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domingo, 26 de octubre de 2014

El libro que nunca leí

Desde que tengo conciencia recuerdo libros a mi alrededor. Mi papá y mi mamá eran grandes lectores y si en algo les gustaba invertir su dinero era en material de lectura. Tenían colecciones de novelas publicadas por Salvat, revistas de todo tipo, las indispensables Selecciones del Reader´s Digest, libros de distintas editoriales... libros, libros y más libros.

Luego, cuando hice mi aparición en el hogar algo de esa inversión de dinero se desvió hacia mí. Empezaron a comprarme libros de cuentos y revistas de comiquitas, y recuerdo claramente a mi mamá leyendo para mí frecuentemente, hasta que aprendí a leer y entonces lo hacía por cuenta propia.

Pronto mis padres se dieron cuenta de que más que un juguete, regalarme un libro era apuesta segura, así que empezaron a darme obsequios de navidad tan variados como: Cuentos de Oscar Wilde, El Quijote de la Mancha (para niños), Canción de Navidad y otros títulos por el estilo que yo devoraba y que hasta ahora conservo.

Sin embargo, hubo un libro que nunca leí...

Dentro de los libros que me regalaron hubo un par que llamó muchísimo mi atención, eran dos libros de cuentos y fábulas, pero con la particularidad de que eran historias completamente nuevas para mí, nada de cenicientas ni bellas durmientes, sino títulos tan interesantes como Los dos niños de piedra, el burrito que quería ser ladrón y otros por el estilo. Ambos libros venían en su propia envoltura, así que mientras leía ávidamente el primero, me imaginaba qué historias increíbles me aguardaban en el siguiente, hasta que ocurrió lo que ocurrió.

Un día de aquellos mi mamá tuvo un compromiso social de última hora y tenía que llevar un presente para un niño. Ante la premura de la situación, no encontró mejor salida que llevar uno de los libros de cuentos y fábulas que me había regalado, el segundo, ese que aún se encontraba en su envoltura esperando por mí. Me prometió que luego me lo volvería a comprar y salió a cumplir con su compromiso, donde todo le fue muy bien.

La mala noticia es que nunca volvimos a encontrar el libro en cuestión. Lo buscamos en un par de librerías, pero al parecer los dos ejemplares que llevamos aquella vez eran únicos y no los habían repuesto, me quedé con la pica de saber qué cuentos, fábulas e historias maravillosas me perdí con el libro que se fué.

Moraleja: Cuando te den un regalo que te guste mucho, mucho, mucho, ábrelo y úsalo en seguida, no sea que aparezca tu mamá y lo regale a un tercero.

Nota: Esta historia intentó ser censurada por una de sus protagonistas, por suerte no lo logró jajajajajaja.

La verdad es que la historia de ese libro nos ha seguido desde mi niñez hasta ahora, cada vez que veo el libro que si leí (y que ahora leen mis hijas) o que quiero hacerle una broma a mi mami se lo menciono y nos morimos de la risa. Es más, cuando le dije que la entrada que iba a publicar era sobre un libro supo de inmediato de qué iría la historia jajajajajaja.

Mi vida es una fábula


Otra vez domingo y yo con el pescado sin vender...o lo que es lo mismo, sin haber escrito mi entrada de la semana.

Parecía una palabra tan fácil!  Era tan tan fácil que no hacía falta pensarla con tiempo...al mejor estilo Scarlett O'Hara, la fui dejando para mañana. Y así llegamos a hoy.

Asi que me levanté temprano, sintiéndome algo culpable y me obligué a sentarme a pensar en las fábulas... Y llegué a una conclusión: 

No me gustan las fábulas... desconfío de los consejos que pueda dar una cigüeña parlante.  Aunque supongo que tienen su utilidad, es decir, rebelde fui siempre.  Cuando niña era más probable que hiciera caso del consejo si me lo decía un zorro o una tortuga que si me lo decía mi santa madre o la señorita Carmen en la escuela.  En fin, los siento, querida fábula: no sos vos, soy yo...

Pero no tengo que dispersarme, maldito desorden de atención dispersa..vade retro! Estábamos con las fábulas. A ver, fábulas en mi vida...muchas! demasiadas!!! Las que me leía mi papá cuando niñita.  Lo de siempre: Esopo, Samaniego, Lafontaine...

Las que leí de adolescente como las que se incluían en los libros de Ling Yu Tang, Bach o Exupèry.

O las que se intentan colar en los insufribles El caballero de la armadura oxidada o Quién se ha llevado mi queso? ni hablar de mi amigo personal el brazuca cuyo apellido significa conejo.  

Además,  traten de entenderme! no solo en los libros me persiguen...ya no enciendo la radio por miedo al filósofo guatemalteco rey de las fábulas y las metáforas.

A veces parece que en todas partes hay alguien queriendo dejarme una moraleja.  Me dije a mi misma (hablo mucho conmigo) mejor dejo los libros por un rato y me voy al cine... y me fui a ver una de Disney.  Esperá...analizo..animales que hablan, roperos, candelabros y teteras que hablan...malos que pierden, buenos que triunfan y principes azules que no destiñen...noooooo 

Huyo de la sala y me voy a despejar la cabeza tomando un café..."Mozo, un cortado  y una media luna, por favor" (traducido al español sería: un cafe..3/4 de cafe y el resto de leche con un croissant).  Tomo un sobresito de azúcar para mi café, de un lado del sobre la marca, del otro una frase: "Lo que sobra no reemplaza lo que falta"...será posible que hasta un café en esta ciudad tenga que tener una moraleja?  (credito de la foto: http://www.infotechnology.com/)

Vuelvo a casa recalculando como la gallega que le pone voz a mi GPS.  Y llego a una muy obvia conclusión: la vida es una fábula.  Me queda a mi la tarea de ser lo suficientemente hábil como para ver las enseñanzas y luego aprender o no de las moralejas que me presenta ante cada decisión que tomo.   Para decirlo en la forma en que las fábulas nos tienen acostumbrados:

No dejes para el domingo la escritura
es la moraleja de mi entrada, 
porque luego, a último momento
no se te ocurre nada de nada.


sábado, 25 de octubre de 2014

De fábula va la historia

 Los primeros recuerdos que tengo de la literatura, o al menos de algo parecido, son de mi abuelo. En mi más tierna infancia solía sentarme en sus rodillas y escucharle declamar versos de su Sancti Spíritus natal de tal manera que antes de empezar la escuela ya sabía yo unas cuantas de estas poesías, por lo que en las reuniones familiares era muy común verme recitando con toda la seriedad de un adulto con apenas 3 añitos.

Cuando empecé a estudiar mi mayor empeño fue el de aprender a leer, y rápido, ya que mi madre me compraba libros que me leía en las noches. Pero yo quería adentrarme por mí misma en ese mágico mundo y cuando lo hice ya no tuve vuelta atrás. 

Por suerte contaba con una familia en la que regalar libros era lo habitual así que desde muy temprano me leía lo mismo cuentos infantiles, que algo de historia, que una novela y, por supuesto, fábulas. Después de las de Esopo  y las de la Edad de Oro las que más me gustaban eran las de los cuentos rusos. El folcklore popular ruso es riquísimo en historias en las que los animales son protagonistas de diversas anécdotas y a mi francamente me encantaban. 

Por eso en el año 2010 cuando me enteré que la Feria Internacional del Libro de La Habana era dedicada a Rusia, me saqué una entrada permanente y me fui a buscar los libros de mi infancia entre la multitud de adultos y niños que acuden a este evento. No se me olvidará la cara de mi padre cuando me vio saltar hacia un libro de cuentos populares rusos y atraparlo como si fuera el más preciado tesoro. De hecho ese libro es uno de los pocos que me ha acompañado desde Cuba hasta aquí. 

 Otro libros se fueron agregando a mi colección de historias tales como Oros Viejos o Leyendas Americanas. Aunque no todo eran libros. Recuerdo con mucho cariño un progama llamado "El narrador de cuentos" que hacía que me clavase en la silla y no me moviese hasta que se acabara el capítulo. Era impresionante como sabían llevar a la pantalla el mundo de fantasía de las fábulas, las historias, los cuentos pasados de boca en boca como tradición oral. Era con mucho mi programa favorito y años más tarde, ya adulta, cuado lo retransmitieron me pasó exactamente lo mismo: inmovilizada frente al televisor hasta que acabara.

crédito de imagen readytogo.net

Décadas más tarde no fue una sorpresa que escogiera como profesión la enseñanza del Español y, sobre todo, de la Literatura que para mí es y será (y nunca mejor dicho) un mundo FABULOSO.


"El bollito redondito" Anónimo.

Eranse que se eran un viejo y una vieja. Un día el viejo dijo a la vieja: Anda mujer, arrebaña en la masera y rebusca en la panera, a ver si puedes recoger un poquito de harina para hacer un bollito.
Tomó la vieja una raedera, arrebañó en la masera, rebuscó en la panera y recogió dos puñaditos de harina. Mezcló la harina con la nata de leche y amasó un bollito redondito, lo doró en manteca calentita y lo puso a enfriar en la ventana.
El bollito se estuvo allí quietecito pero de pronto rodó de la ventana, cayó al banco, del banco al suelo y rodando rodando saltó el umbral, salió al zaguán, del zaguán al porche y del porche al corral, luego salió del corral por el portón y siguió rodando adelante adelante.
Iba el bollito rodando, rodando por el camino cuando se encontró con una liebre: Bollito, bollito, ahora mismo te como". "No me comas liebrecita y te cantaré una canción."

En la mesera me han arrebañado,
en la panera me han rebuscado,
con nata de leche me han amasado,
con manteca calentita me han dorado
y en la ventana me han enfriado.
Del abuelito me escapé,
de la abuelita me escapé,
y de ti liebre !claro que me escaparé!

Después de cantar el bollito se marchó rodando por el camino y..ojos que te vieron ir!!

Iba rodando, rodando el bollito y se encontró con un lobo: Bollito, bollito, ahora mismo te como!! "No me comas lobo gris, y te cantaré una canción".

En la mesera me han arrebañado,
en la panera me han rebuscado,
con nata de leche me han amasado,
con manteca calentita me han dorado
y en la ventana me han enfriado.
Del abuelito me escapé,
de la abuelita me escapé,
y de ti lobo !claro que me escaparé!

Se marchó rodando por el camino y ! ojos que te vieron ir!!.
Iba rodando, rodando el bollito y se encontró con un oso: Bollito, bollito, ahora mismo te como!! "!Pero qué me vas a comer patizambo!"

En la mesera me han arrebañado,
en la panera me han rebuscado,
con nata de leche me han amasado,
con manteca calentita me han dorado
y en la ventana me han enfriado.
Del abuelito me escapé,
de la abuelita me escapé,
y de ti oso !claro que me escaparé!

Y otra vez se marchó rodando por el camino.
Iba rodando, rodando el bollito y se encontró con una zorra: Buenos días bollito, qué hermoso eres!. El bollito cantó:

En la mesera me han arrebañado,
en la panera me han rebuscado,
con nata de leche me han amasado,
con manteca calentita me han dorado
y en la ventana me han enfriado.
Del abuelito me escapé,
de la abuelita me escapé,
y de ti zorrita !claro que me escaparé!

La zorra le dijo: Ay, que canción más bonita, pero yo oigo tan mal!! Bollito, bollito, salta a mi hociquito y cántamela otra vez pero más alto". El bollito saltó al hocico de la zorra y cantó su canción. "Bollito, bollito, ponte encima de mi lengüecita y cántame otra vez la canción!!" dijo la zorra y sacó la lengua. El bollito se puso de un salto en la lengua de la zorra, y ella -!ham!- se lo comió.

P.S: Este es uno de mis favoritos del libro de cuentos rusos.


Memoria Fábula


por Ivanius

Mis mayores, casi todos, contaban
historias varias que en su saber tenían:
también refranes y canciones, que empleaban
para ahuyentar el tedio de los días.
Así, escuchando de Esopo y Samaniego,
de Iriarte y Lafontaine, aprendimos,
sin sentirlo, a contemplar los animales
y a la naturaleza como hermanos.

Poco a poco fue cambiando el barullo
por las tareas, el estudio y el trabajo,
pero ¡sorpresa! allí cerca, en los libros,
estaban esas y otras voces pa' enseñarnos,
de Monterroso al Conde Lucanor, el Lazarillo o Sancho,
cuando nos tropezara la memoria
o cuando el cuerpo nos llamara a descanso.

Junto a colegas, amigos y parientes
cada quien continuó su aprendizaje;
mientras, los días se nos han vuelto años.
No diré que nos hicimos eruditos,
ni que estemos en camino de ser sabios:
lo que ignoramos aún es infinito
y está por verse qué frutos cosechamos.
Pero ¡sorpresa! en las conversaciones,
y para huirle al tedio cotidiano,
aquellos cuentos y refranes surgen
(tal parece que ahora los invocamos).

El camino es ahora un poquito más nuestro
para construirlo. ¡Sigamos trabajando!



(Una disculpa doble, por la ausencia y el atrevimiento de acudir a la poesía... pero así salió. Como muestra de los relatos (para que vean a lo que me refiero), aquí la versión del zapatero remendón como ahora la conocemos en mi familia, y una recopilación de las Fábulas de Tomás de Iriarte, para descarga gratuita, en Project Gutenberg).

"Memoria fábula", por Ivanius. Foto: Barumi Country Road, tomada de Wikimedia Commons.

viernes, 24 de octubre de 2014

EL ÁGUILA Y LA GALLINA

Allá por los años 70, el padre de mis hijos, me enseñó los conocimientos más básicos de cómo se maneja un carro; como me encantan los retos, siempre que podía tomaba el carro y salía a practicar, aprovechando que en esa época en el balneario donde vivíamos no existía mucho tráfico, salvo los meses de vacaciones, así fui practicando y por consiguiente tener más habilidad en conducir, por circunstancias de la vida nos quedamos sin carro y ahí quedó lo aprendido.

Luego de unos 12 años y ya viviendo en Guayaquil, Loly compró un carro, ya que lo necesitaba por su trabajo;  nuevamente tomé el volante, nada más para andar por lugares cercanos a la casa donde no existía tanto tráfico.

Debo indicar,  que el guayaquileño en un alto porcentaje tiene como característica no respetar las leyes de tránsito, se pasan la luz roja del semáforo, el disco pare está de adorno, toman como autopista las calles, manejan embriagados, entre otras lindezas, eso significa que debemos conducir a la defensiva.

Cuando Loly cambió de carro, heredé el anterior, lo chistoso es que  como el camino a mi trabajo  tenía forzosamente  que pasar por una Avenida muy transitada, me daba mucho temor y por lo tanto prefería irme en autobus  y solo maneja para ir a sitios cercanos, eso resultaba muy extraño porque siendo una persona decidida, polifacética, arriesgada, ignoraba qué era lo que me detenía, hasta que luego de un mes más o menos me dije: "Angélica, deja de ser gallina y toma tu rol de águila" y tomé la decisión de cruzar la famosa Avenida de las Américas, iría muy despacio sin importarme los insultos que seguro recibiría. El primer día llegué a mi trabajo sudada y extenuada, luego de unos tres días me convertí en un as del volante y siempre digo: "Aprendí verdaderamente a manejar en la Av. de las Américas".

jueves, 23 de octubre de 2014

El Niño y el Buey

La palabra de esta semana me transporta a mi infancia, y en especial a casa de mi abuela paterna. Había que caminar alrededor de diez minutos para llegar a su casa y con ella a un mundo diferente. Tenía un enorme patio, que en esa época me parecía inmenso,  he vuelto a visitarlo y cuando las personas crecen sin lugar a dudas los espacios parecen ser más pequeños de lo que recordábamos.  La casa siempre estuvo adornada por flores, muchísimas de ellas acompañadas de colores, vida y naturaleza. Recuerdo que cultivaban moras y mi hermano y yo ayudábamos en época de cosecha, en mi caso se trataba de ir a comer.

Mi abuelita sabía cocinar muchas cosas deliciosas por lo que siempre había un olor especial y una comida que en pocos minutos junto a mi hermano y mi primo devorábamos.  Mi abuelita  me sentaba en las piernas y me cantaba y jugaba conmigo en las tardes, recuerdo la estrofa que ella cantaba con su voz poco armoniosa  “Los caballitos de dos en dos alzan la pata y dicen adiós”


Durante un tiempo me quedaba en la casa de mi abuelita en la tarde haciendo tareas, y para una de esas ocasiones debía aprenderme una fábula, la recuerdo porque venía acompañada de unos dibujos en color naranja, y porque me encantaba lo que decía. 

En la foto es un cumpleaños, soy el niño de camisa blanc ay tirantes negros, a mano izquierda mi hermano y mi mami, ambos de blanco, a mi derecha mi primo con saco verde. En el fondo mis abuelitos paternos.

Les adjunto un audio de la fábula, espero disculpen mi voz.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Tiempo de Fábulas

Tenía tiempo que no leía fábulas, puedo decir que fueron mis primeras lecturas, cuando estudiaba cuarto grado, la maestra nos asignó una tarde de la semana para la lectura, una de nosotras leía y  debíamos interpretar lo leído, que tratándose de fábulas debíamos encontrar la moraleja, yo nunca he podido asimilar bien lo que otro lee, debo hacerlo yo, por lo que siempre levantaba la mano para que la maestra me designara como la lectora, lo que me ayudó según mis amigos a tener aún voz de locutora, leímos además de las Fábulas de Esopo, las de Samaniego, El asno y el cochino, La gallina de los huevos de Oro,  que eran mis preferidas, ya que esas eran las que mamá conocía y me reforzaba la lectura en la noche, antes de ir a la cama, siempre agregando algo de su inspiración.

Lamentablemente parece que ese tipo de lectura pasó a la historia, todo comenzó en los años 50 con la llegada de la TV, eran lecturas que nuestros Padres utilizaban como armas para enseñarnos principios morales, las llamaban lecturas moralistas, pero al llegar la TV todo cambió, las buenas intenciones de los Padres fueron truncadas, como competir una pobre tortuga con un correcaminos, una gallina con la Mujer Maravilla, Un Asno con Superman? .

Así es que debimos cruzarnos de brazos y sentarnos ante la pantalla del Televisor,  para hacer compañía a nuestro hijos y porque no? maravillarnos ante tan importante y necesario aparato. 


Pero no todo se había perdido, un periodista, escritor, poeta  y humorista nuestro, llamado Aquiles Nazoa, se dedicó a fomentar nuestra cultura y para ello tenía un programa de radio, "Las Cosas mas Sencillas" todos los sábados a las cinco de la tarde, programa que era oído por la mayoría.
En este programa, comentaba y leía fábulas de distintos autores y de las que él era creador,

Aquí les paso una de ellas.

LA AVISPA BRAVA

La avispa aquel día, desde la mañana,
como de costumbre, bravísima andaba.
El día era hermoso, la brisa liviana; cubierta la tierra, de flores estaba
y mil pajaritos los aires cruzaban.
Pero a nuestra avispa -nuestra avispa brava-
nada le atraía, no veía nada
por ir como iba, comida de rabia.
"Adiós", le dijeron unas rosas blancas y ella ni siquiera se volvió a mirarlas
por ir abstraída, torva, ensimismada,
con la furia sorda que la devoraba.
"Buen día" le dijo, la abeja, su hermana
y ella que de furia, casi reventaba,
por toda respuesta, le echo una roncada
que a la pobre abeja, dejo anonadada.
Ciega como iba, la avispa de rabia,
repentinamente, como en una trampa,
se encontró metida, dentro de una casa.
Echando mil pestes, al verse encerrada,
en vez de ponerse, serena y con calma a buscar por donde, salir de la estancia,
¿sabéis lo que hizo? ¡Se puso más brava!
Se puso en los vidrios, a dar cabezadas,
sin ver en su furia, que a corta distancia
ventanas y puertas, abiertas estaban;
y como en la ira, que la dominaba
casi no veía, por donde volaba,
en una embestida, que dio de la rabia
cayó nuestra avispa, en un vaso de agua.
¡Un vaso pequeño, menor que una cuarta
donde hasta un mosquito, nadando se salva!
Pero nuestra avispa, nuestra avispa brava,
más brava se puso, al verse mojada,
y en vez de ocuparse, la muy insensata,
de ganar la orilla, batiendo las alas
se puso a echar pestes y a tirar picadas
y a lanzar conjuros y a emitir mentadas.
Y así, poco a poco, fue quedando exhausta
hasta que furiosa, pero emparamada,
terminó la avispa por morir ahogada.
                                                                
                                                                   Tal como la avispa, que cuenta esta fábula,
                                                                    el mundo está lleno, de personas bravas,
                                                                    que infunden respeto, por su mala cara,
                                                                   que se hacen famosas, debido a sus rabias
                                                                     y al final se ahogan, en un vaso de agua.


martes, 21 de octubre de 2014

Fábula ontológica



Cuando me estrené como docente, los directivos me asignaron, imagino que como novatada, la materia más aburrida y árida del temario, “Metodos de investigación I” para un grupo de adolescentes revoltosas de primero de bachillerato.

            Mal que bien logré sobrellevar el curso haciendo que se interesaran en saber elaborar tablas de verdad y comprendieran la importancia de los silogismos y otras linduras. Logré incluso motivar a algunas de mis alumnas en las peculiaridades del método científico. Como ésa fue la parte del curso que tuvo mejor acogida, al momento de diseñar el examen final decidí darle más peso.

            Pero al momento de querer preguntarles cómo explicarían y aplicarían el proceso de “observar-formular hipótesis-recabar datos- … etc.” me encontré en un atolladero. En esas estaba devanándome los sesos cuando en uno de esos brincos raros que da la mente recordé un viejo (y malo) chiste que circulaba en la facultad. Decidí transformarlo para que describieran cómo enfrentarían un problema en concreto recabando datos, haciéndo y contrastando hipótesis y elaborando una teoría explicativa (las respuestas, por cierto, fueron muy ingeniosas).

            Total, al momento de repartir los examenes, me concentré tanto en evitar que sacaran los “acordeones” con las respuestas o se dedicaran a copiarse, que se me olvidó el contenido del examen, por lo que me pareció muy extraño que de repente algunas empezaban a reírse o a poner cara de extrañeza. Al terminar el examen, más de una me comentó que nunca les habían hecho un examen así.

            Lo último fue que las “aplicadas”, que habían exentado el examen, me reclamaron porque ellas no tuvieron oportunidad de contestar “lo del cuentito, que, “ahora sí para no hacerles el cuento largo”, se los pongo a continuación.





Fabula del conejito:
Ésta es la historia de un conejito que, cuando llegó a la edad de cuestionarse sobre su propia identidad, preguntó a sus padres:



--Papá, mamá, y yo... ¿qué soy?

---Ah, pues es muy fácil --respondieron sus padres. --Tú eres un conejito.

--¿Un conejito? ¿Y cómo es eso?

---Como tu papá es un conejito, y tu mamá una conejita, a ti te toca ser conejito.



Satisfecho con la explicación, corrió el tiempo hasta el momento en que salió de su madriguera la primera vez. Y… ¡cuál no sería su sorpresa al ver que había otros seres distintos a él! Decidió, pues, continuar sus indagaciones: “Animalito, animalito, y tú, ¿qué cosa eres?”, iba preguntando a cuantos se encontraba.



--Animalito, animalito, y tú, ¿qué cosa eres?

---Ah, conejito, yo soy un pato.

--¿Un pato? ¿Y cómo es eso?

---Mi papá era un pato y mi mamá una pata, y por eso yo tenía que ser un pato.



Tras varias respuestas del mismo tenor, el conejito recompuso su imagen del mundo, hasta que un buen día se topó con una mula.



--Animalito, animalito, y tú, ¿qué cosa eres?

---Ah, conejito, pues yo soy una mula.

--¡Ya sé! ¡Tu papá es un mulo y tu mamá una mula!

---No, conejito. Mira: mi papá era un burro y mi mamá una yegua. Así que yo soy una mula.



Nuevamente desconcertado, prosiguió interrogando a los animalitos del bosque, y el esquema se le complicaba cada día más.



--Animalito, animalito, y tú, ¿qué cosa eres?

---Pues yo soy un perro-lobo.

--¿¿?? ¿Un perro-lobo? ¿¡Pero cómo puede ser eso posible!?

---Ah, pues como mi papá es un lobo y mi mamá una perra, yo soy un perro-lobo.



Finalmente, cuando sus investigaciones le habían permitido intregrar una noción coherente del mundo y sus devenires, un buen día coincidió con una criatura extraña, nunca vista.



--Animalito, animalito, y tú... ¿qué cosa eres?

---¿Yo? Yo soy un oso hormiguero.

--¡¡...!! ¡¡¡No inventes!!!


Mi relación con las Fábulas

Cuando leí que "Fábula" era la palabra de la semana, me quedé con la mente en blanco, no tengo mucha relación con las fábulas, algunas leí cuando niña, así que pensé en alguna moraleja para ver si se encendía el foco, pero no había respuesta

Entonces empecé a repetir la palabra a cada rato, para ver si algo me iluminaba y traía alguna anécdota guardada en mi cabeza, y lo único que se me venía a la mente era una canción de Alux Nahual, un grupo guatemalteco, de allá por los años 80, y repetía y repetía "... y la fábula... y la fábula..." la tonadita de la canción, y ya me tenía fastidiada, jajaja.

Así que pensé, voy a tener que compartir esto porque es lo único que se me ocurre, y no quiero seguir el resto de la semana con esta melodía, dale que dale.

Así que con ustedes, ¡Alux Nahual y su Fábula del Grillo y el Mar!


En sus inicios, este grupo no me gustaba, hasta mucho tiempo después que pude escuchar sus temas con más atención, y no es que me gusten a morir, pero al menos ya puedo escuchar sus canciones, por cierto, el que canta vive en mi barrio y algunas veces sale a correr a la hora que yo salgo a caminar.

Una fábula encantada

Durante mi niñez y parte de mi adolescencia, en mi país habían básicamente dos tipos de emisoras de radio, las que ponían música tropical bailable y las que ponían baladas. Las que ponían baladas se limitaban prácticamente a los mismos cantates: José José, Juan Gabriel, José Luís Perales, Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Julio Iglesias y otros similares. También había una emisora de puras rancheras.

La única luz en la oscuridad para quienes no nos inclinábamos para ninguno de esos extremos era la X-102, una emisora que se vendía "tan joven como tu". En ella escuchábamos a Mecano, Bose, Soda Stereo, Los Héroes del silencio, Radio Futura, y toda una gran variedad de artistas prácticamente desconocidos para la mayoría de las personas y por supuesto lo mejor y mas popular de la musica en ingles. El director de la emisora era un español o chileno, ahora no recuerdo,  que nos traía lo más reciente de la música. También para esa época llegó MTv; en esos tiempos MTv era un canal dedicado exclusivamente a la música, no la cosa horrible que es ahora, y por supuesto uno de los programas más populares, para nosotros los latinos que nos alejábamos de los cantantes tradicionales, era el de Daisy Fuentes.

En la X conocí a Eros Ramazzotti, no logro recordar que fue lo primero que escuche de él, quizás Cosas de la vida,  pero como me gustan las voces raras, me encantó su voz fañosa, fue amor a primera oída y salí rauda y veloz a comprar el cassette... Si cassette, nada de cd's todavía!! En MTv le puse imagen a la voz, que si estoy segura fue Cosas de la vida, un vídeo dirigido nada más y nada menos que por Spike Lee, pero la canción que mas me gustó y que sigue siendo de mis favoritas, fue Fábula.

No puedo decir porque me gusta tanto la canción, tengo entendido que esta inspirada en un cuento de Herman Hesse, quizás es la forma tan sencilla en la que explica como algunas personas se alejan de los demás para supuestamente evitar sufrir, lo que obviamente no les da resultado porque lo que tiene que llegar, llegará y lo que creemos que nos puede causar pesar probablemente nos traiga alegría.  Posteriormente vi el vídeo en MTv y me encantó, todavía me sigue pareciendo muy bueno. Recuerdo que para ese entonces hice ilustraciones similares a las que se utilizan en el vídeo y que a partir de ahí y durante un buen tiempo, me dio por hacer ilustraciones usando canciones como base. Con todo lo que me gusta de Eros, Fábula, generalmente es mi primera opción cuando me preguntan que es lo que más me gusta de él.

"...Sintió que la felicidad no es nunca la mitad del infinito
Luego era el tiempo sol y luna, nube y musica
Era el tiempo risa y llanto y entre tanto
era un hombre que, a la vida despertó
Era como el llanto que llenaba sus enormes soledades
Esa parte verdadera que una fábula encantada
Esconde en si, para ser autentica"

lunes, 20 de octubre de 2014

El mejor regalo

En la foto: mi padre con sombrero
y a su izquierda, mi padrino Manolo.
Manolo, que así se llamaba el mejor amigo de mi padre, me conocía desde que nací, y aunque fue una (bendita) casualidad la que lo puso en ese papel se tomó muy en serio la responsabilidad de ser mi padrino. 

Venía a mi casa dos o tres veces por semana para darme clases de inglés, repasarme las materias escolares y descubrirme todos los misterios que el mundo me ofrecía. Desde las plantas hasta las estrellas, a sus ojos todo era interesante y sabía comunicar esa inquietud. Para todo tenía una respuesta o en su defecto una pregunta, la pregunta exacta con la que lograba acuciar mi imaginación. Era un hombre sabio y tenía la virtud de no apresurarse, de saber encontrar el momento adecuado para todo. 

El día de mi séptimo cumpleaños, con total ceremonia, asegurándose de que yo entendía la importancia de ese acto, puso en mis manos a modo de regalo dos volúmenes sin envolver: “La edad de oro” de Martí y “Fábulas de Esopo”. Ni siquiera eran nuevos.

Crédito de imágenes: La edad de oro, Fábulas de Esopo

Fue toda una sorpresa. Era la primera vez que alguien que no fuera mi padre me regalaba libros, y debo decir que los escogió con tanto tino que hasta hoy no ha habido ningún otro que pueda superarlos en mi corazón. Aún recuerdo las dedicatorias que escribió para mí en sus primeras páginas, con su letra impecable y su firma con rúbrica, afirmándome que sólo entonces, alcanzada esa edad, sería yo capaz de valorar en su totalidad su regalo. 

Así, de la mano de Esopo y con las traducciones de Martí, gracias a mi querido padrino, hice mi entrada en el mágico mundo de las fábulas. Es un mundo en buena medida habitado por animales que hablan, que son astutos, pícaros, que sienten, que saben qué es lo importante, que tienen siempre algo que enseñar. A veces de hecho me pregunto si he salido de él en algún momento. 

Fábula traducida por J. Martí y publicada en La Edad de Oro. (La foto es mía.)