coro? Hay que seguir buscando qué puedo escribir.
Y la solución llegó a mí de la manera más sencilla y con la ayuda de quien menos lo esperaba. Iba en mi carro con mis dos hijas, y Ariana, la menor, estaba buscando una gorra que se le había perdido entre sus cosas, justo cuando pensó que no la iba a encontrar, la bendita gorra apareció, y Ariana exclamó un ¡Aleluya! de alivio y gratitud que me dejó sorprendida. No sé si antes ella había utilizado esa palabra como júbilo o si era la primera vez que lo hacía, pero me hizo dar cuenta de que las cosas están allí todo el tiempo, en nuestras narices, sólo que probablemente no nos tomamos el tiempo para fijarnos en ellas. Si yo no hubiera pasado todos estos días pensando en qué iba a escribir sobre la palabra Aleluya, probablemente ni me habría fijado que Ariana utiliza esa palabra y menos con ese sentido.
Realmente fue una experiencia feliz pues sentí que aun sin empezar, este proyecto ya me ha abierto los ojos y los oídos a todo lo que me rodea, a estar más consciente de lo que ocurre a mi alrededor, a sentir que todo lo que vivo vale la pena.
Debo confesar con vergüenza que no fue nada elevado o inspirado lo que vino a mi mente, por el contrario, lo primero que pensé fue que la canción Aleluya era la que salía en la película de Shreck. Después mi mente quiso reivindicarse y me dijo que es la versión de Leonard Cohen la que realmente disfruto: la gravedad de su voz, la profundidad de su interpretación, la emoción que me transmite... definitivamente escucharla me hace bien.
Pero después pensé, ¿y acaso no había que escribir una experiencia personal relacionada con esta palabra? Y volví a recurrir a mi escurridiza memoria, en busca de algo que realmente valiera la pena compartir, después de todo, no en vano estudié 12 años en un colegio católico, donde "aleluya" probablemente sea una de las palabras más utilizadas durante los eventos religiosos, después de "amén", pero mi memoria decidió jugarme una broma, y lo único que venía a mi mente fue aquella vez en segundo curso de secundaria cuando, junto con mis compañeras de curso, teníamos que cantar un villancico cuyo coro decía:
"El niño Dios ha nacido en Belén, aleluya, aleluya
quiere nacer en nosotros también, aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya
Aleluyaaaaaa.
La canción es hermosa, pero su interpretación exigía un buen manejo de voces graves y agudas para el coro, algo que mis compañeras y yo no logramos hacer, de tal manera que la canción salía horrible. Dicen que cantar es orar dos veces, pero con esta canción creo que reprobábamos en oración.
Por último me dije ¿Y acaso no había que poner una fotografía alusiva al tema? ¿y ahora de dónde saco yo una foto de mis compañeras cantando en un coro? Hay que seguir buscando qué puedo escribir.
Y la solución llegó a mí de la manera más sencilla y con la ayuda de quien menos lo esperaba. Iba en mi carro con mis dos hijas, y Ariana, la menor, estaba buscando una gorra que se le había perdido entre sus cosas, justo cuando pensó que no la iba a encontrar, la bendita gorra apareció, y Ariana exclamó un ¡Aleluya! de alivio y gratitud que me dejó sorprendida. No sé si antes ella había utilizado esa palabra como júbilo o si era la primera vez que lo hacía, pero me hizo dar cuenta de que las cosas están allí todo el tiempo, en nuestras narices, sólo que probablemente no nos tomamos el tiempo para fijarnos en ellas. Si yo no hubiera pasado todos estos días pensando en qué iba a escribir sobre la palabra Aleluya, probablemente ni me habría fijado que Ariana utiliza esa palabra y menos con ese sentido.
Realmente fue una experiencia feliz pues sentí que aun sin empezar, este proyecto ya me ha abierto los ojos y los oídos a todo lo que me rodea, a estar más consciente de lo que ocurre a mi alrededor, a sentir que todo lo que vivo vale la pena.
La belleza y el Maestro
La noticia de la muerte de T. llegó a nosotros por casualidad y para entonces ya hacía por lo menos un año que había ocurrido. Profesor por vocación, T. les enseñaba a sus alumnos todo sobre la belleza: cómo apreciarla, cómo estudiarla, cómo aprehenderla, cómo vivirla y, más importante aún, cómo compartirla. Estos, a cambio, le llamaban Maestro.
T. era también un buen amigo, de esos que que te acompañan a donde quiera que vayas, pegados a tu piel, dentro de tus células; de esos que viven cada día contigo aunque la amistad lleve tierra, mar y tiempo de por medio. Por eso nos sorprendió tanto la noticia. ¿Es posible que algo que es parte de ti ya no esté más ahí?
Ese día en que nos enteramos de su deceso, fuimos de paseo por la ciudad. Era algo que teníamos ya planificado. No lo hicimos por él; lo hicimos, como siempre, con él. Con él fuimos camino al Barrio Gótico evitando las Ramblas cada vez más intransitables. Con él bajamos por el amplio Portal del Ángel, bordeamos el museo de Dalí y nos detuvimos a contemplar el mural de Miró frente a la Catedral. Seguimos avanzando juntos por la avenida Laietana, de trazo y nombre romanos, y ya sintiendo el cansancio y esquivando a duras penas los olores que salían de los muchos locales de comida abiertos a esa hora, enfilamos por una calleja tan concurrida como todas hasta entrar finalmente en la iglesia de Santa María. Si hay un lugar donde se puede escapar un tanto del sol, el calor y la marea humana de esta ciudad, ése es sin duda la llamada Catedral del Mar. Allí nos sentamos unos minutos en sus bancos de madera con ánimo de apaciguar los espíritus y reposar los pies.
Como cada vez que la visitamos, entre sus muros casi desnudos vimos unos pocos devotos que rezaban a los pies de las imágenes, turistas por miles que iban y venían sorteando las columnas, un coro que ensayaba a media voz en el altar para el concierto que interpretaría esa noche y un mercader, el habitual, que ofrecía velas y postales al lado de una señora, la de siempre, que pedía una moneda para comer.
Al poco de estar ahí sentimos -obra y gracia sin duda de la paz de esas piedras, ajenas al mundo que contienen- que era un buen lugar para encender una vela en nombre del amigo ido: mínima ofrenda de luz al alma que siempre la llevó consigo.
Fue tan simple como comprarla y colocarla entre las otras que ya ardían, acercar el fuego al pabilo... y en ese instante, con total sincronía, sentir estallar la belleza en torno nuestro: desde el altar a nuestras espaldas las voces del coro, hasta entonces apenas audibles, entonaron el Aleluya de Händel desplegando tal potencia y virtuosismo que fue inevitable sonreír.
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