martes, 30 de diciembre de 2014

MI ELEMENTO

Mi signo debería ser Piscis, me encanta el mar, utilizo  mis 5 sentidos ya que me encanta observarlo en su inmensidad, escuchar en el silencio de la noche las olas que revientan en la playa, que sus aguas no siempre tranquilas toquen mi piel cuando  me introduzco en él, oler el aire salino que emana y  alimentarme de sus productos, que son mis preferidos .

Hace 14 años que me vine a la ciudad  y lo que más añoro es el poder contemplar una puesta de sol teniendo como fondo el mar ya que soy de las personas que le agrada contemplar la naturaleza.
               Esta foto es tomada en Salinas-Ecuador

Sin embargo, el mar me jugó una pasada, cuando tenía  17 años, me fui  con una amiga a Playas, un balneario cercano a la ciudad, se caracteriza por sus grandes olas, no sabía nadar aún por lo tanto estaba asida a una palo de balsa, no me di cuenta  que el mar me había llevado  un poco lejos y cuando quise ponerme de pie no pude, le comenté a mi amiga lo que sucedía y ella que sí sabía nadar y muy cuerda me dijo: "voy a traerte de regreso a la playa, pero cuando me acerque a ti, no me vas a agarrar porque no podría nadar y nos hundiremos ambas, necesito que estés tranquila ya que no estás muy lejos"

Confié plenamente en ella, sumado que no estaba muy asustada y cuando pude ponerme de pie, lo primero que me prometí es que tenía que aprender a nadar y así fue, nado con estilo, es decir como los nadadores profesionales.

Aprovecho la oportunidad para desearles a todos los que participan en el blog un Feliz Año 2015, lleno de cosas nuevas y positivas.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Toma tu chancla

Nunca he navegado en el océano propiamente dicho, pero he tenido cercanía con el mar en las playas de México así que supongo que eso vale para la anécdota jejeje

Hace varios años mamá y yo fuimos a un lugar llamado Puerto escondido en el estado de Oaxaca

Fueron las primeras vacaciones que hicimos solo ella y yo. Y las primeras en las que yo aporté económicamente aunque no las pagué como las de Cancún que ya les platiqué.

Fue un viaje divertido,  hicimos varias cosas, entre ellas, nos pusieron a navegar en una lanchita, se supone que para ver delfines pero estos estaban de vacaciones, así que solamente vimos una tortuga de mar. Me tomaron la foto que lo prueba. El guía tuvo que acercarme a la tortuga porque me daba miedo jejeje

Y bueno, para nuestra mala suerte, el mar estaba picado, estaba la banderita amarilla y no podías entrar al agua.  Puerto Escondido nos dijeron es famoso por sus olas altas ideales para surfear

De todas maneras yo no sé nadar pero por lo menos me gusta meterme en la orillita y jugar a brincar las olas.

Así que mamá y yo nos contentamos con treparnos a las rocas, mojarnos los pies y caminar por la playa.

Y justamente cuando caminábamos por la playa mojándonos los pies, vino una ola fuerte que arrebató una de las chanclas de mis pies.

Al inicio quise correr a rescatarla pero mamá me dijo que no, que la corriente me arrastraría, así que me resigné con tristeza.

Y fue entonces cuando  al poco rato, el mar me dijo: "toma tu chancla", si, la ola habría traído de regreso mi chancla, parece que despreció a mi chancla viejita pero útil para mí jijiji

Les comparto fotos, son fotos de mis fotos jejeje Es que están en el álbum y no quise desprenderlas para escanearlas

mi mami y yo en la playa

La torguga y yo

Las olas de Puerto Escondido


Justo el día de la anécdota, aunque para subirme a la roca me tuve que quitar las chanclas si no me resbalaba




Un viejo amigo

A veces se me dificulta encontrar anécdotas para estas palabras. Al océano como tal lo he visto solo desde la ventanilla de un avión. Mi esposo ha cruzado en barco el Atlántico al menos dos veces y tiene una anécdota buenísima con el Ártico, pero yo nunca me he ido de crucero por ahí y los barquitos en que he montado nunca han salido de un lago o una bahía, que para más señas, no salía al océano abierto sino a algún mar. Mares sí he visto: el Caribe, el Mediterráneo, el Mar Interior de Japón, pero me figuro que el océano deba ser algo completamente diferente. Bueno, tan distinto no será cuando ha de tener agua salada, peces y gaviotas igual que los mares, supongo, pero alguna diferencia ha de haber, ¿no? En fin, que lo más cerca que he estado de un océano ha sido del Pacífico. Les cuento.

Yo pasé los primeros 27 años de mi vida en mi Habana natal, con el Caribe por compañero constante y protagonista de muchas de mis aventuras, hasta que un día de finales de enero de hace ya una década cambié radicalmente de paisaje en las menos de dos horas que duró el vuelo al DF. Desde allí, una de las mayores moles de cemento que he visto en mi vida, el mar es más o menos una leyenda. 

No volví a salir de la reseca Ciudad de México en los próximos tres años y les miento si les digo que pensé en el mar alguna vez en todo ese tiempo. La vida allí era tan diferente y ocupada que no me dejaba mucho espacio para las nostalgias, la verdad.

Luego me vi de nuevo en un avión rumbo a Japón, esta vez fue un viaje de 18 horas, y mi paisaje volvió a cambiar. Si bien Tokyo es tan jungla de concreto como el DF (aunque más hacia lo alto que hacia lo ancho), yo vivía a 30  minutos de la capital en la grácil Tsukuba, un oasis disfrazado de pequeña ciudad universitaria con una clara orientación ecologista, llena de lagos, parques y caminos para ciclistas.

Mientras duró la estancia allá aprovechamos para viajar un poco por el archipiélago, a conocer otras ciudades o a visitar amigos. Una de estas visitas nos llevó a Yokohama. Nuestro anfitrión nos había preparado un tour por la ciudad y, como parte de este, dimos un paseo en lancha por su histórica bahía. Esta, como la habanera, es una bahía de bolsa, pero a diferencia de la de mi tierra, esta sale a un océano, al Pacífico. Si alguna vez he estado cerca de un océano, pues, ha sido en esa ocasión.

La nota más memorable de ese momento, sin embargo, fue el reencuentro con el mar. Tantos años sin verlo y de pronto allí estaba, un rumor azul salado, llenándolo todo delante de mí, llenándolo todo dentro de mí. Entonces descubrí cuánta añoranza guardaba en mi interior por él. A pesar de que no lo había extrañado concientemente, ese día me di cuenta de que mi cuerpo y mi alma echaban en falta, ¡y mucho!, su cercanía. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

"Ponte algo encima nomás..."

Hoy les quiero contar sobre la caída de mi ñaña el 1 de diciembre.

Era medianoche, yo estaba plácidamente dormida cuando de repente un grito de dolor rompe el silencio. Unos segundos antes se escucha un ¡PUM! Después del grito se escucha un llanto de dolor. Yo sabía qué era: ¡Mi hermana se había caído de la cama! Mi mamá fue a ver qué paso y yo seguí durmiendo. 

Mi ñaña y yo
Me contó mi mamá que Ariana estuvo llorando por una hora aproximadamente. Yo estaba medio dormida cuando escucho que mi ñaña vomita y mi mamá grita: ¡No! ¡No! ¡No vomites! ¡No!

Mi mamá me despierta y me dice: "Dani ponte algo encima que tu hermana se cayó de la cama, no ha parado de llorar y la vamos a llevar al hospital". Y yo, media dormida, hice al píe de la letra lo que me dijo, me puse la ropa encima de la pijama.

A las 2:58 de la madrugada no hay muchos carros en la calle, así que nos pasamos el semáforo en rojo (aparte de que era una emergencia). Después, mientras chequeaban a Ariana, yo le muestro el short de la pijama que tenía por debajo de la ropa a mi mamá y me dice: "¿Estás loca? ¿Por qué te lo dejaste puesto? (o algo así) y yo le digo: "¡Tú me dijiste que me ponga algo encima nomás!!!"

Después le hicieron tomografías. Cuando recién salieron yo intentaba descifrar que era. Al final el chichón que tenía mi ñaña estaba lleno de sangre. 

Luego llegó mi Vito (mi tío, el hermano de mi mamá) a recogerme al hospital. Llegué a la casa de mi abuelita a las 4:30 am aproximadamente.

Ese día dormí hasta tarde y no fui a la escuela.

Luego, cuando mi mamá cuenta esta anécdota y llega a la parte de la pijama, no falta quien pregunte porqué no la dejé en casa, y yo me excuso diciendo: "¡Me dijo ponte algo encima nomás!"

Esta experiencia fue bonita porque acompañé a mi ñaña, pero mala por el golpe que se dio.

Cinco como los dedos de una mano

Tengo dos ñañas y dos ñaños, yo soy la menor de los hijos, por ende puedo decir que fui siempre la mas engreída, mimada y quizás hasta la mas caprichosa por ser la mas pequeña.
Mis tres hermanos mayores tienen apenas un año de diferencia entre ellos, luego hay tres años de diferencia en edad con mi siguiente hermano y conmigo dos años mas. Así que si se trataba de juegos, el más contemporáneo siempre fue mi ñaño Carlos, con él jugábamos pero casi siempre peleábamos mucho por todo, que si no nos poníamos de acuerdo en un juego determinado, que si el uno o el otro quería ganar todas las veces, que si los juegos eran bruscos, llegábamos muchas veces a corretearnos por toda la casa, y debo ser franca a mi ñaño le echaba la culpa por todo, solía llorar y decir que Carlos me pegó, que carlos me quitó mis juguetes, que carlos me gritó, etc y como yo era más pequeña terminaban castigando casi siempre a Carlos, y debo haberlo tenido cansado de que siempre le echara la culpa por todo, así que cuando tenía oportunidad en verdad se desquitaba cómo podía, inclusive recuerdo una vez que encendió un fósforo y lo apagó en mi brazo, lógicamente salí corriendo llorando y llorando y una vez mas Carlos fue castigado.
Cuestión a parte siempre fueron mis otros tres ñaños. Mi ñaña Rosi, la mayor, con ocho años de diferencia conmigo, siempre me llamó cariñosamente  "Nenita" y me consentía cómo podía, me llevaba a las fiestas infantiles cuando mi mama por su trabajo y quehaceres domésticos no podía, apenas empezó a trabajar me compraba ropa muy bonita, y en sus viajes de trabajo me traía de todo, desde ropa hasta cuadernos, lápices, juguetes, discos y demás objetos propios para mi edad, ahora ella vive en Estados Unidos y sigue igual consintiéndome, solo que ahora lo ha extendido hasta para mis hijos inclusive.
Mi ñaño José Luis el que sigue con siete años de diferencia conmigo, siempre fue el ñaño protector, de la palabra prudente, fuerte, acertada pero mimador igual, recuerdo que me llevaba al cine y cuando tuvo su primera cuenta en el banco me sacó una tarjeta de debito adicional con un cupo fijo para que yo pudiera ir al cine, de él heredé el gusto por la lectura, compraba libros, los leía y me los prestaba luego para que los lea y hasta me tomaba un resumen del libro leído, cosa que le agradezco profundamente porque sembró en mi el gusanillo de la lectura.
Mi ñaña Maria Elena con seis años de diferencia conmigo, fue la hermana que me ayudaba a hacer las tareas, me llevaba consigo a su universidad a festivales de canto, a pasear y como con su estudio no le quedaba tiempo me pagaba para que arregle su cuarto, encuentre cosas perdidas, esto ultimo parece increíble pero ocurre hasta ahora, claro ya no me paga por ello pero ella aun viviendo en Alemania, me llama por teléfono a describirme lo que se le ha perdido para que con ella repasemos mentalmente donde puede estar lo que busca y si, adivinaron, generalmente luego de buscar donde le sugiero encuentra sus cosas.
Puedo decirles con orgullo que amo a mis ñaños, cada uno con una personalidad distinta, pero todos con algo en común, yo, su ñaña a quien han mimado demasiado.


Una ñaña que no es de sangre

Siendo la palabra de esta semana, tan desconocida para mi, no tenía una aventura que me uniera a ella para referirla en este grupo, pues en mi País esa palabra no es conocida como hermano o hermana.
Pero, precisamente anoche, un agradable encuentro, me dio luz para escribir sobre esta relación de hermandad.
En mi familia fuimos cuatro hembras y un varón, de edades alejadas unas de otras, pero siempre muy unidos bajo la tutela de unos  Padres responsables y amorosos.

Pero esta vez, quiero hablarles no de ese miembro de la familia que lleva nuestra sangre, que creció a nuestro lado siempre y que por lógica fuimos creciendo con cariño unos a otros, quiero hablarles de una hermana que no guarda lazos de sangre pero si lazos de amistad y cariño, así como de un agradecimiento que no tiene límites.
En una época en que por circunstancias de la vida,  con dos hijos pequeños , me quedé  afrontando los problemas que se le presentan a una madre sola, más el sentimiento de soledad que sin querer nos acompaña a cada instante y el miedo de no poder dar cumplimiento al deber, tuve la suerte entre tanta desdicha tener por vecina a una persona que tenía  tres hijos de la misma edad de los mios, dos hembras y un varón,  quienes se unieron a los mios en sus juegos e hicieron un grupo casi familiar, así comensé una gran amistad con esta Señora, llamada Judith.

Como yo debía salir muy temprano a mi trabajo y permanecía ocho horas seguidas en él, ella se encargaba de enviarlos al colegio, recibirlos y darles de comer al mediodía, hasta la hora de mi regreso, así pasamos casi dos años, de puerta en puerta, ya que su casa era la mía y la mía de ellos.
Mis hijos la llamaron Tia y para sus hijos yo era su tía, su esposo era un gran hombre tolerante, quien se unió sin problemas a este grupo familiar por lo que se consideraba también el Tio Grimaldo.

Al regreso de mi esposo, nos mudamos a una casa mas grande, y alejada de la de ellos, pero la relación no se terminó y el grupo familiar creció con la llegada del nuevo Tio, el tio Franc,  al año nació mi primera hija, y al siguiente la segunda hija y para ellos dos sobrinas mas, así es que formamos una familia que se ha mantenido a través de los años, hemos tenido pérdidas y siempre hemos estado presentes, ha crecido la familia, han aumentado los primos, y seguimos unidos y presentes en momentos especiales, como estos días Navideños.

Ayer, estuve en la casa de mi amiga, estaban sus hijos y me acompañaron mis dos hijas, que son las que tengo en este momento cerca, mi amiga está muy enferma, nos abrazamos y no pude contener las lágrimas, cuando por primera vez mi llamó  "mi hermana"  nos hemos querido como hermanas, pero nunca nos habíamos llamado así.

Este encuentro me dio luz, para comentarles a Ustedes, una relación familiar, una ñaña  que no es de sangre, pero que me une un gran cariño, que quizás muchos hermanos no llegan a sentir.

Ñaña

En todos mis años, nunca había escuchado que a los hermanos mayores, o es a los menores?, les llamaran ñaño/a y como que me resulta extraño relacionar a mi hermana con la palabra aunque podría contar varias historia de ambas.

Lo que si tengo es una tía, prima de mami, con ese apodo, nunca me he preguntado de donde salio, hoy npregunté y fue uno de sus hermanos que le puso el apodo por nada en particular.

Tía Eridania, Ñaña o Ñañota para los familiares y amigos, se caracteriza por dos cosas, por un temor patológico a las conversaciones que giran en torno a los años, un tema bastante recurrente en mi familia, y por ser incapaz de cocinar hasta lo mas simple.

Hace unos años, para el aniversario de la muerte de mi abuela y mi tía abuela nos reunimos, como acostumbabamos, en mi casa y como siempre la conversación derivó en cuestiones de edad y en recuerdos de cuando todos vivían en el campo (mami, mis tíos y los primos de mami que son muchos), quien es mayor que quien, quienes siguen en el campo, quienes se han muerto, anécdotas de ese tiempo y cosas por el estilo, al rato notamos que tía Eridania no estaba en la sala y la buscamos por el apartamento, la encontramos en mi dormitorio, el último del apartamento, acostada con la cara tapada con una toalla con dolor de cabeza y mareos quejándose de que "en esta familia es que mas le gusta estar contando los años y hablando de gente muerta, gente contemporánea de uno, cual es la necesidad de eso..."


Mi hermano...

Ñaño es para mí una palabra extraña. En Cuba no se les llama así a los hermanos. Sé de más de uno que se partiría de la risa si se oyera llamar así. 

Soy hija única por naturaleza, por parte de madre y padre. Es una bendición cuando eres una niña chica y quieres toda la atención y los juguetes para ti, pero a medida que vas creciendo es más una maldición...aunque he visto relaciones entre hermanos que me han hecho sentirme aliviada por no tenerlos.

Cuando tenía alrededor de 3 años, mi madre conoció al que sería el amor de su vida y mi modelo de padre a seguir hasta los 18 años. Él fue el hombre que me crió, me inculcó valores y me ayudó a pasar por ese momento tormentoso que es la adolescencia.

Alejandro (que así se llama) tenía un hijo, que cuando mi madre lo conoció contaba con la edad de 19 años...16 más que yo y se llamaba Jorge Luis. Él no quería a mi madre pues albergaba la esperanza de que su padre volviese con la mujer que lo había criado desde chico, por tanto, tampoco quería nada que ver conmigo.

Pero yo desde chica he sido bastante testaruda y determinada y una tarde que estábamos en casa de los suegros de mi madre le dije: Mamá, ese muchacho no me habla" y a mi madre no se le ocurrió otra cosas que decirme: Háblale tú a él Kare". Dicho y hecho. Me fui para la sala con toda la determinación de mis 4 años, me le planté delante y le dije a bocaejarro: Hey, por qué no dejas de ver esa película y hablamos. Esa película no sirve".

Me imagino que debe de haber sido una escena graciosa para él ver a aquel comino de 4 años, con cerquillo y coletas como la niña de "Monsters Inc" espetarle eso así...a la cara, pues se echó a reír y cuando mi madre fue  a ver qué pasaba se encontró con su hija sentada sobre las rodillas de aquel (hasta entonces ) esquivo adolescente y enzarzada en una conversación animadísima.




De ahí  en adelante fuimos "mi hermano" y "mi hermana". Yo lo adoraba, veía por sus ojos y él me dejaba hacer lo que quisiese. Recuerdo que con 7 años enfermé de meningitis. Los dolores de cabeza eran horrorosos y no podía levantarla de la almohada sin llorar. Mi hermano fue una tarde, se acostó a mi lado y, con todas las ventanas cerradas, puso el proyector ruso mirando al techo para que yo no tuviese que mover la cabeza, y estuvo leyéndome películas hasta que quedé dormida.

A medida que fui creciendo la complicidad lo hizo también. Con la entrada en la pubertad vino la obligatoria charla "científica" de mi madre y de Alejandro sobre lo que eso implicaba en materia de riesgos y sexualidad. Una tarde vino mi hermano a casa, se sentó a mi lado y me preguntó: "Ya pipo te dio la charla?" " Pues bien, ahora yo te voy a dar la mía, la de la calle, para que el día de mañana no te engañe nadie y sepas asumir las consecuencias de tus actos" Y me habló como a un amigo o un colega...y se lo agradecí enormemente ya que nunca en mi vida he podido decir que me hayan forzado a hacer nada o que hubiese hecho algo por desconocimiento. Hasta ese punto llegaba el cariño y la confianza que nos teníamos. A mis 14 años y ya completamente desarrollada, seguía yo sentándome en sus piernas como aquel primer día.

Una noche de septiembre de 1994, estábamos Alejandro, mi madre y yo viendo "La Guerra de las Galaxias" cuando tocaron a la puerta. Era un policía. Venía a informarle a mi padrastro que mi hermano había tenido un accidente de tránsito. Mi padrastro palideció, nos dijo que le diéramos alcance después, se montó en el patrullero y se fue.

Nos vestimos en cinco segundos y nos fuimos para el hospital. Mi madre y yo especulando sobre cuál sería el alcance del accidente, si se habría fracturado algo o qué. Cuando llegamos al hospital la realidad superaba cualquier especulación. No se me olvidarán jamás las palabras que le dijo Alejandro a mi madre mientras la abrazaba: "Se nos muere el niño reina".

Mi hermano?? Muriéndose?? En mi mundo de 14 años  no cabía esa posibilidad. Mi hermano recién había terminado su licenciatura en Pedagogía y venía de hacer su guardia de fin de semana y esperaban en un semáforo con su esposa en bicicleta, cuando un camión, cuyo chófer venía borracho, se volcó de lado, y así impactó contra mi cuñada y ella le dió a él.

Por la situación económica del país en ese momento, las ambulancias demoraron mucho en llegar, y mi hermano, que tenía una fractura importante en la parte baja del cráneo producto del topetazo de la frente de su esposa, perdió sangre a raudales. 

A las 5 y media de la madrugada fallecía mi cuñada con solo 26 años. Mi madre, viendo mi estado de confusión y desesperación, decidió llevarme a casa de mi abuela y regresar al hospital. Allí pude dormir apenas pensando en que estaba en una pesadilla absurda y que despertaría en cualquier momento. Lamentablemente no fue así. A las 12 y media del día fallecía mi hermano, mi queridísimo hermano con solo 30 años y toda la vida por delante.

Este fue el golpe más duro que he tenido que soportar en mi vida. Mi mundo se vino abajo. Me sentía como un autómata. Mi abuela me vistió y fuimos a la funeraria. Todavía hoy no recuerdo bien quién estaba allí. Estaba medicada, medio grogui y completamente perdida. 

Cuando llegó el féretro y me acerqué a verlo, y lo vi, tan cercano y tan extraño...tan en paz que parecía dormido, fue cuando me golpeó la realidad y empecé a llorar terriblemente. Alguien me abrazó y yo solo decía: "Mi hermano, coño, mi hermano". Mi padrastro estaba destrozado, había envejecido 10 años.

Mi hermano era maestro y en la mañana vinieron decenas de sus alumnos a hacerle guardia de honor junto al féretro. En la sala de la funeraria no cabía un alma. Nadie reía como es normal en los velorios, nadie hacía chistes...casi nadie hablaba. La tragedia era muy grande.

Después de ese momento mi vida nunca fue igual. Tuvieron que pasar 5 años para que yo estuviera en condiciones de ir al Cementerio con mi madre, no podía escuchar la canción tema de la peli "Robin Hood" de Bryan Adams porque fue la última que vimos juntos y aún hoy el perfume de las mariposas me deprime pues la casa en esa época olía solo a mariposas.

A lo largo de los años el dolor se ha ido mitigando, aunque la ausencia no ha dejado de sentirse ni un solo día. Muchas veces me he preguntado qué aspecto tendría ahora, cuántos hijos, cuántas cosas habrían sido diferentes si estuviese vivo. Me he sorprendido pensando en que ahora tengo más años que él cuando murió, cinco más para ser exactos, y aún me siento en la flor de la vida...y me duele...me duele esa vida truncada prematuramente.

Por tanto fue lógico que cuando presenté mi tesis de graduada de maestra la dedicara a mi hermano, a mi ñaño..a ese que no conoció a su sobrino, que no vio a su hermana graduarse o casarse pero que siempre está conmigo: mi hermano Jorge Luis.

crédito de imagen:www.florerianataly.cl



Mama, más que Naño o Hermana!

Colaboración de Luisa Adriana

Ha decir verdad no tengo un lugar privilegiado en el puesto que ocupo entre mis hermanos, somos cinco , y ni soy la menor para ser la más consentida, ni la mayor de gran responsabilidad, ni la del medio que es el eje de todo, dicen muchos. Yo soy la segunda. Un año después de mi hermana mayor, y cuatro más que la tercera, de allí el cuarto que es varón a cinco y el menor exactos diez menos que yo.
Así que la vida, o mis padres me otorgaron el lugar de ser un cero, a veces, o el que yo me otorgue de ser un eje fundamental; esto es solo una apreciación descriptiva. Entre mis hermanas y yo hay además una diferencia, ellas dos tuvieron un problema físico congénito y desde su nacimiento debieron estar en asistencia medica; por lo cual yo era la niña que debían dejar con las abuelas y tías, cada vez, por alguna razón hubo un momento cuando yo tenía creo unos 4 años que las dos tuvieron muchas citas y creo que casi vivía con mi familia prestada, decía. Eso me proporciono una cercanía excepcional con mis abuelas. Pero nos hizo lejanas, entre hermanas.
La atención desmedida y comprensible por parte de mi madre, me formo bien como soporte de ella, poco disfrute con mis hermanas de juegos y algarabías, yo no gustaba de las muñecas, y ellas si, por ejemplo. Yo le ayudaba en cuidado de ellas, la acompañaba, la esperaba y se me daba el ser hacendosa. Cuando supe que mi madre nos daría otro hermanito, así nos decían, yo lo único que pensaba era que alguien me acompañaría a esperarla. Era tal mi necesidad, que un día, cuentan, le dije a mi mami, que si no podía cambiar a una de mis hermanas, por un hermano ¡!!!
Nació Tomas Mauricio, ese día, recuerdo me puse un vestido rosa, y esperamos que mi Padre llegara con noticias toda la mañana, casi de noche llego de la clínica, y nos dijo es un Varón, yo no pude de tanto jubilo, recree en mi mete un mundo diferente, lejos de enfermedades y carreras de aquí para allí; esto es con alma de niña –claro-. Cuando lo trajeron a casa, yo dije, “me lo pido”, y desde entonces fue una luz en mi camino, era mi muñeco (y eso que no gustaba de muñecas), lo ayude a cuidar tanto como pude, a bañarlo, a mimarlo y mirarlo embelesada. Mi madre lo arreglaba muy lindo, para mí era perfecto, divino. En estos ires de que nadie además de mí, lo podía consentir, nos pusimos a pelear con mi hermana mayor por alzarlo y entre jaloneos lo dejamos caer, yo creo tenía como cuatro meses, se fue al piso, envuelto en su colcha, y de los gritos lo asustamos, nos llevamos una buenísima reprimenda y esa noche no pude pasearlo para dormirlo, fue muy triste, y en realidad uno no comprende a esa edad, sentía tanta rabia, con mi hermana, la culpe, y llore mucho.
Fue como mi primer hijo, toda la atención y cuidado, le dedique muchísimo, la diferencia de edades no nos permitió mucha cercanía en actividades de la vida, y somos bien diferentes como personas. Pero al fin, fue quien dio otro rumbo a mi soledad de esa época en casa, justificada, pero me dio un sentido de responsabilidad, creo yo, y una dedicación muy especial, y es un ser valiosísimo para mí. El de niño me decía “mi mama chiquita”, sé que deje una gran huella, y en mi mente esta la dulzura de esa infancia de amor por él.
Yo ni siquiera conocía la palabra Naño (a), y no considero que mis hermanos comprendieran su significado, me da por creer que es algo más profundo, me inspira ternura, y muy a mi pesar no somos cercanos, nos cuidamos y respetamos pero no hay ese apego que esta palabra pareciera incluir.
No halle en mi casa una foto con él, la cual seguro mi mami tiene, se las debo.

________________________________


Soy Luisa Adriana, Colombianísima, amante de la vida, las letras, la música, profundamente entregada a vivir tranquila en armonía, con mis adorados hombres. Anhelo en este espacio con tan grata idea poder compartir ideas que te quedan rondando en la cabeza.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Mi especialísima Ñaña

ÑAÑA entró al top five de las palabras más divertidas que conocí en 2014... No ganó porque organizando las vacaciones aprendí CHICHICASTENANGO y TAPACHULA...que sino...

Tengo una sola ñaña, a partir de ahora voy a decir hermana...mi hermana.

Mi hermana se llama Mariana Leonor (Leonor, en homenaje a mi abuela paterna).  Odia su segundo nombre. 
Siempre firma Mariana L. y no hay forma de que confiese que significa la L cuando alguien le pregunta.

Tiene dos años menos que yo y es la hija ejemplar.  Ella es la que se recibió de una carrera "tradicional" como querían mis padres (es Licenciada en Administración de Empresas) y además se casó!  Así con todas las de la ley! Ella vive con su esposo en casa de mi madre.



Cuando mi hermana comenzó a ir a la escuela yo ya era una nena grande de tercer grado.  Mi madre nos acompañaba caminando las seis cuadras, por la mañana y al mediodía volviamos solas, siempre recorriendo el mismo camino, para que ella pudiera ir a encontrarnos.  Un día llegué, lo más campante a mi casa, sola...mi madre me preguntó por mi hermanita y recién en ese momento me dí cuenta de que me la había olvidado en la escuela.  Mi madre me dió una mirada asesina y salió volando hacia la escuela pero no hizo ni dos cuadras que ya venía mi hermanita de la mano con su maestra, la señorita Leila.

Cuando llegamos a casa comenzó el reparto: mi hermana recibió un abrazo, la señorita Leila una invitación a quedarse a almorzar (no sé si por el trauma pero me acuerdo clarito el menú de ese día, comimos sopa y tarta de jamón y queso).  Yo lo que recibí fue una soberana paliza... 

Mi relación con mi hermana es...como decirlo? ezpezial...con decirles que me borró del facebook!! jajaja

Les dejo fotos de mi hermana, que me tuve que robar del facebook de su marido...No se dejen engañar por su carita de ángel....

jueves, 25 de diciembre de 2014

Mi ñaña y mi ñaño

Jajaja, me hace tanta gracia pensar en la cara que pondrían mis hermanos al escucharme decirles ñaña y ñaño, jeje.
 
El año en que nací, mi hermana iba a cumplir 5 años, mi hermano cumpliría 3, así que yo sería la pequeña de la familia pero mi hermana sería siempre la nena. Cuando mi hermana nació, mi papá ya tenía cuatro hijos varones de dos matrimonios previos, el señor era todo un juan tenorio :) así que mi hermana siempre fue su nena consentida.
Y aún siendo así, ella siempre sintió celos de mí, no tengo un recuerdo donde las dos jugáramos juntas, si alguna vez lo hicimos fue cuando nos reuníamos con los primos y/o amigos y el juego se hacía en grupo.
 
Tampoco recuerdo en la adolescencia, haber compartido algún secreto o confidencia, alguna complicidad de chicas enamoradas, siempre fuimos muy reservadas la una con la otra, así que puedo decir que mi relación con ella no fue nada extraordinaria.
 
Con mi hermano fue diferente, jugábamos, peleábamos y recibíamos por igual los cinchazos, aunque él siempre dice que a mí me daban más suave, tal vez tenga razón. Pero entonces él se las arreglaba para darme por lo que no recibía de mi mamá.
Cuando llegó su adolescencia, mi mamá lo puso en la escuela de karate, para que aprendiera a defenderse decía ella, pero yo era su muñequito donde ensayaba los golpes, de pronto cuando yo pasaba cerca de él, venía la patada, si no estaba alerta me daba mis buenos golpes, aunque él decía que sólo estaba comprobando que tan alto podía subir el pie.
 
A mí me gustaba decirles, "el coronel cholalisa" y la "duquesa sonrisa" jajaja, porque a él siempre le cortaban el pelo muy cortito, casi rapado, y a mi hermana porque siempre me miraba con cara de enojada, así que esos motes, de una caricatura de la época, les quedaban muy bien.
 
Ahora los tres nos llevamos bien, cuando podemos reunirnos pasamos buenos momentos, mi hermano vive en nuestra ciudad natal a 200 kms. de distancia, mi hermana vive cerca, no más de 10 kms., pero es difícil hacer coincidir nuestras ocupaciones, logramos vernos pocas veces, aunque tratamos de hablarnos a menudo vía teléfono.
 
 Acá estamos los tres, quise compartir otra donde estábamos más grandes pero he tenido problema con mi computadora y no puedo acceder a mis archivos.
 

martes, 23 de diciembre de 2014

Como las malvadas hermanastras de los cuentos

Mi ñaño Vicente (más conocido como Vito) llegó a mi vida cuando yo tenía 9 años y esa diferencia de edades pesó bastante durante nuestros primeros años juntos. Cuando yo deseaba un hermanito me imaginaba que llegaría lo suficientemente grande como para jugar conmigo, y verlo tan chiquito no me hizo ninguna gracia. La verdad es que no me servía para jugar... aunque si resultó una buena víctima para que yo de rienda suelta a mis instintos de verduga jajaja.

Mientras era un bebé todo transcurría en paz, pero una vez que empezó a razonar y sobre todo, a enojarse con lo que yo hacía... fue entonces cuando empezamos a pelear. No importaba que él tuviera 3 años y yo estuviera entrando a mi adolescencia a los 12, peleábamos igual. Una de las cosas que más le molestaba era cuando mi mami tenía alguna atención conmigo, nada especial, algo tan sencillo como pasarme el pan en la mesa, entonces yo lo miraba y le decía: "mi mamá me pasa el pan porque me quiere", él se enojaba muchísimo y decía: "¡No!, ella me quiere a mí!. Y era de todos los días, "mi mamá me peina porque me quiere", "mi mamá me da de comer porque me quiere", "mi mamá me abraza porque me quiere", y los enojos de mi hermanito eran memorables jajajaja.

Ah! y una vez que empezó a caminar se convirtió en mi "rabo". A donde quiera que yo fuera él quería ir conmigo y mi mami no se hacía de rogar, en seguida lo vestía y me lo encargaba, y yo iba con mi cara larga y mi hermanito de la mano. Claro que estas salidas tampoco le salían gratis a mi ñaño, pues se  veía obligado a "jugar" conmigo a la gallinita ciega. Este juego consistía en que yo le tapaba los ojos con las manos mientras nos dirigíamos a alguna parte. A él le tocaba confiar en lo que yo le dijera: "detente", "alza el pie", "sube", "baja", y así, y por supuesto, yo escogía los caminos más accidentados para hacer el juego más entretenido. Eso sí, debo decir en mi defensa que nunca se me cayó, aunque si que batallaba para subir a ciertas partes jajajajaja. Yo creo que de pequeño él debió pensar que le tocó compartir familia con una de las hemanastras de cenicienta jajajaja.




Pero también debo decir que, a pesar de todo, él ha sido, y es, mi adoración. Recuerdo cuando fue mi ceremonia de graduación del bachillerato, todas mis compañeras escogieron como padrino a algún tío, a su papá, a algún amigo importante de la familia, pero ¿ya adivinaron quien fue mi padrino de graduación? Siiiiiiii, mi hermano Vito, qué orgullosa me sentía de tener como padrino a ese pequeñito de 7 años, que a su vez se sentía importantísimo de ser parte fundamental de una ceremonia que era sólo para gente grande.








Ya siendo adultos los dos hemos compartido viajes y uno de ellos fue el que hicimos en familia  a Brasil, allí tuvimos nuestro famoso Loly and Vito´s day off, resulta que estando en Río de Janeiro teníamos que irnos a la Terminal Terrestre para comprar los pasajes de regreso a Sao Paulo, como
éramos 8 concluimos que irnos todos era una pérdida de tiempo, así que mi ñaño y yo nos fuimos a comprar los pasajes y los demás quedaron en esperarnos en el hotel hasta que volviéramos para salir a pasear. Pero resulta que nos tomó demasiado tiempo y cuando volvimos al hotel ya todos se habían ido, por lo que solo quedamos él y yo sin saber a donde ir. Como en esos días se estaban realizando los Juegos Panamericanos en Río, decidimos irnos para las arenas deportivas a ver qué podíamos ver, yo quería entrar a la gimnasia olímpica pero estaba repleto, así que terminamos entrando a ver luchas greco-romanas. Ya se imaginarán cuanto podía yo disfrutar de un deporte que en la vida había visto, pero el ambiente, la barra de los brasileños (una de las finalistas era brasileña y cuando salió a la arena fue toda una fiesta), la emoción de estar en un evento panamericano pusieron el toque necesario para que podamos disfrutar al máximo de esta experiencia. Y como no traíamos cámara (los demás se las llevaron) le pedimos a una completa desconocida que estaba a nuestro lado que nos tomara una foto y me la enviara por correo (en tiempos en que el whatssApp y los teléfonos inteligentes no existían) ¡Y lo hizo!!! aun tengo esa foto de nuestra aventura Panamericana.

Definitivamente, llegar a la adultez cambió las cosas y esos 9 años de diferencia ya no se sienten. Ya no lo puedo torturar pues él haría lo mismo jajajajaja, pero somos amigos y nos queremos todo lo que puede ser posible quererse. El es mi consejero en cuanto al mantenimiento de mi vehículo, es el psicólogo al que mis hijas van a quejarse cuando les hago la vida imposible, es el arquitecto que organizó los muebles y decoración de mi departamento y, lo más importante, es el mejor hermano del mundo, Dios no podía haber enviado uno mejor para mí



lunes, 22 de diciembre de 2014

LA SEMILLA

Aquí en Ecuador se utiliza mucho la palabra "ñaño"  (tomado del quichua) para referirse a los hermanos de sangre, aunque también en el argot popular se les dice a los amigos de mucha confianza.

Yo la utilizo  solamente en la familia, ya que esa palabra la escuchaba mucho entre mis padres al referirse a nosotros, sus hijos.

Cuando tenía unos  6 años, siempre escuchaba especialmente a mi papi decir: "dale a tu ñaño"  "comparte con tu ñaña"  "acompaña a tu ñaño", etc. luego, cuando llegue a ser adulta comprendí la finalidad que él perseguía, cuando nos decía que vayamos juntos a la escuela y juntos debíamos regresar, aunque uno de nosotros saliéramos antes, también cuando llegaba con 2 guineos (bananos) y hacía que la dividiéramos entre los 4,  entre otras cosas.

Yo, como la rebelde de la casa le preguntaba que por qué no compraba 4 con lo barato que eran y que no deseaba esperar a mis hermanos que eran mayores, ya  que  para volver a casa,  conocía perfectamente el camino de regreso.

Con el paso de los años me dí cuenta que los cuatro éramos una sola piña, tan unidos en las buenas y en las malas, sin ningún tipo de condiciones ni miramientos y nosotros hemos continuado con la semilla sembrada por mi padre, nuestros hijos siguen el mismo ejemplo y en general toda mi familia somos muy unidos, especialmente cuando alguno de nosotros estamos en dificultades.

Ahora estamos solo dos ñañas,   hoy es el cumpleaños de mi hermana, aunque se encuentra en otro país sabe que mi pensamiento se ha mantenido todo el día con ella por las circunstancias especiales que hemos tenido que pasar.



Ñaños del alma

Dicen que la familia no se elige, simplemente nos toca, se supone que por una razón aunque no lo entendamos.

Y si bien lo quiero porque es mi hermano (ñaño) la verdad es que me cuesta mucho trabajo pensar en él con agrado. De hecho, tengo que hacer mucho esfuerzo para no sentir emociones negativas.

Pero dice el dicho, que cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. Y Él, en su infinita misericordia me ha mandado ñaños y ñañas postizas, que son del alma.

Amistades que me escuchan en mis momentos de dolor, que comparten mis alegrías, que me aconsejan, que me auxilian como cuando me llevan al doctor, a las compras; etc., con quienes me divierto y paso un excelente rato, quienes están ahí, en las buenas y en las malas, ayudando sin preguntar, simplemente ahí.

A todos ellos, aunque no se enteren, mi infinito agradecimiento por existir.


Soy afortunada, porque tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y tener el milagro de coincidir en su existencia. 

El día en que se me cayeron las alas del corazón

Ñaño, qué palabra extraña para llamar a un hermano. No creo que a mis hermanos les hubiera hecho gracia que los llamara así, a ninguno. Sí, tengo varios. Cinco para ser exactos. Todos son mayores que yo, por lo que si había algún sobrenombre siempre me lo colgaban a mí, aunque con el tiempo, por suerte, terminamos usando entre nosotros un “mi herma” lleno de cariño y respeto.

No les voy a hablar de todos mis hermanos, sino solo de uno. Si  bien entre todos siempre mantuvimos buenas relaciones, este es quizás el más cercano a mí. Era el único que vivía conmigo cuando yo era niña y, claro, siempre quise ser como él. Tiene doce años más que yo y lo imitaba en todo, lo tenía de ejemplo a seguir. Si mi hermano traía un disco de Los Beatles, yo me aprendía todas las canciones a fuerza de escucharlas; si montaba en bici, yo quería una; si ponía un póster en su closet, yo ponía otro en el mío; si usaba camisas de seda, yo se las birlaba de vez en cuando para ponérmelas... No quería competir con él, quería ser como él. No sé, la verdad, cómo me tuvo paciencia durante tantos años de convivencia. 

Claro que por la diferencia de edad, pocas eran las actividades que compartíamos más allá de vivir bajo el mismo techo.  Alguna que otra vez íbamos en familia a comer a algún restaurante o a pasarnos el día en la playa, pero poco más. No era de extrañar: él tenía su grupo de amistades, sus gustos y andaba ya detrás de las chicas cuando yo aún estaba aprendiendo a leer. No sé si él lo ha sabido alguna vez, pero yo guardaba (y aún guardo) el recuerdo de esos momentos en su compañía como uno de mis tesoros personales.

Por eso se me hizo tan especial que un día me invitara a ir al cine, él y yo solos. Tendría yo unos siete u ocho años y recién habían estrenado una peli de animados japoneses (“Los falsificadores”, la titularon en la isla aunque el título original era “El castillo de Cagliostro” de la serie de Arsenio Lupin III, de Miyazaki Hayao). Él también la quería ver y se ofreció a llevarme a verla el siguiente viernes.

Esto me lo dijo como una semana antes y se imaginarán que estuve varios días que casi ni dormía de la emoción, no tanto por ir al cine sino por ir con él. Quería estar lo más preparada posible para ese día. Con mi mamá, escogí el vestido que me pondría, cada tarde lustraba mis mejores zapatos, le preguntaba a todas mis amiguitas si ya habían visto la película y les pedía que me la contaran... 

El miércoles, faltando apenas dos días para la salida con mi hermano, vino mi padrino a casa. Venía a ayudarme con los estudios pero yo estaba tan entusiasmada con la perspectiva de ir al cine que no tenía cabeza para aquello. Mi padrino, malinterpretando mi excitación, me dijo que si yo quería tanto ver esa película, pues que en lugar de estudiar él podía llevarme a verla esa misma tarde. Y yo le dije que sí, porque pensaba que así tendría la ventaja de ya conocer la peli y podría disfrutar mejor del tiempo con mi herma.

Ese día, cuando regresaba con mi padrino a casa, vi la bici de mi hermano recostada a la puerta de entrada e inmediatamente supe que algo iba a salir mal. Yo no contaba con que él regresara temprano pero allí estaba, esperándome, con cierta decepción en la mirada. Entonces, para mi horror, me dijo que si ya había visto la peli pues no había necesidad de que volviera a verla con él, que ese viernes iría con sus amigos al cine. ¡Por mi impaciencia lo había echado todo a perder!

No podría contarles cuánto lloré esa noche y la siguiente, ¡y la noche del viernes! Mi madre intentaba calmarme pero no hizo nada para que mi hermano cambiara de opinión. Era una lección que me tocaba aprender y ella lo sabía. La vida luego me ha seguido poniendo a prueba y me ha soltado más de un golpe por mi tendencia a apresurarme, pero les aseguro que ninguno ha sido tan duro como aquel. 

Aquí, en mi sexto cumpleaños, con tres de mis hermanos.
El de esta historia es el que está en medio.

Atlas de Mi Vida

Foto del cielo en Cancún- Mexico
 La historia de hoy que no es historia, porque las nubes siempre están presentes en mi vida, creo que debí haber sido un avión en mi vida pasada, si es que eso es cierto, porque vivo pensando en las nubes, vivo mirando las nubes y en los momentos más extraños y bizarros recuerdo haber mirado por la ventana al cielo.  

Mi teoría es que las nubes y el cielo en si son como una huella digital, parece siempre el mismo pero en realidad si lo miramos con detenimiento  podríamos ver que siempre es diferente.

Supongo que algunas personas nacemos con esa curiosidad por las nubes, la belleza de los colores, la luz filtrándose, me recuerdo de niño mirando el cielo, viendo los nubarrones que se forman, y las aves que vuelan por el cielo, lo más gracioso es que cuando voy en avión me maravillo del cielo pero no miro por mucho tiempo.

Foto del cielo en Playa del Carmen- Mexico
Las nubes me traen a la mente libros, el primero de ellos el Atlas de las Nubes, que es un libro que me encantó, de por si el titulo esta creado para que yo lo ame, y las seis historias que contiene lo hacen un libro excelente, misterioso y en lo que a mí respecta muy original.  El segundo libro que se me viene a la mente es “Un Mundo Feliz” lo recuerdo porque en una de sus páginas dice que la gente se ha olvidado de mirar el cielo y las estrellas, por esa época salía de la universidad en la noche, miraba el cielo y recordaba lo que el libro decía.

Cuando estudié en la madrugada podía ver como amanecía, los colores rosados del cielo, fueron muchas las mañanas en las que veía el cielo en bus, claro que también terminaba durmiéndome o luchando por no dormirme, Luego en México por extrañas razones me despertaba muy temprano, es extraño porque amo dormir y supongo que por el frío podría dormir hasta tarde, pero en Cancún por el clima dormía hasta las cinco de la mañana y podía ver el sol saliendo.

Era maravilloso el cielo tan despejado, tan soleado y azul, desde muy temprano se veía tan claro, tan radiante, sin nubes en muchas ocasiones. Hay tanta belleza que solo basta con mirar para poder ver esa belleza, falta abrir los ojos a la vida para verla y poder disfrutarla. 

Hace unas noches
Hace unos días estaba en una reunión con unos amigos, y salimos muy tarde y empezamos a caminar por Bogotá para ver las luces que se colocan por estas fechas,  cuando hay grupos grandes suelo ir callado y mirando el cielo, el alumbrado fue decepcionante pero el cielo lucia tranquilo y la compañía fue muy divertida.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Con la cabeza en las nubes

En esta ocasión voy a contarles sobre algunos errores míos al momento de estudiar algún tema para presentarme en público en la escuela.

1) Tenía que estudiar para el minuto cívico (un espacio los días lunes en la mañana en que un grado habla sobre valores, por ejemplo, generosidad, gratitud, etc., lo malo es que no dura exactamente un minuto) sobre el valor de la esperanza: un breve concepto y un salmo. Me lo dijeron el día viernes y tenía sábado y domingo para estudiar, pero estaba en las nubes y me olvidé por completo. El lunes mi mamá se acordó de que tenía que estudiar (como nunca jajajajaja) así que repasé antes de que llegara a recogerme mi "expreso" (mi papá). Me salió bien por suerte, excepto que me confundí en dos líneas del salmo.

2) Era la semana cultural de la escuela (del 24 al 28 de noviembre) en donde hay concursos de Spelling bee, Ortografía, Matemáticas, etc. También exposiciones de cada grado y presentaciones sobre diferentes cosas. Todos amamos esas fechas. El jueves era la exposición de Languaje Art y me tocaba hablar sobre la celebración de San Remo. Dos semanas antes el profe nos dio lo que teníamos que estudiar y yo al parecer estaba una vez más en las nubes porque no sé por qué lo dejé en el libro de religión y luego no me acordé. Afortunadamente el profe me dio otro papelito con el mismo tema. Yo creo que el papelito original sigue en el libro de religión porque no lo he buscado jajajaja.

3) En estas fechas también era la exposición de historia y tenía que representar a Manuela Sáenz, novia de Simón Bolivar. Lo que tenía que hablar en español me lo dieron pronto, pero el texto en inglés se demoró más y después de encontrarlo (porque también se me perdió) lo estudié la noche anterior a la presentación y me fue bien.

Afortunadamente los tres eventos me salieron muy bien :)

PD: Si tienen alguna duda o comentario les contesto el año próximo que mi mamá me castigó sin internet hasta enero!

De paciente a Terapista... El efecto de las nubes!

La primera anécdota que se me vino a la mente con la palabra nube fue lo distraída que a veces soy, de ello podría contarles no solo una si no varias anécdotas, pero este tema ya se lo trató en una historia anterior, así que pensando pensando recordé cuando hice mi primer viaje largo en avión, esa sensación de pasar las nubes estando en un avión, sensación agradable al principio si es de día y puedes ver por la ventanilla como literalmente el avión se mete en las nubes, las atraviesa pero nada agradable cuando pasando por las nubes hay turbulencia, allí se le acaba la gracia a las tiernas nubes, allí siento temor por el movimiento del avión y una mezcla de temor y autoconvencimiento de que nada pasa,  cuando veo caras desconcertadas sintiendo lo mismo que yo con la necesidad urgente de que ya pasen esos escasos minutos.
Lo más simpático de esta historia es que desde hace años me toca viajar por diversas razones, en viajes cortos dentro del país, generalmente a la capital o fuera del pais y cuando son por razones laborales generalmente me ha tocado estar sentada en el avión junto a algún compañero mas nervioso que yo y resulta que termino haciendo terapia, nadie se imagina el miedo que me producen las turbulencias, allí mi miedo pasa a un segundo plano, para poder calmar a quien tiene temor.
Amigos del blog, en realidad, con esta anécdota, les estoy contando un secreto bien guardado por mi!

Estaba en las nubes

Quiero contarles acerca de cierta vez que estuve en las nubes. He estado en las nubes varias veces, en una clase aburrida de Historia, cuando alguien me explica cómo funciona un aparato y cuando pienso en una invención fabulosa que podrá resolver los problemas de tráfico de las grandes ciudades.
Como saben, todavía estudio en el colegio. Hace tres años, yo tuve que sustentar un proyecto acerca de las fuentes alternativas de energía limpia y sustentable. Ya había hecho el documento en Word y la presentación en PowerPoint, todo estaba casi listo. Me he olvidado de un detalle: el trabajo era grupal. Ninguno de mis compañeros trabajó, ni siquiera cooperó o aportó ideas. No obstante, yo dominaba el tema. Había estudiado muy bien porque sabía que el profesor era muy estricto.
¿Alguna vez expusieron un tema en el colegio? Normalmente, todos los miembros del grupo leen el trabajo y cada miembro expone una parte acordada. Cada miembro sabe cuál es su parte, por lo tanto es el que domina las estadísticas y datos de su parte. El profesor ya mencionado trabaja un poco diferente, el mismo día de la exposición él asigna la parte de cada uno. El puede ordenar que cualquier miembro continúe con la exposición o que responda a una pregunta. Esta era la razón por la que yo estudié con tanto esmero.
El día de la exposición yo estaba muy nervioso. Cuando llegó el turno de mi grupo, por orden del profesor, yo tuve que exponer primero. Expuse de manera estupenda acerca de la energía solar. En medio de la exposición, el profesor ordenó que otro miembro continuara. Ricardo, un miembro del grupo, no pudo hablar, estaba en blanco. Abel, otro miembro, trató de continuar, pero tampoco pudo porque no había estudiado. Entonces, el profesor hizo una pregunta y dijo que cualquier miembro del grupo podía responder la pregunta. Yo no sabía la respuesta. Además, no había escuchado bien la pregunta,  estaba en las nubes pensando en un episodio de “El laboratorio de Dexter”.

Todos los miembros del grupo estábamos callados. Estuve a punto de responder la pregunta de manera estúpida, pues no sabía la respuesta. Justo cuando lo iba a hacer, el profesor dijo que no respondiera porque yo dominaba el tema y él quería que los otros miembros respondieran. Nadie respondió y yo obtuve la calificación de 20/20. Estuve a punto de responder una tontería, y todo porque estaba en las nubes.

Tren a las nubes

En la escuela primaria nos hacían dibujar, al lado de la fecha, el reporte del clima.  Nubes, nubes y sol, si hacía mucho frío: nubes con bufanda. (Adjunto explicación gráfica)


Cuando uno crece, aprende que hay muchos tipos de nube: cúmulus, cirrus, cúmulus nimbus, stratus, etc... pero cuando somos niños venimos programados únicamente para dibujar cúmulus...por que será? Quizá por la misma razón desconocida que nos hace dibujar casas de paredes amarillas y techos a dos aguas con tejas rojas, aunque sólo un porcentaje muy pequeño de niños viven en casas así... misterios insondables del universo.

Las nubes están en todas partes! Si, ya sé que lo saben, pero a mi me sigue asombrando y aunque haya estudiado física mucho tiempo mi cerebro experimenta el asombro de un niño de 3 años cuando descubre que en el medio del mar también hay nubes y que en Brasil siguen siendo blancas y no verdeamarelas. (Adjunto prueba fotográfica de lo que afirmo) 



Uno de los primeros viajes que realicé con mi familia, cuando niña, fue a EL TREN A LAS NUBES. Qué experiencia más encantadora.  La cosa es así:

Viajas a la ciudad de Salta, en el Norte de Argentina, casi llegando a Bolivia. Y ahí tomás el tren. El tren a las Nubes (o Tren de las Nubes) es un servicio ferroviario turístico que une la Estación Salta con el viaducto La Polvorilla en la localidad de San Antonio de los Cobres, sobre la Cordillera de los Andes, a más de 4220 metros sobre el nivel del mar. 

El tren va despacito entre valles y quebradas.  Todo hacia afuera es una postal. Va parando en las estaciones donde los Kollas, un pueblo originario del norte argentino, y las hermanas repúblicas de Perú y Bolivia, suben a vender sus artesanías y productos.  A bordo viaja un médico y una enfermera, que llevan sendos tubos de oxígeno ya que el mal de altura (acá le llamamos apunamiento que deriva de Puna, el tipo de relieve o "soroche") es muy frecuente que ataque a los turistas.  EL doctor te pone oxígeno y te da una píldora...pero no tiene caso, todos sabemos por experiencia personal que el mejor y más rápido remedio contra el mal de altura es mascar hojas de coca.  Es lo primero que uno debe conseguir cuando llega al norte. Sino, estás frito...

Pero bueno, volviendo al asunto que nos convoca, justamente a raíz de la altura que alcanza el tren, se lo llama tren a las nubes.  El clímax del viaje es el cruce del Viaducto de La Polvorilla, un puente de 223 metros de largo a 65 metros de altura con respecto al suelo. Sin resguardo alguno a los lados, el tren pasa sobre esta pasarela de solo 20 metros de ancho como si flotara en medio de las montañas y las nubes.

Una experiencia inolvidable que promete sensación de aventura y adrenalina a full. (Adjunto imágenes del tren con su tradicional locomotora diesel - Las fotos fueron tomadas de la página del Mintur)








¿Fábricas de qué?

Cuando Daniela tenía 5 años la inscribí en un curso vacacional de deportes al que tenía que asistir diariamente. Dicho curso se desarrollaba en unas instalaciones cercanas a la zona industrial de la ciudad, por lo que cada día pasábamos cerca de una serie de fábricas con estructuras enormes y las típicas chimeneas por donde eliminan vapor. Al parecer dichas estructuras habían llamado la atención de Daniela, pues un día que pasábamos frente a las industrias en pleno funcionamiento me preguntó qué eran esos tubos grandes de donde salía tanto humo, antes de darme tiempo a responderle, ella misma dijo: ¡Ah ya sé, son fábricas de nubes!

Su conclusión me causó mucha gracia y pensé que era lo suficientemente ingeniosa como para compartirla con el resto del mundo (jejeje) y al mismo tiempo cumplir con un viejo sueño que tenía: ver publicada una anécdota personal en Selecciones del Reader´s Digest. Así que decidí escribir un correo a esta publicación y al cabo de unos días me contactó una investigadora de esta revista, quien me envió un formulario a llenar contando detalles de la situación tales como cuando ocurrió, si alguien más estaba presente, quien más podía verificar la historia y cosas así. Respondí lo solicitado y al cabo de un tiempo me confirmaron que la historia sería publicada, pero que como las revistas se preparaban con varios meses de anticipación, entonces la anécdota aparecería probablemente en unos 4 o 5 meses.

Dicho y hecho, al cabo de un tiempo, apareció la anécdota de Daniela en una publicación que durante muchos años fue mi favorita y de la que aprendí muchísimo. Obviamente compré la revista y se la enseñé a quien estuvo dispuesto a verla, y si en este momento no les adjunto una foto de la publicación, es porque no tengo idea de donde puede estar, sé que seguramente reposa en algún rincón de la casa de mi mami, la pregunta es ¿dónde?




sábado, 20 de diciembre de 2014

EL COLOR DE LAS NUBES.

La palabra de la semana me ha traído a la mente el recuerdo de un político ya fallecido pero muy conocido y recordado por las ocurrencias en sus frases al referirse a sus adversarios.
Su nombre era Assad Bucaram Elmalhin, ocupó varios cargos públicos: consejero, diputado nacional, alcalde de Guayaquil, destacándose por su manera muy peculiar de dirigirse a sus adversarios, fundó un partido político llamado Concentración de Fuerzas Populares (CFP).

Era muy querido por el pueblo y temido por sus adversarios; cuando optó lanzarse como candidato a la presidencia del país, impidieron su inscripción aduciendo que era libanés (sus padres sí eran de ese país), por lo tanto lanzó como candidato a su sobrino político, quien llegó al poder y luego se distanció de su tío. Bucaram, quien cada vez que nombraban a su sobrino,  utilizó una frase que se hizo muy famosa: "déjenlo que viva en una nube rosa"

Nunca aclaró lo que quería decir con eso y dejó que la ciudadanía especulara libremente, inclusive algunos audaces descubrieran gamas de colores misóginos con "la nube rosada presidencial".

En fin, a las nubes las utilizamos para indicar muchas cosas, tales como:

"Los precios están por las nubes".

"Apareció una nube de mosquitos".

"Estás en las nubes".

"Bájate de las nubes y vive la realidad".


martes, 16 de diciembre de 2014

UN VIAJE A LAS NUBES

Conversando con mi hija, sobre la palabra de esta semana y mi dificultad para comentar sobre ella, ya que no tenía una aventura que contar sobre las nubes, me recordó el viaje  que mi esposo refería siempre hacia el pueblito andino, del estado donde yo nací LOs NEVADOS.
 
 Enclavado entre las montañas de los páramos merideños y a una altura de 3200 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el pequeño pueblo de Los Nevados.cuyo nombre se debe,  no  a las nubes permanentes,  ni a la temperatura bajo cero, ni a la altura, ni a estar entre montañas que lo cubren, sino a una leyenda de sus habitantes, indígenas de la zona, allá por los años 1600, los chibchas,  se dice que allí el SOL una vez se presentó tan imponente como un Rey y le ordenó a las nubes que se retiraran, cosa que ellas no aceptaron, pues era uno de esos momentos en que no estaban dispuestas a recibir órdenes, sobretodo de ese Señor que a cada momento quería desalojarlas, pasaron varios días y las nubes seguían sobre el pueblo sin dejar entrar un rayo del sol. Cansado este de esperar se dijo, ya me rogaran para que los visite y con mis rayos les de un poco de calor, cosa que no sucedió y hasta el día de hoy no ha podido entrar a ese pueblo.
Aunque eso no ha sido un problema, pues la naturaleza tan sabia se ha adaptado a vivir sin el sol, y allí se encuentran hortalizas y cereales propios de la zona, así como fauna abundante que viene de los ríos y aves que viven en sus árboles, cuyos colores de un azul grisáceo, plata y algunos llegan casi al blanco, son  una belleza.

Pues a ese pueblo viajé con mi esposo, allá por los años 60, cuando para llegar a él, debía ser con mulas como transporte  y el viaje desde Mérida  era de tres horas, hoy ya existe carretera donde solo pasan vehículos llamados Todo Terreno

Fue un viaje que a pesar de las nubes y aunque se piensa que solo la luna es para los enamorados, pues les puedo asegurar que fue un viaje donde el amor y el romanticismo estuvieron presentes, bajo un manto de nubes y sin estrellas.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Andar en las nubes, más que de costumbre

Acá en México como en muchos países seguramente, se usa el término, andar en las nubes, cuando uno anda todo distraído.

Pues así ando yo, supongo que por el exceso de trabajo lo cual ha incluido trabajar en domingo. Y pensar que esta semana será peor!!

Y digo, distraída es mi estado natural, pero últimamente es peor.

El sábado por ejemplo, la señora que me acompañaba, me tenía que estar recordando que debía pedir porque yo me quedaba pensando en la inmortalidad del cangrejo.

Y lo peor, fue hoy. Yo tengo que enviar mi examen el fin de semana porque debe estar en el correo de la secretaria el lunes antes de las 10 de la mañana.

Hoy a las 8:15 am. Hora en que salgo hacia mi trabajo, me di cuenta que no había enviado el examen, y eso que lo redacté desde el jueves pasado.

Pensé enviarlo desde el trabajo pero no lo había guardado en la memoria usb.

Así que tuve que prender la computadora, abrir el correo y enviarlo.

Y lo envié con respuestas!!

Es que yo escribo primero el examen con las respuestas correctas (mi clave) y luego lo copio, le borro las respuestas.

Y ese es el examen que envié para imprimir,  el contestado!!

No hay duda que Dios me detuvo antes de salir de casa, de lo contrario, yo habría que tenido que sacar 152 copias y pagarlas de mi bolsillo.


Así que estos días ando en las nubes, más que de costumbre!!

En el Malecón

Uno de los lugares más conocidos de la Habana es su malecón, el muro largo y bajo que bordea una buena parte de la ciudad. Es una frontera que por la mucha convivencia ya se percibe como natural entre la tierra y el agua. Es un (mal) contenedor de sueños y añoranzas; los unos de miles de habaneros y las otras del propio mar que, buscando recuperar lo que antes era suyo, de vez en cuando desafía al muro, lo embiste de mil maneras y hasta lo cruza para perderse tierra adentro, como a veces también hacen los hombres pero en la dirección contraria.

El malecón es, además, uno de los espacios más queridos y frecuentados de la ciudad. No creo que haya un habanero que no cuente con varios recuerdos relacionados con él. Es lugar de pesca en la mañana, de paseo en familia, de descanso en medio de la jornada, de romance en pareja, de alegrías con amigos, de reflexión en solitario, continuación de casi todas las fiestas... Al malecón se va a muchas cosas, y se va mucho. Siempre, de día o de noche, hay gente a su vera. 

Mientras viví en la isla, yo era también una de sus habituales. Iba con frecuencia, sola la mayoría de las veces. En la tarde, cuando el sol ya no castigaba tanto, me sentaba en el muro, me quitaba los zapatos y descolgaba los pies hacia el lado del agua. Ahí, entre el murmullo constante del vaivén de las olas y el olor a sal y algas, encontré un sitio ideal para pensar y para leer. No había nada mejor que tumbarse sobre el muro, con la mochila a modo de almohada y sumergirse en un buen libro. El mar se tragaba el ruido de los coches, las voces de la gente. Sólo quedábamos el libro y yo, sin otra compañía que la del mar. 

Fue en una de esas ocasiones cuando noté por primera vez las nubes. Estaba, como les digo, tumbada sobre el muro, cerré el libro que estaba leyendo por un momento y entonces las vi justo sobre mí. Nubes, muchas nubes que venían desde el mar. Avanzaban lenta y solemnemente en dirección a la ciudad. Eran nubes bajas, más o menos del mismo tamaño, equidistantes entre sí y con una característica especial: no sé si era efecto del mar, quizás del viento, pero todas sin excepción eran planas por la parte de abajo. 

Me quedé fascinada mirando ese fenómeno en el que nunca antes había reparado. Puede que fuera influencia de lo que leía, una historia de ciencia ficción, pero me pareció clarísimo que estaba en presencia de una invasión extraterrestre. Aquellas no eran nubes sino naves de otro planeta que, camufladas de esa forma para no ser reconocidas, iban adentrándose en nuestro territorio. ¿La prueba? Aquella sospechosa forma plana en su parte inferior. De ahí sacarían luego los apoyos para aterrizar. ¡Era evidente!

La impresión me duró poco, unos momentos no más. La vida de la ciudad no permite que este tipo de sueños se extienda demasiado, pero lo cierto es que aún hoy cuando veo nubes de esas características no puedo evitar pensar en la invasión extraterrestre que se nos viene encima, lenta, solemne, inexorablemente...

Crédito de imagen
(La imagen no es muy buena, pero es la que mejor permite ver las nubes planas de que les hablo.)