domingo, 30 de noviembre de 2014

Los koalas y mi ignorancia

Me he identificado con muchos de ustedes, yo también creía que los koalas eran osos. Me llevé una gran sorpresa cuando me enteré que eran marsupiales. Recuerdo que me enteré cuando tenía nueve años, lo leí en una revista que mi mamá me compró. No puedo describir un momento en el cual tuve un encuentro emotivo con un koala, solo los he visto en fotografías. Pensar en los koalas me hace pensar en mi ignorancia.
Cuando era un niño creía en muchas cosas que fueron desmentidas cuando empecé a leer. Yo creía, por ejemplo, que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Cuando tenía seis años, mi curiosidad era asombrosa. Irritaba a los adultos cuando hacía preguntas que ellos no podían responder. ¿Cómo funciona un auto? ¿Por qué los planetas no se caen? Recuerdo que leí libros de Plaza Sésamo acerca de preguntas frecuentes. Mi curiosidad por el saber me impulsó a culturizarme. No puedo afirmar que soy un hombre que conoce los misterios del universo, pero sí puedo afirmar que leer me ha hecho cuestionar lo que creía saber con certeza.

Leer me permite adquirir conocimientos, me conecta con más personas e incluso me permite participar en una conversación de adultos. Me agrada leer sus entradas, me permite conocer a grupos de personas, me ayuda a conocer sus costumbres y a abandonar estereotipos. Sigan escribiendo lectores, que yo estaré ahí para leer sus entradas.

Pero yo quería ir a los caballos...

Cuando tenía 8 años de edad, mi mami y yo hicimos un viaje a la ciudad de Nueva York, donde vive mi tía Norma, hermana de mi mamá. Fue un viaje del que recuerdo algunas cosas pero creo que son más las que he olvidado, sin embargo, hubo una situación que se grabó en mi mente y que hasta la fecha recuerdo.

Además de los paseos imperdibles a la Estatua de la Libertad (subimos hasta el nivel de la frente a punta de escaleras, todavía me acuerdo del cansancio), una vuelta a Manhattan en barco, al Empire State, pasamos también un día recorriendo el zoológico del Bronx. Creo que fue el día que más disfruté, puesto que era la primera vez que acudía a un zoológico de dicha magnitud y con tal variedad de animales: recuerdo haber visto osos polares, elefantes, jirafas, pingüinos, y más, pero los más esquivos fueron los leones, debido al tamaño del zoológico, por más que tratábamos de orientarnos en buscar a dichos felinos, terminábamos yendo a otro lugar y al final nos fuimos sin poder acercarnos a su jaula. De hecho, tuvimos un vistazo fugaz de los mismos cuando recorríamos el zoológico en teleférico, pero ya con los pies en la tierra seguimos sin poder encontrarlos. Tampoco vimos koalas, me pregunto si habría animales de esta especie en el zoo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Bronx_Zoo 

Dentro de todas las actividades que se podían realizar en el zoológico había una que nos llamó la atención y era la posibilidad de dar un paseo en una carreta tirada por caballos (a lo familia Ingalls) o montar en el lomo de un camello. Mi mamá y yo nos emocionamos... pero por razones distintas, yo estaba loca por subirme en la carreta de caballos, y mi mami por hacer que yo diera una vuelta en camello. Entre mis deseos y el razonamiento de ella de que en Ecuador yo podría subirme en todos los caballos que quisiera mientras que un paseo en camello probablemente no se volvería a repetir en mucho, mucho tiempo, pues venció la voluntad de mi mami y tuve un recorrido en camello que fue toda una experiencia, pues por su forma de caminar parecía que iba sobre una montaña bamboleante. Tenía una foto de esta experiencia pero se ha perdido con el paso de los años.

Al final resultó que mi mamá tenía razón, yo no he vuelto a montarme en un camello, y si he tenido la oportunidad de hacer recorridos en caballos, pero si tuviera 8 años nuevamente, sé que volvería a desear subirme a la carreta, es que yo quería ir a los caballos... :)

PD: Mami, un trauma más además de el del cuento regalado jajajajaja.


Los años pasan...los koalas llegan...

Como de costumbre, sólo estoy pensando en voz alta...

Anita, la hija de una amiga, tiene 6 años y, según me explica con mucha suficiencia (como diciendo qué preguntas tan estúpidas hace la tía Ceci),  supo de la existencia de los koalas gracias al alfabeto gráfico que la maestra colgó en su aula de primer grado. G de gato, H de helado, I de indio, J de jirafa, K de Koala. Obviooo... para reforzar mi teoría, consulto con el hijo de otra de mis amigas.  Joaquín, que también tiene 6 años.  El no se acuerda bien de lo que es un koala.  En su aula la K es de Kiwi.

Empiezo a sospechar que algo raro sucede...

Intento hacer memoria y no recuerdo koalas en mi infancia.  Tuve que recurrir a mi hermana y algunos compañeros de mi misma generación...teníamos alfabeto gráfico en el aula?? Si, me respondieron todos...genial!  y con qué representaban la letra K las maestras de nuestra época?...mmmm mi hermana dijo K de Kinoto, mi prima K de kimono y un amigo recuerda claramente que era K de kiosko.  Ningún Kiwi y muchísimo menos, un Koala.

Esto no me conduce a una buena historia.  A menos que empecemos a analizar cómo las lenguas están en constante movimiento y como se modernizan todo el tiempo sin que lo percibamos.  
Y se me presenta otra desalentadora realidad:  los animales que sirven para ejemplificar las letras más difíciles del alfabeto, son animales cuasi míticos que nunca veremos en vivo y en directo: ÑU...KIWI...KOALA...ORNITORRINCO...QUETZAL...
  

Nuestra querida Pelusa preguntó si no hay koalas en los zoológicos... la verdad es que no me acuerdo.  No me gustan los zoológicos.   He ido pocas veces en mi vida, siempre por obligación.  Eso de animales encadenados o enjaulados me resulta demasiado injusto, desigual y deprimente.  Como muestra les adjunto una foto.  Mi cara de "que mal la estoy pasando" pertenece a la primera vez que nos llevaron a mis primos, mi hermana y a mi a un zoológico de animales en "libertad" allá a finales de los años 70.  Y, aunque no tenga nada que ver con koalas, comparto otra que me encontré, sólo porque me gusta.

Que no me voy por la tangente!!

 Desde niña me gustaron los animales. En casa hubo un tiempo en que parecía que vivíamos en un circo o una granja: dos curieles (que se convirtieron en siete), cuatro periquitos, un perro y, por supuesto, una gata. Era realmente un poco difícil mantener la concordia entre perro-gato-curiel ya que formaban algo así como eslabones consecutivos de la cadena alimenticia. Pero sobrevivieron todos (al menos por un tiempo).

De todos indiscutiblemente mi predilección era hacia los gatos. No hay un gato que en mis 35 años de vida me halla mordido...ni uno solo. Mi madre dice que tengo un don extraño para ellos y estoy al pensar que así es ya que gato que entre a mi casa se vuelve perro al extremo de seguirme a todas partes como un perrillo faldero. Es más, mi "don" es tal que un día hace unos 10 años, cruce la verja que me separaba de la jaula de un leopardo que se paseaba de un lado a otro para intentar acariciarlo a través de los barrotes. Y lo hice...pero lo maravilloso no fue eso sino que cuando el animal sintió mi mano en el costado, empezó a ronronear como un gatito y se echó patas arriba para que le acariciara la panza. Fue increíble!!!! Aunque cuando se lo conté a mi madre no le hizo ni gota de gracia.

De ahí que adonde quiera que vaya y vea a un gato, ya sea en una casa o en la calle...allí voy yo a acariciarlo. Ni siquiera los gatos de Roma se libraron de mi "hechizo".




Igual siempre he sido bastante temeraria en mis encuentros con la vida salvaje. Hace unos cuatro años, en una Feria Internacional del Libro, se me dio la oportunidad de cargar a una boa...y ni corta ni perezosa ahí fui yo a ponerme el bicho al cuello mientras mi acompañante ponía el grito en el cielo,jajajaja.


Por tanto no será sorpresa que una de mis vocaciones frustradas sea la de veterinaria.

Y a todas estas se estarán preguntando que qué tiene que ver esto con los koalas. No se preocupen que no me estoy llendo por la tangente, el seno ni el coseno. Es que una de las historias que marcaron mi vocación por los animales fue la de una serie española que se llamaba "Mofly, el último koala" y que me hacía clavarme a la silla, con seis años, y no reaccionar a ningún estímulo hasta que no acabara el capítulo.

Con esa serie lloré, reí y me desesperé por todas las viscicitudes por las que tenía que pasar el pobre animalito que tenía como amiga y protectora una niña con la que me encantaba identificarme. 

Después de esa serie vinieron la de las ardillas "Banner y Flapy", la de "David, el gnomo", "El juez Klaus" y tantas otras que trataban el tema de la protección y el amor a los animales pero para mí "Mofly" fue la que encendió la llama del interés y el amor por la vida salvaje.

Aquí les dejo el link a través del que pueden ver el video con el tema de esta serie. No se lo pierdan...es fantástica!!!

Ya ven como sí tenía que ver con los koalas aunque empezara por los gatos??






Ignorancia alimenticia o de como del error surgió la anécdota

Hasta el jueves en la noche no se me ocurría absolutamente nada en lo que remotamente pudiera incluir la palabra koala pero el viernes al pasar, camino al trabajo, por una casa de mi calle que actualmente esta desocupada sentí un rayo de iluminación y hasta me regañe por no pensar en eso con anterioridad. El sábado, de regreso del súper, me detuve a tomar algunas fotos que ilustrarían la historia que ya tenia escrita en mi cabeza.

Hoy me levanté con la intención de escribir mi entrada a primera hora, mientras desayunaba, descargue las fotos que tomé la tarde anterior con el teléfono y para complementar me puse a buscar alguna imagen en la que apareciera un koala comiendo y ahí se desbarató todo.

Mi historia iba sobre lo que sería un paraíso alimenticio para un koala, una plantación de bambúes que al estar en una casa abandonada creció desproporcionadamente al punto que dificultaba el pasó por la acera y en su interior se podía ocultar cualquier cosa, pero resulta que los koalas no comen bambú, comen eucalipto.

Para mi los koalas se alimentaban de bambú igual que los pandas, estaba segura de eso!! Decidí usar mi ignorancia como base de la anécdota...con mis limones hice una limonada!!

viernes, 28 de noviembre de 2014

Los Kualas de mi País


martes, 25 de noviembre de 2014

Gesto de koala

Me estaba quebrando la cabeza con la palabra Koala.

A punto estuve de copiar lo leído y decirles que yo también tuve un prendedor de koala cuando era adolescente, tal y como Miriam.

O que también confundía a los koalas con osos, cuando en realidad son marsupiales, tal y como lo hacía Elena y que vine a aprender la diferencia cuando empecé a dar clases de biología (algo tarde pero lo aprendí)

Y entonces Sheldon Cooper vino en mi auxilio. Estaba viendo un capítulo de la serie La teoría del Big Bang de la 5a. temporada. No me aprendí los diálogos pero la trama aproximadamente es así:

En una de sus citas mensuales, Amy comparte con Sheldon uno de sus mayores logros y Sheldon, no solo lo ignora, sino lo minimiza. Por lo que Amy se molesta con él.

Penny le dice a Sheldon que Amy compartió algo bueno para ella con él, que debía mostrar alegría.

Él replica que cómo hace eso si no le interesa lo que ella dijo. Penny dice, finge! Piensa en algo lindo cuando sonrías.

Sheldon dice que lo único que lo hace sonreír son los koalas. Pero que Amy reconocería su gesto de koala.

Y efectivamente, así es, Amy no le cree cuando se disculpa y sonríe felicitándola por su logro, ya que reconoce el gesto. Sin embargo se pone feliz con la tiara de diamantes que él le compra.

Y me quedé pensando, todos somos distintos, todos tenemos gustos e intereses diferentes. Lo que a uno algo le emociona, para otro debe ser aburrido.

Sin embargo, creo que parte del cariño consiste en celebrar lo que la otra persona nos comparte porque para ella eso es importante, por eso nos lo cuenta. Y no es que tengamos que fingir, sino simplemente mostrar un poco de empatía, para hacerle saber a la otra persona que nos importa, así tengamos que poner… un gesto de koala.

La imagen la saqué de aquí: http://24.media.tumblr.com/tumblr_m11yhwo8xA1rog90no1_250.gif

Mi koala

Cuando elegí esta palabra de la lista que nos enviaron, porque si, yo soy una de las responsables que la hizo ganar, jeje, lo hice pensando en un pequeño koala que recibí como uno de los primeros regalos que me hiciera mi novio, por eso al leer koala, mi menté voló muchos años atrás y ahora al ver que ganó, no me cuesta hablar de aquel regalo :)

Este era un prendedor de fieltro, de un koala muy bien hecho, estaba en una posición parecida a ésta que está en la imagen, era de color gris y al hacer presión en la espalda se abrían sus patitas y manitos y era entonces cuando uno podía ponerlo en el borde de un suéter, en el cuello de un abrigo, incluso en la tapa de un libro o de un cuaderno.  Era una preciosidad y despertaba muchos halagos, no sé dónde lo compró porque nunca vi otro igual.


Al leer sobre la palabra de la semana fui a buscar entre los objetos del recuerdo, porque pensé que estaba por ahí, pero no lo encontré así que me puse a buscar en la web pensando que de repente ahí lo encontraría pero no, no estaba, lo que encontré fue una pregunta en Yahoo respuestas, donde alguien solicitaba información de prendedores de koala de fieltro, pero no obtuvo respuesta, la pregunta me hizo sonreír al pensar que no fui la única buscando el mentado prendedor.





En esta otra imagen vemos a un koala real, así es como realmente se veía mi pequeño koala, en la solapa.  ¿No es hermoso?




Crédito de imágenes: koala en fieltro  koala en su hábitat

lunes, 24 de noviembre de 2014

Asunto de familia

Este verano pasado estuvimos unos pocos días de visita en Suiza. Aunque nuestra idea original era ver sólo Zürich y, con suerte, los alrededores, nuestros anfitriones nos organizaron visitas a varias ciudades de la parte alemana de este país: San Galo, Lucerna, Zürich, Basilea, Lauterbrunnen (desde donde subimos a los Alpes), Baden y Berna, la capital.

El casco antiguo de Berna, visto desde la otra orilla del río Aare.

Uno de nuestros amigos ha pasado varios años trabajando y estudiando en esa última ciudad y nos regaló un paseo por su parte antigua para mostrarnos los lugares más representativos. El casco histórico es de esos sitios que hay que visitar alguna vez en la vida. Allí se siente uno como en medio de un decorado de película medieval, con flores en todos los balcones, ventanas de madera calada, y hasta un reloj del que salen autómatas en las horas en punto (el más antiguo de su tipo que sigue funcionando). 

La calle central con el reloj al fondo.
En una de estas casas vivió Einstein.


Hubo algo en particular que me llamó la atención: en todas partes de una forma u otra había alguna alusión a osos, desde una calle en el centro que tenía varias fuentes y en cada una había una escultura de uno o varios osos, hasta el gran oso en medio del escudo de la ciudad.

Y es que -nos explicó nuestro amigo- en el origen de Berna hay una leyenda que cuenta que a principios del siglo XII el duque Berchtold V, su fundador, le puso el nombre del primer animal que cazó en su territorio y que resultó, adivinen, un oso ("bär" en alemán). Hay otra explicación del nombre que habla de antiguas palabras celtas, pero resulta mucho más aburrida. Así, casi desde la fundación de la ciudad el oso se considera su animal protector, y se mantienen algunos ejemplares en un recinto al lado del río conocido como "el foso de los osos". 

Bueno, se preguntarán ustedes a qué viene toda esta historia sobre osos y ciudades medievales. Resulta que nunca he ido a Australia, donde me imagino que sea más común ver koalas, y en los zoológicos que he visitado no ha habido ninguno. Vamos, que en mi vida nunca he visto un koala salvo en dibujos animados y en documentales de televisión. Así que pensando y pensando en este animalito me di cuenta de que, a falta de una anécdota, tenía esta historia reciente de la visita a la linda Berna, la ciudad de los osos, y como los koalas también son osos (o casi)***... pues todo queda en familia.

_________________
***Nota: Los koalas en realidad no son osos sino marsupiales, como los canguros, pero como toda mi vida escuché "oso koala" la asociación me fue inevitable.

Jornada de Voluntariado

Mis zapatos al terminar la jornada
Barrio el Paraiso 09/11/2013

Cuando estaba en la universidad asistí a una jornada de voluntariado, se llamaba voluntariado Libertador, por el nombre de la universidad, consistía en ir a un lugar de difícil acceso a pintar las fachadas de unas casas que habían recibido mujeres cabeza de familia.

Era un sábado, por lo que la noche anterior no fui a mis clases de la madrugada, llegué muy temprano ese día a la universidad y ayudé a cargar algunas latas de pintura a los buses que nos iban a llevar, salimos una hora más tarde de lo programado. En el bus me encontré con unas chicas que había visto en origami y nos pusimos a hablar.

En el bus hablamos y todos los que íbamos nos presentamos, de que carrera éramos, nuestro semestre nuestro nombre y luego jugamos a recordarlo, todo esto mientras llegábamos a nuestro destino, luego de llegar todos empezamos a bajar lo que íbamos a usar para la pintaton. Lo que más me sorprende es la colaboración de todos. Nos dieron nuestros refrigerios a cada uno.

Caminamos alrededor de unos 20 minutos, por calles empinadas sin pavimentar y que por la lluvia se convirtió en un camino de fango, un chico se resbalo y terminó pintado, después de saber que estaba bien empezamos a reírnos todos, incluso él.

Nuestro grupo con las señoras que nos acogieron y al fondo las casas pintadas
Luego nos presentaron a la dueña de la casa que íbamos a pintar, era una mujer que nos sonreía cálidamente y que nos acogió con mucho cariño, se llama Marisol . Empezamos la labor, con mucho entusiasmo, hablábamos de cuando en cuando sobre la vida de nuestra anfitriona.

Hacía medio día nos dirigimos a un claro donde todos los habitantes nos prepararon un sancocho, que en lo personal no me gusta, pero que comí con entusiasmo y por no ser grosero, créanme cuando digo que estaba delicioso pero  no es de mi gusto.

Luego regresamos y seguimos con nuestra labor y se puso a llover, terminamos la casa de que empezara a llover pero la otra casa que teníamos asignada no pudimos por la inclemencia del clima.


Luego fuimos a un salón comunal donde nos abrazamos, nos dieron gracias y partimos nosotros de nuevo a nuestros hogares.

domingo, 23 de noviembre de 2014

La jornada de los viernes

Por elección de mi mamá les voy a hablar sobre mi jornada del día viernes, el día que todos los niños esperan en la escuela.

Comienza cuando entramos a la escuela a las 7:15 am. Nos formamos y rezamos, luego hacemos ejercicios matutinos como: "manos adelante", "arriba", "abajo", "descanso, atención... ¡firmes!" y después pasamos a las aulas.

Empezamos las clases con Ciencias Naturales, en la cual el profesor nos hace pasar, de vez en cuando, la materia del libro al cuaderno de borrador, y del cuaderno de borrador al cuaderno de a limpio, eso nos molesta mucho a mis compañeros y yo porque es muchísimo trabajo, más fácil sería que el profesor nos dicte para que copiemos en el cuaderno de borrador. y de allí pasar a limpio. Eso sería menos cantidad de trabajo pero tendríamos que escribir más rápido porque el profesor dicta muy rápido, así que mejor nos quedamos copiando nomás.

La siguiente clase en Languaje Art, materia que adoro porque el profesor es muy joven, tiene 21 años, es moderno y nos comprende bien. Nos suele pasar películas, nos manda pocas tareas y nos ayuda en los exámenes. Es el mejor profesor que me ha tocado.

Luego viene la clase de Lenguaje, la miss suele estar enojada casi todas las clases, pareciera que dice "me toca dar clases con 6to B, tengo que poner cara de enojada".

En la siguiente hora tenemos Laboratorio de Ciencias Naturales. Me gustaba la materia hasta la semana pasada, ya que la miss ha recibido las órdenes de hacer la clase basada en lo que el profesor de Ciencias Naturales haya dado. Antes era muy divertida porque hacíamos cosas como mermelada de frutilla, una veleta, una pecera artificial, etc. Pero ahora, en la última clase nos ha dictado materia y eso ya no es divertido :(

En Estudios Sociales la miss, afortunadamente, se ha ablandado un poco, como si hubiera escuchado mis quejas de la semana pasada ("quiero que mi maestra de historia pase a la historia") jajajaja.

Y luego viene Proyecto Lector, una materia que consiste en que todo el grado tiene que leer un libro y luego con el profesor hacer un análisis oral. Por mi parte, estoy fascinada con la clase porque hay que leer, pero yo creo que muchos de mis compañeros a quienes no les gusta leer, no toman en serio la clase y se ponen a molestar.

Después de todo esto viene la hora de salida, en la cual la nueva directora nos obliga a bajar formados. A nadie le gusta eso porque la hora de salida para nosotros es una hora libre de poder correr en los pasillos sin control, pero, gracias a la directora, ya no podemos hacer eso y eso nos molesta mucho.

Esa es mi jornada el día viernes, sin contar los recreos, si tengo tiempo, les contaré sobre otros días en futuras entradas.



La monjita a la que le gustaban los cuentos

Cuando pienso en la palabra "jornada" lo primero que viene a mi mente son las jornadas escolares. Aquellos tiempos lejanos en que estudiaba los primeros grados de educación básica y donde todo parecía novedoso y diferente. Estudié en una escuela de monjitas, en tiempos en que la educación se dividía en escuelas para niñas y escuelas para niños, y si bien eso nos quitaba la ventaja de la convivencia entre ambos sexos, también nos daba la libertad de comportarnos más libremente, sin cohibirnos por lo que dirían los muchachos. Es poco lo que recuerdo de aquellos primeros años, sin embargo les compartiré algunas de estas memorias.

Recuerdo por ejemplo, que cuando estaba en primero o segundo grado de primaria, la jornada escolar estaba dividida por dos periodos de recreo: cada uno de aproximadamente 20 minutos. En el primer recreo no había novedades, podíamos circular y correr por todo el patio sin problemas, pero ¡ay! de que alguna de nosotras se atreviera a acudir al rincón izquierdo del patio durante el segundo recreo, lo más probable era que algo terrible le ocurriera, pues se corría la voz de que el diablo se aparecía allí durante ese período. El porqué el diablo esperaba al segundo recreo para aparecerse es todavía un misterio al que no le encuentro solución ni respuesta jajajaja.

También recuerdo que en la parte posterior de la escuela había una puerta de garaje que estaba cerrada con una cadena y un candado, lo cual impedía que cualquiera pudiera entrar o salir sin tener la llave, pero si era posible que templando la cadena al máximo, se hiciera una pequeña abertura en la parte inferior. Era allí cuando, al grito de "si pasa la cabeza, pasa el cuerpo", nos arrastrábamos por el piso para salir de la escuela 5 minutos antes que el resto de las alumnas. Por suerte todas éramos unas flacas cabezonas y ninguna de nosotras se quedó atrapada en esa puerta :D

Otra de las situaciones que viene a mi mente fue cuando estaba en primer grado,
Las niñas del primer grado de la escuela.
La monjita al frente es la hermana Teresa y
el ángel desgarbado vestido de rosado que está
a la izquierda soy yo
mi mejor amiga de toda la vida, Rossanna (sigue siendo my BFF) y yo estábamos jugando durante las clases con unos pequeños naipes que habíamos llevado y que nos mantenían distraídas mientras la hermana Teresa daba la clase. Tan distraídas estábamos que no nos dimos cuenta cuando la hermana se acercó a nosotras con un gran metro en la mano y nos dio un golpe en la cabeza a cada una de nosotras, eso además de confiscarnos los naipes. Cabe recalcar que cada vez que Rosy y yo nos acordamos de ese episodio nos morimos de la risa, y no acusamos ningún trauma sicológico por el uso desmedido de la fuerza de parte de nuestra maestra jajajaja.

Por cierto, durante ese mismo año, al final del período lectivo era costumbre que la maestra y los padres de familia organizaran un viaje para festejar a los niños. Viviendo al pie del mar, lo más lógico era llevarnos a un día de playa, y allí estábamos: las alumnas, la hermana Teresa y algunos padres, felices rumbo a la playa de Ayangue, de aguas sumamente tranquilas, a disfrutar de un merecido día de juegos y descanso. Todo iba como de costumbre, todas las niñas remojándonos como pasas en el mar desde que llegamos, hasta que una extraña se acercó a nuestro grupo y empezó a hablarnos. Consciente de las advertencias de mi mamá de no hablar con extraños, salí corriendo del agua a informarle de esa extraña mujer que se nos había acercado, cuando mi mami, entre risas, me aclaró que aquella extraña no era otra que nuestra maestra, la hermana Teresa, que despojada de su hábito y su velo, disfrutaba con una cómoda ropa de baño de las delicias del mar. Yo no la había reconocido y tardé un poco en relacionar a aquella mujer con mi maestra. Cosas de la niñez jejeje.

Y ya que hablamos de las monjitas, no puedo dejar de mencionar a aquella cuyo nombre olvidé, que era la encargada de administrar la librería de la escuela. Acudir a ese rincón era delicioso, lleno de cuadernos, libros, estampas, lápices, borradores, todo con ese riquísimo olor a nuevo y siempre con algo nuevo para sorprendernos. Pero esa monjita, que era tan eficiente administrando el negocio, tenía una pequeña debilidad: adoraba los cuentos, y por alguna razón, terminó enterándose de que yo, ávida lectora, me sabía muchísimos cuentos (de los tantos comprados por mis padres). Ni corta ni perezosa, cada recreo me acercaba a la librería y le proponía contarle una historia, ella tomaba asiento y escuchaba a una pequeña niña parlanchina que se enorgullecía de su capacidad de cuenta-cuentos y de su selecto público, y que al final, era recompensaba con un lápiz nuevo o con una estampita. Recuerdo, al final del año, que dicha monjita me regaló una pequeña iglesia de color verde, decorada con detalles de color dorado, y cuyas campanas se movían. Fue un regalo precioso que conservamos en casa durante muchos años y que pasó a formar parte de la decoración del nacimiento que año a año colocábamos en mi hogar. No sé si aún está entre las cosas que guarda mi mami, pero sé que está siempre en mi memoria como el recuerdo de la monjita a la que le gustaban los cuentos.



UNA JORNADA NO PLANIFICADA, PERO INOLVIDABLE

Colaboración de Luisa Adriana

No son muchas las acciones que pudiera comentar acerca de “Jornada”, todo participamos de las laborales, de las de estudio, de las duras jornadas de estudien casa o con amigos en trabajos y tareas académicas; así que una específica solo ahondaría en alguna que pudo ser incluso trivial. Queriendo dar algo de mayor importancia a algún día, tengo muy fresco en mi mente, la visita que Cecilia hizo a nuestra ciudad este año, entre muchas cosas que yo quería planear, que esperaba todo fuera supremamente agradable y en un solo instante conociera una ciudad de 1178 km 2 , algo más que utópico, pero bueno era la ilusión.

Acá el Cerro de Monserrate visto desde la ciudad
Crédito de imagen
En mi ciudad está el cerro de Monserrate, al cual casi por obligación todos nacidos y visitantes deben conocer. Yo no lo había incluido en el programa, pues no me gusta, y le había comentado a Christian, para que dentro de su tiempo lo pudiera organizar, prefería no ir yo, no es un programa de mi agrado, creo había ido dos veces y en mi vida, eso ya era suficiente.

Pero bueno, nuestra Jornada de viernes con Cecilia, considere decirle que era importante el centro de la ciudad, lo típico, lo colonial, museos; almorzar algo típico, estuvimos en un restaurante sencillo, donde ella conoció dos platos de nuestra tierra, caminamos, de aquí para allí, y seguimos un medio plan; estábamos en una calle cerca al Palacio de Nariño, casa del presidente y gobierno; y llamamos a mi esposo Héctor, porque él había quedado con unos amigos, para esa noche, y no sabíamos si invitar o no a Cecilia, hasta tanto no le consultáramos ; entre llamada va y viene, entre que sí y que no, no hubo plan con ellos. Entonces comenzamos a caminar por la Candelaria, que es la zona colonial; en alguna cuadra yo divise la inmensidad de Monserrate, y se me cruzo la loca idea de decirle que nos fuéramos para allí, ella claro, sorprendida, pero no que no te gusta, y me dije si no es hoy es nunca, no habrá más tiempo y no te puedes ir sin conocerlo.

SUBIDA AL CERRO

Crédito de imagen
Como no conocía el cómo ir y venir de allí, mi esposo al teléfono nos orientaba, yo me confundí de la calle donde debíamos estacionarnos para tomar un taxi, hasta la entrada al lugar, la hice subir y bajar por calles empinadas, porque se me dio que nada tendría sentido si no estábamos allí antes de que el atardecer se diera. A pesar de ser una tarde muy fría y encapotada. Llegamos, subimos al funicular, y llegamos a la cima, Admiramos, realmente se admira mi bella ciudad desde allí, subimos las escalas hasta donde hay un aviso que te dice que estamos a más de 2600 mts, del nivel del mar, sin aire,  riéndonos de todo, y comentando todo. Luego nos hicimos junto a unos muros a observar el atardecer; desde allí le enviamos una foto y mensaje a Christian, contándole donde estábamos; seguro me creía loca…jajaja.

Crédito de imagen
Creo que de todo lo que pudimos compartir ese atardecer fue lo que acrecentó nuestra cercanía, conversamos muy delicioso, de nuestras vidas, y dejamos paso a poder observar desde allí, detalles de la ciudad, por esos días se hacía un homenaje a Gabo, en un edificio de la ciudad el Colpatria, el más alto estaba decorado con un juego de luces que hacían un baile de las mariposas amarillas, lo vimos completo, Ceci, lo grabo, terminamos de recorrer y conocer el lugar, hay dos restaurantes, hasta que de pronto el frio nos fue calando y decidimos regresar. Bajamos al estar en la puerta, intente recordar como me había explicado Héctor regresar, de nuevo yo me equivoque y tomamos una buseta que nos recorrió los barrios aledaños de la zona, arriba aun, subía y subía, y yo, nooo por favor debe es bajar, después comenzó a hacerlo, y pasamos frente al ingreso de Monserrate, y le dije a Cecilia, ah!! No había que cruzar la calle, esperábamos al frente.

De esta “jornada” sin premeditación, además de la grata compañía, de robarle a Christian el privilegio de llevar a Ceci a conocerla, aprendí como ir y venir de Monserrate, el símbolo emblemático muy  alto de mi ciudad. Quien venga pronto, puede estar seguro que los llevare por buen camino.

Vista desde Monserrate, el que sobresale es el edificio Colpatria.
Vista Nocturna.  (Crédito de imagen)

______________________________________



Soy Luisa Adriana, Colombianísima, amante de la vida, las letras, la música, profundamente entregada a vivir tranquila en armonía, con mis adorados hombres. Anhelo en este espacio con tan grata idea poder compartir ideas que te quedan rondando en la cabeza.

Una Jornada que marcó mi camino


La palabra Jornada me remite a trabajo...sobre todo a jornadas especiales...  Cuando estaba en la universidad participábamos de jornadas de alfabetización de adultos y luego cuando trabajaba en la escuela teníamos media docena de veces al año Jornadas de Perfeccionamiento docente.  En ambos casos las recuerdo como algo que no aportaba nada útil, donde tomábamos mate y hablábamos de cualquier cosa mientras hacíamos tiempo para que llegue la hora de ir a casa.

Pero... por suerte acá tengo un pero...cuando comencé a trabajar en turismo, las Jornadas de Capacitación se convirtieron en lo mejor del año!!!  A veces duran un día o dos, pero pueden durar una semana o mas. y Siempre significa que me enviarán a aprender algo a algún lugar adonde no podría ir si tuviera que pagarlo con mi sueldo jajajaj

He tenido Jornadas en hoteles de lujo, jornadas en viajes de varios días a lugares preciosos, en hermosas oficinas con vista al río..el 12 de diciembre tengo una capacitación organizada por la compañía MSC de cruceros..en fin, un apostolado lo mío.

Pero como tengo que elegir algo especial que decir sobre las Jornadas, me quedo con la primera capacitación de turismo que hice.  En el primer año de la universidad tenía un profe que me encantaba. El tipo no sólo me parecía guapo y elegante, sino que además era todo lo que yo quiero ser en la vida: culto, viajado, exitoso y rico.  Dueño de su propia empresa de viajes, profe y coordinador de toda la carrera de turismo en la universidad.  La cuestión es que como el profe me gustaba tanto, me esmeraba mucho en sus clases y terminé llamando su atención.  Fue el primero en darme una oportunidad para trabajar en turismo y fue como mi Pigmallion.  Su empresa organizó una capacitación en Mendoza, una provincia Argentina al pie de la cordillera de los Andes y el profe me llevó con él.  En esos 5 días comprobé varias cosas:  que no me había equivocado en la elección, que el turismo era a lo que me quería dedicar, aprendí a amar mi carrera.  Y además me gané el corazón del profe, que hasta hoy sigue siendo la figura más influyente en mi vida.  Hoy, años después, ya somos colegas en la Universidad, seguimos siendo muy unidos, hemos viajado juntos, compartimos las alegrías y tristezas de la profesión, salimos a cenar o vamos al teatro.  Así que, resumiendo, una simple jornada de capacitación cambió mi vida.

La foto es de ese viaje.  Mi profe amado, Raúl, es quien está a la izquierda, con anteojos oscuros.   


La jornada del Festival Presidente y los años

El Festival Presidente de Música Latina
, un festival organizado por Cervecería Nacional Dominicana en "agradecimiento" al apoyo que siempre ha recibido la cerveza Presidente, tuvo su primera versión en 1997, una jornada de 3 días que mezclaba artistas nacionales e internacionales, los más populares en ambos casos. Durante esos 3 días, la fiesta se extendía desde las seis de la tarde hasta... hasta que se acabara, todo dependía de cuanto cantara un artista o de cuanto se tardaran en el montaje entre un artista y otro.

Esa primera jornada del Festival Presidente incluyó a Marc Anthony en los inicios de su carrera, Gilberto Santarosa, Enmanuel, Alejandro Fernández, Carlos Vives

Ricky Martín (estos últimos tres repitieron al año siguiente) Ana Barbara y Thalia  que fue el gran fracaso de la jornada, la trajeron contando con su popularidad en Las Marias y no logró conectar con el publico que la dejó prácticamente sola, y unos cuantos artistas más; eran entre cinco y seis artistas por noche y yo fui a cada una de esas noches. La primera noche, viernes, salí del trabajo directo para el estadio y en las dos noches siguientes salíamos cerca de las tres para ubicarnos en un lugar de nuestro agrado, obviamente lo más cerca de la tarima posible.

Para la segunda versión, se incluyó a Maná, Azúcar Moreno, Niche, DLG súper popular en esa época; Juan Gabriel fue el abandonado de ese año, exigió cerrar la noche y el público se fue al concluir la presentación de Maná. Alejandro Fernández se robo el show al cantar más de 30 canciones bajo un aguacero hasta las dos de la madrugada, llegué a mi casa cerca de las tres para estar en el estadio nuevamente a las cuatro de la tarde para la última noche que cerró Ricky Martín.

Para 1999, estuvieron Shakira, Chayanne y regresó Marc Anthony. Durante esas tres primeras jornadas del Festival Presidente, no falté una sólo noche, no importaba si los artistas me gustaban mucho, poco o nada, a todos (salvo a Thalia y Juan Gabriel) los salte y cante sus canciones como si fueran mis favoritos, incluidos a los locales.

Para el 2000, alegando crisis por el aumento de los impuestos a las bebidas alcohólicas, no hubo Festival; regresó para 2001 con la novedad de que sería cada dos años. Para las tres siguientes jornadas (2001, 2003 y 2005) se estrenaron Alejandro Sanz, La Ley, Arjona, Juanes, Montaner, Bisbal, Julieta Venegas, Diego Torres, Franco de Vita, JLo...y repitieron Chayanne, Marc Anthony (nuestro gran consentido), Maná, entre otros. Para esta segunda etapa, después del 2001, no fui a toda la jornada,

aunque para el 2003 compré boletas para  las tres noches, luego de ir los dos primeros días el cuerpo no me respondió para el tercero y en ese momento sentí el peso de los años!! Para el 2005, compré boletas sólo para dos noches, no recuerdo cuales, creo que obvie la noche de Julieta Venegas. Nunca dejaría de ver a Marc o a Chayanne!!


Para el 2007 y 2009, tampoco tuvimos Festival, volvió para el 2010, en esta ocasión fui una sola noche que incluía a Fonsi, Luis Enrique, Tito el bambino y Juan Luis Guerra. Por  JLG hice el sacrificio de ver a Tito y de remontarme atrás, bien atrás con Luis Enrique que había pasado de moda hace tiempo.

Ese año fue excelente, no teniamos que esperar entre un artista y otro porque implementaron un escenario con doble tarima, mientras un artista cantaba en una,  habilitaban la otra para el siguiente

Durante los próximos tres años nos quedamos sin festival por las negociaciones de fusión entre Cervecería Nacional Dominicana y AmBev, volvió este año pero ya no sería sólo de música latina.

Por más que traté de buscar una opción para ir por lo menos a una noche, sólo veía los "peros". Quiero ver a Calle 13 y a Tiesto PERO tendría que ver a esos que no se quienes son (Duck Sauce) y a los urbanos locales, además si quisiera tanta musica electrónica hubiera ido a Barbarella... Me gusta Maná PERO los he visto tantas veces dentro y fuera del Festival y encima tendría que ver a Anthony Santos... Sería bueno ver a Bruno Mars PERO aguantar a Daddy Yanke y los salseros como que no... Y no fui ni un sólo día.

Atrás quedaron los tiempos en que iba al Festival Presidente sin importarme mucho los artistas que estaban como relleno de mis favoritos, esos que aunque no me gustaran los cantaba y saltaba toda la noche, que no me molestaba la espera entre uno y otro y que al día siguiente estaba como nueva para repetir todo el trajín; ahora me fijo más en el relleno que tendría que soportar para ver a los que me gustan y me digo que ya no estoy en edad para esos trotes!!

sábado, 22 de noviembre de 2014

Jornadas de pesca en Galicia

Colaboración de Releante

 Hola a todos. Primero pediros disculpas por no haber escrito hace tiempo, pero entre la operación, preoperación y rehabilitación, no tuve mucho tiempo, aunque, la conexión telefónica a internet me permitió leeros con asiduidad. Así que ahí va el de esta semana.

 Jornadas hay muchas, a la cabeza me vienen últimas jornadas de la liga, dónde mi Dépor descendía, donde perdíamos una Liga en el último minuto de la última jornada de la liga (lloré como un bebé, debo reconocerlo) al fallar un penalty en un partido contra el Valencia que le daba la liga al Barcelona del encarcelado Núñez. O de esa última jornada, de unos años después, cuando ganábamos la liga ante el Español  de Barcelona en Riazor (también lloré como un bebé). Pero jornada no solamente es una cuestión futbolística, también es la jornada laboral, por ejemplo, aún me acuerdo de mi primera jornada en la fábrica, recién salido de la universidad, un crío, en comparación de los hombretones que allí trabajaban. Fue una jornada dura, pero fue la primera de muchas más, doce años llevo dando el callo, desde aquel, dos de Diciembre de dos mil dos. Pero también hay más jornadas, además de la del trabajo y de la liga de fútbol. A mi una, que espero año tras año, es la jornada de pesca, de pesca de río. Soy un gran aficionado a esta disciplina deportiva. Mucho tiene que ver, el vivirla  con mi padre y con mi tíos, los que me engancharon a este deporte. Nunca me olvidaré de esa primera jornada de pesca en los ríos Gallegos. Yo y mi padre, mi padre y yo, uno por cada vera del río. Una ligera lluvia caía sobre nosotros y sobre el río Anllo, afluente del Miño. 



No llevaba mucha agua, así lo había elegido mi progenitor para mi primera jornada. Vamos por dentro del río, lanzando nuestras cucharillas contracorriente. El agua limpísima y pequeños regueros de algas a lo largo del río, los árboles que cubrían el curso del río y nos protegía de la lluvia y de los pocos momentos de sol. Más que pescar, yo me dediqué a admirar a mi padre como hacía, el arte que tenía y tiene para esto, y que tanta fama le ha dado por estos lares. Lo miraba e intentaba imitar, pero cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia. Cada poco tiempo una trucha venía adosada a esa cucharilla que mi padre había hecho con sus propias manos, su alumno, bastante le llegaba con no caerse y darse un buen chapuzón. Lo intententé e intenté, pero nada de nada, de vez en cuando, algún tirón  hacía la ilusión de traer una pieza al otro extremo del sedal, pero nada más lejos de la realidad, en cualquier caso, algún trozo de alga o algún enganche en una rama, producto de un mal lance. Pero el volver a casa con cesto vacío, y acompañado por mi padre, con cesto lleno, no hizo menguar mis ganas por repetir jornadas, es más, aumentó mi deseo de volver. 
Y así fue, año tras año, espero que llegue la primera jornada de pesca de la nueva temporada. Con los años uno va mejorando, y el cesto, rara vez vuelve vacío, pero esto no siempre es lo importante. El poder caminar por los ríos, con el único ruido del agua, solo con tus pensamientos, da para mucho. Pararte a la sombra, a tus pies una corriente de agua, de fondo un hermoso y tranquilo paisaje, haciendo un impás `para comerte un bocadillo con una cervecita, para coger fuerzas y continuar con la jornada. Luego, como no podía ser menos, juntarnos todos y contarnos las hazañas y anécdotas del día, eso si, como buenos pescadores, exagerando lo más posible, en cuanto a tamaños y número de piezas. Este año no pudo ser, por culpa de mi rodilla, no pude estrenar la temporada. Recién operado, espero estar listo para la próxima temporada y su primera jornada de pesca del año. Eso si, la jornada no es de un día, ya que, la jornada no acaba, hasta que preparas unas buenas truchas, con su pizca de sal y de pimentón, con su tira de bacon o jamón por dentro, bien torraditas a la sartén. o si hubo suerte, y picó una de buen tamaño, hacerla al horno y disfrutarla entre varios. Solo espero, poder disfrutar de esta afición durante muchos años más, años con sus temporadas y temporadas con sus jornadas, y si puede seguir siendo con mi padre, pues mejor que mejor. Un abrazo.


______________________________________
Hola, soy Releante, y además de estar súperagradecido e ilusionado por estar aquí con vosotros, estoy también asustado. Soy un sencillo hombre de una pequeña ciudad de España, La Coruña. Marido, casado y felizmente casado, soy padre de dos hijos, niña y niño. No soy ni un gran literato ni un gran lector, debido al poco tiempo que tengo, y a lo bastante perezoso que soy, me cuesta echarle la mano a buen libro, por miedo a no poder acabarlo, pero trataré de corregirme. Espero amenizaros y que os gusten mis intentos de relato y también estar a la altura de vuestros escritos. Muchas gracias por acogerme y también deseo que disfrutemos juntos. Un abrazo.

Mi blog personal: El sillón de papá

jueves, 20 de noviembre de 2014

Una buena jornada

La palabra de esta semana me ha costado un poco. Jornada es un término muy amplio y cada idea que se me ocurría ya había sido tomada como la de La Jornada Ideológica Camilo-Che o las jornadas de vacunación. Pero la feliz coincidencia de una invitación por partes de mis amigas y mi cumpleaños me dieron el tema.

Mis amiga de Ecuador, Jessica, nos había invitado al resto de nosotras a una cata de vinos. Es algo que nunca había hecho antes y se me antojaba divertido. El día de dicha cata era ayer, 19 de noviembre y aunque no estaba muy animada porque la cercanía de mi cumpleaños (20 de noviembre) siempre tiende a deprimirme, me puse mi outfit de invierno y salí.

La cata era en un lugar llamado Instituto Cervantes, en un salón más bien pequeño e íntimo. Habríamos máximo 30 personas. Una mesa larga, copas, papas fritas, encurtidos, quesos y botellas de agua para enjuagar las copas tras cada degustación.



Se catarían 5 vinos, dos blancos y tres tintos. Allí nos enteramos lo que cambia el sabor según el tonel en que estén almacenados los "caldos" como les dicen en argot de la industria. Que hay vinos blancos afrutados preferidos por las mujeres y otros más secos y masculinos. Que teníamos que tener cuidado con el primero de los tintos que catamos pues si nos caía una gota en la ropa...la mancha no saldría.



También que, por muchas patatas y quesos y encurtidos, después de probar el cuarto vino ya estás más que entrando en calor y con una sensación de bienestar muy agradable. Fue una experiencia novedosa y muy divertida ya que era todo un show ver como a los hombres y mujeres muy blancos de tez se le subían los colores. Por suerte nosotras, latinas al fin, no tenemos ese problema y lo que si se nos puso una cara de felicidad de campeonato.



Fue la noche perfecta para esperar mi cumple..y una jornada muy bien aprovechada!!!!!

Como la de hoy, que comenzó con mi hijo felicitándome antes de ir al cole y dándome su postal y su regalo junto a mi esposo (aunque él me lo dio la noche antes..a las 12 y 1 minuto). Como dije antes me deprime un poco mi cumple lejos de mi madre y mis amigos de la infancia y el día de hoy no ayudaba pues amaneció con vientos de levante, lluvia y el cielo más plomizo hasta ahora. Pero es como dicen...la compañía lo hace todo, así que fui con mi esposo a almorzar a un bar de tapas y esperar a que mi niño saliera del cole y celebrar el cumple en familia.



Dulces, happy birthday en inglés y español y una tarde de celebración con mi hijo, esposo y familia más cercana, más hablar con mi madre han sido el colofón ideal de una jornada que auguraba depresión y tristeza...y el preludio de la de mañana...viajar con mi esposo a conocer Roma y seguir celebrando la jornada cumpleañera. Total...si la jornada Camilo-Che es todo un mes, quién dice que los 35 no se pueden celebrar durante cuatro días??. Al menos yo no...y me propongo demostrarlo.

Así que termino mi entrada y mis maletas, me siento en mi sofa con un buen vino blanco, jamón serrano y quesos y mi esposo al lado...y me despido de todos hasta el martes. La Citá Eterna me espera!!!!

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las Jornadas de Vacunación

Allá por los años 70, cuando yo tenía entre 14 y 15 años, no lo recuerdo muy bien, estudiaba alguno de los ciclos básicos, se realizó una jornada de vacunación contra la poliomielitis, para lo cual tomaron en cuenta a estudiantes del nivel medio.  Era una campaña masiva para alcanzar a la mayoría de niños comprendidos entre uno y cinco años.

Recuerdo que iban de aula en aula preguntando quién quería participar, en ese entonces yo era una chica muy inquieta, con deseos de hacer muchas cosas, no dudé en ponerme de pie y decir presente, yo quiero ir :D, para mí era una oportunidad de poner en práctica algo que deseaba hacer: estudiar medicina.

Así que una mañana muy temprano, nos reunimos para ir a los lugares más apartados, al campo, a las montañas, a los cerros, formamos parejas para ir casa por casa aplicando la vacuna.

Esa vacuna era bebible, no sé qué sabor tenía pero no debe haber sido muy agradable, ya que teníamos unos terrones de azúcar donde poníamos dos gotas del líquido y luego se los dábamos a los niños.  Busqué alguna imagen de los terrones de azúcar pero no la encontré, así que puse la que más se parecía a lo que teníamos que hacer.

Por supuesto que la tarea no era nada fácil, había hogares donde escondían a los niños, qué podían pensar las madres al ver a dos chicas adolescentes dándoles un terrón de azúcar con un líquido rosado a sus pequeños, teníamos que convencerlas que era por su bien, le hablábamos de lo terrible de la enfermedad, algunas cedían y permitían que se lo diéramos pero otras no, gracias a Dios fueron muy pocas.

Lo más grato del día, fue recibir invitaciones para comer, en medio de la pobreza y necesidad de las personas, muchas querían compartir sus tortillas, huevos revueltos, chirmol, café, cualquier cosa con nosotras, nos decían que andar caminando bajo el Sol, entre el polvo y con carga, debíamos estar muy agotadas, que descansáramos un poco mientras nos preparaban algo para comer, realmente fue algo muy hermoso.

Lastimosamente en ese tiempo no teníamos cámaras digitales y las otras no estaban al alcance de nuestras posibilidades, así que no pudimos tomarnos fotografías de aquellos momentos, pero encontré una que más o menos ejemplifica la manera de hacerlo, las madres sostenían en sus brazos a los niños pequeños mientras les poníamos el terrón en la boca, esperábamos un momento para comprobar que lo diluían y luego tomábamos a otro niño.  Fue algo muy agotador pero muy satisfactorio, terminamos muy cansadas pero felices.  Afortunadamente, creo que en el año 1,997 o por ahí, la poliomielitis fue erradicada de nuestro país, ya no hay más niños con muletas o hierros en sus piernas para poder caminar. 

Crédito de las imágenes: Bebé vacunado - Jornada de vacunación


martes, 18 de noviembre de 2014

LA JORNADA DE UNA SAMARITANA

Cada año en mi ciudad, se hacía una campaña de la Cruz Roja, con el fin de adquirir fondos para obras sociales, como yo estudiaba en un Instituto dependiente de esa Organización, se nos designaba para hacer esa actividad, no era obligatoria la tarea, pero a mis quince años me gustaba sobresalir en todas partes y mas que por obra social lo hacía por amor propio y la novedad de pasar un día navegando acompañada de varias compañeras, era algo tentador,  así que cuando pedían voluntarias, era yo la primera en levantar la mano.
Nos asignaron la tarea de recolección en un ferry que hacía el recorrido de una costa a otra del Lago, ya que aún no existía el puente que hoy las une.



La primera jornada fue emocionante, bueno emocionante para mis compañeras, nacidas y  criadas casi a orillas del Lago, por lo tanto acostumbradas a la travesía, pero para mi, una pobre montañesa, que solo había hecho ese viaje cuando llegó a esta ciudad,  acostumbrada a dirigirme a pie a todas partes, ya que mi ciudad tenía una superficie apenas comparada con la cuarta parte de ese recorrido, con muy pocos automóbiles y cuya única porción de agua era la del río que yo atravesaba de un lado a otro a pie o tratando de nadar.

La primera media hora, cumplí mi jornada lo mejor que pude, vestida con mi uniforme de estudiante de  Enfermería, elegante y pulcra,  alcancía en mano fui recorriendo toda la embarcación, pero no creo que fue media hora, solo media vuelta, mi cabeza comenzó a girar y girar, como pude llegué a un baño cuya cola era interminable, pero ignorando las enseñanzas de mi madre  y lo aprendido en el libro de cívica y buenas costumbres,  me pude colar entre tanta gente y llegar a tiempo para comenzar a vomitar, así pasé tiempo, hasta que una compañera, avisada por alguien me rescató.
Demás está contarles, que llegué con mi alcancía solo con algunas monedas, mientras mis compañeras las llenaron después de un día de cumplir triunfal mente su jornada.

Pero, valiente y dispuesta, no se si por terquedad o por masoquismo, al otro día, al llamado para otra jornada, la primera que levantó la mano fui yo, pero la Directora  con una  señal de negación  me dijo Usted al Hospital a seguir sus prácticas.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Hombre

no, no me equivoqué de palabra, es solamente que no recuerdo ninguna anécdota personal con la palabra Jornada, pero cuando la leí, me acordé de la hermosa canción Hombre de José Ma. Napoleón, canta autor mexicano, en donde la mencionan.

Si alguien no conoce la letra, se la pongo acá Y que les puedo decir, el mundo sería mejor si lo llevásemos a cabo.

Hombre de fachada triste
Dale al tiempo buena cara
No seas casi mar, ni casi río
O se mar, o río, o nada.

Hombre de mediana estampa
Dale vida a tu esperanza
No es mejor el que va aprisa
Para caminar distancias
Para caminar distancias.

Coro:
Hombre si te dices hombre
No interrumpas tu jornada
O harás de esta vida tumba
Y de la tumba morada
Si has de tener una rosa
Tienes que mirar la espina
Si no sabes del dolor
No sabrás de la alegría

No le pidas al señor
Hombre que te de una casa
Agradécele mejor
Que tienes vida y trabaja

De que te sirve la voz
Para que quieres palabras
Si te espantas al menor
Movimiento de aguas bravas

Coro
Hombre si te dices hombre
No interrumpas tu jornada
O harás de esta vida tumba
Y de la tumba morada
Si has de tener una rosa
Tienes que mirar la espina
Si no sabes del dolor
No sabrás de la alegría

No es mas hombre el que parece
Ni el que grita mas y espanta
Sino el que tiene en su voz
La verdad de su palabra

Ni el que tiene mas mujeres
Ni el que bebe mas y aguanta
Sino el que tiene una sola
Y una sed para calmarla

Coro
Hombre si te dices hombre
No interrumpas tu jornada
O harás de esta vida tumba
Y de la tumba morada
Si has de tener una rosa
Tienes que mirar la espina
Si no sabes del dolor
No sabrás de la alegría

Cara y cruz de una jornada ideológica

Crédito de imagen
No se asusten que no les voy a dar una charla sobre ideología, no es mi estilo, pero la palabra “jornada” más que al tema de una jornada laboral o similar me remite a mi infancia, a las “Jornadas Ideológicas Camilo-Che” que organizaban -y supongo que siguen organizando- cada año en la isla, sobre todo en las escuelas primarias y secundarias, del 8 al 28 de Octubre, fechas que marcan respectivamente la muerte de Ernesto Che Guevara y la de su mejor amigo en la isla, Camilo Cienfuegos Gorriarán. 

Era casi un mes de actividades: lectura de comunicados en los matutinos, mítines “espontáneos”, recreaciones de alguna batalla en la que hubieran tomado parte ambos combatientes, visitas a lugares relacionados con ellos... “Inyección en vena” le llamaban algunos adultos no muy contentos con este tipo de bombardeo ideológico al que éramos sometidos los niños, pero lo cierto es que para nosotros era bastante divertido. 

Montar aquellas representaciones era todo un evento. Debíamos disfrazarnos de guerrilleros, con uniformes color verde olivo, boinas a juego y unas botas enormes al momento de la representación y, por supuesto, cargar armas de juguete y pasarnos todo el rato imitando el sonido de las armas reales: "¡Rrrratatatata!", lo cual no difería mucho de nuestros juegos de siempre. Además, para los ensayos nos hacían saltarnos alguna clase, con frecuencia la última del día que era la que menos nos gustaba y eso, si no me equivoco, ha sido motivo de alegría para todos los niños en toda la historia de la educación universal.

Otra actividad que se solía hacer era ir a “tomar por asalto” otra aula u otra escuela. Nos salíamos de nuestra clase para irrumpir en otra y leer comunicados sobre la Jornada, declamar poesías (“El Che murió en Bolivia / con una estrella en la frente / alumbrando el continente / de la América Latina”) o cantar a coro una canción de la que sólo recuerdo el estribillo: “Camilo y Che, Che y Camilo, ¡nadie los olvidará!” -(¿quién sería el autor?) 

Pero lo que más nos gustaba, sin dudas, era irnos de excursión hasta el Malecón casi siempre alrededor del 28 de Octubre. La idea era arrojar una flor blanca (o la que se consiguiera) al mar en homenaje a Camilo, que desapareció al caer inexplicablemente su avión en alguna zona de las costas cubanas sin que lograran encontrarlo nunca. 

El cubano tiene fama de ingenioso, y a veces está bien ganada. Eran muchas las escuelas que no tenían cerca el mar y la solución que encontraron para cumplir con aquella actividad orientada por instancias superiores, fue arrojar las flores en algún río o estanque cercano o, en su defecto, en una piscina, fuente o cualquier recipiente con agua, así fuera una cubeta. Aquello debía funcionar como la homeopatía, digo yo, lo importante era homenajear al héroe arrojando una flor al agua. 

Nuestra escuela estaba en Lawton, un barrio para nada central de la Habana y bastante lejos del mar, por lo que no siempre podían llevarnos hasta allá. Lo que sí teníamos muy cerca era una casa en la que se decía que había vivido Camilo, frente a la cual había un busto con su imagen. Allí era donde casi siempre depositábamos nuestras flores en su honor. 

¡Ah, pero cuando sí lograban organizarlo todo bien, ese era día de fiesta para nosotros! Se suspendían las clases desde la mañana y nos llevaban en autobuses hasta algún punto del Malecón habanero y después de arrojar nuestra flor al mar, nos llevaban a pasear por la zona. Recuerdo incluso alguna ocasión en la que al final de esta actividad los profesores nos llevaron a Coppelia, La Catedral del Helado, que en ese entonces estaba en uno de sus mejores momentos.

Todo aquello tenía seguramente un sentido muy elevado pero para nosotros, los niños, que no teníamos mucha idea ni siquiera de qué significaba la palabra “ideología” que formaba parte de las Jornadas, no había otro fin en todo aquello que el de la diversión. Nos lo pasábamos genial. Eran horas y hasta días sin clases, visitas a otras escuelas, viajes de ida y vuelta en autobús, cantando y divirtiéndonos... Éramos niños y no pedíamos más. 

Crédito de imagen