Me he identificado con muchos
de ustedes, yo también creía que los koalas eran osos. Me llevé una gran
sorpresa cuando me enteré que eran marsupiales. Recuerdo que me enteré cuando
tenía nueve años, lo leí en una revista que mi mamá me compró. No puedo describir
un momento en el cual tuve un encuentro emotivo con un koala, solo los he visto
en fotografías. Pensar en los koalas me hace pensar en mi ignorancia.
Cuando era un niño creía
en muchas cosas que fueron desmentidas cuando empecé a leer. Yo creía, por
ejemplo, que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Cuando tenía seis años, mi
curiosidad era asombrosa. Irritaba a los adultos cuando hacía preguntas que
ellos no podían responder. ¿Cómo funciona un auto? ¿Por qué los planetas no se
caen? Recuerdo que leí libros de Plaza Sésamo acerca de preguntas frecuentes.
Mi curiosidad por el saber me impulsó a culturizarme. No puedo afirmar que soy
un hombre que conoce los misterios del universo, pero sí puedo afirmar que leer
me ha hecho cuestionar lo que creía saber con certeza.
Leer me permite adquirir
conocimientos, me conecta con más personas e incluso me permite participar en
una conversación de adultos. Me agrada leer sus entradas, me permite conocer a
grupos de personas, me ayuda a conocer sus costumbres y a abandonar
estereotipos. Sigan escribiendo lectores, que yo estaré ahí para leer sus
entradas.





