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domingo, 22 de marzo de 2015

El aroma del zorro

Como mencionaba Elena, esta es la última entrada de esta parte del proyecto. A todos quienes participaron, como miembros y colaboradores, reciban nuestro más sincero agradecimiento por estar y compartir, por hacernos parte de su vida y por ayudarnos a echar adelante un blog que sin Uds. no sería ni la décima parte de lo que es. Una vez más, gracias.

Y ahora si, paso a contarles mi aventura, o más bien, mi desventura con el personaje de esta semana: el zorro.

Cuando empecé en la visita médica, allá por el año de 1995, tenía como parte de mis obligaciones el visitar mensualmente una población del litoral ecuatoriano llamada Machala. Luego de casi tres horas de viaje, y de recorrer alrededor de 200 km, cada mes llegaba a esta ciudad, hacía un recorrido por sus principales farmacias y médicos, y en la noche me hospedaba en un hotel del centro de la ciudad, del que salía al tercer día para volver a Guayaquil.

La rutina era así: pasaba el día recorriendo la ciudad, llegaba al hotel, dejaba el carro en un solar vacío y lleno de maleza que el hotel utilizaba como garaje para sus inquilinos y me iba a dormir. Al día siguiente recogía el auto, le daba las gracias al guardia del solar y salía a trabajar. Pero un día hubo algo diferente en el estacionamiento.

Conforme me acercaba a mi vehículo empezó 
Zarigüeya comúnmente llamada zorro
a llegarme un olor completamente desagradable, que no había percibido antes y que no lograba identificar ni definir. Era un olor penetrante y nauseabundo. Le pregunté al guardia sobre el origen de este olor y me respondió que ese era el aroma que desprenden los zorros (así les llaman también a las zarigueyas), y que seguramente alguno se había salido de la maleza que había en el solar para irse a dormir debajo de mi auto. Lo buscamos pero el animal ya se había ido, sin embargo el olor había quedado impregnado en el ambiente y, sobre todo, en mi carro.



En ese momento tuve que salir volando del garaje a buscar un sitio de lavado de autos, donde lo hice limpiar a conciencia, sobre todo en la parte inferior, a fin de quitarle el dichoso aroma, 

Por suerte el lavado fue la solución, pero dicho olor fue un recordatorio de que, aun en la ciudad, existen ciertos habitantes que no se cuentan entre los que caminan en dos patas y que, a pesar de que no lo vi, fui más consciente de su presencia que si lo hubiera visto.



domingo, 15 de marzo de 2015

Más insípida que el yogurt sin sabor

No, no me refiero a alguien, sino a mi entrada de esta semana. Es que por más que he buscado en mi memoria, no encuentro una anécdota que valga la pena escribir sobre el yogurt, así que les cuento lo primero que se me vino a la mente.

Cuando yo era pequeña odiaba el yogurt. me parecía la cosa más mala del mundo y no entendía cómo mis primos podían tomar semejante mejunje. Como a mi mamá tampoco le agradaba, entonces no me obligaba a tomarlo y yo pasé mi infancia muy feliz sin saber lo que era tomarme un vaso de yogurt.

Y como ocurre casi siempre, los prejuicios de la niñez nos acompañan hasta mucho más tarde, y así pasó que llegué a los 35 años y yo seguía sin tomar yogurt. No había vuelto a intentarlo porque mi memoria me decía que era malo y no valía la pena. 

Pero un día, por un entrenamiento para un nuevo trabajo, tuve que vivir en Quito casi dos meses,
Yogurt Tony Benecol
volviendo a Guayaquil los fines de semana. Volaba a las 7 am del lunes y volvía a las 6 pm del vioernes. Y en uno de eso vuelos, una compañía de lácteos lanzó su campaña de introducción de un nuevo producto: yogurt Tony Benecol. Un yogurt que tiene el plus de contener un ingrediente natural que contribuye a reducir el colesterol. Todos los lunes que subía al avión, la azafata nos recibía con un yogurt en la mano para cada pasajero, y así por más de un mes.

Yo seguía en mis trece y me negaba a consumirlo, asumiendo que tendría el mismo sabor que tan fuertemente se había grabado en mi memora, así que, llegando a la oficina se lo regalaba al primero que se me cruzara al frente. 

Pero un día ocurrió que la encargada de contratar los desayunos del grupo que estábamos en capacitación no lo hizo, y nos quedaríamos todos lánguidos y con hambre hasta la hora del almuerzo. Esa situación extrema (amenaza de hambre jajajaja), me hizo buscar a mi alrededor cualquier cosa remotamente parecida a un desayuno y entonces se dejó ver el envase de yogurt que aquella mañana me habían entregado en el avión.

Haciendo de tripas corazón, lo abría y lo probé, y ¿saben qué? me pareció delicioso!!! me lo tomé con el mayor placer y me daba de topes en la cabeza por haber regalado tantos envases de yogurt cada semana. 

A partir de entonces, el yogurt pasó a formar parte de mis desayunos y es mi compañero fiel cuando tengo que tomar un snack a media mañana. Tan, tan.

domingo, 8 de marzo de 2015

Xavier, mi Menudo favorito

Cuando estaba en sexto grado de la escuela, y luego en los primeros años de colegio, fui atacada por una enfermedad que se había propagado rápidamente por toda Latinoamérica: la "menuditis". Mis amigas y yo éramos fanáticas del grupo Menudo, tan de moda en los años 80 y, por supuesto, cada una tenía un Menudo favorito. Mi amiga Martha suspiraba por Ricky, Rossy por Charlie, y yo moría por Xavier, un rubiecito hermoso (y de voz terrible jajajaja) que me traía de cabeza.

En los recreos, los temas de conversación giraban alrededor de ellos, qué habíamos leído en las revistas o periódicos, quien había conseguido el último de sus cancioneros, cuántos posters teníamos en nuestras habitaciones, quien sabía más sobre sus vidas, y así un sinfín de cosas más. Recuerdo que tanta era mi locura que hasta tenía los cuadernos forrados con sus posters, y tenía pequeñas fotitos de ellos pegadas junto a mi cama, de manera que al abrir los ojos, fueran lo primero que viera jajajaja.

Sin embargo, y a pesar de todo ese fanatismo, nunca pude presenciar uno de sus conciertos. Esto debido a que yo no vivía en ese entonces en Guayaquil, que era donde se presentaban los artistas, y no tenía ni la más mínima esperanza de que alguno de mis padres decidiera no trabajar un día para pegarse el viaje y que me llevara al  concierto, así que pasé mis años adolescentes esperando que algún día se me hiciera realidad mi sueño de poder verlos en persona.

Pero el mundo siguió girando, los Menudos cambiaban conforme iban creciendo, y hubo un momento en que mi querido Xavier tuvo que abandonar el grupo ¡qué terrible día!, no sólo no había podido asistir a alguno de sus conciertos, sino que, con la salida de Xavier, ya no tenía esperanzas de verlo en vivo alguna vez. 

Por suerte, alguien tuvo la magnífica idea de formar un grupo, llamado Proyecto M, donde se juntaban 3 de los chicos más populares que habían salido de Menudo: Johnny, René y mi adorado Xavier. Fue un grupo fugaz, que no tuvo el impacto del grupo original, pero que basado en la popularidad de sus integrantes, hizo una gira por varios países, entre ellos Ecuador.

Y fue entonces cuando los astros se alinearon e hicieron coincidir la estadía de Proyecto M en Guayaquil con mi visita a la ciudad. Ni qué decir que, ni corta ni perezosa, organizamos junto a mis primas (si, las mismas con las que viajé a ver a Paul), una incursión al hotel donde se hospedaban estos lindos chicos. Logramos entrar al recibidor del hotel sin que nos tomen en cuenta, y nos apostamos, junto con otras fanáticas, cerca de las escaleras que bajaban de las habitaciones, esperando por si se nos daba la suerte de encontrarlos. 

¡Y la suerte se dio! luego de momentos de espera, fueron bajando uno a uno los integrantes de Proyecto M, Corrimos hacia ellos con nuestras libretas y plumas para el consabido autógrafo (quien hubiera tenido un teléfono con cámara en ese entonces),  mientras babeábamos al verlos tan de cerca, tan al alcance de nuestra mano. Xavier era todo lo lindo que se veía en la televisión y mucho más. Si daban ganas de comérselo a besos. René y Johnny también estaban muy bien, pero yo no tenía ojos más que para mi querido Xavier.

Y bueno, luego de librarse de tantas fanáticas, los chicos se fueron a desayunar al restaurante del hotel, y nosotras salimos rumbo a casa flotando en una nube, llevando en la libreta la firma de los tres galanes, y en la mejilla el beso que demostraba que los sueños si se hacen realidad. Tan, tan. 

Xavier, de chompa roja


sábado, 21 de febrero de 2015

Los niños siempre dicen la verdad... y muchas veces lo hacen con saña!!!

Las definiciones que encontré en el diccionario y en la red sobre vanidad son bastante feas y creo que se relacionan poco con la acepción que personalmente le doy a esta palabra y que tiene que ver con el buscar verse bien, destacar o ser reconocido, sin que esto necesariamente llegue al extremo de guiar tu vida.

Aclaro esto porque no me avergüenza reconocer que tengo mis pequeñas vanidades, más que de la parte física, de la parte intelectual. me gusta el reconocimiento a mi trabajo y una felicitación sincera por una labor bien hecha. 

Pero volviendo a la parte física, si bien no acostumbro a maquillarme, si me gusta lucir bien, tratar de usar ropa que me siente, bonitos zapatos, plancharme el pelo, etc., etc. Cuando me gusta como me veo hasta me siento capaz de comerme al mundo. Sin embargo, debo decir que tengo a mi lado el remedio perfecto para evitar envanecerme y que esto lleve a la perdición de mi vida: mis hijas.

Quienes siguen mi facebook habrán leído en alguna ocasión que he publicado las sinceras y directas palabras que me dirigen mis hijas cuando se refieren a mi look. El primer pinchazo a mi ego vino de parte de Daniela, hace casi tres años atrás, mientras me probaba el nuevo uniforme de la empresa:

Daniela:  "Mami, ¿y esa ropa?
Yo: Es el nuevo uniforme de mi empresa
Daniela: ¿Vas a trabajar de acomodadora en un cine?
Yo: PLOP! 

Otra de estas anécdotas ocurrió hace poco, estábamos en un centro comercial y yo me probaba un traje de baño de colores vivos que me gustaba mucho:

Yo: Daniela ¿qué te parece?
Daniela: Bonito... si tuvieras 15 años menos
Yo: Buaaaaaaaa

Quien me diga que puede resistir un comentario así y seguir sintiéndose vanidosa que pase y me lo diga en la cara jajajajaja.

A estas perlas cultivadas se suman las de mi hija pequeña, quien al parecer lleva en su código genético el mismo gen de la sinceridad humillante de su hermana mayor:

Así, el día que me corté el cabello le pregunté a mi pequeña:

Yo: ¿Te gusta mi corte de pelo Ariana?
Ariana: No me gusta mucho... pero me gusta tu ropa!

Al menos esta me da un premio consuelo jajajaja.

Y la última perla, ocurrida hace una semana:

Estábamos preparándonos para salir a una misa y Daniela y Ariana lucían unos vestidos muy elegantes mientras que yo llevaba unos jeans, así que les dije que me iba a cambiar para no desentonar con su estilo. Cambié los jeans por una falda muy bonita y luego salí y dije:

Yo: ¡Ahora si! ya estoy igual de elegante que ustedes.
Ariana: La verdad es que no mamá, pero no importa, ya vámonos.

Y después se preguntan porqué algunas especies dejan abandonadas a sus crías luego de parirlas jajajajaja.

Mis gurús de la moda y su humilde servidora


sábado, 14 de febrero de 2015

En un universo paralelo...

En un universo paralelo yo sería lo opuesto a lo que soy, es decir, sería más centrada y menos despistada, de manera que no viviría situaciones como las que les contaré a continuación:

Un día de verano, mis hijas preparadas para ir a la playa con su papá por todo el fin de semana. Ya están listas y equipadas, llevan su traje de baño, sombrero y bloqueador, y una maleta con la ropa para la noche y el día siguiente. Llega su papá a recogerlas y se van muy contentas pensando en jugar con la arena y las olas del mar. También yo me quedo muy contenta de verlas tan entusiasmadas con su paseo. Y la felicidad me dura hasta dos horas después, cuando entro a su habitación y me doy cuenta que olvidé enviarles la maleta de viaje! no me pregunten cómo sobrevivieron allá, creo que sus primas tuvieron que prestarles ropa y zapatos, y ya se imaginarán los reproches al volver, pero qué le vamos a hacer, es que su mamá es algo despistada.

Ayer en la noche: Salgo de la casa de mi mamá con Ariana, su maleta de la escuela y uno de sus
libros de trabajo donde se encontraban muchos recortes sueltos. Apenas abro la puerta de la casa, un viento fuerte se lleva volando parte de dichos recortes, por lo que Ariana y yo corremos detrás de ellos hasta reunirlos todos, luego volvemos corriendo al auto para evita que vuelvan a volarse, nos subimos y nos vamos. Hasta allí todo bien. Entonces llegamos a nuestra casa y Ariana pregunta por su maleta, ¡horror de horrores! ¡la dejé olvidada en la puerta de la casa de mi mami! y en ese momento no había nadie allá para pedirle que saliera a recoger la maleta. Por las mismas nos regresamos a recuperar la maleta, pero cuando llegamos la sangre se me fue a los pies, no había nada afuera de la casa de mi mamá, se la habían llevado y, con ella, todos los cuadernos y libros escolares de mi hija menor. 

Me bajé del carro con la esperanza de haber dejado la maleta dentro de casa pero no era así, sencillamente ya no estaba. Preocupada salí nuevamente al auto, y en ese momento pasó un señor que vive de reciclar basura en su triciclo, me llamó y me dijo: "señora, ¿usted está buscando una  maleta rosada? la tengo acá. ¡Y allí estaba! dentro del triciclo junto con el material reciclado, la tan buscada mochila de Ariana. Me deshice en agradecimientos hacia el buen samaritano, quien me contó que vio la maleta fuera de la casa y estuvo tocando el timbre para devolverla pero nadie salió, por lo que optó por subirla en su carrito antes de que alguien más la tomara, y al verme llegar y recorrer la acera como buscando algo, pues se acercó a devolverla. Que no se diga que no hay ángeles guardianes para las despistadas, sólo que les toca trabajar horas extra.

Y así podría contarles otras anécdotas que algunos de Uds. ya conocen, como la vez que salí a trabajar y olvidé mis zapatos en casa o sobre aquella ocasión en que salí de viaje de trabajo y dejé mi portafolio de trabajo en casa (incluido todo el dinero que tenía), pero para qué insistir sobre lo mismo, quien es despistado ni con cordones en el dedo se cura. Así que me toca nada más imaginar lo que yo sería si viviera en un universo paralelo, una mujer muy centrada y responsable, pero tal vez un poco aburrida y sin anécdotas que contar en este espacio :)

domingo, 8 de febrero de 2015

Ocurrio en el oriente ecuatoriano

En una ocasion anterior les comente que a mi familia y a mi nos encanta viajar y que uno de los destinos escogidos fue la ciudad de Banos de Ambato, muy cerca del oriente ecuatoriano. Como se trataba de unas vacaciones de aventura, tomamos un tour que nos llevo a recorrer parte de la selva ecuatoriana, apenas a la entrada de la misma, pero lo suficientemente representativa como para tener una pequena muestra de la riqueza y diversidad de la fauna y flora de nuestro pais.

Fue un paseo diferente y sumamente divertido. Primero visitamos una hacienda que rescataba monos en cautiverio y los acostumbraba a vivir en libertad. Era impactante caminar por los terrenos del lugar y tener monos alrededor todo el tiempo, uno de ellos incluso se subio a la espalda de Daniela!, lastima que en este momento no tenga a la mano la foto del recuerdo, pero prometo subirla pronto.

Ahora si subida la foto correspondiente


Tambien tuvimos la oportunidad de navegar por el rio Napo en un pequeno bote de remos y luego llegar en un vehiculo hasta un mirador desde donde se apreciaba la belleza de dicho rio. Una vista realmente espectacular.

En ese mirador se encontraban en exhibicion, en una especie de jaula cubierta solo por una malla metalica, dos boas de tamano mediano, y cuando digo mediano tengo que aclarar que eran realmente enormes, solo que eran medianas para el tamano que suelen alcanzar. Una de ellas estaba mudando su piel y a mi me llamo la atencion la textura que se podia apreciar de aquella piel desprendida, algo rugosa y fragil, por lo que me atrevi a extender mi mano para tocar dicha piel, que estaba junto a la malla. 

Pero al parecer, la duena de la piel no estaba tan a gusto de tener a una visitante atrevida y tan cercana, por lo que, empezo a recogerse hacia atras, y a la velocidad del rayo se abalanzo hacia donde yo estaba, con la boca muy abierta y dispuesta a morderme. Por suerte estaba la malla metalica que impidio que pudiera cumplir con su cometido, pero fue tal la fuerza del ataque, que la serpiente quedo enganchada de sus colmillos en la malla y el guia tuvo que ayudarla, con una ramita, a desprenderse de alli.

Yo me di el susto del anio en aquella ocasion, ademas de que me lleve el reproche del guia de que no debia molestar a los animales y mucho menos tratar de tocarlos.

Asi que de ahora en adelante, cada vez que veo a un reptil prefiero mantener mis distancias,  creo que si ocurre un ataque asi nuevamente, la segunda vez ya no tendre oportunidad de contarlo 

PD. Por favor disculpen el que no haya colocado tildes en todo el escrito, es que estoy en un teclado con una configuracion diferente y no encuentro la tilde por ningun lado, y no puedo detenerme mucho a buscarla pues me cobran 3 dolares los 15 minutos de internet, asi que de voladas ya me voy y los dejo. Bye, bye.

sábado, 31 de enero de 2015

De cuando el miedo se llevó el sonido

Cuando pienso en Ariana, mi hija menor, pienso en su personalidad chispeante, alegre y vivaz. Sin embargo, hubo un momento en que esta personita pudo no llegar a ser.

Mi segundo embarazo fue muy tranquilo, no tuve mayores molestias ni complicaciones, Ariana se desarrollaba bien y siguiendo las pautas esperadas. Llegué y pasé la semana 40 sin señas de que ella quisiera salir al mundo, pero de acuerdo a los exámenes que me realizó la doctora no había de qué preocuparse.

Así llegó el 25 de mayo, día en que me realicé una valoración fetal que indicaba que el estado de mi hija era el esperado y que era cuestión de horas o días para que venga al mundo.

Efectivamente, esa misma noche empecé la labor de parto. Había decidido que, al igual que con mi primera hija, este sería un parto normal, así que cuando empecé a sentir las contracciones cada 8 o 10 minutos llamé a mi doctora para decirle que estaba en labor de parto y que salía para el hospital.

Cuando llegué todo transcurrió con normalidad, la Dra. y el personal médico se preparaban para un parto de rutina, hasta que me sometieron a un monitoreo fetal, y entonces la doctora descubrió que no se sentían los latidos cardíacos de la bebé. Analizó el líquido amniótico y encontró meconio, signo de sufrimiento fetal, y empezó a preguntarme si había sentido movimientos fetales a lo largo de la tarde, puesto que en la mañana todo había estado en orden. Yo no sabía que responder, me exprimía el cerebro pensando en si había sentido moverse a Ariana y no encontraba respuesta que me calmara y me permitiera decirle que si, que mi bebé se había comportado normalmente esa tarde.

En ese momento todo se transformó, lo que había sido una preparación rutinaria se transformó en una emergencia, mi ginecóloga salió a la sala de espera a comunicar a mis familiares de que había una complicación y a pedir autorización para una cesárea de emergencia. Me llevaron a un quirófano para practicarme la cirugía. Yo me sentía como en shock, no podía creer que lo que hasta hace unos minutos era apenas una espera para ver a mi hija, se hubiera transformado en una pesadilla, con el riesgo de que ella no existiera más.

Una vez aplicada la anestesia epidural mi doctora empezó la intervención. Había un silencio completo en la sala, no se oía más que los equipos médicos y a mí me daba miedo preguntar qué estaba ocurriendo, sólo veía el reloj que me decía que eran las 10:30 de la noche y que esos eran los minutos más largos de mi vida. A mi lado se encontraba el anestesista y junto a la doctora una enfermera y una auxiliar.

Todo fue muy rápido y en menos de 5 minutos la doctora ya había alcanzado a la bebé, la sacó y al mismo tiempo que el anestesiólogo me decía: "está bien señora, su bebé está bien" yo la escuché llorar y empecé a llorar yo también, dejando salir el miedo que me había guardado los minutos previos a la intervención. La doctora me tranquilizó y me dijo que todo estaba bien con Ariana, que no me preocupara y todo el personal pareció cobrar vida luego de ver que la bebé estaba viva y bien, las enfermeras empezaron a charlar y el anestesiólogo a dar las órdenes necesarias. Todo parecía recobrar vida luego de haberse detenido por unos minutos.

Por suerte el proceso no afectó para nada a mi Ariana, quien hoy transmite vida y alegría por donde va. La doctora no está segura de porqué se dio este problema, tiene la teoría de que la bebé no respondía bien a las contracciones y suspendía los latidos cardíacos durante las mismas, pero es una explicación que realmente no me interesa más, lo único importante es que Ariana salió bien de la situación.

Hoy doy gracias a Dios, a la vida y a mi doctora, que me permitieron tener junto a mí a quien considero una de las bendiciones más grandes de mi vida: mi hija Ariana.




sábado, 24 de enero de 2015

¿Le gustaría repetir?

Cuando trabajas en la visita médica, como representante de ventas de un laboratorio farmacéutico, sabes que parte del trabajo de un visitador médico es cubrir una zona de la ciudad y, adicionalmente, visitar ciudades periféricas para la promoción de los productos, tanto a los médicos como a las farmacias.

La visita en las zonas periféricas suele ser más relajada. Los médicos son más sencillos y asequibles, los dueños de las farmacias te reciben como a un amigo, y en general todo es más amigable. Pero hay personas que realmente destacan en cuanto a hospitalidad y generosidad.

Ese era el caso del propietario de una farmacia en una pequeña población situada a 110 km de Guayaquil llamada Balzar. Cada vez que mi compañero Jorge viajaba para allá regresaba contándonos que Byron, el dueño de esa farmacia, lo había invitado a almorzar su famoso "seco de gallina criolla", uno de los platos más deliciosos de la comida local: un guiso de gallina de campo cocinada en refrito agridulce y acompañado por arroz amarillo y plátano maduro frito. Es rico, rico, riquísimo, delicioso!!!!

http://www.pronaca.com/site/principalHogar.jsp?arb=1030&cdg=673


Pues bien, en una ocasión mi jefe nos dio la disposición de realizar una "visita masiva" en Balzar, esto quiere decir que todo el equipo de visitadores se trasladaría a esa población para visitar a todos los médicos simultáneamente, así como a las farmacias y procurar hacer la mayor cobertura posible. Ni cortos ni perezosos, le pedimos a Jorge que hable con Byron para que nos prepare también a nosotros su famoso seco de pollo. Byron, que es muy generoso, nos invitó a todos. Y así fue como, en la tarde de aquella jornada de trabajo terminamos todos en el comedor de la casa de Byron, listos a degustar su famoso platillo.

La sazón fue lo que esperábamos y más, nadie dejó ni un grano de arroz. Y no faltó el consabido ¿alguien quiere repetir? de nuestro anfitrión. Todos nos negamos, pues ya nos daba bastante vergüenza que Byron hubiera tenido que haber alimentado a 10 visitadores, también Jorge decidió ser políticamente correcto y rehusarse a repetir, pero lo hizo de una manera singular, le dijo: "no gracias,  no quiero molestar, sólo sírvame un poco más de arroz, otra presa de pollo y el guisado"

Todos nos matamos de la risa, pues sólo le faltó pedir el plátano frito para haber repetido el plato completo. A partir de ese día, cada vez que alguien quería repetir una comida, al preguntarle decía: "no gracias, sólo deme el arroz, la presa y el guisado" y ya sabíamos que realmente quería un plato más de comida.










viernes, 16 de enero de 2015

Todo por ver a Paul

Los que somos beatlemaniacos decimos que todos los Beatles eran fabulosos, fantásticos, increíbles, pero secretamente tenemos preferencia por uno de ellos, y en mi caso, mi amor platónico de toda la vida ha sido Paul.

Por eso cuando el año pasado se anunció que Paul McCartney visitaría nuestro país para dar un concierto, me dije que esa era una oportunidad que sólo se da una vez en la vida y no podía perdérmela por nada del mundo. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo y me iba enterando de los detalles del concierto me iban cortando las alas. En primer lugar se iba a realizar en Quito, lo cual ya implicaba el movilizarme en un viaje por tierra de 8 horas de ida y 8 de retorno más gastos de hospedaje, algo bastante molesto pero hasta ahí todavía manejable. El problema mayor se presentó cuando me enteré que el día del concierto sería un lunes y no un fin de semana como habría esperado, ya que eso implicaba pedir dos días de permiso en mi trabajo, con cargo a vacaciones y muy pocas perspectivas de que fuera aprobado. Así que muy a mi pesar desistí de mi propósito y decidí no acudir al concierto.

Conforme se acercaba la fecha de la presentación se hablaba más y más del concierto y mayor pesar me embargaba al pensar en que iba a dejar pasar la oportunidad de mi vida. Mis primas (las que me acompañaron a Galápagos) tenían ya sus entradas y estaban armando viaje a Quito y constantemente me insistían en que las acompañe, que no era posible que justo yo, la más beatlemaniaca de todas, me fuera a perder tan memorable concierto.

Hasta que llegó el domingo, día anterior al concierto, y ocurrió lo que tenía que ocurrir: decidí de buenas a primeras que yo también iría a ver a Paul.


Esa misma tarde tuve que salir corriendo al centro comercial donde vendían las entradas, ya se habían agotado las localidades que habían comprado mis primas y sólo quedaban otras, un poco más baratas, pero de no tan buena ubicación. Pero ya a esas alturas nada me importaba más que asistir, así que compré esa entrada con la esperanza de poder cambiarla luego en las afueras del estadio. Luego vino el asunto de la movilización. Era impensable que yo me fuera por tierra, tardaría demasiado y tendría que faltar a mi trabajo, así que compré un boleto aéreo (y de paso convencí a mis primas para que compraran también) en un vuelo que salía a las 5 pm rumbo a Quito y volvía a las 7 am del día siguiente.

El día lunes fue todo nervios y emoción. Trabajé una sola jornada hasta las 4 de la tarde (tuve la venia de mi jefe para desocuparme más temprano ese día) y por las mismas me fui para el aeropuerto donde tomé el avión a Quito junto con mis primas. Llegamos a la capital a las 6 pm y tomamos un taxi rumbo al estadio donde se realizaría el concierto. Allí las filas le daban la vuelta entera al estadio pero eso no nos importó y nos colocamos felices de la vida esperando nuestro turno para entrar. Y entonces... entonces me di cuenta de que había dejado mi boleto en Guayaquil!!! casi me muero, pues no tenía el dinero suficiente para comprar otra entrada, sería el colmo que estando a pocos metros de Paul no pudiera verlo.

Por suerte, juntando el dinero que habíamos llevado entre las tres alcanzaba para comprar una entrada mejor que la localidad que tenía, y de paso, el revendedor aceptó canjearnos las entradas que tenían mis primas por unas iguales a la mía, así que las tres terminamos en cancha, más cerca de nuestro ídolo.

El concierto fue todo lo que esperaba y más. Ver a Paul, mi querido Paul, cantando canciones de las épocas doradas de los Beatles, de su paso por Wings, de su etapa de solista y de su último album fue sencillamente espectacular. Creo que el momento cumbre fue cuando cantó "Live and let die", hubo toda una explosión de juegos pirotécnicos y  luces, que junto con el ritmo de la canción, pusieron a bailar y a cantar hasta al más muerto. Además, en algún momento del concierto cayó algo de lluvia, pero qué importaba, Paul estaba en el escenario y nadie pensaba moverse de allí hasta que cante su última canción. 

Una vez terminado el concierto a medianoche vino la siguiente parte de la aventura: el regreso a casa. Teníamos que estar en el aeropuerto a las 6 am puesto que el vuelo salía a las 7 am y hasta mientras teníamos que hacer tiempo en alguna parte ya que no conseguimos hospedaje y habría sido un desperdicio de dinero hacerlo, puesto que sólo estaríamos allí tres horas.

Así que nos fuimos a la terminal de autobuses que llevaban al aeropuerto y allí nos quedamos durante 4 horas, conversando y dormitando, hasta que salió el primer autobus al aeropuerto. Llegamos allá  a las 5 am. El aeropuerto estaba abarrotado de gente que había viajado desde Guayaquil sólo para el concierto, todos aún con las camisetas de Paul, afiches, etc. El vuelo salió a las 7 am, y a las 7:35 ya estabamos aterrizando en Guayaquil,volé a la casa de mi mamá que queda a 5 minutos del aeropuerto para cambiarme y a las 7:55 estaba entrando en mi oficina, lista para cumplir una nueva jornada de trabajo.

¿Una jornada agotadora? Si, si y si, pero al mismo tiempo, una de las mejores y más inolvidables de mi vida: el día que vi en persona a mi querido Paul.

sábado, 10 de enero de 2015

Más sola que Mi pobre angelito

Cuando estaba en mi primer año de universidad tenía un grupo de amigos muy divertidos (que no era el mismo con el que me gradué después, salvo dos excepciones) con el que siempre nos reuníamos luego de clases para conversar y reírnos un rato.

Como suele ser común en los grupos mixtos, siempre había por allí un par de tortolitos que se hacían ojitos y de los que decíamos ya debían "atreverse" y declararse su amor. Estos pobres tortolitos con frecuencia sufrían de las bromas y presión del grupo para que se decidan a ser pareja, algo que no siempre ocurría, pero lo divertido era molestarlos y hacerlos avergonzar.

Resulta que en una ocasión, la destinataria de esas bromas terminé siendo yo. Al parecer un amigo y yo teníamos afinidad y los demás habían decidido que debíamos ser pareja. Nosotros soportábamos con estoicismo las bromas de los demás y no le dábamos mayor importancia, pues realmente no sucedía nada entre nosotros.

Con lo que yo no contaba era que los pícaros decidieron darnos una "ayuda" para que nos hiciéramos enamorados. 

http://betadescargas.com/blog/mi-pobre-angelito-1-hd-espanol-latino/
http://betadescargas.com/blog/mi-pobre-angelito
-1-hd-espanol-latino/
Un día saliendo de la U. nos pusimos de acuerdo entre todos (éramos 10) para vernos el fin de semana en el cine pues estrenaban Mi pobre angelito y queríamos verla en grupo, por lo que acordamos encontrarnos el sábado a la entrada del cine a las 3 pm (hora de la función). Yo siempre he disfrutado de las películas, así que ni corta ni perezosa me puse rumbo al cine en el día y hora fijados.

Fui la primera en llegar y me acerqué a la boletería a comprar mi entrada mientras esperaba a mis amigos, pero los minutos pasaban, se acercaba la hora de inicio de la película y no llegaba absolutamente nadie, me imaginé que había entendido mal la fecha o el cine en el que nos íbamos a reunir así que decidí entrar a ver la película, la cual por cierto estuvo muy buena.

El lunes que volví a clases me encontré con mis amigos, y antes de que pudiera preguntarles a qué cine habían ido porque yo me había confundido, se acercaron a embromarme con respecto a la salida romántica con mi amigo, que si al fin estando solos habíamos "concretado" nuestro romance. Resulta que todo había sido un complot para que mi amigo y yo fuéramos al cine solos y así nos hiciéramos novios. Fijaron la cita para la película y se pusieron de acuerdo entre los otros 8 para no ir, de manera que sólo acudiéramos mi amigo y yo. Con lo que no contaron es que mi amigo tuvo un viaje imprevisto ese fin de semana y tampoco había concurrido, por lo que la supuesta salida romántica terminó en una ida solitaria al cine, más sola que el protagonista de la película jajajaja.

Por suerte mi amigo no fue, pues con eso las bromas de los otros chicos fueron disminuyendo y al final cesaron, y mi amigo y yo terminamos siendo los mejores amigos, graduándonos juntos y compartiendo muchísimos momentos en esos 6 años universitarios que realmente fueron inolvidables. Así que al final agradecí ese "movie alone" que  me tocó vivir ese fin de semana pues así disfruté de la película sin interrupciones, quizá si mi amigo hubiera ido, no le habría prestado tanta atención al pobre angelito ;)




viernes, 2 de enero de 2015

Los suizos y su perfume

Cuando tenía aproximadamente 20 años empezó a despertar en mí la inquietud por viajar. Me parecía que estaba dejando pasar demasiado tiempo para empezar a hacer realidad mi sueño de conocer distintos lugares. Así que estando en el tercer año de la Universidad decidí que mi primer destino debía ser El Archipiélago de Galápagos, más conocido simplemente como Galápagos o Islas Encantadas. 

Lo primero fue buscar en distintas agencias de viaje la manera más económica de llegar a las islas pues en ese tiempo sólo me dedicaba a estudiar y no tenía donde caerme muerta. Luego de recorrer varias encontré un tour bastante atractivo y no tan caro, y a partir de allí empecé a concretar lo que sería mi primer gran viaje. 

Para ganar dinero ayudé a un primo en la transcripción de una novela que estaba haciendo para un cliente. Con lo que me pagó, mas algunos ahorros y algo de ayuda de mi mamá estuve lista para ir a la agencia y contratar el tour de mis sueños. Lo mejor de todo es que mi entusiasmo contagió a mi mejor amiga de la U. y a mis dos primas, quienes decidieron acompañarme en mi aventura y así las 4 viajeras partimos desde el aeropuerto de Guayaquil rumbo a las Islas Galápagos.

Las islas fueron todo lo que esperábamos y  más! realmente es un destino inolvidable y que he tenido la fortuna de repetir en dos ocasiones más. Como se trataba de un tour económico, llegamos a hospedarnos en tierra, en la Isla Santa Cruz, y de allí partíamos cada mañana, en pequeñas lanchas cruzando el océano para recorrer las diferentes islas. Aunque en el mapa se vean cercanas, en la realidad es que para llegar de una isla a otra hay que recorrer grandes distancias y esto puede tomar desde 1 hasta 5 horas. 

En aquella ocasión, el grupo que conformaba mi tour tomó una lancha que nos llevó hasta la Isla Bartolomé. Fueron aproximadamente 3 horas de recorrido en pleno Océano Pacífico y había momentos en que no se apreciaba nada de tierra a nuestro alrededor. Para pasar el tiempo, mi amiga y
Mi amiga, los dos suizos en cuestión y yo
yo decidimos fotografiarnos con todas las personas que estaban a bordo del pequeño barco, incluso con aquellos que no eran parte de nuestro grupo. Y así fue como nos acercamos a un par de suizos para pedirles que se fotografiaran con nosotras, pero una vez cerca de ellos empezamos a arrepentirnos de nuestra iniciativa. Despedían tal olor corporal que mi amiga y yo tuvimos que contener la respiración para poder tomarnos la fotografía, pues ya se la habíamos pedido y se nos hacía muy descortés el huir sin más explicaciones. Lo más triste es que luego de la foto y del viaje a Bartolomé coincidimos con ellos en una discoteca y nos sacaron a bailar! qué horror! ¿se imaginan bailando música tropical con un suizo (ya desde ahí íbamos mal jajaja) y encima evitando sus "emanaciones" corporales? Wácala!!! apenas se terminó la música salimos huyendo de ellos como la peste que eran jajajaja.

Así que cada vez que me entra el deseo de viajar a Europa y no logro concretarlo, me consuelo pensando en que seguramente allá huelen muy mal y no podría soportarlo jajajajaja.  


martes, 23 de diciembre de 2014

Como las malvadas hermanastras de los cuentos

Mi ñaño Vicente (más conocido como Vito) llegó a mi vida cuando yo tenía 9 años y esa diferencia de edades pesó bastante durante nuestros primeros años juntos. Cuando yo deseaba un hermanito me imaginaba que llegaría lo suficientemente grande como para jugar conmigo, y verlo tan chiquito no me hizo ninguna gracia. La verdad es que no me servía para jugar... aunque si resultó una buena víctima para que yo de rienda suelta a mis instintos de verduga jajaja.

Mientras era un bebé todo transcurría en paz, pero una vez que empezó a razonar y sobre todo, a enojarse con lo que yo hacía... fue entonces cuando empezamos a pelear. No importaba que él tuviera 3 años y yo estuviera entrando a mi adolescencia a los 12, peleábamos igual. Una de las cosas que más le molestaba era cuando mi mami tenía alguna atención conmigo, nada especial, algo tan sencillo como pasarme el pan en la mesa, entonces yo lo miraba y le decía: "mi mamá me pasa el pan porque me quiere", él se enojaba muchísimo y decía: "¡No!, ella me quiere a mí!. Y era de todos los días, "mi mamá me peina porque me quiere", "mi mamá me da de comer porque me quiere", "mi mamá me abraza porque me quiere", y los enojos de mi hermanito eran memorables jajajaja.

Ah! y una vez que empezó a caminar se convirtió en mi "rabo". A donde quiera que yo fuera él quería ir conmigo y mi mami no se hacía de rogar, en seguida lo vestía y me lo encargaba, y yo iba con mi cara larga y mi hermanito de la mano. Claro que estas salidas tampoco le salían gratis a mi ñaño, pues se  veía obligado a "jugar" conmigo a la gallinita ciega. Este juego consistía en que yo le tapaba los ojos con las manos mientras nos dirigíamos a alguna parte. A él le tocaba confiar en lo que yo le dijera: "detente", "alza el pie", "sube", "baja", y así, y por supuesto, yo escogía los caminos más accidentados para hacer el juego más entretenido. Eso sí, debo decir en mi defensa que nunca se me cayó, aunque si que batallaba para subir a ciertas partes jajajajaja. Yo creo que de pequeño él debió pensar que le tocó compartir familia con una de las hemanastras de cenicienta jajajaja.




Pero también debo decir que, a pesar de todo, él ha sido, y es, mi adoración. Recuerdo cuando fue mi ceremonia de graduación del bachillerato, todas mis compañeras escogieron como padrino a algún tío, a su papá, a algún amigo importante de la familia, pero ¿ya adivinaron quien fue mi padrino de graduación? Siiiiiiii, mi hermano Vito, qué orgullosa me sentía de tener como padrino a ese pequeñito de 7 años, que a su vez se sentía importantísimo de ser parte fundamental de una ceremonia que era sólo para gente grande.








Ya siendo adultos los dos hemos compartido viajes y uno de ellos fue el que hicimos en familia  a Brasil, allí tuvimos nuestro famoso Loly and Vito´s day off, resulta que estando en Río de Janeiro teníamos que irnos a la Terminal Terrestre para comprar los pasajes de regreso a Sao Paulo, como
éramos 8 concluimos que irnos todos era una pérdida de tiempo, así que mi ñaño y yo nos fuimos a comprar los pasajes y los demás quedaron en esperarnos en el hotel hasta que volviéramos para salir a pasear. Pero resulta que nos tomó demasiado tiempo y cuando volvimos al hotel ya todos se habían ido, por lo que solo quedamos él y yo sin saber a donde ir. Como en esos días se estaban realizando los Juegos Panamericanos en Río, decidimos irnos para las arenas deportivas a ver qué podíamos ver, yo quería entrar a la gimnasia olímpica pero estaba repleto, así que terminamos entrando a ver luchas greco-romanas. Ya se imaginarán cuanto podía yo disfrutar de un deporte que en la vida había visto, pero el ambiente, la barra de los brasileños (una de las finalistas era brasileña y cuando salió a la arena fue toda una fiesta), la emoción de estar en un evento panamericano pusieron el toque necesario para que podamos disfrutar al máximo de esta experiencia. Y como no traíamos cámara (los demás se las llevaron) le pedimos a una completa desconocida que estaba a nuestro lado que nos tomara una foto y me la enviara por correo (en tiempos en que el whatssApp y los teléfonos inteligentes no existían) ¡Y lo hizo!!! aun tengo esa foto de nuestra aventura Panamericana.

Definitivamente, llegar a la adultez cambió las cosas y esos 9 años de diferencia ya no se sienten. Ya no lo puedo torturar pues él haría lo mismo jajajajaja, pero somos amigos y nos queremos todo lo que puede ser posible quererse. El es mi consejero en cuanto al mantenimiento de mi vehículo, es el psicólogo al que mis hijas van a quejarse cuando les hago la vida imposible, es el arquitecto que organizó los muebles y decoración de mi departamento y, lo más importante, es el mejor hermano del mundo, Dios no podía haber enviado uno mejor para mí



domingo, 21 de diciembre de 2014

¿Fábricas de qué?

Cuando Daniela tenía 5 años la inscribí en un curso vacacional de deportes al que tenía que asistir diariamente. Dicho curso se desarrollaba en unas instalaciones cercanas a la zona industrial de la ciudad, por lo que cada día pasábamos cerca de una serie de fábricas con estructuras enormes y las típicas chimeneas por donde eliminan vapor. Al parecer dichas estructuras habían llamado la atención de Daniela, pues un día que pasábamos frente a las industrias en pleno funcionamiento me preguntó qué eran esos tubos grandes de donde salía tanto humo, antes de darme tiempo a responderle, ella misma dijo: ¡Ah ya sé, son fábricas de nubes!

Su conclusión me causó mucha gracia y pensé que era lo suficientemente ingeniosa como para compartirla con el resto del mundo (jejeje) y al mismo tiempo cumplir con un viejo sueño que tenía: ver publicada una anécdota personal en Selecciones del Reader´s Digest. Así que decidí escribir un correo a esta publicación y al cabo de unos días me contactó una investigadora de esta revista, quien me envió un formulario a llenar contando detalles de la situación tales como cuando ocurrió, si alguien más estaba presente, quien más podía verificar la historia y cosas así. Respondí lo solicitado y al cabo de un tiempo me confirmaron que la historia sería publicada, pero que como las revistas se preparaban con varios meses de anticipación, entonces la anécdota aparecería probablemente en unos 4 o 5 meses.

Dicho y hecho, al cabo de un tiempo, apareció la anécdota de Daniela en una publicación que durante muchos años fue mi favorita y de la que aprendí muchísimo. Obviamente compré la revista y se la enseñé a quien estuvo dispuesto a verla, y si en este momento no les adjunto una foto de la publicación, es porque no tengo idea de donde puede estar, sé que seguramente reposa en algún rincón de la casa de mi mami, la pregunta es ¿dónde?




domingo, 14 de diciembre de 2014

Las viajeras

Si hay algo que mi mamá y yo tenemos en común es el gusto por los viajes, ambas tenemos espíritu viajero y no hace falta que nos digan dos veces para hacer maletas y partir a nuevos destinos.

Recuerdo cuando yo estaba en el colegio y mi mami me contaba las anécdotas de sus viajes como seleccionada nacional de basquetbol. No me cansaba de escuchar una y otra vez sus peripecias en Perú, cuando la sorprendió un temblor; o su estadía en Brasil y las experiencias con una familia que las recibió allá; o cuando un espíritu burlón la asustaba durante una concentración. Secretamente me moría de envidia: antes de terminar el colegio mi mami ya había recorrido una buena parte de Sudamérica, mientras yo tenía suerte si lograba viajar todos los meses a Guayaquil.

Sin embargo, más adelante Dios me ha dado la oportunidad de viajar a muchísimos lugares, varios de ellos gracias a mi trabajo, y en varias ocasiones también, por cuenta propia. Es en estos últimos donde he podido combinar el gusto por viajar con la mejor compañía: mi mamá y mis hijas.

Con el Pan de Azúcar de fondo
Uno de nuestros viajes memorables fue a Brasil, por poco y no fletamos un charter! había una promoción en el costo de los pasajes Sao Paulo - Guayaquil - Sao Paulo, y sin pensarlo dos veces compramos los boletos aéreos. Viajamos en total 8 personas y la pasamos de maravilla. Momentos inolvidables, conociendo sitios emblemáticos como Copacabana y el Pan de Azúcar y disfrutando a más no poder en familia.

Incluso ahora nos reímos del gran susto que pasamos cuando Daniela se nos perdió en Buzios. Mientras paseábamos por el malecón mi mamá pensaba que Dani estaba conmigo y yo pensaba que estaba con ella, cuando nos dimos cuenta ella no aparecía por ninguna parte! estuvimos gritando como locas por todos lados hasta que la divisamos caminando no sé hacia donde pero con toda la determinación del mundo. En ese entonces tenía dos años y la mala costumbre de no hacer caso cuando alguien la llamaba. Fue toda una odisea.


En otro pan :) ahora en El Panecillo
Otro de nuestros viajes fue a Quito en el 2010. En la foto aparecemos al borde de la hipotermia en El Panecillo, una de las atracciones turísticas de la ciudad. Es que este trío de guayacas no están acostumbradas al frío jajajaja. En este paseo hicimos un recorrido completo por las principales atracciones turísticas de nuestra capital, que no en vano ha sido reconocida por dos años como el mejor destino turístico de Sudamérica. 





Paseo en canoa en el río Napo
Y una de las experiencias más increíbles fue nuestro viaje a Baños de Ambato y al Oriente ecuatoriano que hicimos en el 2011. Qué no hicimos! Daniela y yo cruzamos un precipicio suspendidas sólo por las cuerdas de una tirolesa (mi mamá no lo hizo porque no le gustan las alturas), recorrimos parte de la selva a pie, a Daniela se le subió un mono en la espalda, recorrimos el río Napo en canoa, una culebra que estaba en exhibición casi me muerde, y un sinfín de situaciones, cada una más sorprendente que la otra. Ha sido uno de los mejores viajes de mi vida.


Parque Explora - Medellín

Medellín fue nuestro destino en el 2012 y quien decidió que ese sería nuestro destino fue LAN al sacar una promoción buenísima en los pasajes aéreos. Nuevamente no lo pensamos dos veces y nos preparamos para conocer una de las ciudades más bonitas de Colombia. Ya en este viaje tuvimos una nueva compañera de aventuras: Ariana quien ya con tres años empezaba a hacer sus pininos como viajera internacional.

Fue un viaje realmente memorable, pues por un error mío los itinerarios de mi mami y Daniela no coincidían con los de Ariana y mío, por lo que tuvimos que viajar por separado y en días distintos y luego encontrarnos allá, sin embargo, esto no fue impedimento para disfrutar de experiencias tan divertidas como el parque Explora y el paseo al parque de Botero.

Catedral de la Sal

Y en el 2013 fue Colombia nuevamente nuestro destino, esta vez Bogotá. Otra ciudad hermosa con un ingrediente especial: pude conocer a dos queridos amigos de Pre-textos: Luisa Adriana y Christian, quienes también compartieron unos momentos con mis hijas. Fue un momento realmente delicioso.

La visita a Bogotá fue especial porque fuimos acompañadas de una de mis mejores amigas, su mamá y su sobrina, así cada una de nosotras tenía una compañera de su generación para conversar y compartir. 

Y la peripecia de este viaje fue que casi perdemos el viaje de retorno a Guayaquil. Resulta que la autopista que lleva al aeropuerto local es cerrada los domingos para ser transformada en ciclovía, y alli estábamos todas en un taxi, contando los minutos para que abran la calle al transporte vehicular. La restricción terminó a las 2 pm (y nuestro vuelo era a las 2:30), por suerte nos tocó un chofer que era pariente de Meteoro, pues en menos de 5 minutos nos dejó en la salida de vuelos nacionales. Mientras yo bajaba las maletas, mi mamá se adelantó con las niñas para llegar hasta el counter de LAN a presentar nuestros papeles. Cuando las alcancé, el personal nos regañó pero por suerte nos dejó entrar, fuimos las últimas en subir al avión! luego de ese susto he jurado nunca más confiarme y salir a los aeropuertos más temprano.

Y bueno, experiencias hay muchas, pero lo que más recuerdo son los momentos felices que compartimos las 4 en cada uno de los viajes, y en general, en cada momento de la semana en que estamos juntas. Definitivamente, mi mamá y mis hijas son mi mayor bendición.

viernes, 5 de diciembre de 2014

El puente se ha quebrado...

El tema de esta semana da para mucho pues ¿Quién no ha tenido aventuras relacionadas con la lluvia? En este caso, les contaré un recuerdo que acude a mi memoria.

Ocurrió cuando era yo muy pequeña. Como he mencionado antes, crecí en un pequeño pueblo costero llamado La Libertad. Todos los meses mi mamá y yo viajábamos a Guayaquil a fin de visitar a la familia y para que mi mamá cobrara su sueldo, para ello efectuábamos un viaje de alrededor de dos horas de duración pues mi pueblo natal dista a 140 km de Guayaquil.

En uno de aquellos viajes tuvimos que afrontar las consecuencias del fenómeno del Nino, que si lo han oido mencionar, es un cambio en las corrientes marinas que produce alteraciones en la temperatura del mar, así como lluvias torrenciales.  Aquel año, este fenómeno castigó severamente a nuestro país. Las lluvias trajeron inundaciones, desbordamiento de ríos, caída de puentes y hasta pérdidas de vidas humanas. Muchas poblaciones quedaban aisladas ante la caída de los puentes, y a fin de mantener la comunicación y aprovisionamiento, se instalaban puentes provisionales, de madera y sogas para cruzar de un extremo a otro del río.

 Entre las poblaciones que sufrieron esta caída de puentes estuvo Cerecita, que es paso obligado entre La Libertad y Guayaquil, por lo que, quienes queríamos llegar a la ciudad teniamos que tomar un autobus que nos lleve hasta Cerecita, cruzar uno de estos puentes colgantes improvisados y luego abordar un nuevo autobus al otro lado del rio. Y eso fue lo que hicimos mi mamá y yo una mañana de aquel invierno. Llegamos hasta Cerecita y al apearnos del autobus vimos tres puentes colgantes que cruzaban el río con una extensión aproximada de 75 a 100 metros, aunque si le preguntan a mi mami, ella dirá que le pareció un kilómetro, pues no tolera las alturas, y la distancia entre el puente hasta el río torrentoso era bastante alta.

Pues bien, alli estábamos mi mami y yo, que en ese entonces tendría unos 8 años, dispuestas a cruzar uno de los 3 puentes. Nos decidimos por el primero de ellos, y ya cuando empezamos a cruzarlo notamos que era un puente diferente al que tomaban todos los demás pasajeros del bus, que cruzaban lentamente para evitar que el puente se mueva de un lado a otro. Nosotras habiamos tomado el puente para el cruce de carga, que como se imaginarán, era transitado por curtidos empleados de carga, que ganan por bulto transportado y por ello mismo, cruzaban el puente a la carrera, tratando de trasladar el mayor número de bultos posible. Se imaginarán nuestra situación, no avanzábamos ni un metro y ya se subía un trabajador haciendo bailar el puente de aquí para allá, encontrándose con nosotras a medio camino, estorbándole el paso, por lo que tenía que hacer malabares para pasar a nuestro lado con su carga a la espalda.

Nos tomó una eternidad cruzar ese puente, yo no era muy consciente del riesgo por lo que no sentía mayor temor, pero mi mamá, que teme a las alturas, la pasó muy mal. Poniéndome hoy en sus zapatos, e imaginandome con una de mis hijas pequeñas en una situación como esa creo que también me lo tomaría muy mal, así que va para mi mami un reconocimiento  por su valentía  y un gracias porque contigo he pasado lasm ejores aventuras de mi vida :)

domingo, 30 de noviembre de 2014

Pero yo quería ir a los caballos...

Cuando tenía 8 años de edad, mi mami y yo hicimos un viaje a la ciudad de Nueva York, donde vive mi tía Norma, hermana de mi mamá. Fue un viaje del que recuerdo algunas cosas pero creo que son más las que he olvidado, sin embargo, hubo una situación que se grabó en mi mente y que hasta la fecha recuerdo.

Además de los paseos imperdibles a la Estatua de la Libertad (subimos hasta el nivel de la frente a punta de escaleras, todavía me acuerdo del cansancio), una vuelta a Manhattan en barco, al Empire State, pasamos también un día recorriendo el zoológico del Bronx. Creo que fue el día que más disfruté, puesto que era la primera vez que acudía a un zoológico de dicha magnitud y con tal variedad de animales: recuerdo haber visto osos polares, elefantes, jirafas, pingüinos, y más, pero los más esquivos fueron los leones, debido al tamaño del zoológico, por más que tratábamos de orientarnos en buscar a dichos felinos, terminábamos yendo a otro lugar y al final nos fuimos sin poder acercarnos a su jaula. De hecho, tuvimos un vistazo fugaz de los mismos cuando recorríamos el zoológico en teleférico, pero ya con los pies en la tierra seguimos sin poder encontrarlos. Tampoco vimos koalas, me pregunto si habría animales de esta especie en el zoo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Bronx_Zoo 

Dentro de todas las actividades que se podían realizar en el zoológico había una que nos llamó la atención y era la posibilidad de dar un paseo en una carreta tirada por caballos (a lo familia Ingalls) o montar en el lomo de un camello. Mi mamá y yo nos emocionamos... pero por razones distintas, yo estaba loca por subirme en la carreta de caballos, y mi mami por hacer que yo diera una vuelta en camello. Entre mis deseos y el razonamiento de ella de que en Ecuador yo podría subirme en todos los caballos que quisiera mientras que un paseo en camello probablemente no se volvería a repetir en mucho, mucho tiempo, pues venció la voluntad de mi mami y tuve un recorrido en camello que fue toda una experiencia, pues por su forma de caminar parecía que iba sobre una montaña bamboleante. Tenía una foto de esta experiencia pero se ha perdido con el paso de los años.

Al final resultó que mi mamá tenía razón, yo no he vuelto a montarme en un camello, y si he tenido la oportunidad de hacer recorridos en caballos, pero si tuviera 8 años nuevamente, sé que volvería a desear subirme a la carreta, es que yo quería ir a los caballos... :)

PD: Mami, un trauma más además de el del cuento regalado jajajajaja.


domingo, 23 de noviembre de 2014

La monjita a la que le gustaban los cuentos

Cuando pienso en la palabra "jornada" lo primero que viene a mi mente son las jornadas escolares. Aquellos tiempos lejanos en que estudiaba los primeros grados de educación básica y donde todo parecía novedoso y diferente. Estudié en una escuela de monjitas, en tiempos en que la educación se dividía en escuelas para niñas y escuelas para niños, y si bien eso nos quitaba la ventaja de la convivencia entre ambos sexos, también nos daba la libertad de comportarnos más libremente, sin cohibirnos por lo que dirían los muchachos. Es poco lo que recuerdo de aquellos primeros años, sin embargo les compartiré algunas de estas memorias.

Recuerdo por ejemplo, que cuando estaba en primero o segundo grado de primaria, la jornada escolar estaba dividida por dos periodos de recreo: cada uno de aproximadamente 20 minutos. En el primer recreo no había novedades, podíamos circular y correr por todo el patio sin problemas, pero ¡ay! de que alguna de nosotras se atreviera a acudir al rincón izquierdo del patio durante el segundo recreo, lo más probable era que algo terrible le ocurriera, pues se corría la voz de que el diablo se aparecía allí durante ese período. El porqué el diablo esperaba al segundo recreo para aparecerse es todavía un misterio al que no le encuentro solución ni respuesta jajajaja.

También recuerdo que en la parte posterior de la escuela había una puerta de garaje que estaba cerrada con una cadena y un candado, lo cual impedía que cualquiera pudiera entrar o salir sin tener la llave, pero si era posible que templando la cadena al máximo, se hiciera una pequeña abertura en la parte inferior. Era allí cuando, al grito de "si pasa la cabeza, pasa el cuerpo", nos arrastrábamos por el piso para salir de la escuela 5 minutos antes que el resto de las alumnas. Por suerte todas éramos unas flacas cabezonas y ninguna de nosotras se quedó atrapada en esa puerta :D

Otra de las situaciones que viene a mi mente fue cuando estaba en primer grado,
Las niñas del primer grado de la escuela.
La monjita al frente es la hermana Teresa y
el ángel desgarbado vestido de rosado que está
a la izquierda soy yo
mi mejor amiga de toda la vida, Rossanna (sigue siendo my BFF) y yo estábamos jugando durante las clases con unos pequeños naipes que habíamos llevado y que nos mantenían distraídas mientras la hermana Teresa daba la clase. Tan distraídas estábamos que no nos dimos cuenta cuando la hermana se acercó a nosotras con un gran metro en la mano y nos dio un golpe en la cabeza a cada una de nosotras, eso además de confiscarnos los naipes. Cabe recalcar que cada vez que Rosy y yo nos acordamos de ese episodio nos morimos de la risa, y no acusamos ningún trauma sicológico por el uso desmedido de la fuerza de parte de nuestra maestra jajajaja.

Por cierto, durante ese mismo año, al final del período lectivo era costumbre que la maestra y los padres de familia organizaran un viaje para festejar a los niños. Viviendo al pie del mar, lo más lógico era llevarnos a un día de playa, y allí estábamos: las alumnas, la hermana Teresa y algunos padres, felices rumbo a la playa de Ayangue, de aguas sumamente tranquilas, a disfrutar de un merecido día de juegos y descanso. Todo iba como de costumbre, todas las niñas remojándonos como pasas en el mar desde que llegamos, hasta que una extraña se acercó a nuestro grupo y empezó a hablarnos. Consciente de las advertencias de mi mamá de no hablar con extraños, salí corriendo del agua a informarle de esa extraña mujer que se nos había acercado, cuando mi mami, entre risas, me aclaró que aquella extraña no era otra que nuestra maestra, la hermana Teresa, que despojada de su hábito y su velo, disfrutaba con una cómoda ropa de baño de las delicias del mar. Yo no la había reconocido y tardé un poco en relacionar a aquella mujer con mi maestra. Cosas de la niñez jejeje.

Y ya que hablamos de las monjitas, no puedo dejar de mencionar a aquella cuyo nombre olvidé, que era la encargada de administrar la librería de la escuela. Acudir a ese rincón era delicioso, lleno de cuadernos, libros, estampas, lápices, borradores, todo con ese riquísimo olor a nuevo y siempre con algo nuevo para sorprendernos. Pero esa monjita, que era tan eficiente administrando el negocio, tenía una pequeña debilidad: adoraba los cuentos, y por alguna razón, terminó enterándose de que yo, ávida lectora, me sabía muchísimos cuentos (de los tantos comprados por mis padres). Ni corta ni perezosa, cada recreo me acercaba a la librería y le proponía contarle una historia, ella tomaba asiento y escuchaba a una pequeña niña parlanchina que se enorgullecía de su capacidad de cuenta-cuentos y de su selecto público, y que al final, era recompensaba con un lápiz nuevo o con una estampita. Recuerdo, al final del año, que dicha monjita me regaló una pequeña iglesia de color verde, decorada con detalles de color dorado, y cuyas campanas se movían. Fue un regalo precioso que conservamos en casa durante muchos años y que pasó a formar parte de la decoración del nacimiento que año a año colocábamos en mi hogar. No sé si aún está entre las cosas que guarda mi mami, pero sé que está siempre en mi memoria como el recuerdo de la monjita a la que le gustaban los cuentos.



domingo, 16 de noviembre de 2014

El vendedor de frutas

Debido a mi trabajo, todos los meses tengo que viajar un par de días a Portoviejo, una ciudad situada a 200 km de Guayaquil. Son aproximadamente 2,5 horas de viaje y a lo largo del camino me encuentro de todo: campesinos que llevan a las vacas a pastar, ocupando una parte de la carretera con el consiguiente atasco en la vía; conductores buenos, malos y pésimos; vigilantes de tránsito haciendo cumplir la ley, y en ocasiones queriendo hacer su agosto a costa de los conductores; vendedores de dulces, arroz, rosquitas, y sobre todo, vendedores de frutas de todo tipo.

Precisamente esta semana tuve que viajar a Portoviejo y a lo largo del camino me encontré con muchísimos puestos de venta de fruta de temporada: naranjas, sandías, papayas, mandarinas, guineos, mamey, zapote y muchas otras más. Pero hubo uno en particular que llamó mi atención: era una pequeña cabaña de caña, fuera de la cual se encontraban las frutas exhibidas en una especie de tarima, y el vendedor y propietario de las mismas se mecía plácidamente en una hamaca a la espera de clientes.

Decidí comprar naranjas y sandía a un precio que me pareció justo, pero para no perder la costumbre, le pedí la famosa "yapa", ese regalito extra que te pueden dar cuando haces una compra, en este caso le pedí que me regale una mandarina. El campesino, ni corto ni perezoso, se dirigió a su cabaña y regresó con la fruta, pero no con una como yo le había pedido, sino con 8!, no me lo esperaba, y no contento con eso, me pidió que esperara un poco más y volvió con  varios guineos. Todo completamente gratis.

Realmente me conmovió tanta generosidad, pues a leguas se notaba que se trataba de una persona humilde y sin grandes recursos económicos, que al parecer sólo vivía del cultivo de sus tierras, pero su desprendimiento y su compartir con los demás lo que la tierra le ofrece me llegó al corazón. Ojalá yo llegara a tener algún día al menos una pequeña parte de su generosidad. Una vez más confirmo que la gente buena es mayoría y que basta mirar alrededor para encontrarlos y disfrutar de su compañía, así que los invito a abrir los ojos y encontrar cada día a esa persona especial que ilumina la vida de los demás.

PD: Y para cumplir con la palabra de la semana, diré que el puesto de frutas se encontraba a la izquierda del camino :)

domingo, 9 de noviembre de 2014

Historias de puenteros

El día de hoy quiero contarles brevemente la historia de Tonny Ruttiman, más conocido como Tony "el suizo", un hombre que con sus acciones cambió completamente la vida de miles de personas de mi país y de muchos otros países del mundo.

Todo empezó en 1987, cuando Tony ve por televisión la noticia sobre un terremoto en Ecuador. No lo piensa dos veces y a los 19 años, sin más educación que su reciente graduación de la secundaria, realiza una colecta entre la gente de su pueblo: Pontresina y toma un avión para internarse en la selva ecuatoriana a brindar la ayuda que tanto se necesita.


Tony y Walter. Fotografía tomada de Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Beat_Anton_R%C3%BCttimann#
 
Uno de los principales problemas que trajo el terremoto fue la caida de varios puentes que comunicaban a pequeñas poblaciones que habitaban a orillas de los ríos del oriente de mi país. Allí, con cero experiencia pero con mucha inventiva, idea un sistema comunitario de construcción de puentes, donde los miembros de la comunidad beneficiada se encargan de aportar con arena, piedras, madera y mano de obra, y Tony se encarga de conseguir los tubos y cables de acero de desecho de las empresas petroleras de la zona. Con esta combinación de recursos y con la ayuda de Walter Yánez, un ecuatoriano que decidió seguir los pasos de Tony, construyeron más de 100 puentes a lo largo de 12 años.


Luego Tony decide encomendar a Walter la misión de continuar la construcción de puentes en Ecuador y parte, primero a Centroamérica y luego a Asia, a continuar con su labor humanitaria. En Camboya se ve afectado por el síndrome de Guillain-Barré, pero la cadena de colaboradores que forma en cada país que visita permite que la construcción de puentes no se detenga a pesar de su enfermedad. Afortunadamente logra recuperarse y continuar con su oficio de puentero.

Yo tuve la oportunidad de asistir a una de las charlas que suele dar en distintas universidades y fue todo lo que esperaba y más. El escuchar la historia de la construcción de puentes de sus propios labios, conocer acerca de las grandes empresas que le dan su ayuda y sobre todo de los miles de colaboradores anónimos que aportan con su dinero, con sus fuerzas, con sus ganas, a que esta labor continue es realmente conmovedor. Yo sentí que tenía frente a mí a una persona que cambia destinos, que marca la diferencia.

Aquel día Tony nos dio una dirección electrónica a la que podíamos suscribirnos a fin de recibir información sobre los puentes que se siguen construyendo, lo hice y semestralmente recibo uno o dos correos titulados "Historias de puenteros", con información sobre comunidades tan distantes como las de Laos, Camboya, Vietnam, y sus esfuerzos para tender puentes. También nos comparte algo de sus vivencias personales, como en el último correo recibido, donde nos cuenta su sentir por la muerte de su padre. Esta es la dirección por si en algún momento quieren obtener algo de información al respecto: historiasdepuenteros@lists.ti-edu.ch

Para terminar diré que si bien la palabra de la semana es Historia, cuando cuento la historia de Tony el suizo pienso que le calza mejor la palabra Héroe.



domingo, 2 de noviembre de 2014

El chavo y la guitarra

Una de las mejores cosas de mi trabajo es lo bien que nos llevamos entre los compañeros de mi equipo. Somos 4, tres mujeres y un hombre, casi contemporáneos, por lo que solemos estar muy sintonizados con los temas de conversación, sobre todo cuando nos entra la onda retro y nos da por recordar todo lo que estaba de moda cuando éramos chicos.

Precisamente esta semana y aprovechando la ausencia de los jefes, que estaban de viaje (aquí calza perfecto el dicho: "cuando el gato no está los ratones se pasean"), nos pusimos a conversar sobre los programas de televisión que disfrutábamos en los tiempos de escuela y por supuesto, no podíamos dejar de mencionar a los programas de Chespirito, tan populares en nuestro país.

Parece mentira como teníamos frescas en nuestras mentes, escenas y diálogos completos de capítulos del Chapulín Colorado y El chavo del 8, este último el gran favorito de todos. Y entonces salió a colación el famoso capítulo cuando el chavo y Quico querían a prender a "guitar la tocarra", mi compañero empezó a narrarlo letra por letra y palabra por palabra, sobre todo la parte cuando Don Ramón le decía al chavo que le baje (el tono) a la guitarra y el chavo se iba agachando cada vez más hasta llegar al piso, cuando nos dimos cuenta, mi compañero estaba tan metido en la historia, que estaba de rodillas en el piso y simulando tener una guitarra entre los brazos, sólo de verlo así, agachado y con la corbata arrastrando por el suelo, nos dio un ataque de risa tal, que nos vimos obligados a cerrar la puerta de nuestra oficina para que no vengan a ver qué es lo que nos ocurría, realmente nos reímos hasta las lágrimas.

Ahora estamos esperando un nuevo viaje de mis jefes para volver a entrar en el túnel del tiempo y rememorar nuevamente aquellos tiempos de sana diversión de la mano del chavo del 8 y sus amigos.

Y por si alguien se lo perdió, les adjunto el video del famoso capítulo del Chavo del 8 y la guitarra. En el minuto 10 está la parte que les contaba.