domingo, 23 de noviembre de 2014

La monjita a la que le gustaban los cuentos

Cuando pienso en la palabra "jornada" lo primero que viene a mi mente son las jornadas escolares. Aquellos tiempos lejanos en que estudiaba los primeros grados de educación básica y donde todo parecía novedoso y diferente. Estudié en una escuela de monjitas, en tiempos en que la educación se dividía en escuelas para niñas y escuelas para niños, y si bien eso nos quitaba la ventaja de la convivencia entre ambos sexos, también nos daba la libertad de comportarnos más libremente, sin cohibirnos por lo que dirían los muchachos. Es poco lo que recuerdo de aquellos primeros años, sin embargo les compartiré algunas de estas memorias.

Recuerdo por ejemplo, que cuando estaba en primero o segundo grado de primaria, la jornada escolar estaba dividida por dos periodos de recreo: cada uno de aproximadamente 20 minutos. En el primer recreo no había novedades, podíamos circular y correr por todo el patio sin problemas, pero ¡ay! de que alguna de nosotras se atreviera a acudir al rincón izquierdo del patio durante el segundo recreo, lo más probable era que algo terrible le ocurriera, pues se corría la voz de que el diablo se aparecía allí durante ese período. El porqué el diablo esperaba al segundo recreo para aparecerse es todavía un misterio al que no le encuentro solución ni respuesta jajajaja.

También recuerdo que en la parte posterior de la escuela había una puerta de garaje que estaba cerrada con una cadena y un candado, lo cual impedía que cualquiera pudiera entrar o salir sin tener la llave, pero si era posible que templando la cadena al máximo, se hiciera una pequeña abertura en la parte inferior. Era allí cuando, al grito de "si pasa la cabeza, pasa el cuerpo", nos arrastrábamos por el piso para salir de la escuela 5 minutos antes que el resto de las alumnas. Por suerte todas éramos unas flacas cabezonas y ninguna de nosotras se quedó atrapada en esa puerta :D

Otra de las situaciones que viene a mi mente fue cuando estaba en primer grado,
Las niñas del primer grado de la escuela.
La monjita al frente es la hermana Teresa y
el ángel desgarbado vestido de rosado que está
a la izquierda soy yo
mi mejor amiga de toda la vida, Rossanna (sigue siendo my BFF) y yo estábamos jugando durante las clases con unos pequeños naipes que habíamos llevado y que nos mantenían distraídas mientras la hermana Teresa daba la clase. Tan distraídas estábamos que no nos dimos cuenta cuando la hermana se acercó a nosotras con un gran metro en la mano y nos dio un golpe en la cabeza a cada una de nosotras, eso además de confiscarnos los naipes. Cabe recalcar que cada vez que Rosy y yo nos acordamos de ese episodio nos morimos de la risa, y no acusamos ningún trauma sicológico por el uso desmedido de la fuerza de parte de nuestra maestra jajajaja.

Por cierto, durante ese mismo año, al final del período lectivo era costumbre que la maestra y los padres de familia organizaran un viaje para festejar a los niños. Viviendo al pie del mar, lo más lógico era llevarnos a un día de playa, y allí estábamos: las alumnas, la hermana Teresa y algunos padres, felices rumbo a la playa de Ayangue, de aguas sumamente tranquilas, a disfrutar de un merecido día de juegos y descanso. Todo iba como de costumbre, todas las niñas remojándonos como pasas en el mar desde que llegamos, hasta que una extraña se acercó a nuestro grupo y empezó a hablarnos. Consciente de las advertencias de mi mamá de no hablar con extraños, salí corriendo del agua a informarle de esa extraña mujer que se nos había acercado, cuando mi mami, entre risas, me aclaró que aquella extraña no era otra que nuestra maestra, la hermana Teresa, que despojada de su hábito y su velo, disfrutaba con una cómoda ropa de baño de las delicias del mar. Yo no la había reconocido y tardé un poco en relacionar a aquella mujer con mi maestra. Cosas de la niñez jejeje.

Y ya que hablamos de las monjitas, no puedo dejar de mencionar a aquella cuyo nombre olvidé, que era la encargada de administrar la librería de la escuela. Acudir a ese rincón era delicioso, lleno de cuadernos, libros, estampas, lápices, borradores, todo con ese riquísimo olor a nuevo y siempre con algo nuevo para sorprendernos. Pero esa monjita, que era tan eficiente administrando el negocio, tenía una pequeña debilidad: adoraba los cuentos, y por alguna razón, terminó enterándose de que yo, ávida lectora, me sabía muchísimos cuentos (de los tantos comprados por mis padres). Ni corta ni perezosa, cada recreo me acercaba a la librería y le proponía contarle una historia, ella tomaba asiento y escuchaba a una pequeña niña parlanchina que se enorgullecía de su capacidad de cuenta-cuentos y de su selecto público, y que al final, era recompensaba con un lápiz nuevo o con una estampita. Recuerdo, al final del año, que dicha monjita me regaló una pequeña iglesia de color verde, decorada con detalles de color dorado, y cuyas campanas se movían. Fue un regalo precioso que conservamos en casa durante muchos años y que pasó a formar parte de la decoración del nacimiento que año a año colocábamos en mi hogar. No sé si aún está entre las cosas que guarda mi mami, pero sé que está siempre en mi memoria como el recuerdo de la monjita a la que le gustaban los cuentos.



UNA JORNADA NO PLANIFICADA, PERO INOLVIDABLE

Colaboración de Luisa Adriana

No son muchas las acciones que pudiera comentar acerca de “Jornada”, todo participamos de las laborales, de las de estudio, de las duras jornadas de estudien casa o con amigos en trabajos y tareas académicas; así que una específica solo ahondaría en alguna que pudo ser incluso trivial. Queriendo dar algo de mayor importancia a algún día, tengo muy fresco en mi mente, la visita que Cecilia hizo a nuestra ciudad este año, entre muchas cosas que yo quería planear, que esperaba todo fuera supremamente agradable y en un solo instante conociera una ciudad de 1178 km 2 , algo más que utópico, pero bueno era la ilusión.

Acá el Cerro de Monserrate visto desde la ciudad
Crédito de imagen
En mi ciudad está el cerro de Monserrate, al cual casi por obligación todos nacidos y visitantes deben conocer. Yo no lo había incluido en el programa, pues no me gusta, y le había comentado a Christian, para que dentro de su tiempo lo pudiera organizar, prefería no ir yo, no es un programa de mi agrado, creo había ido dos veces y en mi vida, eso ya era suficiente.

Pero bueno, nuestra Jornada de viernes con Cecilia, considere decirle que era importante el centro de la ciudad, lo típico, lo colonial, museos; almorzar algo típico, estuvimos en un restaurante sencillo, donde ella conoció dos platos de nuestra tierra, caminamos, de aquí para allí, y seguimos un medio plan; estábamos en una calle cerca al Palacio de Nariño, casa del presidente y gobierno; y llamamos a mi esposo Héctor, porque él había quedado con unos amigos, para esa noche, y no sabíamos si invitar o no a Cecilia, hasta tanto no le consultáramos ; entre llamada va y viene, entre que sí y que no, no hubo plan con ellos. Entonces comenzamos a caminar por la Candelaria, que es la zona colonial; en alguna cuadra yo divise la inmensidad de Monserrate, y se me cruzo la loca idea de decirle que nos fuéramos para allí, ella claro, sorprendida, pero no que no te gusta, y me dije si no es hoy es nunca, no habrá más tiempo y no te puedes ir sin conocerlo.

SUBIDA AL CERRO

Crédito de imagen
Como no conocía el cómo ir y venir de allí, mi esposo al teléfono nos orientaba, yo me confundí de la calle donde debíamos estacionarnos para tomar un taxi, hasta la entrada al lugar, la hice subir y bajar por calles empinadas, porque se me dio que nada tendría sentido si no estábamos allí antes de que el atardecer se diera. A pesar de ser una tarde muy fría y encapotada. Llegamos, subimos al funicular, y llegamos a la cima, Admiramos, realmente se admira mi bella ciudad desde allí, subimos las escalas hasta donde hay un aviso que te dice que estamos a más de 2600 mts, del nivel del mar, sin aire,  riéndonos de todo, y comentando todo. Luego nos hicimos junto a unos muros a observar el atardecer; desde allí le enviamos una foto y mensaje a Christian, contándole donde estábamos; seguro me creía loca…jajaja.

Crédito de imagen
Creo que de todo lo que pudimos compartir ese atardecer fue lo que acrecentó nuestra cercanía, conversamos muy delicioso, de nuestras vidas, y dejamos paso a poder observar desde allí, detalles de la ciudad, por esos días se hacía un homenaje a Gabo, en un edificio de la ciudad el Colpatria, el más alto estaba decorado con un juego de luces que hacían un baile de las mariposas amarillas, lo vimos completo, Ceci, lo grabo, terminamos de recorrer y conocer el lugar, hay dos restaurantes, hasta que de pronto el frio nos fue calando y decidimos regresar. Bajamos al estar en la puerta, intente recordar como me había explicado Héctor regresar, de nuevo yo me equivoque y tomamos una buseta que nos recorrió los barrios aledaños de la zona, arriba aun, subía y subía, y yo, nooo por favor debe es bajar, después comenzó a hacerlo, y pasamos frente al ingreso de Monserrate, y le dije a Cecilia, ah!! No había que cruzar la calle, esperábamos al frente.

De esta “jornada” sin premeditación, además de la grata compañía, de robarle a Christian el privilegio de llevar a Ceci a conocerla, aprendí como ir y venir de Monserrate, el símbolo emblemático muy  alto de mi ciudad. Quien venga pronto, puede estar seguro que los llevare por buen camino.

Vista desde Monserrate, el que sobresale es el edificio Colpatria.
Vista Nocturna.  (Crédito de imagen)

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Soy Luisa Adriana, Colombianísima, amante de la vida, las letras, la música, profundamente entregada a vivir tranquila en armonía, con mis adorados hombres. Anhelo en este espacio con tan grata idea poder compartir ideas que te quedan rondando en la cabeza.

Una Jornada que marcó mi camino


La palabra Jornada me remite a trabajo...sobre todo a jornadas especiales...  Cuando estaba en la universidad participábamos de jornadas de alfabetización de adultos y luego cuando trabajaba en la escuela teníamos media docena de veces al año Jornadas de Perfeccionamiento docente.  En ambos casos las recuerdo como algo que no aportaba nada útil, donde tomábamos mate y hablábamos de cualquier cosa mientras hacíamos tiempo para que llegue la hora de ir a casa.

Pero... por suerte acá tengo un pero...cuando comencé a trabajar en turismo, las Jornadas de Capacitación se convirtieron en lo mejor del año!!!  A veces duran un día o dos, pero pueden durar una semana o mas. y Siempre significa que me enviarán a aprender algo a algún lugar adonde no podría ir si tuviera que pagarlo con mi sueldo jajajaj

He tenido Jornadas en hoteles de lujo, jornadas en viajes de varios días a lugares preciosos, en hermosas oficinas con vista al río..el 12 de diciembre tengo una capacitación organizada por la compañía MSC de cruceros..en fin, un apostolado lo mío.

Pero como tengo que elegir algo especial que decir sobre las Jornadas, me quedo con la primera capacitación de turismo que hice.  En el primer año de la universidad tenía un profe que me encantaba. El tipo no sólo me parecía guapo y elegante, sino que además era todo lo que yo quiero ser en la vida: culto, viajado, exitoso y rico.  Dueño de su propia empresa de viajes, profe y coordinador de toda la carrera de turismo en la universidad.  La cuestión es que como el profe me gustaba tanto, me esmeraba mucho en sus clases y terminé llamando su atención.  Fue el primero en darme una oportunidad para trabajar en turismo y fue como mi Pigmallion.  Su empresa organizó una capacitación en Mendoza, una provincia Argentina al pie de la cordillera de los Andes y el profe me llevó con él.  En esos 5 días comprobé varias cosas:  que no me había equivocado en la elección, que el turismo era a lo que me quería dedicar, aprendí a amar mi carrera.  Y además me gané el corazón del profe, que hasta hoy sigue siendo la figura más influyente en mi vida.  Hoy, años después, ya somos colegas en la Universidad, seguimos siendo muy unidos, hemos viajado juntos, compartimos las alegrías y tristezas de la profesión, salimos a cenar o vamos al teatro.  Así que, resumiendo, una simple jornada de capacitación cambió mi vida.

La foto es de ese viaje.  Mi profe amado, Raúl, es quien está a la izquierda, con anteojos oscuros.   


La jornada del Festival Presidente y los años

El Festival Presidente de Música Latina
, un festival organizado por Cervecería Nacional Dominicana en "agradecimiento" al apoyo que siempre ha recibido la cerveza Presidente, tuvo su primera versión en 1997, una jornada de 3 días que mezclaba artistas nacionales e internacionales, los más populares en ambos casos. Durante esos 3 días, la fiesta se extendía desde las seis de la tarde hasta... hasta que se acabara, todo dependía de cuanto cantara un artista o de cuanto se tardaran en el montaje entre un artista y otro.

Esa primera jornada del Festival Presidente incluyó a Marc Anthony en los inicios de su carrera, Gilberto Santarosa, Enmanuel, Alejandro Fernández, Carlos Vives

Ricky Martín (estos últimos tres repitieron al año siguiente) Ana Barbara y Thalia  que fue el gran fracaso de la jornada, la trajeron contando con su popularidad en Las Marias y no logró conectar con el publico que la dejó prácticamente sola, y unos cuantos artistas más; eran entre cinco y seis artistas por noche y yo fui a cada una de esas noches. La primera noche, viernes, salí del trabajo directo para el estadio y en las dos noches siguientes salíamos cerca de las tres para ubicarnos en un lugar de nuestro agrado, obviamente lo más cerca de la tarima posible.

Para la segunda versión, se incluyó a Maná, Azúcar Moreno, Niche, DLG súper popular en esa época; Juan Gabriel fue el abandonado de ese año, exigió cerrar la noche y el público se fue al concluir la presentación de Maná. Alejandro Fernández se robo el show al cantar más de 30 canciones bajo un aguacero hasta las dos de la madrugada, llegué a mi casa cerca de las tres para estar en el estadio nuevamente a las cuatro de la tarde para la última noche que cerró Ricky Martín.

Para 1999, estuvieron Shakira, Chayanne y regresó Marc Anthony. Durante esas tres primeras jornadas del Festival Presidente, no falté una sólo noche, no importaba si los artistas me gustaban mucho, poco o nada, a todos (salvo a Thalia y Juan Gabriel) los salte y cante sus canciones como si fueran mis favoritos, incluidos a los locales.

Para el 2000, alegando crisis por el aumento de los impuestos a las bebidas alcohólicas, no hubo Festival; regresó para 2001 con la novedad de que sería cada dos años. Para las tres siguientes jornadas (2001, 2003 y 2005) se estrenaron Alejandro Sanz, La Ley, Arjona, Juanes, Montaner, Bisbal, Julieta Venegas, Diego Torres, Franco de Vita, JLo...y repitieron Chayanne, Marc Anthony (nuestro gran consentido), Maná, entre otros. Para esta segunda etapa, después del 2001, no fui a toda la jornada,

aunque para el 2003 compré boletas para  las tres noches, luego de ir los dos primeros días el cuerpo no me respondió para el tercero y en ese momento sentí el peso de los años!! Para el 2005, compré boletas sólo para dos noches, no recuerdo cuales, creo que obvie la noche de Julieta Venegas. Nunca dejaría de ver a Marc o a Chayanne!!


Para el 2007 y 2009, tampoco tuvimos Festival, volvió para el 2010, en esta ocasión fui una sola noche que incluía a Fonsi, Luis Enrique, Tito el bambino y Juan Luis Guerra. Por  JLG hice el sacrificio de ver a Tito y de remontarme atrás, bien atrás con Luis Enrique que había pasado de moda hace tiempo.

Ese año fue excelente, no teniamos que esperar entre un artista y otro porque implementaron un escenario con doble tarima, mientras un artista cantaba en una,  habilitaban la otra para el siguiente

Durante los próximos tres años nos quedamos sin festival por las negociaciones de fusión entre Cervecería Nacional Dominicana y AmBev, volvió este año pero ya no sería sólo de música latina.

Por más que traté de buscar una opción para ir por lo menos a una noche, sólo veía los "peros". Quiero ver a Calle 13 y a Tiesto PERO tendría que ver a esos que no se quienes son (Duck Sauce) y a los urbanos locales, además si quisiera tanta musica electrónica hubiera ido a Barbarella... Me gusta Maná PERO los he visto tantas veces dentro y fuera del Festival y encima tendría que ver a Anthony Santos... Sería bueno ver a Bruno Mars PERO aguantar a Daddy Yanke y los salseros como que no... Y no fui ni un sólo día.

Atrás quedaron los tiempos en que iba al Festival Presidente sin importarme mucho los artistas que estaban como relleno de mis favoritos, esos que aunque no me gustaran los cantaba y saltaba toda la noche, que no me molestaba la espera entre uno y otro y que al día siguiente estaba como nueva para repetir todo el trajín; ahora me fijo más en el relleno que tendría que soportar para ver a los que me gustan y me digo que ya no estoy en edad para esos trotes!!

sábado, 22 de noviembre de 2014

Jornadas de pesca en Galicia

Colaboración de Releante

 Hola a todos. Primero pediros disculpas por no haber escrito hace tiempo, pero entre la operación, preoperación y rehabilitación, no tuve mucho tiempo, aunque, la conexión telefónica a internet me permitió leeros con asiduidad. Así que ahí va el de esta semana.

 Jornadas hay muchas, a la cabeza me vienen últimas jornadas de la liga, dónde mi Dépor descendía, donde perdíamos una Liga en el último minuto de la última jornada de la liga (lloré como un bebé, debo reconocerlo) al fallar un penalty en un partido contra el Valencia que le daba la liga al Barcelona del encarcelado Núñez. O de esa última jornada, de unos años después, cuando ganábamos la liga ante el Español  de Barcelona en Riazor (también lloré como un bebé). Pero jornada no solamente es una cuestión futbolística, también es la jornada laboral, por ejemplo, aún me acuerdo de mi primera jornada en la fábrica, recién salido de la universidad, un crío, en comparación de los hombretones que allí trabajaban. Fue una jornada dura, pero fue la primera de muchas más, doce años llevo dando el callo, desde aquel, dos de Diciembre de dos mil dos. Pero también hay más jornadas, además de la del trabajo y de la liga de fútbol. A mi una, que espero año tras año, es la jornada de pesca, de pesca de río. Soy un gran aficionado a esta disciplina deportiva. Mucho tiene que ver, el vivirla  con mi padre y con mi tíos, los que me engancharon a este deporte. Nunca me olvidaré de esa primera jornada de pesca en los ríos Gallegos. Yo y mi padre, mi padre y yo, uno por cada vera del río. Una ligera lluvia caía sobre nosotros y sobre el río Anllo, afluente del Miño. 



No llevaba mucha agua, así lo había elegido mi progenitor para mi primera jornada. Vamos por dentro del río, lanzando nuestras cucharillas contracorriente. El agua limpísima y pequeños regueros de algas a lo largo del río, los árboles que cubrían el curso del río y nos protegía de la lluvia y de los pocos momentos de sol. Más que pescar, yo me dediqué a admirar a mi padre como hacía, el arte que tenía y tiene para esto, y que tanta fama le ha dado por estos lares. Lo miraba e intentaba imitar, pero cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia. Cada poco tiempo una trucha venía adosada a esa cucharilla que mi padre había hecho con sus propias manos, su alumno, bastante le llegaba con no caerse y darse un buen chapuzón. Lo intententé e intenté, pero nada de nada, de vez en cuando, algún tirón  hacía la ilusión de traer una pieza al otro extremo del sedal, pero nada más lejos de la realidad, en cualquier caso, algún trozo de alga o algún enganche en una rama, producto de un mal lance. Pero el volver a casa con cesto vacío, y acompañado por mi padre, con cesto lleno, no hizo menguar mis ganas por repetir jornadas, es más, aumentó mi deseo de volver. 
Y así fue, año tras año, espero que llegue la primera jornada de pesca de la nueva temporada. Con los años uno va mejorando, y el cesto, rara vez vuelve vacío, pero esto no siempre es lo importante. El poder caminar por los ríos, con el único ruido del agua, solo con tus pensamientos, da para mucho. Pararte a la sombra, a tus pies una corriente de agua, de fondo un hermoso y tranquilo paisaje, haciendo un impás `para comerte un bocadillo con una cervecita, para coger fuerzas y continuar con la jornada. Luego, como no podía ser menos, juntarnos todos y contarnos las hazañas y anécdotas del día, eso si, como buenos pescadores, exagerando lo más posible, en cuanto a tamaños y número de piezas. Este año no pudo ser, por culpa de mi rodilla, no pude estrenar la temporada. Recién operado, espero estar listo para la próxima temporada y su primera jornada de pesca del año. Eso si, la jornada no es de un día, ya que, la jornada no acaba, hasta que preparas unas buenas truchas, con su pizca de sal y de pimentón, con su tira de bacon o jamón por dentro, bien torraditas a la sartén. o si hubo suerte, y picó una de buen tamaño, hacerla al horno y disfrutarla entre varios. Solo espero, poder disfrutar de esta afición durante muchos años más, años con sus temporadas y temporadas con sus jornadas, y si puede seguir siendo con mi padre, pues mejor que mejor. Un abrazo.


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Hola, soy Releante, y además de estar súperagradecido e ilusionado por estar aquí con vosotros, estoy también asustado. Soy un sencillo hombre de una pequeña ciudad de España, La Coruña. Marido, casado y felizmente casado, soy padre de dos hijos, niña y niño. No soy ni un gran literato ni un gran lector, debido al poco tiempo que tengo, y a lo bastante perezoso que soy, me cuesta echarle la mano a buen libro, por miedo a no poder acabarlo, pero trataré de corregirme. Espero amenizaros y que os gusten mis intentos de relato y también estar a la altura de vuestros escritos. Muchas gracias por acogerme y también deseo que disfrutemos juntos. Un abrazo.

Mi blog personal: El sillón de papá

jueves, 20 de noviembre de 2014

Una buena jornada

La palabra de esta semana me ha costado un poco. Jornada es un término muy amplio y cada idea que se me ocurría ya había sido tomada como la de La Jornada Ideológica Camilo-Che o las jornadas de vacunación. Pero la feliz coincidencia de una invitación por partes de mis amigas y mi cumpleaños me dieron el tema.

Mis amiga de Ecuador, Jessica, nos había invitado al resto de nosotras a una cata de vinos. Es algo que nunca había hecho antes y se me antojaba divertido. El día de dicha cata era ayer, 19 de noviembre y aunque no estaba muy animada porque la cercanía de mi cumpleaños (20 de noviembre) siempre tiende a deprimirme, me puse mi outfit de invierno y salí.

La cata era en un lugar llamado Instituto Cervantes, en un salón más bien pequeño e íntimo. Habríamos máximo 30 personas. Una mesa larga, copas, papas fritas, encurtidos, quesos y botellas de agua para enjuagar las copas tras cada degustación.



Se catarían 5 vinos, dos blancos y tres tintos. Allí nos enteramos lo que cambia el sabor según el tonel en que estén almacenados los "caldos" como les dicen en argot de la industria. Que hay vinos blancos afrutados preferidos por las mujeres y otros más secos y masculinos. Que teníamos que tener cuidado con el primero de los tintos que catamos pues si nos caía una gota en la ropa...la mancha no saldría.



También que, por muchas patatas y quesos y encurtidos, después de probar el cuarto vino ya estás más que entrando en calor y con una sensación de bienestar muy agradable. Fue una experiencia novedosa y muy divertida ya que era todo un show ver como a los hombres y mujeres muy blancos de tez se le subían los colores. Por suerte nosotras, latinas al fin, no tenemos ese problema y lo que si se nos puso una cara de felicidad de campeonato.



Fue la noche perfecta para esperar mi cumple..y una jornada muy bien aprovechada!!!!!

Como la de hoy, que comenzó con mi hijo felicitándome antes de ir al cole y dándome su postal y su regalo junto a mi esposo (aunque él me lo dio la noche antes..a las 12 y 1 minuto). Como dije antes me deprime un poco mi cumple lejos de mi madre y mis amigos de la infancia y el día de hoy no ayudaba pues amaneció con vientos de levante, lluvia y el cielo más plomizo hasta ahora. Pero es como dicen...la compañía lo hace todo, así que fui con mi esposo a almorzar a un bar de tapas y esperar a que mi niño saliera del cole y celebrar el cumple en familia.



Dulces, happy birthday en inglés y español y una tarde de celebración con mi hijo, esposo y familia más cercana, más hablar con mi madre han sido el colofón ideal de una jornada que auguraba depresión y tristeza...y el preludio de la de mañana...viajar con mi esposo a conocer Roma y seguir celebrando la jornada cumpleañera. Total...si la jornada Camilo-Che es todo un mes, quién dice que los 35 no se pueden celebrar durante cuatro días??. Al menos yo no...y me propongo demostrarlo.

Así que termino mi entrada y mis maletas, me siento en mi sofa con un buen vino blanco, jamón serrano y quesos y mi esposo al lado...y me despido de todos hasta el martes. La Citá Eterna me espera!!!!

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las Jornadas de Vacunación

Allá por los años 70, cuando yo tenía entre 14 y 15 años, no lo recuerdo muy bien, estudiaba alguno de los ciclos básicos, se realizó una jornada de vacunación contra la poliomielitis, para lo cual tomaron en cuenta a estudiantes del nivel medio.  Era una campaña masiva para alcanzar a la mayoría de niños comprendidos entre uno y cinco años.

Recuerdo que iban de aula en aula preguntando quién quería participar, en ese entonces yo era una chica muy inquieta, con deseos de hacer muchas cosas, no dudé en ponerme de pie y decir presente, yo quiero ir :D, para mí era una oportunidad de poner en práctica algo que deseaba hacer: estudiar medicina.

Así que una mañana muy temprano, nos reunimos para ir a los lugares más apartados, al campo, a las montañas, a los cerros, formamos parejas para ir casa por casa aplicando la vacuna.

Esa vacuna era bebible, no sé qué sabor tenía pero no debe haber sido muy agradable, ya que teníamos unos terrones de azúcar donde poníamos dos gotas del líquido y luego se los dábamos a los niños.  Busqué alguna imagen de los terrones de azúcar pero no la encontré, así que puse la que más se parecía a lo que teníamos que hacer.

Por supuesto que la tarea no era nada fácil, había hogares donde escondían a los niños, qué podían pensar las madres al ver a dos chicas adolescentes dándoles un terrón de azúcar con un líquido rosado a sus pequeños, teníamos que convencerlas que era por su bien, le hablábamos de lo terrible de la enfermedad, algunas cedían y permitían que se lo diéramos pero otras no, gracias a Dios fueron muy pocas.

Lo más grato del día, fue recibir invitaciones para comer, en medio de la pobreza y necesidad de las personas, muchas querían compartir sus tortillas, huevos revueltos, chirmol, café, cualquier cosa con nosotras, nos decían que andar caminando bajo el Sol, entre el polvo y con carga, debíamos estar muy agotadas, que descansáramos un poco mientras nos preparaban algo para comer, realmente fue algo muy hermoso.

Lastimosamente en ese tiempo no teníamos cámaras digitales y las otras no estaban al alcance de nuestras posibilidades, así que no pudimos tomarnos fotografías de aquellos momentos, pero encontré una que más o menos ejemplifica la manera de hacerlo, las madres sostenían en sus brazos a los niños pequeños mientras les poníamos el terrón en la boca, esperábamos un momento para comprobar que lo diluían y luego tomábamos a otro niño.  Fue algo muy agotador pero muy satisfactorio, terminamos muy cansadas pero felices.  Afortunadamente, creo que en el año 1,997 o por ahí, la poliomielitis fue erradicada de nuestro país, ya no hay más niños con muletas o hierros en sus piernas para poder caminar. 

Crédito de las imágenes: Bebé vacunado - Jornada de vacunación