sábado, 7 de febrero de 2015

texturas que nos invitan a viajar en el tiempo

Esta semana escribo mi entrada desde la maravillosa ciudad de Oaxaca, México, hasta donde mis vacaciones me han traído.
Y justamente hoy estuve en un lugar llamado Mitla (de Mitlan) o lugar de los muertos.  Este lugar parece ser la descripción física de la palabra textura.


He tenido la buena fortuna de visitar muchos sitios arqueológicos prehispánicos en mi vida. La mayoría de ustedes me conoce y sabe de mi gusto por la historia y la arqueología de nuestro continente. Pero nunca antes algo me había impactado tanto como las paredes cubiertas de grecas perfectas de este colosal lugar.
Pero si hablamos de texturas en su sentido más amplio, hoy vi un arbol de 2000 años de edad, una iglesia llena e flores y globos, los mas hermosos tapices hechos en telar por las manos hábiles de nuestras mujeres.

viernes, 6 de febrero de 2015

FLORES DE SUAVE TEXTURA

Me fue un poco difícil, encontrar una aventura que tuviera relación con la palabra Textura, pero buscando información en Google, me encuentro con un detalle que se me escapaba, que la textura de una superficie se puede apreciar o por el tacto o la vista, y comprendí que a ciertos objetos con solo una mirada, podemos saber que textura tienen y que existe la textura natural y la artificial que es obtenida de la mano del hombre, como la de la seda, del mármol pulido, etc.
Pero como este no es el objetivo de ese blog, debo contarles una aventura o mejor un recuerdo de los muchos que guardo de mi infancia.
Mi Madre, que era una apasionada jardinera, tenía la virtud, por así llamarla,  que toda planta que sembraba se le reproducía inmediatamente, hasta una hoja colocada  bajo tierra, se convertía por arte de magia en una bella planta.
Vivíamos en una casa antigua, mas larga que ancha, cuya entrada consistía en un pasillo angosto llamado zaguán,  tenía una puerta a un lado que conducía al recibo y otra al frente, que lo hacía hacia al interior de la casa, al pasar esta puerta nos encontrábamos en un patio rodeado de corredores que daba a las habitaciones y en el centro de ese patio un  jardín de toda clase de flores, rosas, dalias, claveles, calas, azucenas y violetas, entre ellas una especie llamada pensamiento y popularmente la tímida Violeta, pués se escondía entre las hojas de otras plantas y otra Violeta Africana, de hojas carnosas, difícil de cultivar  y de una textura suave y aterciopelada, era mi planta favorita, me gustaba tener sus hojas en mis manos, cosa difícil pues por ser tan delicada, estaba prohibido tocarla, aunque yo me las ingeniaba para robarme una, cuando mi madre se descuidaba, acción que me trajo muchos castigos, pero me era imposible no tocar sus hojas de tan suave textura.


El zaguán dependía de la categoría de la casa, unos verdaderas joyas arquitectónicas, otros mas humilde.



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Les envío fotos de Violetas silvestres y la violeta africana de suave textura, además dos tipos de Zaguán, uno lujoso y el otro  mas corriente y el que se parece mas al de mi casa.

Mi gusto por los sapos

Me ha costado encontrar una anécdota que tenga que ver con la palabra textura, no soy dada a las artes manuales, lo más que he hecho en mi vida han sido suéteres con tricot y crochet, pero de ahí no he pasado.



Pensé en los alimentos y encontré que la única textura que me encanta es la de la gelatina y todos sus derivados, especialmente estos dulces, que cuando llegan a caer en mis manos, no duran ni cinco minutos, así sea una bolsa muy grande.


                                                                                          Gomitas                                                             

Pero lo que más se me hizo adecuado para compartir, es mi gusto por los sapos, si, leyeron bien, los sapos. Resulta que cuando era pequeña, mi abuelito padecía de una enfermedad llamada Erisipela en una de sus piernas, como al buen señor no le gustaba acudir al médico, su refrán favorito era "solo vino, solo se tiene que ir", esa pierna se le ponía muy roja y al parecer le dolía y le causaba picazón, no recuerdo bien porque yo entonces andaba alrededor de los seis años.

Entonces alguien le dijo que los sapos eran buenos para eso, así que nos mandaban a "cazarlos", salíamos en las noches a buscar entre las piedras, entre matorrales y los poníamos en una bolsa, los llevábamos y le pasaban la panza por la pierna hasta que ésta se les ponía roja, así se iba curando mi abuelito, gracias al beneficio de los sapos.

Hace mucho tiempo que no veo uno, menos los he tocado, pero desde esa vez me encanta la rugosidad de su piel.

jueves, 5 de febrero de 2015

MIS HUELLAS

Tengo entendido que las huellas digitales sirven entre otras cosas, para sentir las texturas de los objetos que tocamos.

Hace algunos años se me extravió mi cédula de identidad; en esa época era una hazaña poder adquirir otra, por el nivel de corrupción que existía en el antiguo Registro Civil del Ecuador, de ahí que pasé por muchos contratiempos al no tenerla ya que  no podía realizar algunos trámites.

Recuerdo que al sitio donde vivía en ese entonces (Salinas), llegó una brigada de cedulación, el padre de mis hijos se enteró y me avisó para  obtener una nueva, muy presta me fui a la escuela donde estaban ubicados; cuando ya me habían tomado mis datos y la consiguiente fotografía, faltaba tan solo poner mis huellas en una tarjeta índice y qué creen, no salían las huellas  correspondientes a tres dedos, volvieron a tomarlas y nada, luego llamaron a un señor para que vea mis dedos e indique los números de los tres dedos, en fin que logré obtener mi cédula.

Luego, cuando tuve que renovarla, en esta ocasión acudí al Registro Civil de Guayaquil, nuevamente me tomaron las huellas digitales y se dieron cuenta que uno de los números no coincidían con la cédula anterior anterior, expliqué la razón y  se corrigió el pequeño problema.

Hace unos 4 años en que deposité una fuerte cantidad de dinero en el Banco, me dijeron que ponga mi dedo pulgar derecho en  un aparato para tomar mi huella y oh sorpresa,  no salía, me dieron un pañito húmedo para que me limpie el dedo y  nada, entonces recordé lo que me sucedió con mi cédula, al final tuve que firmar unos papeles porque no fue posible la impresión dactilar.

Hace más de un año en que me acerqué al Consulado Norteamericano para sacar visa para viajar a Estados Unidos, me preocupaba  que no salga la huella de mi dedo pulgar y que este sea un motivo para que no me visen, gracias a Dios que de primera apareció mi huella y todo fue bien.

Tengo la duda, si los aparatos anteriores  no servían o como digo,  mis huellas están "gastadas", ja ja.

Como corolario, mientras trabajaba como parvularia, es grata la sensación de sentir las diversas texturas que se adquieren al realizar actividades grafoplásticas, ya se imaginarán al observar las caras de alegría y sorpresa que ponen los pequeños.

lunes, 2 de febrero de 2015

Mi vestido verde

No les miento si les digo que debo haber estado entre las niñas que más regalos recibió en su infancia. Mi padre sobre todo me malacostumbró en este sentido. Él trabajaba en ese entonces en una fábrica de tabacos en plena zona comercial de Centro Habana,  y cada tarde en el camino entre la fábrica y la parada del autobús que tomaba para regresar a casa, pasaba por muchas tiendas que aún estaban abiertas. Todos los días, pues, me traía algo. Casi siempre era un libro, una revista o algo para leer, y con frecuencia también juguetes, ropa o lo que encontrara de nuevo por ahí. 

Hay uno de estos regalos que aún relumbra con luz propia entre tantos otros cuando vuelvo la vista atrás. Era un vestido para estar en casa, sencillito, no más con unos tirantes y un encaje en el borde del escote, pero tenía dos características que lo hacían especial a mis ojos. Lo primero era el color: un verde claro y brillante, de una alegre tonalidad que incluye mucho amarillo y que mi madre llamaba “verde chatré”. Lo segundo, y lo más memorable que le encontré al vestido, fue la textura. La tela era satinada, de ese tipo tan ligero que al intentar sostenerla parece que se escapara de las manos. De más está decir que no tardé ni medio minuto en ponérmelo, y que este pasó a ser mi vestido favorito durante mucho tiempo.

Sin embargo, hay algo más que recuerdo de aquel día en que llegó mi vestido verde. Al ponérmelo y después de mirarme varias veces en el espejo, por supuesto, fui directo a sentarme en mi escritorio, tomé un cuaderno nuevo y comencé a escribir lo que luego llamé “mi primera novela”. Sentía que había encontrado el vestido ideal para hacer lo que quería ser en la vida. Tenía yo entonces unos siete años, no más. 

Aquel vestido vino a ponerlo todo en su justo lugar y puedo decir que fue definitorio en más de un sentido para mí. Mi color preferido, por supuesto, es el verde de esa tonalidad alegre y brillante que siempre me hace sonreír. Mi tela favorita es la seda, en esa variante satinada que resbala sobre la piel, que te da cierto aire de reina y, al mismo tiempo, se siente como si no tuvieras puesto nada encima. Mi ocupación favorita sigue siendo escribir. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Una muy mala noche

Algunos tal vez sepan que yo estoy en una academia de inglés desde los 8 años. Los cursos del 1 al 6 son para niños. En el nivel 1 me hice muy amiga de dos compañeras: Romina y Adriana.

Una noche (horario 4 pm a 8 pm) Adriana se sentía mal. Le dolía la cabeza, tenía fiebre, y en el recreo tuvo náuseas. La miss le dio permiso para que vaya al baño a refrescarse. Ese día yo me senté junto a la puerta. Cuando Adriana abría la puerta para salir se le vino el vómito y me ensució la maleta, parte del asiento y un pedacito de "algo" cayó en mi cartuchera.

Hubo un silencio de ultratumba (más o menos) y yo casi me desmayo, lo peor es que tuve que lavar mi maleta y llevar los libros aparte. A mí me dan náusea los vómitos, soy alérgica a ellos y me provocan asco. Así que ahora cada vez que a alguien le duele la cabeza y tiene fiebre, yo me aparto. 


Escuchándome en Silencio

Colaboración de Luisa Adriana

Comentar situaciones cercanas a la palabra “Silencio” me ofrecía creo que varias opciones, por lo cual  había pensado en no llegar con ninguna, no halle una más significativa que en abriera un espacio para escribir.
Por alguna razón, anoche traje a mi mente un momento de la vida, donde me sentí, diré literal, conmigo misma, no pudo interpretarlo de otra forma.
Tendría alrededor de 16 años, durante un día de escuela, haciendo educación física, algo de gimnasia, por malas acciones mías, andando de chistosa, con piruetas que no sabía hacer, caí de cabeza, y como consecuencia de ello, tuve un desprendimiento de retina a fondo en el ojo derecho.
Después de todo lo que llega , la angustia, el miedo de lo que pasara, la sensación de ver mal, mis padres, las monjitas ..y mucho que podría ser, expectante, llego la orden , cirugía, que según el médico era delicada, porque había que reconstruir la base de la retina. No se explicar nada más, esas fueron sus palabras, y luego me vi con él en la sala de cirugía, dos días después del accidente; en una época, donde aún no había los avances de hoy, y seguro que era entonces si era más complicado todo.
Me dicen que después de unas dos horas, el salió y le dijo a mis padres todo está bien, la recuperación es de quietud, mi madre pensó, ella quieta..?? Pero seguro yo le ponía un reto. Cuando me halle en la habitación asignada, en la Clínica Palermo de mi ciudad, donde las monjitas son casi tus enfermeras, me desperté, creía que no, y entre en pánico literal, no veía nada, mis ojos, los dos, vendados, por favor esto a mi edad una horrible tortura como no veía, me sentía ajena al mundo.
Paso la tarde, y seguro comenzó la noche asomo por que empezó un silencio, creo que horrible, a veces mi respiración, los latidos de mi corazón, era lo único que escuchaba, mi madre se había quedado conmigo, así que su respiración aunque más lejana. Yo inmóvil hacia arriba, no debía moverme, no podía hacerme de lado, el cuerpo me tallaba por sí solo, y de sonidos nada, creo que la eternidad se me hizo presente, no sabía en qué pensar, que hacer, me asustaba asustar a mi mami, solo respiraba y me escuchaba; el resto silencio, silencio total.
Durante dos noches, los sucesos iguales, la tercera noche sí estuvo armoniosamente plagada de carreras, camillas, y llantos, descubrí que la ventana de mi cuarto daba a una de las salas de parto allá en el ala contraria, además fue una música, sin ser amena por completo, pero cubrió mi silencio de vida.
Una semana estuve allí, me quitaron los vendajes, comencé a acostarme de lado, y según mi mami, de nuevo dormí un poco tranquila. Dos semanas más después de salir de la clínica, permanecí con unas gafas especiales, que me cubrían los ojos por completo, totalmente negras, y con un agujero apenas de un milímetro por donde iba ingresando la luz.
Pero el “silencio” desapareció, tiempo después le di un valor enorme a mi visión, comprendí como se hace cada sentido indispensable, percibí como la falta de la visión te agudiza el oído, y cuando ya convives con el silencio visual (metafórico), renuevas tu universo auditivo, y vislumbras como los invidentes son tan excepcionales, y tienen tanto sentido de coordinación.
Esto lo comparto de una mirada, pues fueron días como lúgubres para mí, mientras me acostumbre a la no visión, ya de pronto comenzó de nuevo la luz en mis ojos. El silencio que me acompaño, fue mas como una luz para sentirme vivía al escucharme.

Abrazos.