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domingo, 30 de noviembre de 2014

Los koalas y mi ignorancia

Me he identificado con muchos de ustedes, yo también creía que los koalas eran osos. Me llevé una gran sorpresa cuando me enteré que eran marsupiales. Recuerdo que me enteré cuando tenía nueve años, lo leí en una revista que mi mamá me compró. No puedo describir un momento en el cual tuve un encuentro emotivo con un koala, solo los he visto en fotografías. Pensar en los koalas me hace pensar en mi ignorancia.
Cuando era un niño creía en muchas cosas que fueron desmentidas cuando empecé a leer. Yo creía, por ejemplo, que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Cuando tenía seis años, mi curiosidad era asombrosa. Irritaba a los adultos cuando hacía preguntas que ellos no podían responder. ¿Cómo funciona un auto? ¿Por qué los planetas no se caen? Recuerdo que leí libros de Plaza Sésamo acerca de preguntas frecuentes. Mi curiosidad por el saber me impulsó a culturizarme. No puedo afirmar que soy un hombre que conoce los misterios del universo, pero sí puedo afirmar que leer me ha hecho cuestionar lo que creía saber con certeza.

Leer me permite adquirir conocimientos, me conecta con más personas e incluso me permite participar en una conversación de adultos. Me agrada leer sus entradas, me permite conocer a grupos de personas, me ayuda a conocer sus costumbres y a abandonar estereotipos. Sigan escribiendo lectores, que yo estaré ahí para leer sus entradas.

Pero yo quería ir a los caballos...

Cuando tenía 8 años de edad, mi mami y yo hicimos un viaje a la ciudad de Nueva York, donde vive mi tía Norma, hermana de mi mamá. Fue un viaje del que recuerdo algunas cosas pero creo que son más las que he olvidado, sin embargo, hubo una situación que se grabó en mi mente y que hasta la fecha recuerdo.

Además de los paseos imperdibles a la Estatua de la Libertad (subimos hasta el nivel de la frente a punta de escaleras, todavía me acuerdo del cansancio), una vuelta a Manhattan en barco, al Empire State, pasamos también un día recorriendo el zoológico del Bronx. Creo que fue el día que más disfruté, puesto que era la primera vez que acudía a un zoológico de dicha magnitud y con tal variedad de animales: recuerdo haber visto osos polares, elefantes, jirafas, pingüinos, y más, pero los más esquivos fueron los leones, debido al tamaño del zoológico, por más que tratábamos de orientarnos en buscar a dichos felinos, terminábamos yendo a otro lugar y al final nos fuimos sin poder acercarnos a su jaula. De hecho, tuvimos un vistazo fugaz de los mismos cuando recorríamos el zoológico en teleférico, pero ya con los pies en la tierra seguimos sin poder encontrarlos. Tampoco vimos koalas, me pregunto si habría animales de esta especie en el zoo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Bronx_Zoo 

Dentro de todas las actividades que se podían realizar en el zoológico había una que nos llamó la atención y era la posibilidad de dar un paseo en una carreta tirada por caballos (a lo familia Ingalls) o montar en el lomo de un camello. Mi mamá y yo nos emocionamos... pero por razones distintas, yo estaba loca por subirme en la carreta de caballos, y mi mami por hacer que yo diera una vuelta en camello. Entre mis deseos y el razonamiento de ella de que en Ecuador yo podría subirme en todos los caballos que quisiera mientras que un paseo en camello probablemente no se volvería a repetir en mucho, mucho tiempo, pues venció la voluntad de mi mami y tuve un recorrido en camello que fue toda una experiencia, pues por su forma de caminar parecía que iba sobre una montaña bamboleante. Tenía una foto de esta experiencia pero se ha perdido con el paso de los años.

Al final resultó que mi mamá tenía razón, yo no he vuelto a montarme en un camello, y si he tenido la oportunidad de hacer recorridos en caballos, pero si tuviera 8 años nuevamente, sé que volvería a desear subirme a la carreta, es que yo quería ir a los caballos... :)

PD: Mami, un trauma más además de el del cuento regalado jajajajaja.


Los años pasan...los koalas llegan...

Como de costumbre, sólo estoy pensando en voz alta...

Anita, la hija de una amiga, tiene 6 años y, según me explica con mucha suficiencia (como diciendo qué preguntas tan estúpidas hace la tía Ceci),  supo de la existencia de los koalas gracias al alfabeto gráfico que la maestra colgó en su aula de primer grado. G de gato, H de helado, I de indio, J de jirafa, K de Koala. Obviooo... para reforzar mi teoría, consulto con el hijo de otra de mis amigas.  Joaquín, que también tiene 6 años.  El no se acuerda bien de lo que es un koala.  En su aula la K es de Kiwi.

Empiezo a sospechar que algo raro sucede...

Intento hacer memoria y no recuerdo koalas en mi infancia.  Tuve que recurrir a mi hermana y algunos compañeros de mi misma generación...teníamos alfabeto gráfico en el aula?? Si, me respondieron todos...genial!  y con qué representaban la letra K las maestras de nuestra época?...mmmm mi hermana dijo K de Kinoto, mi prima K de kimono y un amigo recuerda claramente que era K de kiosko.  Ningún Kiwi y muchísimo menos, un Koala.

Esto no me conduce a una buena historia.  A menos que empecemos a analizar cómo las lenguas están en constante movimiento y como se modernizan todo el tiempo sin que lo percibamos.  
Y se me presenta otra desalentadora realidad:  los animales que sirven para ejemplificar las letras más difíciles del alfabeto, son animales cuasi míticos que nunca veremos en vivo y en directo: ÑU...KIWI...KOALA...ORNITORRINCO...QUETZAL...
  

Nuestra querida Pelusa preguntó si no hay koalas en los zoológicos... la verdad es que no me acuerdo.  No me gustan los zoológicos.   He ido pocas veces en mi vida, siempre por obligación.  Eso de animales encadenados o enjaulados me resulta demasiado injusto, desigual y deprimente.  Como muestra les adjunto una foto.  Mi cara de "que mal la estoy pasando" pertenece a la primera vez que nos llevaron a mis primos, mi hermana y a mi a un zoológico de animales en "libertad" allá a finales de los años 70.  Y, aunque no tenga nada que ver con koalas, comparto otra que me encontré, sólo porque me gusta.

Que no me voy por la tangente!!

 Desde niña me gustaron los animales. En casa hubo un tiempo en que parecía que vivíamos en un circo o una granja: dos curieles (que se convirtieron en siete), cuatro periquitos, un perro y, por supuesto, una gata. Era realmente un poco difícil mantener la concordia entre perro-gato-curiel ya que formaban algo así como eslabones consecutivos de la cadena alimenticia. Pero sobrevivieron todos (al menos por un tiempo).

De todos indiscutiblemente mi predilección era hacia los gatos. No hay un gato que en mis 35 años de vida me halla mordido...ni uno solo. Mi madre dice que tengo un don extraño para ellos y estoy al pensar que así es ya que gato que entre a mi casa se vuelve perro al extremo de seguirme a todas partes como un perrillo faldero. Es más, mi "don" es tal que un día hace unos 10 años, cruce la verja que me separaba de la jaula de un leopardo que se paseaba de un lado a otro para intentar acariciarlo a través de los barrotes. Y lo hice...pero lo maravilloso no fue eso sino que cuando el animal sintió mi mano en el costado, empezó a ronronear como un gatito y se echó patas arriba para que le acariciara la panza. Fue increíble!!!! Aunque cuando se lo conté a mi madre no le hizo ni gota de gracia.

De ahí que adonde quiera que vaya y vea a un gato, ya sea en una casa o en la calle...allí voy yo a acariciarlo. Ni siquiera los gatos de Roma se libraron de mi "hechizo".




Igual siempre he sido bastante temeraria en mis encuentros con la vida salvaje. Hace unos cuatro años, en una Feria Internacional del Libro, se me dio la oportunidad de cargar a una boa...y ni corta ni perezosa ahí fui yo a ponerme el bicho al cuello mientras mi acompañante ponía el grito en el cielo,jajajaja.


Por tanto no será sorpresa que una de mis vocaciones frustradas sea la de veterinaria.

Y a todas estas se estarán preguntando que qué tiene que ver esto con los koalas. No se preocupen que no me estoy llendo por la tangente, el seno ni el coseno. Es que una de las historias que marcaron mi vocación por los animales fue la de una serie española que se llamaba "Mofly, el último koala" y que me hacía clavarme a la silla, con seis años, y no reaccionar a ningún estímulo hasta que no acabara el capítulo.

Con esa serie lloré, reí y me desesperé por todas las viscicitudes por las que tenía que pasar el pobre animalito que tenía como amiga y protectora una niña con la que me encantaba identificarme. 

Después de esa serie vinieron la de las ardillas "Banner y Flapy", la de "David, el gnomo", "El juez Klaus" y tantas otras que trataban el tema de la protección y el amor a los animales pero para mí "Mofly" fue la que encendió la llama del interés y el amor por la vida salvaje.

Aquí les dejo el link a través del que pueden ver el video con el tema de esta serie. No se lo pierdan...es fantástica!!!

Ya ven como sí tenía que ver con los koalas aunque empezara por los gatos??






Ignorancia alimenticia o de como del error surgió la anécdota

Hasta el jueves en la noche no se me ocurría absolutamente nada en lo que remotamente pudiera incluir la palabra koala pero el viernes al pasar, camino al trabajo, por una casa de mi calle que actualmente esta desocupada sentí un rayo de iluminación y hasta me regañe por no pensar en eso con anterioridad. El sábado, de regreso del súper, me detuve a tomar algunas fotos que ilustrarían la historia que ya tenia escrita en mi cabeza.

Hoy me levanté con la intención de escribir mi entrada a primera hora, mientras desayunaba, descargue las fotos que tomé la tarde anterior con el teléfono y para complementar me puse a buscar alguna imagen en la que apareciera un koala comiendo y ahí se desbarató todo.

Mi historia iba sobre lo que sería un paraíso alimenticio para un koala, una plantación de bambúes que al estar en una casa abandonada creció desproporcionadamente al punto que dificultaba el pasó por la acera y en su interior se podía ocultar cualquier cosa, pero resulta que los koalas no comen bambú, comen eucalipto.

Para mi los koalas se alimentaban de bambú igual que los pandas, estaba segura de eso!! Decidí usar mi ignorancia como base de la anécdota...con mis limones hice una limonada!!

viernes, 28 de noviembre de 2014

Los Kualas de mi País


martes, 25 de noviembre de 2014

Gesto de koala

Me estaba quebrando la cabeza con la palabra Koala.

A punto estuve de copiar lo leído y decirles que yo también tuve un prendedor de koala cuando era adolescente, tal y como Miriam.

O que también confundía a los koalas con osos, cuando en realidad son marsupiales, tal y como lo hacía Elena y que vine a aprender la diferencia cuando empecé a dar clases de biología (algo tarde pero lo aprendí)

Y entonces Sheldon Cooper vino en mi auxilio. Estaba viendo un capítulo de la serie La teoría del Big Bang de la 5a. temporada. No me aprendí los diálogos pero la trama aproximadamente es así:

En una de sus citas mensuales, Amy comparte con Sheldon uno de sus mayores logros y Sheldon, no solo lo ignora, sino lo minimiza. Por lo que Amy se molesta con él.

Penny le dice a Sheldon que Amy compartió algo bueno para ella con él, que debía mostrar alegría.

Él replica que cómo hace eso si no le interesa lo que ella dijo. Penny dice, finge! Piensa en algo lindo cuando sonrías.

Sheldon dice que lo único que lo hace sonreír son los koalas. Pero que Amy reconocería su gesto de koala.

Y efectivamente, así es, Amy no le cree cuando se disculpa y sonríe felicitándola por su logro, ya que reconoce el gesto. Sin embargo se pone feliz con la tiara de diamantes que él le compra.

Y me quedé pensando, todos somos distintos, todos tenemos gustos e intereses diferentes. Lo que a uno algo le emociona, para otro debe ser aburrido.

Sin embargo, creo que parte del cariño consiste en celebrar lo que la otra persona nos comparte porque para ella eso es importante, por eso nos lo cuenta. Y no es que tengamos que fingir, sino simplemente mostrar un poco de empatía, para hacerle saber a la otra persona que nos importa, así tengamos que poner… un gesto de koala.

La imagen la saqué de aquí: http://24.media.tumblr.com/tumblr_m11yhwo8xA1rog90no1_250.gif

Mi koala

Cuando elegí esta palabra de la lista que nos enviaron, porque si, yo soy una de las responsables que la hizo ganar, jeje, lo hice pensando en un pequeño koala que recibí como uno de los primeros regalos que me hiciera mi novio, por eso al leer koala, mi menté voló muchos años atrás y ahora al ver que ganó, no me cuesta hablar de aquel regalo :)

Este era un prendedor de fieltro, de un koala muy bien hecho, estaba en una posición parecida a ésta que está en la imagen, era de color gris y al hacer presión en la espalda se abrían sus patitas y manitos y era entonces cuando uno podía ponerlo en el borde de un suéter, en el cuello de un abrigo, incluso en la tapa de un libro o de un cuaderno.  Era una preciosidad y despertaba muchos halagos, no sé dónde lo compró porque nunca vi otro igual.


Al leer sobre la palabra de la semana fui a buscar entre los objetos del recuerdo, porque pensé que estaba por ahí, pero no lo encontré así que me puse a buscar en la web pensando que de repente ahí lo encontraría pero no, no estaba, lo que encontré fue una pregunta en Yahoo respuestas, donde alguien solicitaba información de prendedores de koala de fieltro, pero no obtuvo respuesta, la pregunta me hizo sonreír al pensar que no fui la única buscando el mentado prendedor.





En esta otra imagen vemos a un koala real, así es como realmente se veía mi pequeño koala, en la solapa.  ¿No es hermoso?




Crédito de imágenes: koala en fieltro  koala en su hábitat

lunes, 24 de noviembre de 2014

Asunto de familia

Este verano pasado estuvimos unos pocos días de visita en Suiza. Aunque nuestra idea original era ver sólo Zürich y, con suerte, los alrededores, nuestros anfitriones nos organizaron visitas a varias ciudades de la parte alemana de este país: San Galo, Lucerna, Zürich, Basilea, Lauterbrunnen (desde donde subimos a los Alpes), Baden y Berna, la capital.

El casco antiguo de Berna, visto desde la otra orilla del río Aare.

Uno de nuestros amigos ha pasado varios años trabajando y estudiando en esa última ciudad y nos regaló un paseo por su parte antigua para mostrarnos los lugares más representativos. El casco histórico es de esos sitios que hay que visitar alguna vez en la vida. Allí se siente uno como en medio de un decorado de película medieval, con flores en todos los balcones, ventanas de madera calada, y hasta un reloj del que salen autómatas en las horas en punto (el más antiguo de su tipo que sigue funcionando). 

La calle central con el reloj al fondo.
En una de estas casas vivió Einstein.


Hubo algo en particular que me llamó la atención: en todas partes de una forma u otra había alguna alusión a osos, desde una calle en el centro que tenía varias fuentes y en cada una había una escultura de uno o varios osos, hasta el gran oso en medio del escudo de la ciudad.

Y es que -nos explicó nuestro amigo- en el origen de Berna hay una leyenda que cuenta que a principios del siglo XII el duque Berchtold V, su fundador, le puso el nombre del primer animal que cazó en su territorio y que resultó, adivinen, un oso ("bär" en alemán). Hay otra explicación del nombre que habla de antiguas palabras celtas, pero resulta mucho más aburrida. Así, casi desde la fundación de la ciudad el oso se considera su animal protector, y se mantienen algunos ejemplares en un recinto al lado del río conocido como "el foso de los osos". 

Bueno, se preguntarán ustedes a qué viene toda esta historia sobre osos y ciudades medievales. Resulta que nunca he ido a Australia, donde me imagino que sea más común ver koalas, y en los zoológicos que he visitado no ha habido ninguno. Vamos, que en mi vida nunca he visto un koala salvo en dibujos animados y en documentales de televisión. Así que pensando y pensando en este animalito me di cuenta de que, a falta de una anécdota, tenía esta historia reciente de la visita a la linda Berna, la ciudad de los osos, y como los koalas también son osos (o casi)***... pues todo queda en familia.

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***Nota: Los koalas en realidad no son osos sino marsupiales, como los canguros, pero como toda mi vida escuché "oso koala" la asociación me fue inevitable.