domingo, 1 de febrero de 2015

Una muy mala noche

Algunos tal vez sepan que yo estoy en una academia de inglés desde los 8 años. Los cursos del 1 al 6 son para niños. En el nivel 1 me hice muy amiga de dos compañeras: Romina y Adriana.

Una noche (horario 4 pm a 8 pm) Adriana se sentía mal. Le dolía la cabeza, tenía fiebre, y en el recreo tuvo náuseas. La miss le dio permiso para que vaya al baño a refrescarse. Ese día yo me senté junto a la puerta. Cuando Adriana abría la puerta para salir se le vino el vómito y me ensució la maleta, parte del asiento y un pedacito de "algo" cayó en mi cartuchera.

Hubo un silencio de ultratumba (más o menos) y yo casi me desmayo, lo peor es que tuve que lavar mi maleta y llevar los libros aparte. A mí me dan náusea los vómitos, soy alérgica a ellos y me provocan asco. Así que ahora cada vez que a alguien le duele la cabeza y tiene fiebre, yo me aparto. 


Escuchándome en Silencio

Colaboración de Luisa Adriana

Comentar situaciones cercanas a la palabra “Silencio” me ofrecía creo que varias opciones, por lo cual  había pensado en no llegar con ninguna, no halle una más significativa que en abriera un espacio para escribir.
Por alguna razón, anoche traje a mi mente un momento de la vida, donde me sentí, diré literal, conmigo misma, no pudo interpretarlo de otra forma.
Tendría alrededor de 16 años, durante un día de escuela, haciendo educación física, algo de gimnasia, por malas acciones mías, andando de chistosa, con piruetas que no sabía hacer, caí de cabeza, y como consecuencia de ello, tuve un desprendimiento de retina a fondo en el ojo derecho.
Después de todo lo que llega , la angustia, el miedo de lo que pasara, la sensación de ver mal, mis padres, las monjitas ..y mucho que podría ser, expectante, llego la orden , cirugía, que según el médico era delicada, porque había que reconstruir la base de la retina. No se explicar nada más, esas fueron sus palabras, y luego me vi con él en la sala de cirugía, dos días después del accidente; en una época, donde aún no había los avances de hoy, y seguro que era entonces si era más complicado todo.
Me dicen que después de unas dos horas, el salió y le dijo a mis padres todo está bien, la recuperación es de quietud, mi madre pensó, ella quieta..?? Pero seguro yo le ponía un reto. Cuando me halle en la habitación asignada, en la Clínica Palermo de mi ciudad, donde las monjitas son casi tus enfermeras, me desperté, creía que no, y entre en pánico literal, no veía nada, mis ojos, los dos, vendados, por favor esto a mi edad una horrible tortura como no veía, me sentía ajena al mundo.
Paso la tarde, y seguro comenzó la noche asomo por que empezó un silencio, creo que horrible, a veces mi respiración, los latidos de mi corazón, era lo único que escuchaba, mi madre se había quedado conmigo, así que su respiración aunque más lejana. Yo inmóvil hacia arriba, no debía moverme, no podía hacerme de lado, el cuerpo me tallaba por sí solo, y de sonidos nada, creo que la eternidad se me hizo presente, no sabía en qué pensar, que hacer, me asustaba asustar a mi mami, solo respiraba y me escuchaba; el resto silencio, silencio total.
Durante dos noches, los sucesos iguales, la tercera noche sí estuvo armoniosamente plagada de carreras, camillas, y llantos, descubrí que la ventana de mi cuarto daba a una de las salas de parto allá en el ala contraria, además fue una música, sin ser amena por completo, pero cubrió mi silencio de vida.
Una semana estuve allí, me quitaron los vendajes, comencé a acostarme de lado, y según mi mami, de nuevo dormí un poco tranquila. Dos semanas más después de salir de la clínica, permanecí con unas gafas especiales, que me cubrían los ojos por completo, totalmente negras, y con un agujero apenas de un milímetro por donde iba ingresando la luz.
Pero el “silencio” desapareció, tiempo después le di un valor enorme a mi visión, comprendí como se hace cada sentido indispensable, percibí como la falta de la visión te agudiza el oído, y cuando ya convives con el silencio visual (metafórico), renuevas tu universo auditivo, y vislumbras como los invidentes son tan excepcionales, y tienen tanto sentido de coordinación.
Esto lo comparto de una mirada, pues fueron días como lúgubres para mí, mientras me acostumbre a la no visión, ya de pronto comenzó de nuevo la luz en mis ojos. El silencio que me acompaño, fue mas como una luz para sentirme vivía al escucharme.

Abrazos.

sábado, 31 de enero de 2015

De cuando el miedo se llevó el sonido

Cuando pienso en Ariana, mi hija menor, pienso en su personalidad chispeante, alegre y vivaz. Sin embargo, hubo un momento en que esta personita pudo no llegar a ser.

Mi segundo embarazo fue muy tranquilo, no tuve mayores molestias ni complicaciones, Ariana se desarrollaba bien y siguiendo las pautas esperadas. Llegué y pasé la semana 40 sin señas de que ella quisiera salir al mundo, pero de acuerdo a los exámenes que me realizó la doctora no había de qué preocuparse.

Así llegó el 25 de mayo, día en que me realicé una valoración fetal que indicaba que el estado de mi hija era el esperado y que era cuestión de horas o días para que venga al mundo.

Efectivamente, esa misma noche empecé la labor de parto. Había decidido que, al igual que con mi primera hija, este sería un parto normal, así que cuando empecé a sentir las contracciones cada 8 o 10 minutos llamé a mi doctora para decirle que estaba en labor de parto y que salía para el hospital.

Cuando llegué todo transcurrió con normalidad, la Dra. y el personal médico se preparaban para un parto de rutina, hasta que me sometieron a un monitoreo fetal, y entonces la doctora descubrió que no se sentían los latidos cardíacos de la bebé. Analizó el líquido amniótico y encontró meconio, signo de sufrimiento fetal, y empezó a preguntarme si había sentido movimientos fetales a lo largo de la tarde, puesto que en la mañana todo había estado en orden. Yo no sabía que responder, me exprimía el cerebro pensando en si había sentido moverse a Ariana y no encontraba respuesta que me calmara y me permitiera decirle que si, que mi bebé se había comportado normalmente esa tarde.

En ese momento todo se transformó, lo que había sido una preparación rutinaria se transformó en una emergencia, mi ginecóloga salió a la sala de espera a comunicar a mis familiares de que había una complicación y a pedir autorización para una cesárea de emergencia. Me llevaron a un quirófano para practicarme la cirugía. Yo me sentía como en shock, no podía creer que lo que hasta hace unos minutos era apenas una espera para ver a mi hija, se hubiera transformado en una pesadilla, con el riesgo de que ella no existiera más.

Una vez aplicada la anestesia epidural mi doctora empezó la intervención. Había un silencio completo en la sala, no se oía más que los equipos médicos y a mí me daba miedo preguntar qué estaba ocurriendo, sólo veía el reloj que me decía que eran las 10:30 de la noche y que esos eran los minutos más largos de mi vida. A mi lado se encontraba el anestesista y junto a la doctora una enfermera y una auxiliar.

Todo fue muy rápido y en menos de 5 minutos la doctora ya había alcanzado a la bebé, la sacó y al mismo tiempo que el anestesiólogo me decía: "está bien señora, su bebé está bien" yo la escuché llorar y empecé a llorar yo también, dejando salir el miedo que me había guardado los minutos previos a la intervención. La doctora me tranquilizó y me dijo que todo estaba bien con Ariana, que no me preocupara y todo el personal pareció cobrar vida luego de ver que la bebé estaba viva y bien, las enfermeras empezaron a charlar y el anestesiólogo a dar las órdenes necesarias. Todo parecía recobrar vida luego de haberse detenido por unos minutos.

Por suerte el proceso no afectó para nada a mi Ariana, quien hoy transmite vida y alegría por donde va. La doctora no está segura de porqué se dio este problema, tiene la teoría de que la bebé no respondía bien a las contracciones y suspendía los latidos cardíacos durante las mismas, pero es una explicación que realmente no me interesa más, lo único importante es que Ariana salió bien de la situación.

Hoy doy gracias a Dios, a la vida y a mi doctora, que me permitieron tener junto a mí a quien considero una de las bendiciones más grandes de mi vida: mi hija Ariana.




viernes, 30 de enero de 2015

ADAPTARSE

En mi época colegial, (para mi la mejor de mi vida) cuando se tiene de 15 a 17 años y que te crees dueño del mundo y no tienes otras preocupaciones más que estudiar, vivía en todo el centro de la ciudad, en mi calle pasaban cuatro líneas de transporte, los vendedores vociferando los productos que ofrecían, a más de que al pie de la ventana donde tenía mi cama, se apostaban unos mecánicos que arreglaban carros en la vía pública, nadie en mi casa entendía cómo era que los días en que no tenía que asistir a clases podía dormir hasta las nueve o diez de la mañana, el ruido no me molestaba en absoluto.

Luego, cuando me fui a trabajar a un balneario donde la actividad se reducía a los tres meses de vacaciones que tenían los chicos que estudiaban, el resto del tiempo pasaba en un silencio sepulcral que inicialmente me desesperaba, pero como todo ser humano me adapté y lo bueno que aprendí a escuchar el sonido del mar, ya que vivía a una cuadra de la playa.

Después de 20 años regresé a mi querida ciudad y nuevamente a escuchar ruidos ya que vivía en una casa donde estaba nuevamente a pocos metros de donde pasaban los buses, escuchar el pito de los carros, otra vez los vendedores, niños que jugaban al pie de mi casa, entre otras cosas; nueva adaptación.

Hace ocho años volvía la historia: ruido-silencio-ruido.....silencio, me trasladé a vivir a una ciudadela residencial; aunque vivo al pie de una calle, en el año en que me cambié de domicilio, pocos carros pasaban, no había actividad de ninguna clase y no sé si por la edad incluido que me jubilé, me costó adaptarme, vivía en un silencio total de tal manera que cuando salía de la casa me daba la idea que iba del campo a la ciudad, ahora me he acostumbrado nuevamente al silencio, aunque ya existe más actividad en mi calle, circulan más carros y pasan uno que otro vendedor que son los que hacen ruido.

miércoles, 28 de enero de 2015

Hacer Silencio

¡Qué difícil es eso para mí! Esto de hacer silencio me ha costado muchas cosas, en el transcurso de mi vida he tenido algunas experiencias, divertidas y tristes.

Heredé el timbre de voz de mi mamá, fuerte, es casi imposible para mí hablar "bajito" el murmullo y los susurros no funcionan conmigo, y para ajuste de penas, me encanta carcajearme, no me basta la risa, no, cuando lo amerita, tienen que ser unas sonoras carcajadas.

Mi recuerdo más antiguo se remonta a finales de los años 60's tendría entre 8 y 10 años, entonces tenía una amiga (con la que solía leer en tardes de lluvia), éramos inseparables, tanto que decimos que somos hermanas.
La familia de Beatriz, se llama así, era muy católica, nosotros lo éramos sólo nominalmente, porque ni mi mamá ni mi papá nos llevaban a la iglesia, entonces mi amiga me decía que fuera con ellos, todos los domingos a las 7 de la mañana, sin desayunar para poder recibir la ostia, bueno pues con el permiso de mi mamá, allá iba yo, claro que en el camino, nos poníamos de acuerdo en hacerle bromas al padre confesor, en aquellos tiempos se usaban los confesionarios, en los cuales debíamos confesar nuestros pecados de la semana para poder comulgar.
Nuestra lista de pecados era interminable, inventábamos cada cosa, y fingíamos tanta pena  y vergüenza por matar, robar, emborracharnos, etc., no quedaba nada malo que no hiciéramos, y así era la cantidad de padres nuestros y avemarías que nos mandaban a rezar, por supuesto que era lo que menos hacíamos, empezábamos a cuchichear (ya dije que para mí eso era casi imposible) empezaban las risitas, los shh shh shh detrás, adelante y a los lados, cada shh aumentaba el volumen de la risa, hasta que soltábamos la carcajada, alguien llegaba y nos sacaba al atrio, entonces el regaño venía durante el regreso, dejaban de invitarme por un tiempo, hasta que volvían a claudicar con los mismos resultados.

Más adelante, con la entrada a la educación básica, los trabajos de investigación que debíamos hacer en las bibliotecas, era otra, ahí también había que susurrar para no distraer a los demás, pero por más que yo lo intentaba, mi voz resonaba en la sala, causando risa a mis acompañantes y por consiguiente a mí, allá te iba para afuera también, sin haber terminado de buscar lo relacionado al tema que me correspondía, realmente no me iba bien en esos trabajos.

Pero la peor experiencia vino unos dos años después, tuve una compañera, Angélica María, a la que recién se le había muerto el papá, de cáncer, ella estudiaba en un colegio privado pero al morir él, la situación económica de la familia entró en crisis, así que la enviaron a estudiar al instituto público donde estudiaba yo. Era una familia muy numerosa, yo ya conocía a sus hermanos mayores, que dicho sea de paso, el mayor me tenía enamorada, era guapísimo, y al morir el padre se puso a trabajar para ayudar al sostenimiento del hogar, era un excelente hijo y buen hermano. Eran 8 en total, 3 varones, dos mujeres, y otros tres varones, el mayor tenía 20 años y el más pequeño 5.
El caso es que la mamá de esta amiga quedó mal al enviudar, su carácter era terrible, nada le parecía y tenía a mi amiga muy limitada en todo, teníamos 15 años pero no le daban permiso para ir al cine, o a una fiestecita, era del instituto a la casa y de la casa al instituto, entonces yo iba mucho a su casa, para hacer las tareas, y ver a su hermano mayor, jajajajaja.
Pero oh problema, la mamá no quería bulla, teníamos que hablar bajito :( y serias, nada de risas escandalosas porque eso era vulgar, las señoritas decentes no se reían así.
El caso es que una tarde, estábamos murmurando, y la hermanita de 12 años dijo que estábamos burlándonos de ella, lo cual no era cierto, entonces nos reímos y ella se enojó, empezó a insultarnos y nosotras a reírnos, entre más nos gritaba, más nos reíamos... hasta que apareció la mamá y me puso de patitas en la calle, y con la advertencia que no volviera a poner un pie en su casa.  Eso sí que fue muy triste, mientras terminaba el año escolar todo bien porque estábamos juntas, pero al terminar el año, ella fue para otro instituto y yo para un colegio privado, a veces la esperaba en alguna esquina para caminar juntas y platicar un poco, pero con el tiempo nos fuimos distanciando hasta que ya no nos vimos más.

Así que hacer silencio no va conmigo, a pesar de las consecuencias :D

El sonido del silencio

No soporto el silencio. Me aterra.


Cuando era niña, muy peque, una de mis tías tenía una Isla en el Delta en Tigre.  Ibamos a pasar un mes en el verano. Mi papá se quedaba con nosotras el finde y el lunes muy temprano se volvía en la primera lancha para ir a trabajar y volvía recién el viernes.  Así que estabamos solas. Y yo no podía dormir. Porque le tenía miedo al silencio.


Ya más grande me pasaba en el campo. Salir de la casa por la noche, a esa oscuridad impenetrable y ese silencio que se sentía como si fuera una entidad me aterraba.

Y como la vida es muy irónica y cruel a los 30 años me diagnosticaron otoesclerosis.  Algo así como que un huesito diminuto que tenemos en el oído y que cuando el aire pasa vibra y lleva el sonido en mi oído está rídido.  Como no se mueve no transmite. Conclusión la capacidad auditiva se reduce poco, mucho o totalmente en un plazo que puede ser breve o no.  Dos opciones: una operación difícil, con algunos riesgos que no me gustan...o audífono.  What??? come on! audífono como las viejas gagá? ni hablar...así que por ahora me aprovecho de que uno de mis oídos es casi totalmente sano y despisto bastante bien.

A veces me pongo a pensar como va a ser ese día en que el silencio me envuelva totalmente.  No es seguro que suceda, pero es una de las posibilidades.  Horrible.  Va a ser como estar en el campo todo el tiempo jajajjaja

Pdero ya no podré escuchar el sonido del mar, a Beethoven y Mozart, a The Police y a Queen...una porquería...

Pero....hay algunas ventajas...ya no tendré que soportar a Arjona, ni al reggaeton ni el hip hop, ni la publicida de Head and Shoulders que hace la chica esa de apellido Vergara, ya no tendré que soportar el espantoso doblaje de las novelas brasileras ni las sirenas de las ambulancias que me ponen e triste...pensandolo así es bastante atractiva la sordera jajaj

Les dejo una canción que viene al caso, y que me gusta demasiadísimo:


El credito por la foto es:
http://www.elclubdigital.com/foro/showthread.php?t=112672

martes, 27 de enero de 2015

Lo contrario al silencio

Cuando leí la palabra silencio me acordé de mi post que tengo en mi blog sobre el daño que hace el ruido pero esa no es una anécdota jejeje y leyendo a Elena, me vino el recuerdo.

Hace unos años, me tocó ir a un congreso médico en la ciudad de México, cuando ya estaba yo viviendo en San Luis Potosí.

No queriendo batallar, le pedí a una amiga que vivía a unas cuantas cuadras del lugar del congreso, si me podía dar posada. Servía que la visitaba porque la quiero mucho.

Cuando fue hora de dormir, me dijo que el cuarto donde dormiría yo era el de su hijo, que él me cedería su cama y se iría a la sala.

Agradecí el detalle sin saber que horas después anhelaría que me hubiese tocado el sillón.

Resulta que la ventana del cuarto donde me dormí daba hacia el viaducto, una vía muy transitada, así que podrán imaginarlo, toda la noche me la pasé oyendo el zumbar de los coches!!! y yo, que estoy acostumbrada a dormir con tapones de oídos, en silencio y oscuridad total, no podía hallarme en ese momento en un lugar totalmente contrario a mi amado silencio.