Le voy a poner como nombre "Anais" para que se haga más fácil el relato.
Hace unos 10 años recién se introdujo la computación en las escuelas fiscales, por lo que se preocuparon de darnos un curso de principiantes con lo más necesario para que podamos utilizarlas en la escuela y poder enseñar a los niños.
Recuerdo que para Anais, era como asistir a una clase de chino o alemán no entendía nada por más que el maestro le daba clases prácticamente personalizadas, de tal manera que terminó el curso y todo estaba en el disket que nos dieron pero en su cabeza, nada.
Cuando le tocaba transmitir sus "conocimientos" a sus alumnos, nosotros le dábamos la mano, por fortuna que tenía a los niños más pequeños y no era muy complicado lo que tenía que enseñarles.
Para su suerte, al siguiente año lectivo enviaron un profesor de Computación, le indiqué que aprovechara para que reciba también ella clases, pero se sentía incompetente para usar la computadora y que temía dañarla y tener luego que pagar.
De ahí en adelante, teníamos que hacer en la computadora: lista de los alumnos, matrículas, datos personales, calificaciones, reportes, etc y Anais, pagaba al maestro de computación para que se encargue de todo, y así fue hasta que se jubiló; pero si pensaba que se salvó de la computadora estaba muy equivocada.
Sucede que a las personas de la "tercera edad", el gobierno nos devuelve el IVA (impuesto al valor agregado), para eso debemos registrarnos con una serie de documentos y tenemos que dar nuestro mail para las notificaciones, me contó que les dijo que no tenía y se extrañaron muchísimo, la mandaron a otra dependencia para que abra uno, eso fue el terror para Anais, tomó sus cosas y se fue para su casa, me ofrecí para abrirle uno y que cada vez que necesitara abrirlo, venga a mi casa y yo la guiaba, pero se negó, dice que nadie la va a obligar a usar algo que para ella no tiene ninguna importancia, hasta que su familia la convenció y una sobrina le dio su correo para que pueda seguir con el trámite.
Pero vaya sorpresa para ella, cuando regresó y dio el correo, ahora le pidieron el número de su celular, ya se imaginaran, su respuesta fue "no tengo" tampoco le creyeron, le dijeron que hasta la persona más humilde tiene un celular y que necesitaba que le de el número; para que termine el trámite, se inventó un número.
Para su martirio, ahora las facturas son electrónicas y tiene acumuladas muchas por no querer utilizar una computadora.
Le digo a Anais que se ha quedado en el siglo XIX, pues tampoco sabe utilizar una cámara de fotos.
Sin embargo ella vive muy feliz pensando que no se pierde nada si no ingresa a la web.

