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domingo, 12 de octubre de 2014

Buenas acciones

Siento que debo disculparme porque no es infrecuente que publique mis entradas en el último instante posible. Nuevamente debo reconocer que se me hizo difícil escribir sobre el tema de la semana. Esta semana he estado distraído, los libros son la causa de mi distracción. He vuelto a leer el libro “Harry Potter y el Misterio del Príncipe”, ese es quizá el mejor libro de la saga. Bueno, creo que ya debo empezar.
Generalmente, mi madre prepara mi desayuno. Éste consiste en un batido de frutas y una tostada. No me quejo, aunque ése no es mi desayuno ideal. Mi desayuno ideal consiste en un bowl relleno de hojuelas de maíz acompañado de almendras. Si deseo tomar algo, tomo leche de almendra o leche de soya. Pese a esto, estoy agradecido del gesto de mi madre.
Solo conozco a una persona que, además de mi madre, prepararía y ha preparado mi desayuno con esmero. En ciertas ocasiones, mi primo, mi hermano y yo nos hemos quedado en la casa de mi tío. Él nos ha recibido con hospitalidad y además nos permite pasar la noche. Nosotros dormimos generalmente a las 10:30 pm, pero mi tío no. Mi tío es un hombre muy ocupado, él duerme a las 03:00 am y se despierta a las 05:00 am. Él es el dueño de una empresa, su agenda está casi siempre ocupada. Él nos levanta a las 05:00 am y además, prepara nuestros desayunos. No tiene la obligación de hacerlo, él puede decirle a su empleada doméstica que lo haga. Él sirve a cada persona una taza de chocolate, unas tostadas y un huevo pasado por agua. Él desayuna con nosotros, luego se viste y va a caminar. Así inicia su dura jornada.
Mañana vuelvo a clases y eso significa que mañana tomaré un batido de frutas y una tostada. Ese desayuno lo hará mi madre y será el mejor desayuno de mi vida.

Un desayuno hecho de recuerdos...

Apenas supe cuál era la palabra de esta semana se me vino a la cabeza casi de forma inmediata el recuerdo que afloraría esta vez en este blog. Lastimosamente, debido al tiempo y los ánimos, lo hago a lo último, pero no quiero quedarme sin plasmar este recuerdo, disculpan la demora.

Debo retrotraerme a una época en la que quizá no tendría más de 10 años, a un humilde hogar cuya extensión del patio competía con creces con la del resto de la casa; el mismo era casi en su totalidad cubierto por un enorme árbol de mango de aceite cuyos frutos de maduros restallaban contra el suelo de tierra milenaria dándole al lugar un contaste aroma natural y delicioso. Puedo ver nítidamente, de nuevo, a mis tres hermanos mayores en la cocina, cada uno preparando sus bicicletas, decidiendo de quién sería el turno de ir a buscar los ingredientes para el desayuno. Con cierta benevolencia y una risa burlona es mi Papá quien zanja el asunto y dice que será el tercero de sus descendientes quien irá a buscar la caja de bananos, los panes y la bolsa de leche a la tienda, no sin antes pasarse por donde mi tio quien además de una droguería cuenta con una venta de periódicos, y una pequeña vitrina en la que vende galletas, rollos de harina y demás delicias similares, para traer el noticiero de la mañana que nunca faltaba en nuestro diario vivir. Mis otros dos hermanos se resignan y aceptan que esta vez no se quedarán con el botín que mi tio acostumbra a tener preparado: la recolecta de todos los trocitos de panes o parva dulce que en ese entonces sabían a gloria.

Me apresuro a darle alcance a mi hermano para irme con él en la parrilla de la cicla y disfrutar de un viaje de 10 cuadras sumamente emocionante para mi mente infantil, pero no cuento con su aprobación, ni con el permiso de mi Papá. Debo entonces esperar con impaciencia su próxima llegada y estar muy pendiente para que no me dejen sin mi ración de delicias. No alcanzo a ver a mi Mamá en este recuerdo, supongo que sería un día de semana, por esa época en la que ella se iba días y días que se hacían eternos a trabajar en una zona rural para subir en el escalafón de docencia, sólo podía verla los fines de semana y era un verdadero suplicio. Afortunadamente estaba la abuela, que aunque no reemplazaba del todo el papel de madre sí lograba llenar muchas carencias afectivas y era a la vez cómplice y compinche de cada uno de sus nietos, ya fuera para alguna travesura, para excusarnos por algo malo que hiciéramos o para escondernos de los castigos de Papá.

Mientras todos mis hermanos se dedican a sus diversas actividades de niños, yo me quedo viendo a ese hombre imponente y de porte algo rudo que desencaja ante mis ojos con ese ambiente culinario en el cual no estoy habituado a verlo, se encarga de lavar esmeradamente la licuadora y demás enseres necesarios para  el gran desayuno. Él es sinónimo de abundancia, sin importar la situación por la que esté pasando la familia, en términos económicos, suele excederse al momento de brindar comida, de los pocos peligros de acceder a comer de sus preparados está la típica incomodidad estomacal producto del hastío. Sus tendencias excedentes le costaban una oportuna reprimenda de mi Mamá cuando estaba presente, ella, que sí era la verdadera experta en asuntos de la canasta familiar.

Me voy al patio de tierra a ver cómo mis hermanos se descrestan lanzando el trompo o chocando sus canicas y luego de algún tiempo les veo tirar sus juguetes a un lado y correr rápidamente hacia la entrada de la casa para arrebatarle a mi otro hermano recién llegado las provisiones que trae, se enzarzan entonces en una batalla en miras de quedarse con los remanentes de parva más grandes o sabrosos. Un grito de Papá que está preocupado por los materiales con los que trabajará les frena su imprudencia y yo aprovecho la efímera calma para sacar mi parte del botín, no menos llamativa que la de los otros.

¡Y manos a la obra! Con suma diligencia mi Papá se aplica a hacer de la fruta jugo y de los grandes panes rebanadas como si fuera lo más difícil de realizar para luego con satisfacción por la labor realizada comenzar a llamar por el nombre a cada uno de mis 5 hermanos, a la abuela y a quien estuviese rondando por la casa para ofrecerle un gran vaso de jugo de banano espumoso con ricos panes de leche como añadido.


Yo era uno de los primeros, creo incluso, el que con mayor impaciencia esperaba ese desayuno. No importaba que pudieran hacerlo a menudo, daba igual lo simple que era, el sabor, el gusto que le sacaba, el ambiente y el alimento que se hacían uno, me encantaba. Aún hoy lo es, si me preguntaran por el desayuno más rico que haya probado hasta ahora, diría que es ese... un desayuno plagado de recuerdos y hecho por la mano firme y fraternal de mi Padre. 

En la imagen: Mi Papá, Mamá y Yo... en uno de los innumerables puntos de la casa antigua, hace tantos años ya...

El desayuno y las memorias


Cuando pienso en la palabra desayuno, se me viene a la mente mi mami diciendo que la comida más importante es el desayuno, la ha repetido durante mucho tiempo y siempre que voy tarde y no alcanzo a desayunar.  No suelo desayunar mucho y siempre como algo antes de salir de casa, pero cuando trabajaba en la universidad había días en los que todos pedíamos desayuno o preparábamos el desayuno, eran épocas muy divertidas.

Esta semana en casa los desayunos han sido diferentes, mi abuelita está de visita, aunque la causa de su visita es que se encuentra enferma, le duelen sus articulaciones , se le dificulta bajar los escalones, levantarse, sentarse o ponerse en pie.  El medico dice que se trata de osteoporosis y artrosis, el otro gran problema es que al ser Bogotá tan fría mi abuelita le duelen las piernas en la noche y no puede dormir.

En las mañanas se despierta, muy temprano, yo la molesto diciendo que no ha hecho la cama o que no ha ayudado a lavar los platos, ella se ríe porque sabe que es molestando, nos sentamos a hablar un poco y me cuenta sus historias, y el desayuno se convierte en el momento en el que hablamos del pasado, de las cosas felices y las tristes.

Es una mujer dulce y sus pasos se han hecho muy lentos y sus voz se ha ido apagando, aunque disfruta de contar sus anécdotas y a mí me encanta escucharla, retener su memoria oral y por qué no algún día compartirla.

Mi mami me contó una de sus historias con el desayuno,  ella vivía en un lugar alejado de Bogotá, una zona rural alejada de muchas cosas, era una vida simple pero tranquila, ellos tenían unos obreros a los que le llevaban el desayuno y ese día mi mami, que apenas debía tener alrededor de siete años, llevaba una cantina grande, muy parecida a la de la leche, pero  llena de agua de panela, muy común en Colombia, con Arepas, para la época no había caminos así que tenía que cruzar cercas y el sitio al que debía ir estaba a veinte minutos desde la casa, cuando cruzaba una de las tantas cercas y ya próxima a llegar se le cayó la cantina y parte del contenido se derramó, y como llevaba la medida era probable que la regañaran porque  los obreros se quedarían sin desayuno por lo que optó por ir a un rio cercano y llenarla.

Los comentarios de todos era que la bebida estaba fría y sin dulce, todos se habían dado cuenta, en la noche cuando su padre llegó del campo a la casa le contó lo sucedido a la esposa y ella reprendió a mi mami, por no haber regresado.

La última anécdota me sucedió en Mexico, rentamos junto con dos compañeros más una casa en Cancun en un lugar bastante normal, alejados de los grandes hoteles, y cada mañana ellos preparaban el desayuno y yo lavaba los platos, tarea que odio hacer, nunca me dejaron preparar ni el desayuno, ni  el almuerzo. Fue una experiencia bastante divertida, todo esto se debe a que les conté la siguiente anécdota:

 Hace algunos años  mi mami salió muy temprano a visitar a mi abuelita y me despertó para que estuviera pendiente del desayuno que iba a estar listo, solo debía apagar la estufa y el gas, había preparado un caldo de costilla y solo faltaba unos  quince minutos para que estuviese listo, junto con un chocolate y unas arepas, muy común en Colombia; soy de los que tienen el sueño ligero pero que aman hacer pereza en la cama, por lo que los 15 minutos se convirtieron en una hora o más.

Me levanté angustiado y corrí hacía la cocina esperando un milagro que me salvara, por supuesto lo que tenía frente a mí era una olla que en su interior tenía una masa negra y seca, me asusté porque pensé que me iban a castigar severamente, cosa que nunca han hecho en mi casa, por lo que me puse manos a la obra, lavé la olla muy bien,  corte más papas y puse a hacer todo, al final salió bien excepto por que olía a quemado y el sabor era agrio, en mi casa se ríen siempre que lo recuerdan,  bien dicen que al perezoso le toca doble trabajo.


viernes, 10 de octubre de 2014

Aprovechen bien el desayuno que...

Cuando leí desayuno muchos recuerdos vinieron a mi mente.

Los infaltables licuados de plátano, con chocolate, huevo y miel que me daba mi mamá antes de irme a la escuela.  Los sándwiches, arroz con leche, tortas, hot cakes, etc. que me ponía en la lonchera para el receso en la escuela.

Ni un día mi mamá dejó de mandarme desayuno, lo hizo hasta que se enfermó y entonces yo pasé a hacerle su desayuno.

Tenía tantos recuerdos que intentaba recordar alguna anécdota sobre desayuno y justo hoy me llegó una.

Hace varios años fui a Cancún, México. Uno de los lugares más hermosos que tiene mi país. El paraíso con mar azul turquesa y playas con arena blanca tan fina que parece talco.

Ese viaje fue muy especial por dos cosas:

La primera, fuimos mi abuelita, mi mamá y yo. Las tres generaciones reunidas.

Y porque el costo del boleto de avión y hospedaje de mi mami y míos, lo pagué yo con dinero ganado por mí. Era la primera vez que sucedía. Los gastos de mi abuelita los pagó mi tío, su hijo.

Tuvimos suerte de comprar un paquete bastante económico, pero no llevábamos mucho para gastar, sobre todo tomando en cuenta, que Cancún, tristemente, es una ciudad muy cara.

Como muchos paquetes, este incluía desayuno. Así que bajamos al restaurante del hotel y nos atracamos con el bufet de desayuno que ofrecían.

Y entonces mi mamá, al ver a mi abuelita disfrutar de la comida, dijo: coman todo lo que puedan, porque no volveremos a tener otra comida en todo el día, no nos alcanza.

Debían haber visto la cara de preocupación de mi abuelita!! ¿En serio hija? Preguntó en tono de angustia.


Y debían haber visto la cara y haber oído las carcajadas de mi mamá, al hacerle la travesura a su mami. Obvio, le dijo que no, que no se preocupara, que era broma. Pero mi abuelita se quedó intranquila y no descansó hasta que vio que en la hora de la comida fuimos a un restaurante jijiji

Desayuno en luna de miel

Cuando vi la palabra de esta semana me dije. ah que fácil desayuno y es que he tomado tantos y diversos desayunos y tengo tantas historias, que me ha costado escoger una de ellas.
Mi primer desayuno fue el de casi  todos Ustedes, la leche materna, no es que lo recuerde, pero según noticias lo abandoné a la fuerza, casi a los cinco años, luego fue sustituida por el biberón, el cual fue mi desayuno hasta casi los seis años, en que comensé mi etapa  escolar, este era un desayuno típico de mi tierra, la pisca andina, que consiste en un consomé, al que se le agrega papas en trozos pequeños un  huevo entero que se cocina en el consomé, más un amarillo disuelto en un poco de leche y unas ramitas de cilantro que se le ponen al final, esta taza de caldo era acompañada de una arepa, generalmente de harina de trigo o de maíz, queso ahumado también típico de los Andes y una taza de aguamiel,  bebida de agua y papelón  con leche.






Este era nuestro desayuno, que mamá solía prepararnos y acompañar con una sonrisa y por supuesto una canción, cantada o silbada, ya que cuando estaba preocupada o disgustada, solía silbar, cosa que nosotros conocíamos y nos preparábamos sin hacer preguntas, comiendo en completo silencio, porque si es verdad que era un ángel, también cuando estaba malhumorada  una palabra de ella era una orden.

Para variar sustituía  la pisca por un perico de huevos, dos huevos revueltos con verduritas picadas y chorizo,  no existía el jamón, la consabida arepa y una tajada de queso ahumado

Bueno estos desayunos duraron hasta mis trece años, época en la que nos vinimos a Maracaibo, aunque mamá trató de seguir la tradición, debido al tiempo y la distancia para llegar a nuestros lugares de estudio, debimos adaptarnos a los desayunos maracuchos, que comp en la cantina o lugares públicos,  ricos en grasa, frituras, bebidas gaseosas , completamente diferentes a lo que teníamos acostumbrado, aunque nunca me he podido adaptar a esto, no puedo negar que una empanada de carne o pollo,  un tequeño, una mandoca son deliciosas, pero solo para momentos especiales.

También la edad nos obliga a abandonar las tradiciones,  hoy me desayuno con fruta, cereales , leche descremada, algunas veces dos huevos cocidos,  arepa de maíz Pan, y una tajada de queso , ya que no puedo evitarlo por vivir en una zona agropecuaria, donde los quesos son especiales, aunque trato de comer los bajos en grasa.
Me he acostumbrado a desayunarme abundantemente, siempre a mediados de la mañana, ya que me gusta dormir hasta tarde,  pero almuerzo igual a las dos o tres de la tarde, por lo que las cenas son muy lijeras, una fruta o un yogur, máximo.

Bueno, seguiré con el objetivo de esta página, la celebres historias.

Mi historia se remonta al siglo pasado, aclaratoria que hago para que me puedan comprender,

Cuando contraje nupcias, pasábamos por una crisis económica, mi  Novio, recién llegado de Italia después de haber hecho un postgrado en Roma durante dos años, divorsiado, con un niño de tres años a su cargo y dispuesto a comenzar una nueva vida familiar y de trabajo, y yo la novia, que había roto recientemente  un compromiso,  con el disgusto de mis Padres y sin que estos aceptaran al Señor divorciado y además con un hijo, así es que en esas condiciones nos atrevimos a efectuar nuestra unión.
El plan era que viviríamos con mi suegra hasta que estuviéramos en condiciones para armar nuestro nido.
Por lo tanto la ceremonia se efectúo de una manera muy sencilla, solo con los familiares y amigos muy cercanos.
Mi hermana, que tenía una casita en la montaña, le pareció conveniente que por lo menos la primera semana de luna de miel, estuviéramos solos festejando, por lo que nos ofreció la casa, que yo no conocía, pero ella nos indicó como llegar y como estar en ella.
Alquilamos y contratamos un taxi para que nos llevara al pueblo de Tabay, a media hora de la ciudad donde yo nací, eso me traía emocionada, tan contenta que iba contándole a mi esposo, como era la gente del lugar, la escuela donde estudié, la casa donde vivía, y toda mi infancia.
Después de seis horas de viaje, por esas montañas de los Andes, curvas y curvas que nunca terminan, por fin llegamos a la plaza del Pueblo, allí nos dejó el taxi, pues él chofer no conocía otros caminos, como estábamos advertidos, tomamos un camión verdulero, de esos que tienen solo dos puestos adelante, nos montamos atrás donde va la carga, querían que yo fuera adelante para ir mas cómoda,  pero como dejar a mi esposo recién casado solo? imposible, yo había jurado que estaría a su lado en todo momento, en la salud y en la enfermedad. etc, etc,  y palabra es palabra, me subí con él y partimos, por un camino angosto, a la luz de luna, después de algunas curvas  llegamos a la casita, yo me la había imaginado, como esas casas de montaña que salen en las películas, rodeada de flores,
pero para mi decepción, no pude ver nada ya que había oscurecido, nos bajamos y al entrar a la casita, !sorpresa" no tenía luz eléctrica, solo un bela para alumbrarnos, bela que después de algún tiempo, hallamos en la cocina.

Bueno, cuando se está tan enamorados, todo nos parece lindo, así es que dijimos, ya mañana nos arreglaremos,

Como a mi esposo le gustaba madrugar, cosa en la que nunca estuvimos de acuerdo,  se levantó muy temprano y quiso lucirse con una atención especial de esposo principiante, se presentó ante mi cama, con algo que él supuso que era una bandeja, pero parece que era la tabla de picar carne, en ella llevaba mi primer desayuno de luna de miel, lo primero que observé, fue una flor amarilla silvestre, un poco triste, que yo la califique como Que linda flor y que aún conservo.  Y como  desayuno otra sorpresa, un trozo de pastel de bodas, que mi hermana, por precaución había puesto en la maleta.,
Ese fue nuestro desayuno de luna de miel,  que  además de ser lo que había sobrado, estaba desmoronado , nada atractivo y tuve que alabarlo como un gran manjar, desde ese día cuando voy a una boda, ni me acerco a la mesa del pastel.

Pero fue la semana mas feliz de mi vida, tuvimos que irnos al pueblo a un hotel barato, nos quedó una historia que la hemos contado miles de veces a nuestros hijos y nietos, espero contárselas a mis bisnietas y bisnieto, por lo que con la palabra de esta semana, he tenido  también la oportunidad de contarla a este grupo de amigos, para que sepan, que la felicidad está en las cosas mas sencillas, lo importante es el amor

jueves, 9 de octubre de 2014

Desayuno???

Debo ser una persona con espíritu de contradicción, mientras más fáciles me parecen las palabras escogidas más me cuesta escribir sobre ellas. Me la he pasado con la cabeza hecha un lío, pensando qué escribir sobre "desayuno" y al final solo me han venido historias a retazos.

Yo hoy en día (y desde hace muchos años ya) no desyuno como es debido. Una taza de café...una tostada a veces y a trabajar ( o estudiar). Claro, luego a las 10 de la mañana me tomaba algo fuertecito cerca del trabajo...para balancear.

Pero a lo largo de mi vida sí he conocido personas que amaban desayunar. Mi primer recuerdo es de mi abuelo Felipe, la persona más adorable del mundo y con los ojos celestes más bellos que he visto. A mi abuelo le encantaba mortificarme a la hora de desayunar ya que de chica odiaba lo que fuera el pan o galleta mojado ( aún lo hago) y uno de los desayunos favoritos de mi abuelo era una jarra enorme, de esas de cerveza, llena de café con leche y galletas de dulce, marca Sire, machacaditas dentro. Él veía la cara que yo ponía cada vez que echaba las galletas en la jarra, me guiñaba un ojo color de cielo y me daba una sonrisa tan pícara y tan tierna que borraba todo malestar.


Siendo adolescente vivía con mi madre y su esposo (quién fue quien verdaderamente ejercía de padre para mí desde los 3 años). Los días entre semana desayunábamos café con leche y alguna tostada. Éramos verdaderamente privilegiados porque en esa época en Cuba el agua con azúcar era lo más común. Pero el domingo cada uno se levantaba a la hora en que quería (casi nunca ante de las diez) y era el día del desayuno familiar. Mi madre sacaba la vajilla de porcelana blanca con flores rosas, que incluía tetera, azucarera, tazas, en fin...todo. Hacía huevos fritos o revueltos (o ambos), tostadas, jamón, bacon, café, leche, zumos. Cada quién elegía lo que quería comer y era la mañana en la que con calma nos contábamos los avatares de la semana, los logros, las decepciones, los problemas. Me encantaban esos desayunos, me hacían sentir adulta ya que mis historias también contaban.

Cuando empecé a trabajar y tuve a mi hijo el desayuno era atrapar lo que hubiese y sobre la marcha. Por eso la primera vez que estuve en Gibraltar y mi novio (actual esposo) me invitó a un english breakfast quedé alucinada: huevos fritos  o revueltos, mushrooms, bacon, tomate, tostadas, salsichas y hasta judías!!! Eso un desayuno?? Para mí era más bien un almuerzo!!!!
   crédito de imagen de www.chefkoch.de

Aquí desayunan, comen y cenan a lo grande. Sin parar en costes y cantidades. Por eso lo que me sucedió la mañana de mi boda fue, cuando menos, simpático.

Hace un año en julio del 2013 vine a Gibraltar a casarme. Venía sin mi madre ni mi hijo por lo que era una experiencia agridulce. La noche antes de la boda y para no perder la magia quise dormir en casa de mis suegros para que mi futuro esposo no me viera hasta que llegase la hora. No sé si por los nervios pero esa noche no pude casi comer y cuando mi esposo me dejó en la casa de sus padres, mi suegra me tuvo que dar un té de tila para dormir. Eso sí, caí como una piedra. Por lo que a la mañana siguiente ( la de la boda) me sentía más etérea que un hada...casi flotaba de lo débil que estaba.

Mi suegra, la pobre, estaba más nerviosa que si yo si cabía y me preguntó que si iba a desayunar. Por supuesto le dije que sí, que quería una tostada con mayonesa que son mis favoritas (tampoco me podía hartar de comida porque el vestido ya me quedaba bastante ajustado). Pues bien...lo dicho...los nervios son lo más traicionero y mi tostada salió más negra que una noche sin estrellas y yo por pena así me la tragué..aunque mi cara era de campeonato jajajajaja. Así que llegué al momento cumbre casi sin nada en la barriga.

 
Pero con todo, creo que al final no se notó. Qué opinan Uds??


Desayuno en todas partes, menos en Tiffany's

La verdad es que el desayuno sólo se convierte en un momento relevante cuando viajo.

Estando en casa me pasa como a Tania y Loly, que salgo apurada , a veces con un simple café...luego en la oficina tomo mate.  Ya saben, nuestro eterno y fiel compañero.  El mate es una infusión hecha a partir de una planta llamada científicamente Ilex Paraguayensis (vulgarmente conocida como yerba mate)

Es de origen ancestral, se cultiva en el noroeste de Argentina, en Uruguay, Sur de Brasil y Paraguay..la zona de influencia de los indios Guaraníes.  Parece ser que ellos ya lo consumían pero fue cuando llegaron los jesuitas a construir sus misiones cuando descubrieron el valor nutricional del mate y lo adoptaron.  Se puede preparar con las hojas secas, como un té..o tomarlo en un MATE (es el nombre del cuenco) en el cual vertemos la yerba molida y le ponemos agua caliente sorbiendo el agua resultante con una bombilla.  Suena complicado, pero nosotros lo hacemos todo el tiempo.

Pero bueno, no era eso lo que les estaba por contar. Les decía que sólo cuando viajo los desayunos cobran importancia.  Generalmente porque ahí es cuando tengo tiempo de sentarme a desayunar y porque me gusta probar las cosas típicas de cada lugar.

La mayoría de ustedes me conoce hace mucho tiempo, pero para los amigos nuevos que he sumado en este blog, les cuento que trabajo en turismo.  Y como guía de turismo y agente de viajes, me pagan justamente para eso.  Para viajar.  A veces es muy glamoroso, a veces es muy fastidioso, a veces quiero quedarme en mi casa, pero en general...amo mi trabajo.

Así he desayunado tamales y té de Coca en Bolivia,  Empanadas dulces en Perú, bolón de Verde en Ecuador, tacos con agua de horchata en México, cafe au lait con croissants en Francia.  Mi vida está llena de contrastes, me ha tocado desayunar con una comunidad aborigen muy humilde mate cocido y pan en Paraguay y también masas vienesas en el Hilton Danubio de Viena...los contrastes son los que nos ayudan a aprender a apreciar las cosas que tenemos.  Agradezco por ellos.

Tengo 3 desayunos memorables que quiero compartir con ustedes. Los tres bastante recientes.  Los dos primeros tienen que ver con los afectos.  Un día de 2012 desayuné en el Café Tortoni, un Café histórico de mi ciudad Buenos Aires con mi querida amiga y una de nuestras anfitrionas aquí en el blog, Loly y su mamá.  Les comparto la foto.  Supongo que Angelica María la tomó porque no sale..tonta de mi, hubiera deseado una con ambas.  Fue maravilloso recibirlas, compartir y disfrutar con ellas ese día.  

El segundo memorable desayuno, fue en un café Valdéz de Bogotá.  Mi querida amiga Luisa, colaboradora aquí de este espacio, me pasó a buscar por mi hotel y me llevó a desayunar.  Pero no fue eso lo que me enterneció...sino que trajera, bien envuelto en su cartera, algo caserito, hecho por ella, una delicia para compartir.  Una especie de tortitas de maíz dulce, todavía calentitas...ese gesto fue más grande que cualquier obsequio.  Y tengo muchas meriendas, almuerzos y cenas memorables con ella y Christian...que son para otro blog.

Y el último, fue solitario.  Pero muy simbólico para mi.  Yo no conocí a mi abuelo.  Sólo las historias sobre él y su tierra natal, Viena, en Austria.  Mi sueño era conocer el lugar de donde él venía.  Siempre me maravilló ese país y me hice desde niña fan de las historias de la Emperatriz Sissi.  Por eso, desayunar en uno de sus palacios, el Palacio de Hofburg, fue un sueño hecho realidad.  Y además un símbolo de mi libertad, ya que nunca había estado tan lejos de mi casa, sola.


Les dejo un par de fotos.  Del  Desayuno con Loly y de mi desayuno en el Palacio Hofburg. 

Seguro que si pienso tengo mil desayunos memorables más... y eso que todavía me falta tomar mi Desayuno en Tiffany's !!!!

Los Desayunos, no son Románticos

Colaboración de Luisa Adriana

Creo que esta no fue la mejor palabra, me han hecho pensar, considerar varias perspectivas, pensar en mi hogar paterno, pensar en mis hijos, y aun en mí; en el trajín del día a día, donde incluso los desayunos se vuelven parte de la rutina, llamada salud, o bienestar -además– de otros adjetivos, pero que lo hacen un algo que no se puede evadir o me la pasaría enferma todo el día.

Pero definitivamente mi sentido Romántico, más bien escaso, vale la pena decirlo, se vio truncado sencillamente antes de cumplir un año de casada, me atrevería a decir que antes, pero preferiría mantener una distancia prudencial, porque mi esposo amadito, podría leerme.

En la rapidez del noviazgo y pronto matrimonio, (no causado por hijos prematuros); imaginaba ciertas cosas que se vivirían, aquellas simples que ves en las películas ahora sí, románticas, y una entre ellas un desayuno servido a la cama con una mesilla, decorada, ojala con una flor, un humeante café, quizá unas tostadas, y no sé, varias cosas más, un flamante y valeroso esposo entrando hacia el cuarto con ella y la gran sonrisa donde queda uno deslumbrado, y cree que es la pareja perfecta. Pues no, literalmente nunca sucedió, no crean que mi amado, no cocina, si, y bastante bien, y le gustan los buenos desayunos, pero creo a juicio de ser cruel, que en el léxico de él, sí que no existe la palabra Romanticismo.

Crédito de imagen
 Pasaban días y días, y se llegaba un fin de semana en casa, y yo me decía, ah!! se levantó, hoy si el desayuno a la cama, y nada, nunca llegaba ; un día sin más decidí que sería yo la linda esposa, me levante, claro ya sabía que le gustaba, note que no teníamos la famosa mesilla para poner en la cama, pero bueno una buena bandeja era suficiente, flores, no, pero igual ordene lo más lindo que se dio; llegue al cuarto, él ya se había despertado, yo como la reina, con mi bandeja, algunas palabras lindas, supongo, y queda el cual piedra, estupefacto, me miraba, no con rabia, quizá con decepción, o con un algo que no supe descifrar; y se sienta, con voz serena, me dice, a mí no me gusta el desayuno a la cama eso es como maleducado, es feo, de mal gusto, y más cosas;  yo no le puse la bandeja encima, creo que por no desperdiciar la comida; muy parca le dije, perfecto, entonces siéntate a la mesa, sírvete lo que desees y desayuna, yo me quede en el cuarto me comí todo así no fuera de mi gusto.  Quedo marcado, desayuno no a la cama. No me intereso hallar como hacer la diferencia, y hoy día creo que fue mejor, en la vida lo hubiera convencido.

Crédito de imagen
Gracias a mis hijos existieron algunos cambios, pero nunca llego el Romántico el especial, debí reemplazarlo, si, por una mesa muy organizada, linda, completa y deliciosa, para las fechas especiales, eso lo he disfrutado, y han sido muy halagadores;  pero quedo saldado que el desayuno no incluye ese toque que derrite (a veces) como en películas o leemos; como parte del cuento de hadas. Cuando yo decido llevarles a los chicos el desayuno, por muchos motivos, él me dice y yo?, le recuerdo lo que no le gusta, pero también nos acompaña, una que otra vez, pero más como por no sentirse solo, es mi percepción.

Y bueno, los desayunos, entonces son una rutina por nuestros horarios hoy día, entre semana en medio de carreras, el de todos, y cada uno va comiendo a su debido tiempo, me va bien desayunando en el trabajo, ahora si por salud, y les juro que jamás creeré lo que se dice en los cuentos de hadas (la realidad es que ellas nunca hablan del desayuno).
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Soy Luisa Adriana, Colombianísima, amante de la vida, las letras, la música, profundamente entregada a vivir tranquila en armonía, con mis adorados hombres. Anhelo en este espacio con tan grata idea poder compartir ideas que te quedan rondando en la cabeza.

martes, 7 de octubre de 2014

Los desayunos un buen pretexto

Hace catorce años, me inscribí en la Universidad para tomar cursos libres de inglés, es requisito indispensable tener un nivel estimable de inglés para poder obtener el título universitario, así que las aulas estaban llenísimas de jóvenes, yo ya pasaba de las cuatro décadas pero le hice ganas y ahí estaba.

Sin embargo, la mayoría de chicos sólo obtenían el curso requerido y abandonaban las clases, así que los que quedábamos para completarlo era por puro gusto, sin presiones de ninguna clase y por supuesto muy pocos, tan pocos que cuando terminamos éramos sólo siete, seis mujeres y un hombre, todos de diferentes edades y ocupaciones.

Formamos tal lazo de amistad, que cuando nos dimos cuenta que ya no nos veríamos, los cursos eran los días sábado de 8:00 a 12:00, que planificamos reunirnos a desayunar una vez al mes, lo cual hemos hecho desde entonces, a excepción de René, nuestro compañero, que por motivos laborales no siempre podía estar y se fue alejando, hasta que no volvimos a verlo, aunque de vez en cuando nos comunicamos con él para invitarlo.

Cada vez que nos reunimos, aprovechamos hacerlo cerca del cumpleaños de alguna para celebrarlo, la invitamos al desayuno y le llevamos un regalito, cuando más nos afecta es septiembre cuando cumplen años muy seguido, el 15 y el 18, eso nos sale caro, jajaja. También rotamos el lugar, creo que durante este tiempo ya hemos ido a todos los restaurantes de la ciudad.

En febrero, cuando se celebra el Día del Cariño (y la amistad, como le han agregado), en mayo, para el Día de la Madre y en diciembre para Navidad, hacemos intercambio de regalos, a esas reuniones casi ninguna falta.

Busqué una foto donde estuviera la comida, ya que se trata de hablar de desayuno, jeje pero en la que encontré falta Flory, no sé si ella tomó la foto o no pudo llegar ese día.

Esta foto fue tomada en septiembre del 2009

¿Y para desayunar? un poco de adrenalina por favor

Siguiendo un poco la idea de Elena que me pareció súper interesante, les comento algunas opciones de desayuno que se dan aquí en mi ciudad.

Si hablamos de desayunar en casa, pues lo típico será una taza de leche o café, un sánduche, yogurt, frutas, etc. Y para los que andamos con el tiempo en contra, muchas veces un vaso de jugo o una taza de café es lo único que nos acompaña para iniciar el día.

Debido a eso es que muchas veces recurrimos a un segundo desayuno, ese que nos dará fuerzas para continuar durante el día, y aquí es donde entran a escena un sinnúmero de opciones que son también de consumo común en el día a día de los guayaquileños.

Entre estas opciones puedo mencionar: el bolón de verde, el encebollado (una especie de caldo de pescado con yuca y cebolla), ceviches de todo tipo, corviches (masa de plátano verde frita rellena de pescado), bollos (masa de plátano verde cocinada en una hoja de plátano y rellena de pescado), cazuela (nuevamente plátano verde más pescado, pero cocinados en una vasija de barro), guatita (guisado del mondongo con papa y maní) y así muchos más.

Todos estas delicias pueden encontrarse en las famosas "huecas", que son sitios populares de comida, con precios económicos y sazón exquisita, que se hacen famosos por el boca en boca, y muchos de ellos son visita obligada para muchos guayacos.

Precisamente en una de estas "huecas", denominada El gato, fue donde me ocurrió la anécdota que les cuento a continuación:

Eran los finales de la década del 90, y yo trabajaba en un laboratorio farmacéutico (igual que ahora), como representante de ventas. Esta es una labor de confianza, puesto que sólo se va a la oficina en la mañana y luego se deja al jefe un plan de trabajo con lo que se proyecta realizar ese día, se supone que el jefe confía en que el empleado hará todo lo que se ha propuesto para esa jornada, o al menos su mayor esfuerzo. Ese es el escenario ideal, pero también ocurre que hay jefes como el que tenía yo en aquella época y al que llamaré solamente H, que tenía la idea de que todos los visitadores éramos vagos y que tenía que estar detrás de nosotros persiguiéndonos para que hagamos nuestro trabajo. También es cierto de que muchas veces los visitadores aprovechamos esa flexibilidad en nuestro horario para darnos un tiempo para hacer cosas personales. Y el día en mención ocurrió una conjunción de ambas situaciones.

Habíamos quedado con 3 amigas y 1 amigo en reunirnos en una picantería para desayunar una cazuela de pescado. Esta es una hueca que tiene mesas dentro y fuera del local, y estaba tan llena que tuvimos que sentarnos a desayunar en una de las mesas exteriores. Ya estábamos terminando nuestros platos, cuando mi compañero da la voz de alarma: "¡El carro de H!", se acercaba por la calle el vehículo de nuestro temido jefe, y entonces patitas para que las quiero, los 5 nos levantamos a la carrera de la mesa, mi amigo que estaba cerca de su carro se embarcó y se fue volando, mientras nosotras entramos corriendo al local para escondernos, lo hicimos con tanta prisa que los demás comensales pensaron que estaban asaltando el local y también empezaron a levantarse de las mesas, una de mis amigas corrió tanto que terminó entrando a una de las habitaciones del restaurante donde se encontró con un hombre a medio vestir que la hizo salir corriendo en la dirección contraria. Allí nos quedamos durante unos minutos, con la adrenalina a full y pensando en las consecuencias de haber sido sorprendidas in fraganti por el jefe. Esos eran tiempos en lo que los celulares aún no eran tan populares, por lo que no sabríamos lo que nos diría H hasta que fuéramos a la oficina al día siguiente.

Todo el día fue de pensar y pensar en el memo que el jefe nos enviaría. Al día siguiente nos reunimos a la entrada de la oficina para pensar en lo que diríamos en nuestra defensa, cuando Nancy, la recepcionista, nos recibió contándonos que H no había salido de la oficina durante todo el día anterior. ¡Había sido una falsa alarma! el alivio fue tanto que nos dio un ataque de risa.

Ahora cada vez que nos encontramos no deja de salir a la luz esta anécdota que ha sido una de la más graciosas que nos ha ocurrido (claro viéndolo retrospectivamente jajajaja).


Un desayuno explosivo

Hace un tiempo, estaba en la casa de mi abuelita Teresa y mi papá estaba preparando el desayuno para nosotras: Ariana, mi abuelita, y yo. El menú del día era: pan, huevos, waffles y leche.

Mi papá puso un huevo en el microondas y lo estaba vigilando cuando yo lo llamé para que me ponga miel en mi waffle, en esas se encontraba él cuando de repente se escucha un ¡¡¡PUM!!! por la cocina. Cuando volteamos a ver era el huevo que había explotado en el microondas: Había pedazos de huevo en todas partes.

Mi papá reflexionó: ¡¡¡Y yo que confiaba tanto en este aparato porque hacía tantas cosas.!!!. Todos nos quedamos riendo por un buen rato. Mi abuelita le tiene miedo al microondas desde ésa vez y no lo utiliza mucho, y a todos nos quedó esta divertida anécdota.



Un desayuno hecho con amor.

Quienes somos padres sabemos que a los hijos se los quiere por igual, respetando sus individualidades y viceversa. Mención a parte es la afinidad que puedan sentir los hijos hacia los padres y es así que el tema de esta semana me lo recordó muy bien.
Hace casi cuatro años, uno de mis tres hijos, Luis, el menor, que tenía en aquel entonces diez años, muy temprano en la mañana un sábado, sin ser una fecha especial, siendo las 6:30  tocó la puerta de mi dormitorio y entró con una improvisada bandeja, en realidad era una tina plástica grande de color verde oscuro, de esas que sirven para lavar ropa, y en el interior de la misma había un jarro con café, un platito con frutas picadas, otro plato con cereal con leche y dos sobres de edulcorante, todo perfectamente acomodado.
Entró muy feliz y puso la bandeja sobre la cama y empezó a mirar para todos los lados, corrió al baño y al no encontrar a quien buscaba, desconcertado, me hizo la pregunta de rigor: Y el papá dónde está? Ya se fue a trabajar le respondí...Tan temprano se fue? Me volvió a preguntar y le afirmé que sí, que era un día en el que tenía que estar muy en la mañana en su trabajo. Ahhhh no puede ser le preparé un rico desayuno a mi papá y  no está, me respondió Luis, yo le pregunté que que si no me había preparado para mí también y muy hábilmente me dijo sí, aquí está su desayuno mami, sírvase usted!.
Luis le tomó con su DSI una foto para constancia del desayuno que le había preparado a su papá y así lo pudiera ver en la noche que regresaría del trabajo, desayuno que Luis le preparó a su papá con tanto amor  y que terminé comiéndolo yo, aunque para mi no estaba destinado originalmente.
Definitivamente Luis tiene mucha más afinidad con su padre que conmigo y eso es hasta el día de hoy claro que después de ese desayuno fallido para su papá, en nuestro aniversario matrimonial de ese mismo año, él y mi otro hijo, Joseph, nos llevaron un desayuno esta vez si para mi esposo y para mi.

El primer desayuno del año.

Probablemente la única labor domestica que me gusta hacer es cocinar, las demás las hago porque no me queda de otra. Lamentablemente es algo que no hago regularmente, o afortunadamente y quizás por eso me gusta hacerla, por las mañanas soy lenta como un suero de miel de abejas por lo que nunca me preparo el desayuno antes de irme a trabajar, desayuno en la oficina con lo que encuentre mas a mano, da igual que sea dulce o salado, y los fines de semana se me hace pesado hacerlo para mi sola; cuando me levanto, hace años que mi madrugadora madre ha desayunado, aún así cada cierto tiempo,  y anunciado previamente, preparo un desayuno de mi agrado, este fin de semana pasado prepare unos churros cubiertos de azúcar y canela acompañados de un buen cholate caliente.

Una de mis especialidades son unos muffins de mozzarella, cheddar y tocineta que preparo con cierta regularidad y que suelo acompañar con un capuchino... de caja obviamente.

Durante un tiempo preparaba unos huevos en canasta, como sándwich energéticos me los vendió la del programa de cocina, que nos dejaban fuera de circulación como hasta las tres de la tarde, al igual que unos wraps de espinaca, queso crema y tocineta.

A pesar de esos desayunos, lo que me ha hecho famosa en la familia, es el primer desayuno del año. El desayuno tardio del 1ro de enero me reúne con mi mamá, dos de mis tíos, mi hermana y mi sobrino. Lo mejor del caso es que no es un desayuno en el sentido estricto de la palabra, lo que nos reúne, y que incluso esperan a que me levante, es un chocolate. El chocolate en cuestión lleva (además de chocolate) leche evaporada, leche condensada, canela y una buena cantidad de baileys, servidos con miniaturas de marshmallows, canela y nuez moscada por encima, con lo que se acompañe es lo de menos, pueden ser galletas de avena y pasas, bizcocho de navidad, panetón, churros, bizcocho de zanahoria y nueces... en fin con lo que haya planificado previamente o lo que se les antoje a los demás.

Este chocolate como primer desayuno del año, se ha convertido en una tradición en mi casa, al igual que la previa advertencia de mi madre a los invitados: "Cuando se levanten, coman algo para que tengan una zapata y no se mueran de hambre en lo que Tania hace el desayuno" y que conste, no es que yo me levanto tarde, es que mi mamá y mis tíos madrugan!!







lunes, 6 de octubre de 2014

desayunos y DESAYUNOS

Como este tema me resulta muy familiar, espero tener mejor suerte con mis neuronas y lograr enlazar con normalidad mis recuerdos, el cual se remonta a praga, cuando era una adolescente mimada, egoísta y superficial.
Una mañana de domingo mis padres se habían tenido que ir a la embajada a entregar unos trabajos y me dejaron al cuidado de mi dulce, dócil y encantador hermanito, yo acostumbraba a pasar casi todo el día de domingo en la cama y cuando al fin me levantaba era para ocuparme de mi cabello, mis mascarillas faciales, pedicura, manicura y definitivamente para mi y ese domingo mi majadero hermano me hizo levantar antes de las 10, amenazándome con llamar a nuestros padres y decirles que yo no quería hacerle nada para comer. Enojadísima tomé una bolsa de leche, un sobre de ojuelas de avena, azúcar, vainilla y lo mezclé todo en un jarro, cuando estuvo listo le serví un buen tazón a mi hermano y me volví a la cama, pero para entonces ya tenía hambre ¡y olía tan sabrooooooooso! así que serví un tazón también para mí, pero ¡sorpresa! a pesar del dulce se sentía un sabor extraño, como metálico, entonces la cara de mi hermano asomándose constantemente a mirarme me hizo sospechar, revisé la vasija en busca de algún objeto indeseado, nada, bueno nada de objetos, pero cuando me fijé mejor en los copos de la avena noté que tenían un aspecto algo alargado, y si que eran alargados, la avena estaba absolutamente llena de gusanos, dos o tres por cada copo. bueno, el final es absolutamente predecible, mi hermano revolcándose en el piso de la risa, yo vomitando en el baño, eso si, cuando salí le pegué un buen bofetón, así que la risa se convirtió en llantos y gritos y el domingo de relax y belleza en domingo de ayuno.
Hasta los días de hoy veo un paquete de avena y puedo sentir en la boca aquel desagradable sabor, jamás la he vuelto a probar.

Un café con dos cucharadas de nostalgia, por favor

Amo los desayunos. A no ser por motivos ajenos a mi voluntad, no recuerdo haber faltado a ninguno. Desde los viejos tiempos en que mi madre me despertaba con un biberón de leche tibia, que me tomaba sin apenas abrir los ojos mientras ella me iba poniendo las medias y los zapatos para ir a la escuela, desde entonces esa primera comida para mí es básica y no me la salto por nada. Sin embargo, me he roto la cabeza buscando una anécdota interesante relacionada con un desayuno y no la he encontrado. 

Anécdotas puede que no haya tenido pero desayunos memorables sí, muchos, ya fuera por la comida en sí, por el lugar en que los he tomado o por la compañía. No es que haya sucedido nada en ellos digno de ser contado salvo ellos mismos. 
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Con el tiempo y  los viajes, mi idea de desayuno favorito ha ido cambiando. Por ejemplo, cuando aprendí de una amiga mexicana la combinación de tortilla de maíz, huevos fritos y una abundante cantidad de mole poblano cubriéndolo todo, ese pasó a ser inmediatamente el ideal de desayuno para mí. Y ahí se habría mantenido por mucho tiempo si no hubiera ido luego a Japón y conocido los desayunos tradicionales de por allá. 




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Arroz acompañado por un ciruelo encurtido (umeboshi), sopa, huevos pochados, pescado frito, tofu con salsa de soja, algas, puré de patatas... Todo eso y aún más conforma el desayuno japonés tradicional, siempre servido en platitos con los colores y las formas más exquisitos. Si además, se toma en la tranquilidad de la terraza de un hotel frente a los jardines del Palacio Imperial de Kyoto, poco queda por desear en esta materia.



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¡Ah! Pero luego vinimos a España y les aseguro que no hay nada tan agradable como sentarse en un bar de pueblo en cualquier lugar de este país a esa hora temprana en que la gente se encamina a su trabajo. El local se llena entonces con los clientes habituales -pocos se resisten a tomar un café antes de comenzar a trabajar- y se escuchan la calidez de los saludos, las palmadas en la espalda del amigo, fragmentos de comentarios que van desde el resultado del último partido de fútbol hasta las nuevas leyes aprobadas por el gobierno... No es tanto el desayuno, bastante sencillo de por sí; lo especial son las risas, las voces, la camaradería, todo envuelto en el olor del café recién hecho y del pan a medio tostar o el croissant calentito. Pocas veces se siente uno mejor que dejándose integrar en ese ambiente. 

Ahora ya lo saben, amo estas comidas mañaneras que me hablan de los pueblos y sus costumbres, de la alegría y el gusto de sus gentes. Claro que, como todo amor, éste también conlleva riesgos. Amar los desayunos suele hacerme caer en añoranzas. 

A veces, no lo niego, añoro el sabor del café con leche que me preparaba mi madre en las mañanas junto al beso apurado que mi padre dejaba en mi frente antes de salir a trabajar; o el aroma del café de olla mexicano que conocí en un desayuno de la mano de una amiga en el corazón de Coyoacán, sólo comparable al del café con especias que preparaba el amigo marroquí para ayudar a sacudirnos del cuerpo la trasnochada en lo que debe ser una de las islas más movidas del Mediterráneo; o -la añoranza más recientemente adquirida- el sabor de un simple café de máquina en el jardín más hermoso de Suiza, el de la familia amiga, querida, que hizo sentir a mi alma que estaba de vuelta en su hogar.

Por suerte las nostalgias, por lindas que sean, no me hacen dejar de apreciar lo que vivo día a día. Aquí, donde me levanto cada mañana, he aprendido a disfrutar desayunos de otro tipo: tranquilos y sencillos, con sabor a frutas y mermeladas cosechadas y elaboradas por mis manos, que en los días más afortunados terminan con mis pies posados al borde de la ventana, una buena lectura y un café. Y créanme, no los valoro menos.