viernes, 27 de febrero de 2015

Mi entrada en la Web

A finales de los años 90, mi esposo que ya tenía sus 70 años, estaba escribiendo un libro de texto, cuyo título era Sala de Audiencias,  se trataba de una recopilación de sentencias dadas en el tiempo en que había sido Juez Penal, trabajo que efectuaba en una máquina de escribir, que aunque moderna, no avanzaba en su trabajo, como lo podía hacer en una computadora, eran las recomendaciones constantes de sus hijos, pero como todo Señor mayor y un poco terco, se negaba a usar tremendo aparato.
En esa época, hicimos un viaje a Michigán, donde uno de nuestros hijos hacia un Post-grado, quien se dedicó a introducirlo en el mundo de la Web, aprovechó para que enviara correos a sus otros hijos y amigos, cosa que le produjo cierto entusiasmo y aceptó que era de verdad una maravilla, poco duró ese entusiasmo pues al regresar a Venezuela, tomó de nuevo su maquina de escribir., pasado un  tiempo y aprovechando su cumpleaños, los hijos le regalaron una flamante computadora, recuerdo que fue una Windows 98, y se comprometieron a explicarle todos los días su funcionamiento, además de los beneficios que iba a encontrar, de nada sirvió y al salir ellos me comentó, ya los hijos quieren saber mas que yo.

Pero, fue un problema para mi, ya que cuando le daba a la tecla que no era, aparecía otra cosa, y el grito YLBA, llegaba a donde yo estaba, para que lo sacara del problema y como hacerlo si yo no conocía nada de eso, como cumplir mis deberes de esposa y secretaria, pero así fue como entre yo en ese mundo de la Web, oyendo las explicaciones que eran para él, y tratando de enderezar lo que él hacía mal, hoy puedo decir que soy autodidacta en computación.

Al comienzo solo usaba Word para escribir documentos, hacer formatos, buscar con Google, así poco a poco  comencé a enviar y recibir correos, luego vino la gran maravilla Internet, entrar en las diferentes redes sociales, con las que me he encontrado y reencontrado con amigos que tenía años sin saber de ellos, lo que mas me gusta es el poder leer diferentes clases de libros, mas ahora que los precios no me permiten adquirirlos, una vez quise abrir un blog, pero comprendí que eso no era para mi, me gusta entrar en blogs de mis amigos, siempre encuentro cosas interesantes, y ahora este blog ideado por Elena y Loly, que me permite expresar y recordar las aventuras de mi vida,
En estos momentos es cuando mas aprecio le doy,  por la facilidad como puedo comunicarme diariamente con mi hijo y nietos que están en otros lugares y hasta hablar y ver sus caras todos los días, por medio del Skipe,

Lo que no me gusta es archivar fotos, tengo un archivo pero de fotos que me han tomado, porque considero que no hay satisfacción mayor que tenerlas en papel,  en un álbum,  sentarse de vez en cuando a verlas y recordar épocas pasadas en compañía de la familia.

Podemos hoy decir, que estamos todos unidos en un gran Continente llamado Web.

Qué sería de mí sin la Web?


Yo tuve mi primera computadora en 1986.  Mis padres me la compraron como regalo para mis quince años.
Era una Commodore 16, con todos sus periféricos.  Una caja enorme de chucherías que me llevó varios días averiguar para qué servía.  Un teclado aparatoso que se conectaba a la televisión.  Un dataset donde podía grabar información en cassettes de cinta!!!! y los indispensables joysticks para los juegos.

No existía el entorno Windows, ni los discos rígidos.  Básicamente la prendías y la tenías que programar para que hiciera lo que quisieras que haga..y luego o guardabas en los cassettes la inof o se perdía y la próxima había que volver a empezar.  Hasta música hacíamos con esa cosa.  Rápidamente mi casa se convirtió en el centro de reunión de mis compañeros de escuela, ya que ninguno de ellos tenía computadora en su casa.

Más tarde la cambié por una Commodore 64, luego por una XT, finalmente por una AT que ya tenía Windows y disco, pero donde seguías grabando en los diskettes flopply de 5 1/4 pulgadas.  Que tiempos!  Con un hermoso monitor fósforo blanco.

Para todo esto en la escuela secundaria y en la universidad teníamos cursos de DOS y demás herramientas imprescindibles.

Y en el año 1999 llegó a mi vida internet.  Ahh que maravilla!! La primera persona con la que hablé fue MANOJ, un chico de Nepal con el cual compartimos desde entonces nuestras vidas.  En ese momento estaba decidiendo que iba a estudiar y hoy es un profesional, se ha casado, tiene una hija hermosa y seguimos hablando muy seguido.

Hoy la web ocupa un lugar central en mi vida.  Es mi herramienta de trabajo.  Con ella organizo viajes, reservo hoteles, armo itinerarios, me contacto con pasajeros, operadores y hoteleros de todo el mundo. Sobre todo desde que tenemos Skype.  También es lo que me mantiene en contacto con familiares que viven tan lejos como en Barcelona, Sevilla o Atlanta o en el interior de la República.  Y con los amigos de la vida que viven en todas partes y aun asi me mantengo en contacto diariamente.

Obvio que tambien la uso para entretenerme: algún juego y muchísimas lecturas!

Por la web me he peleado, me he amigado, me he enamorado, me he decepcionado, he conocido gente maravillosa y de la otra. He recibido regalos, salutaciones y muestras de afecto en momentos duros.  No concibo la vida sin la web.

Les pongo fotos ilustrativas de mi primera compu y de mi compu actual, solo para que nos ríamos un poco de lo que cambiaron las cosas desde el 1986 al 2015.



miércoles, 25 de febrero de 2015

Mi resistencia al cambio

Cuando empecé a trabajar en donde estoy ahora, este año se cumplirán 25 como si nada, todavía se usaban las máquinas de escribir, con papel carbón y dos o tres hojas de papel copia, que por lo regular eran muy finitas.  Lo malo era que cuando se cometía un error, había que empezar la redacción desde el principio.

Cuando llegaron las computadoras, ahora son vistas como dinosaurios, que nos fueran donadas, eran la novedad para mis compañeros de trabajo, mucho más jóvenes que yo, ellos acaparaban las tres máquinas que habíamos recibido, sin embargo, mi compañera de oficina se ofreció amablemente a enseñarme, cosa que yo rechazaba con una dulce sonrisa, "no gracias, yo sigo con mi máquina de escribir", le decía, y ella me respondía "no sabes lo que te pierdes", así pasaron algunos meses, ella insistía cada días más y más, y yo resistiéndome al cambio, ¡qué empleada más obsoleta era yo! jajaja, pero finalmente acepté, el programa que se usaba entonces era el MS-DOS, con un complicado sistema que incluía el Alt + control, o Alt + algún número, ya se me olvidan jajaja, en fin, yo, libreta en mano iba anotando paso por paso todo lo que tenía que hacer y cuando cometía un error, sentía que el mundo se había terminado, afortunadamente nunca fue así :)

Una pequeña muestra de cómo se veía el inicio de sesión.

Y por supuesto que mi compañera tenía razón, cuando empecé a ver los beneficios de la computadora, casi le hago un altar, jajaja, sobretodo por el uso de la WEB, entonces las computadoras pasaron a ser la herramienta más querida para mí, no sólo por ser un medio de trabajo muy eficiente porque agiliza las comunicaciones, sino porque pude empezar a tener amistades virtuales, las relaciones sociales son muy gratificantes cuando se puede dosificar el tiempo y el horario para mantenerlas, ¡es excelente! Creo que la WEB bien podría ganarse el calificativo de la 8a maravilla del mundo, aunque viéndolo bien ya le tocaría como la 10a jejeje.

Etiqueta  MS-DOS

lunes, 23 de febrero de 2015

Calor humano en la web

Soy de la generación que no conoció las computadoras sino hasta  después  de terminada la universidad y por lo tanto la web, la vine a conocer muchos pero muchos años después.

Recuerdo que cuando terminé la universidad e hice una especialidad en área pedagógica, unas amistades me prestaron una computadora para hacer el trabajo con que me darían mi diploma, porque incluso me titulé de médico con un trabajo en máquina eléctrica.

Años después tuve mi primer computadora y le tenía un miedo, de hecho por dar clic en donde no debía en varias ocasiones la descompuse jeje

Así que pensar en el internet, era más miedo todavía! Y más le pensaba porque en aquel entonces al usar internet usabas el teléfono y si alguien te hablaba tu línea estaba ocupada.

Pero llegó el tiempo en que tenía que vencer el miedo y administrar el miedo.

Dejé de descomponer computadoras y con la guía de mi hermano y leyendo todo manual que encontraba, logré manejar mi computadora, sino excelente, por lo menos sí para que me resultara muy útil y ahora casi indispensable.

El mudarme de ciudad además me imponía estar en contacto con amigos y familiares en el DF, e incluso algunos en otros países.

Y cuando el internet que contraté te permitía usarlo sin ocupar la línea, bueno, el mundo se pudo abrir. Empecé a dar clics y me encontré con algo realmente maravilloso.

Todavía la gente que oigo que detesta la web, creo que precisamente es porque no logran encontrar la utilidad que yo hallé.

Así que cuando me di cuenta, ya tenía donde actualizar las clases que imparto a mis alumnos.
Ya podía encontrar canciones que mi mamá añoraba hace años. Tenía contacto en minutos con mis amistades y familia. Increíble que un correo llegue tan rápido incluso al otro lado del mundo.
Y encontré muchas cosas más.

Y ¿lo más valioso? Encontré a pre-textos. Ese lugarcito (que hasta después me enteré que no era de mi país, sino de Argentina) que me enseñó a que había gente que amaba los libros igual que yo, que le gustaba opinar sobre ellos y que después se convertirían en personas a quienes puedo llamar amigos, a pesar de que algunos no los he visto físicamente.

Después descubrí  el mundo de los blogs, que sacó a flote mi faceta de escritora.

Y al final, descubrí el facebook, gracias al cual tengo más contacto con mis amistades y amigos e incluso con varios a quienes creía perdidos.

Y la gente se atreve a decir que una computadora y la web es fría. No nos conocen a quienes la usamos.

Sí, hay riesgos, hay desventajas, pero como en todo, no son las cosas las que son, sino la forma en que las usamos. Y yo tengo mucho calor humano en todos esos megabytes que le dan vida y alegría a mi existencia. 

Los personajes de la web

En la oficina donde trabajaba en el DF tuve por primera vez en mi vida una computadora a mi disposición con acceso a Internet. Una de las primeras cosas que hice en cuanto me familiaricé un poco con el manejo de la web fue abrir mi primer blog. No les voy a hacer su historia, que a estas alturas ya es bastante larga, pero sí les hablaré un poco sobre los personajes que por allí aparecieron. 

Al principio era muy frustrante esto del blog. Publicaba y publicaba, y nadie se daba por enterado. Aquello era un desierto. Vamos, que me parecía que estaba hablándole al vacío. Tuve que esperar un par de años antes de que llegara mi primer comentarista, un chico latinoamericano (¿colombiano?) que vivía aquí en la ciudad condal. El segundo comentarista, una amiga del DF, tardó aún varios meses más en aparecer, y ya después gracias a ella se precipitaron otros muchos, podría decirse que en avalancha, con lo que el blog cobró mucha vida y vi renacer un interés ya casi perdido.

Fue entonces cuando aprendí que tener gente que te lea y te comente es todo un compromiso. Implica no solo el agradecimiento y responder sus comentarios, sino también visitar sus blogs y dejarles algunas palabras a mi vez. Siempre fue un gusto, no puedo decir otra cosa, y también una cantidad de tiempo considerable invertida en eso de leer y comentar. Pero esa es la esencia de este mundo de los blogs, establecer una comunicación y cultivar la reciprocidad y, con suerte, la amistad. De esa etapa tan activa me han quedado varios buenos amigos, muy queridos, y por eso aún hoy, cuando ya no dispongo de tiempo para leer y comentar por todas partes, sigo agradeciendo a quien tuvo la feliz idea de crear este formato.

Claro que no solo hay comentaristas bien intencionados en la web. Están, entre otros, los que dejan comentarios spam, que no hacen más que poner alguna promoción a su propio espacio o a algún producto en venta; y también los trols (o trolls), seres oscuros y amargados que se dedican a ir por ahí regando la peor de sus bilis, dejando palabras negativas y con frecuencia agresivas, que muchas veces ni siquiera tienen que ver con el tema de la publicación del blog. 

Hay aún otro tipo que no sé cómo nombrar. Los ubico en un punto medio entre el amigo y el troll, una especie de trol-amigo bien intencionado. Se trata de aquel que comenta sin ofender y, por supuesto, con la mejor intención del mundo, pero solo lo hace cuando tiene algo que decir en contra de lo que se ha publicado, cuando no está de acuerdo. Lo peor es que suele tener una base sólida para lo que dice e incluso puede llegar a tener razón, echando por tierra todo tu trabajo. Son lectores críticos, que saben de lo que hablan, especialistas en encontrar el punto débil de todo tu razonamiento. 

¡Ah, sus comentarios siempre fueron los más difíciles! A los otros se les contesta con una palabra amable o simplemente se les borra, pero estos son al mismo tiempo positivos y negativos. Te mueven el piso, te provocan algún enojo, y también te hacen crecer. Gracias a ellos te ves obligado a poner más cuidado con lo que escribes, a investigar más antes de publicar algo y, todo hay que decirlo, hasta evitar en ocasiones los temas que puedan ser complejos o controvertidos. Porque con ellos uno se siente responsable de cada palabra que lanza al ciberespacio; sabes que ahí estarán, fiscalizando tu texto, preparados para rebatir una a una tus afirmaciones. 

Los tiempos cambian. Mis intereses ha ido variando y mi actividad real se ha ido incrementando, por lo que dedico mucho menos tiempo a esto de los blogs y supongo que del otro lado de la pantalla suceda lo mismo. Ya no hago la ronda diaria por el “ciberbarrio”, leyendo y dejando comentarios en cada espacio amigo (con frecuencia no me alcanza el tiempo ni para participar activamente en mis propios blogs), y creo no equivocarme al decir que son pocos los que siguen esta rutina. 

A veces —las menos— paso y comento, sobre todo para que mis amigos sepan que no los olvido, y una que otra vez dejo mi opinión también en sitios nuevos, cuando un texto me llama la atención. Y sí, debo confesar que en esos momentos me he sorprendido comentando solo en temas que conozco y que han mal-tratado en su publicación, siempre para rebatir, sin ofender, por supuesto, y con la mejor intención del mundo... 

domingo, 22 de febrero de 2015

Ah... La vanidad!!

La vanidad... según leí el vicio maestro, el comienzo de todos los pecados, esto complica reconocer que somos vanidosos pero aceptemoslo, sin importar que tan mal parada la dejan las definiciones, tod@s tenenos algo que cae en la categoría de la vanidad.

Todos buscamos la manera de lucir mejor, de resaltar un atributo, elegimos la ropa que sentimos nos queda mejor, nos maquilamos, nos arreglamos el pelo, las uñas y eso es sólo en cuanto a nuestra apariencia. En otras ocasiones presumimos de lo que sabemos, aunque no lo hagamos conscientemente o lo hagamos con la mejor intención de "iluminar" a algunos, dejamos saber que sabemos lo que sabemos o que podemos hacer lo que podemos hacer.

En mi caso particular trato de sacarle partido al que considero mi mejor atributo físico, por no decir el único: la estutura y como lo hago...pues con zapatos altos.

Me encantan los zapatos altos, padezco no poderlos usar siempre, no me siento igual cuando me pongo zapatos altos que cuando ando arrastrando los pies y que conste no lo digo yo, hace poco leí un artículo sobre un estudio que hicieron en una universidad de Canadá que indicaba que a las mujeres con zapatos altos le daban paso mas fácil al cruzar una calle o recibir ayuda que las que usaban zapatos flat y yo puedo dar fe y testimonio de que es así, al menos al cederme el paso.

Los zapatos sin tacón los compro, y los uso, por pura necesidad, los altos por gusto y quizás por eso en ocasiones me excedo y acumulo mas de los necesarios...corrijo, ninguna mujer tiene mas zapatos de los necesarios, siempre necesitamos ese que vemos en la vitrina para combinarlo con el pantalón que vimos en otra. Cierto Loly y Cecilia?

Cual circulo me toca por la vanidad de acumular zapatos?




VANIDADES FAMILIARES

Colaboración de Luisa Adriana

La Vanidad, bueno creo que muy a pesar de no hallar las mejores definiciones en el diccionario, todos encaramos alguna vanidad, por varias razones, no asumimos esa realidad, incluso por algo muy nimio, nos atendemos, nos cuidamos y enfrentamos ese deje de cómo me veo , me siento o verán.  Creo que a nosotras, en casa, mis padres nos enseñaron a tener una vanidad sencilla, un cuidado por digamos estar bien presentadas, y cada una de nosotras lo asumió según su manera.

Siendo tres mujeres, hijas, y mi madre, siempre con su cabello impecable y sus uñas largas y muy bien cuidadas, algo debíamos heredar.  Un sencillo pasó por esta etapa que nos identificó además en la forma física, la que todos ven. Nuestra adolescencia donde todo esto se hace individual y particular, la vivimos en casa de mi abuela, teníamos un cuarto para las tres, y un closet, espacioso donde cada cual tenía sus cajones para organizar. Pero al fin era un solo espacio, y acumulaba nuestras locas vanidades en crecimiento.  Las fotos que adjunto, son de la época, en que aun vivíamos juntas, sin compromisos de ninguna clase.




Mi hermana mayor, Mariángeles, es la chica que todo le debe combinar, no puede tener nada fuera de tono, y era literal, la más intensa en organizar ropero, aún lo es; quizá los años le aplazan un poco pero al vida le ha dado hija y nieta, para poder seguir con su rol. Ella a pesar de tener un defecto físico muy notable, jamás la opaco, salía a la calle muy puesta, muy organizada y se maquillaba mucho, le gustaba destacar su rostro, y las uñas siempre largas, pintadas, no recuerdo desde quizá sus 16 años verlas sin algún color. Puede gastar el tiempo que sea en recorrer los lugares para organizar sus prensas que se junten en armonía de colores, siempre la verán muy arreglada y bonita.






La menor, Ana María, desparpajada, a ella entre más liviana la ropa mejor, el desorden total, su ropa estaba de un lugar a otro, ella se ponía lo que salía, y muchas veces le criticaron porque le gustaba llamar la atención con sus prendas, se comenzó a maquillar a corta edad, ella era la niña precoz en todo, creció mas, a menor edad, la creían nuestra hermana mayor, y muy engreída, se ponía feliz de que fuera así; pero es quizá la más despreocupada de las tres en los detalles, le gusta más que nada cuidar su cabello, es como su atracción personal de vanidad. Ya casi no se maquilla, y como enviudo tan joven dejo atrás ese estilo como fresco  con que se vestía, creo yo, por esto fue; después de un largo periodo se volvió a preocupar por su atuendo, sin embargo, es relajada y busca comodidad, a pesar de cualquier cosa.


 

Y bueno yo, como siempre en casa soy la diferente, jajaja, mi vanidad fue creciendo por motivos ajenos a la educación, y el principal, el medio en el que estudie y he trabajado, rodeada de hombres – como saben – Igual que a mis hermanas, algo venia de casa, pero al tener ya un trabajo, ese donde ya no eres niña, ni siquiera adolescente; llevaría casi un mes, y me llama el jefe de personal. – Bueno, acá ya no eres niña, debes venir de vestido formal, tu cabello sin coletas, y bien arregladita como toda una dama, entre en pánico, llegue a cas a contarle a mi mami, quien se puso feliz, (cosa incomodísima) y me dijo eso es fácil, y al cabo de unos días, ella me había confeccionado vestido, faldas, blusas, y que se yo, mi ropero dejo de ser joven estudiante, y me volví en la nueva de tacones, se burlaban mis hermanos; tendría unos 18 años larguitos, y hasta el día de hoy, preferiría vestir de falta, solo que el medio, igual no me deja. Aprendí a ese toque de feminidad, que nos hace distantes de los hombres, sin ser arrogante, para nada, considere también que esa atención a mi presentación, como una acción propia; era una forma de reivindicar mi sentido femenino, por lo cual me prometí, jamás llegar a trabajar sin el arreglo básico, con lo que claro la vanidad toma un papel más importante; me cuido y atiendo, no meticulosa como mi hermana mayor, quien me criticaba por no hacer ciertas cosas; pero si, a ella le aprendía a combinar y organizar con tiempo lo que me pongo. Entre lo esencial está el maquillaje, además de gustarme, siempre, léase literal, siempre me combinan los ojos con lo más cercano al rostro, el cabello nunca llega sucio en una coleta, siempre limpio y organizado y hoy día las uñas me devengan buen tiempo por todo lo moderno. No salgo de casa en ropa ligera, no uso sudaderas, y prefiero no andar en tenis, o debo hacerlo de una manera muy acorde con la ropa, y mis ojos llevan un delineador y pestañina o rímel, Concluyo, soy y me gusta ser vanidosa, desde chica un aire coqueto me agraciaba, me parece; sin ningún extremo, pero es parte de mí, si hoy debo salir de afán, hay cosas básicas que hago, y ya.

Acá las cuatro, en estos días

Cuando a tu alrededor tienes un 99,8% de hombres, has de aprender que si tu no notas el detalle, ello si, sea acorde o fuera de base, ello lo notan; no quiero hacer esta observación como algo malo y con lo que cree falsas vanidades, pero si como ese punto donde ser además de muy femenina, tener un toque para mantenerte siempre, diré, presentable. Me siento muy bien con ello, y aprendí también que los hombres son muy, muy vanidosos, ellos se cuidan mucho, y así eduque, la sana vanidad referida al cuidado y buena presentación, te identifica, te hace más individual, y te da una cierto autoridad, con tus pares porque es señal, de que te respetas al cuidarte. Y le sumo, mi inteligencia, el sentido de identificarme con lo que hago, sentirme exclusiva por mis acciones, que es otro toque de vanidad con la que me hago un lugar donde laboro o estudio o comparto con varias personas pues es un orgullo de mi misma, como creer en mí, o algo similar. ; Así mismo mis chicos les digo, hay vanidades que afloran y unas que corresponden al ámbito muy personal, que son sanas y no hacen mal. Creo también que la feminidad, lleva puesta una dosis de vanidad, y la refiero en el cuidado, en un vestir que nos haga sentir cómodas, que nos destaque, que nos encare en este mundo del machismo con delicadeza.

Abrazos, Luisa Adriana.