martes, 21 de octubre de 2014

Mi relación con las Fábulas

Cuando leí que "Fábula" era la palabra de la semana, me quedé con la mente en blanco, no tengo mucha relación con las fábulas, algunas leí cuando niña, así que pensé en alguna moraleja para ver si se encendía el foco, pero no había respuesta

Entonces empecé a repetir la palabra a cada rato, para ver si algo me iluminaba y traía alguna anécdota guardada en mi cabeza, y lo único que se me venía a la mente era una canción de Alux Nahual, un grupo guatemalteco, de allá por los años 80, y repetía y repetía "... y la fábula... y la fábula..." la tonadita de la canción, y ya me tenía fastidiada, jajaja.

Así que pensé, voy a tener que compartir esto porque es lo único que se me ocurre, y no quiero seguir el resto de la semana con esta melodía, dale que dale.

Así que con ustedes, ¡Alux Nahual y su Fábula del Grillo y el Mar!


En sus inicios, este grupo no me gustaba, hasta mucho tiempo después que pude escuchar sus temas con más atención, y no es que me gusten a morir, pero al menos ya puedo escuchar sus canciones, por cierto, el que canta vive en mi barrio y algunas veces sale a correr a la hora que yo salgo a caminar.

Una fábula encantada

Durante mi niñez y parte de mi adolescencia, en mi país habían básicamente dos tipos de emisoras de radio, las que ponían música tropical bailable y las que ponían baladas. Las que ponían baladas se limitaban prácticamente a los mismos cantates: José José, Juan Gabriel, José Luís Perales, Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Julio Iglesias y otros similares. También había una emisora de puras rancheras.

La única luz en la oscuridad para quienes no nos inclinábamos para ninguno de esos extremos era la X-102, una emisora que se vendía "tan joven como tu". En ella escuchábamos a Mecano, Bose, Soda Stereo, Los Héroes del silencio, Radio Futura, y toda una gran variedad de artistas prácticamente desconocidos para la mayoría de las personas y por supuesto lo mejor y mas popular de la musica en ingles. El director de la emisora era un español o chileno, ahora no recuerdo,  que nos traía lo más reciente de la música. También para esa época llegó MTv; en esos tiempos MTv era un canal dedicado exclusivamente a la música, no la cosa horrible que es ahora, y por supuesto uno de los programas más populares, para nosotros los latinos que nos alejábamos de los cantantes tradicionales, era el de Daisy Fuentes.

En la X conocí a Eros Ramazzotti, no logro recordar que fue lo primero que escuche de él, quizás Cosas de la vida,  pero como me gustan las voces raras, me encantó su voz fañosa, fue amor a primera oída y salí rauda y veloz a comprar el cassette... Si cassette, nada de cd's todavía!! En MTv le puse imagen a la voz, que si estoy segura fue Cosas de la vida, un vídeo dirigido nada más y nada menos que por Spike Lee, pero la canción que mas me gustó y que sigue siendo de mis favoritas, fue Fábula.

No puedo decir porque me gusta tanto la canción, tengo entendido que esta inspirada en un cuento de Herman Hesse, quizás es la forma tan sencilla en la que explica como algunas personas se alejan de los demás para supuestamente evitar sufrir, lo que obviamente no les da resultado porque lo que tiene que llegar, llegará y lo que creemos que nos puede causar pesar probablemente nos traiga alegría.  Posteriormente vi el vídeo en MTv y me encantó, todavía me sigue pareciendo muy bueno. Recuerdo que para ese entonces hice ilustraciones similares a las que se utilizan en el vídeo y que a partir de ahí y durante un buen tiempo, me dio por hacer ilustraciones usando canciones como base. Con todo lo que me gusta de Eros, Fábula, generalmente es mi primera opción cuando me preguntan que es lo que más me gusta de él.

"...Sintió que la felicidad no es nunca la mitad del infinito
Luego era el tiempo sol y luna, nube y musica
Era el tiempo risa y llanto y entre tanto
era un hombre que, a la vida despertó
Era como el llanto que llenaba sus enormes soledades
Esa parte verdadera que una fábula encantada
Esconde en si, para ser autentica"

lunes, 20 de octubre de 2014

El mejor regalo

En la foto: mi padre con sombrero
y a su izquierda, mi padrino Manolo.
Manolo, que así se llamaba el mejor amigo de mi padre, me conocía desde que nací, y aunque fue una (bendita) casualidad la que lo puso en ese papel se tomó muy en serio la responsabilidad de ser mi padrino. 

Venía a mi casa dos o tres veces por semana para darme clases de inglés, repasarme las materias escolares y descubrirme todos los misterios que el mundo me ofrecía. Desde las plantas hasta las estrellas, a sus ojos todo era interesante y sabía comunicar esa inquietud. Para todo tenía una respuesta o en su defecto una pregunta, la pregunta exacta con la que lograba acuciar mi imaginación. Era un hombre sabio y tenía la virtud de no apresurarse, de saber encontrar el momento adecuado para todo. 

El día de mi séptimo cumpleaños, con total ceremonia, asegurándose de que yo entendía la importancia de ese acto, puso en mis manos a modo de regalo dos volúmenes sin envolver: “La edad de oro” de Martí y “Fábulas de Esopo”. Ni siquiera eran nuevos.

Crédito de imágenes: La edad de oro, Fábulas de Esopo

Fue toda una sorpresa. Era la primera vez que alguien que no fuera mi padre me regalaba libros, y debo decir que los escogió con tanto tino que hasta hoy no ha habido ningún otro que pueda superarlos en mi corazón. Aún recuerdo las dedicatorias que escribió para mí en sus primeras páginas, con su letra impecable y su firma con rúbrica, afirmándome que sólo entonces, alcanzada esa edad, sería yo capaz de valorar en su totalidad su regalo. 

Así, de la mano de Esopo y con las traducciones de Martí, gracias a mi querido padrino, hice mi entrada en el mágico mundo de las fábulas. Es un mundo en buena medida habitado por animales que hablan, que son astutos, pícaros, que sienten, que saben qué es lo importante, que tienen siempre algo que enseñar. A veces de hecho me pregunto si he salido de él en algún momento. 

Fábula traducida por J. Martí y publicada en La Edad de Oro. (La foto es mía.)

domingo, 19 de octubre de 2014

De estreno en estreno

Dandole vueltas al tema de la semana he recordado algunas anécdotas, unas graciosas y otras francamente para olvidar.
La que les contaré ahora, se remonta a mi época escolar inicial, tendría yo unos 5 o 6 años y estaba en el jardín #4, era mi primer año escolar, el uniforme era una falda azul de tablones, una blusa blanca y un lindo corbatín rojo, recuerdo que mi jardín de infantes quedaba en el centro y muy cerca de allí quedaba la escuela donde mi mamá era maestra y por tanto siempre estaba pendiente de mi y ante cualquier situación podían ir a buscarla, además que era amiga de mi profesora. 
Mi jardín era mixto así que en ese año compartí con niños y niñas y recuerdo que allí tuve mi primer admirador, un compañerito de jardín llamado Freddy, que tenía una forma muy particular de demostrarme su amor y tratar de enamorarme, tocaba piano y se destacaba entre todos los niños, no es que lo hiciera perfecto pero si lo hacia mucho mejor que el resto, recuerdo que había un piano negro y allí se sentaba a impresionarme con su música, pero como no siempre causaba el efecto deseado, creo para llamar mi atención empezó a quitarme mi corbatín del uniforme y lanzarlo al techo, o botarlo por la ventana o simplemente desaparecerlo.
Como es de suponer mi mamá fue a quejarse porque todos los días llegaba sin mi corbatín a casa y muy molesta, sin embargo a pesar de la queja, Freddy seguía en cualquier descuido mío quitándome mi lazo mi mamá ya cansada de quejarse y no obtener resultado, optó por comprar algunos metros de la tela con la que hizo tantos lazos que recuerdo tenía un cajón de ropa lleno de ellos, así cada día de clases yo estrenaba un corbatín nuevo, todo ese año escolar transcurrió de estreno en estreno.
Nunca más supe de Freddy, o quizás se llamaba Raúl, no lo recuerdo bien, solo se que vivía a dos cuadras de mi casa pero creo que se mudaron. Aun el día de hoy si le preguntan a mi mamá por mis lazos rojos del uniforme del jardín se ríe y se acuerda perfectamente del cajón lleno de ellos.

Solo tengo quince...

He vuelto, es hora de que les cuente una anécdota. En realidad no podía acordarme de ninguna. ¿Por qué? Porque el tema de la semana es “Enamorar” y tengo apenas quince años. No he vivido grandes aventuras, soy un adolescente simple.
Debo confesar que nunca he tenido una novia, al menos se puede decir que no he necesitado una. Lo más común es que muchos de ustedes recuerden a sus amores del colegio. Mis conversaciones con adolescentes del sexo opuesto se limitan a preguntas de este tipo:
·         ¿Hiciste la tarea? Apuesto a que sí, préstamela.
·         ¿Tienes dinero?
·         ¿Me das un poco de tu comida?
Para estas preguntas solo hay una respuesta: No. Creo que tampoco puedo parecer muy interesante cuando trato de hablar con alguien sobre un libro nuevo o un artículo que leí.
            Nunca me he enamorado, pero no descarto esa posibilidad. Tengo que ser honesto, las compañeras de mi clase no me parecen atractivas. ¿Qué es lo que me atrae? ¿Ojos azules y una dulce voz? Estoy acostumbrado a leer cosas como “enamora si es alto” o “suma puntos si va al gimnasio.” Creo que es mi turno de dar mi opinión. “Me enamora si lee por diversión”, “suma puntos si le gusta The Beatles” y “me interesa si es culta”. Las cualidades físicas no me interesan, pero deben saber que Billie Piper es para mí una de las mujeres más guapas en este mundo.

            Me gustan sus anécdotas y me pregunto si algún día yo tendré una buena anécdota para contarles. Por ahora estoy satisfecho de saber que mi principal preocupación es estudiar.

La curiosidad mató al gato

Creo que a todos nos ha pasado cuando éramos pequeños, que las cuestiones del amor nos eran incomprensibles y, por la misma razón, nos provocaban mucha curiosidad. Mis amigas y yo no éramos la excepción. Al rondar los 8 a 10 años solíamos conversar al respecto y, yendo un poco más allá, no dudábamos en tratar de comprobar, con nuestros propios ojos, de qué iba la cuestión.

En ese entonces, yo vivía en lo alto de una loma, frente a la iglesia matriz del
http://carosolbrisa.blogspot.com/2011/05/iglesias.html
pueblo, y casi, casi, al pie del mar, para llegar al cual bastaba bajar una gran escalera (creo que eran más de 50 escalones). La particularidad era de que en esa escalera se habían construido dos miradores para apreciar el paisaje, el primero, al nivel de la cima de la loma, y el segundo a medio camino, y casi escondido a las miradas del público. Ese era el mirador preferido de los enamorados, pues debido a lo reservado del lugar, no dudaban en expresarse con besos (no iban más allá de eso) todo su cariño. La foto adjunta muestra la iglesia, la casa parroquial a su izquierda y parte de la escalera.

Y allí era donde mis amigas y yo procedíamos a "investigar" qué era eso de estar enamorado. Nos dedicábamos a espiar a los pobres enamorados, dizque escondidas pero muertas de la risa, lo que hacía que ellos estuvieran más que conscientes de nuestra molesta presencia, escuchaban nuestras risas, comentarios, hasta llegamos a lanzarles piedritas. Realmente éramos insoportables jajajaja.

Un día que nos hallábamos en esas nos topamos con un enamorado de armas tomar, que al darse cuenta de nuestra presencia no dudó en "corretearnos" para espantarnos de ahí, nosotras nos pegamos tremendo susto pero seguíamos, ahora de un lugar un poco más lejano, mirándolos e incomodándolos. Y para esto no dudamos en entrar al jardín de la casa parroquial, que estaba junto a la iglesia y desde donde se apreciaba perfectamente a los enamorados. Tanto fue el alboroto que armamos que el sacerdote terminó asomándose a la ventana y, constatando que era lo que hacíamos, salió a reprendernos y a mandarnos por las mismas a nuestras casas (y creo que hasta a los enamorados los despachó jajajaja).

Pero lo peor fue al día siguiente, cuando todo mi grado asistió a la misa celebrada por el mismo sacerdote y él, viéndonos en primera fila, no dudó en dirigir su sermón hacia las actividades que "ciertas niñas" hacían durante sus horas libres en lugar de estar en sus casas estudiando. Era obvio quienes éramos esas niñas pues era bien conocido que solíamos reunirnos en mi casa en la tarde luego de la escuela y que luego salíamos a jugar en las afueras de la iglesia.

No está de más decir que dicho sermón nos sirvió de lección y desde entonces dejamos en paz a las parejas de enamorados, que seguramente respiraron aliviados al haberse librado de unas niñas tan curiosas y molestosas. Tan, tan.






Las cosas que hacemos por amor...

La palabra de esta semana me costo, no tengo ninguna historia digna de contar que implique la palabra enamorar, enamorado o semejante en el sentido romántico...soy muy práctica para esas cosas.

Hasta hace un rato, estaba convencida que saltaría esta semana, que no tenia nada que decir al respecto, hasta que vi una publicación de Karelia en la página de FB y luego vi una promoción de Juego de Tronos. Los "iniciados" en la saga entenderan el título, para aquellos que no tienen idea, les digo que esa frase, "Las cosas que hacemos por amor..." la dice uno de los personajes antes de arrojar a un niño de una torre que lo descubre manteniendo relaciones sexuales con su hermana que dicho sea de paso es la esposa del rey...pero no, me parece que la mayoría de nosotros no llegamos a esos extremos por amor...tampoco a andar en zancos como el gallo para demostrar su interés por el flamingo, pero casi.

Al principio decía que soy muy práctica pero también soy muy flexible y desde mi punto de vista cuando mas se nota la flexibilidad es cuando nos enamoramos. Hacemos cosas que probablemente de propia cuanta no haríamos y hasta lo hacemos de buena gana!! lo cual no esta mal, siempre y cuando no perdamos nuestra personalidad en el proceso y que no terminemos haciendo cosas con las que no estemos de acuerdo sólo para complacer al otro. En mi caso, mis "sacrificios" se limitan a ir a bailar o a la playa, ambos enormes ya que no me gustan para nada ninguna de esas dos cosas y con el entendimiento tácito que la próxima salida será al cine a ver una película obviamente elegida por mi o un concierto de un artista de mi agrado o cualquier otra actividad de mi gusto. A pesar de esos dos enormes sacrificios nada se compara con poner buena cara cuando vas al estadio y su equipo de béisbol  le gana al tuyo, especialmente si son equipos rivales, algo que sólo puede entender un verdadero fanático, por suerte esas son de las cosas que hacemos por amor única y exclusivamente cuando la relación esta iniciando después echarle tierra al equipo nos sabe a nada aunque sigamos haciendo los demás "sacrificios"