miércoles, 4 de marzo de 2015

Uno de los problemas de ser Zurda


No es que me queje de ser zurda pero en este caso si fue un pequeño problema.
La miss de música una vez hizo un grupo de flauta para tocar en 2 eventos en la semana Cultural, el Titanic y el Himno a la Alegría, nos salió  bien,  luego pensó que con otro instrumento nos iría mejor y de esa idea salió: el Xilófono.
Un día la miss nos dijo que traigamos palitos de Xilófono, así que ya sabíamos lo que nos esperaba mañana. Otro día una compañera le enseño la canción “Lambada” o “Llorando se fue” y le prometió que la íbamos a tocar y si, adivinaron, esa íbamos a tocar.
A mí no me interesaba, ya que no la había escuchado. Yo me sabía las notas pero era la peor en la práctica. La íbamos a tocar para fin de año ( faltaba mucho tiempo). Cada  vez que tocaba calculaba mal y por lo tanto me equivocaba .
Como yo soy zurda y tocaba con la derecha pensé  que  si cambiaba de mano me iba a ir mejor. Un día miss se acerca a observarme tocas y descubre mi secreto, me manda a practicar en casa.
Al día siguiente la miss me pregunta si yo había practicado y le respondí que me sabía las notas pero no practiqué, razón por la que no pude participar, pero yo si quería y mi mami también pero solo quedó en deseo.
Aunque viéndolo por el lado positivo,  no perdí tantas clases y para mi consuelo, ni se presentó el famoso grupo.

Esa es mi triste-mala suerte- con el Xilófono.

martes, 3 de marzo de 2015

Goma Xantana

Con la letra X me dije, esta vez será muy difícil para mi escribir sobre una anécdota que haga referencia  a una palabra de estas, por lo que me dí a la tarea  con la ayuda de Google, buscar una lista de palabras que comenzara por X, para sorpresa la lista era larga, mas bien parecía un vocabulario chino, palabras que nunca había oído ni leído, pero insistiendo encontré esta palabra, que no estaba segura, pero sonaba en mis oídos insistentemente  sin poder recordar por lo que me dije, será que no me he podido salvar de un coletazo de aquel alemán que persigue a personas como yo? , pero como  decía mamá, esta muchachita si es terca, seguí insistiendo y de pronto la luz se hizo.

Hace mas o menos 20 años, que solíamos pasar temporadas en la montaña, en una casa apartada de la ciudad,  que aún hoy conservo, al pie de una montaña en el Pueblo de Tabay del  estado Mérida (mi ciudad natal) .
Cerca de nosotros vivía una Señora Polaca, con su esposo y una hija como de 16 años, lo cierto es que la señora se dedicaba a hacer yogures, salsas, helados  mas toda clase de repostería que vendía los domingos en el mercado de la ciudad,  uno de los ingredientes que usaba para espesar estos alimentos era la Goma Xantana, que le era difícil obtener, por lo que cada vez que yo viajaba a Caracas ella la encargaba, además que el precio era exorbitante, no se cual será en este momento, pero me imagino que imcomprable.
 
Tiene una gran cantidad de usos en la cocina y creo que ese yogur que venden, que tiene una consistencia sólida a pesar de elaborarse con leche descremada, le ha sido añadida una cucharadita de este componente, ya que cuando yo lo preparo me queda casi líquido.

Así es que además de haber cumplido mis deberes en este blog, les dejo este dato a mis amigas y amigos que les gusta la cocina, para que sus postres  le queden a la altura de un buen cocinero.

Xocomil


Hace un tiempo les comenté de mi visita al Parque Xetulul, ahora les contaré una visita al Xocomil (se pronuncia Shocomil) realmente es el mismo parque divido en dos, el Xetulul tiene muchas diversiones, éste es un parque acuático, toda la diversión en entre el agua.

Este lugar queda en medio de mi ciudad natal y la ciudad natal de mi mamá, en la época de la anécdota, ella vivía en mi ciudad natal, Xela (otra palabra con X que se pronuncia Shela), ahora vive en Reu.
Yo siempre he tratado de complacer a mi mamá en los gustos que se le dan, cuando está dentro de mis posibilidades, así que cuando me dijo que tenía muchas ganas de ir al Xocomil, planeé el viaje para mis vacaciones, primero tenía que viajar 200 kms. para llegar a traerla y luego los 40 restantes para llegar a este hermoso lugar.

Esa vez iba mi hija conmigo y uno de mis sobrinos que casualmente estaba visitando a la abuelita, los cuatro muy alegres llegamos en medio de un calor sofocante, pero solo las mujeres dispuestas a meternos al agua, él no quiso, dijo que nos iba a cuidar y a tomarnos las fotos de ley.

Lo primero que hicimos fue meternos al río, este es muy divertido porque uno pasa bajo unos chorros de agua con presión, que si uno se descuida le saca la ropa, afortunadamente eso no sucedió, lo único que perdió mi mamá fue una cinta que llevaba en el pelo.



Después de esa primera mojada, se nos ocurrió a mi hija y a mí, subir al tobogán familiar, sin tomar en cuenta que siendo solo las tres y pequeñas de estatura mi mamá y yo, mi hija no tanto pero sí flaca, no tendríamos suficiente peso para que la balsa no se moviera tanto de un lado al otro, pero ya subidas ahí no podíamos hacer nada más que completar la vuelta, mi pobre viejita llevaba una cara de susto porque sentía morirse y nosotras muertas de risa sin pensar que por su afección cardíaca, bien pudo haber sucedido, gracias a Dios todavía nos la tiene viva.


Terminamos el día muy cansados pero felices, si quieren ver más imágenes del lugar, ya que estuvimos en la piscina de olas, pueden verlas en los créditos de imagen. Es un lugar muy lindo.

lunes, 2 de marzo de 2015

El momento en que los chicos.... (Xavier)

Pocas veces se da uno cuenta que crece, que los intereses ya no son los mismos, que uno va cambiando.

En mi caso, una de esas veces, fue en 1o. de secundaria, cuando tenía 12 años. Siempre había sido fan de los grupos musicales, especialmente uno llamado Timbiriche.

Y me gustaba por su música y sus canciones, su apariencia física, ni me llamaba la atención.

Y de hecho si alguien me decía sobre que el aspecto físico de alguien me gustaba, no me agradaba, decía que yo era niña jeje

Pero llegó el día, en que todas en la secundaria, estaban locas por los del grupo Menudo. Era toda una euforia.

Y conocí a René cuando se despidió y quedé encantada de él aunque ya no lo oyera jejeje Luego me di cuenta que Miguel tenía unos ojos bastante pispiretos pero era Xavier quien levantaba más suspiros con esos ojitos claros, para mi gusto, obviamente.

Así que obviamente, empecé a comprarme los discos del grupo y durante un tiempo los coleccioné, de hecho, todavía los conservo jeje

En ese momento, me di cuenta que había crecido, los chicos por su apariencia física, ya entraban en mis intereses jejeje

Ahora años después, veo a los muchachos de Menudo y no los ha tratado muy bien la vida jajaja eso sí, a Xavier creo que no le ha ido tan mal :)

Él es Xavier

Y estos son los chicos de aquel entonces, creo que los han de conocer :)


Crédito de la imagen

De cuando me sentí extranjera (Xenofobia)

Creo que la única vez que me he sentido rechazada por ser extranjera ha sido en Japón. No me malinterpreten: adoro ese país. Es hermoso, limpio, amigable... Puedo decir que es uno de mis preferidos en lo que conozco de mundo, sino el que más. Los japoneses son más que amables, enseguida te hacen sentir en familia, se desviven porque tengas una buena estancia. En fin, que a pesar de ser bastante distintos tanto en lo cultural como en lo físico, no hay modo de sentirse fuera de lugar entre ellos. Sin embargo, hubo una ocasión o dos en que me sentí, hmm, diferente. Les cuento.

La primera vez fue en una ciudad a la que fuimos por un trabajo de mi esposo. Las chicas de la oficina del edificio donde vivíamos, cerca de Tokio, se asombraron mucho cuando les dije cuál era nuestro destino: “¡Pero si allí no van ni siquiera los japoneses!” La verdad es que nos encantó aquel lugar -antiguo, bien conservado, con ese encanto que la historia viva le aporta a todo el país- pero sí que pudimos darnos cuenta de que no estaban acostumbrados a recibir visitantes, y menos extranjeros. 

Los profesores que fuimos a ver, gente culta y de mundo, nos atendieron con total amabilidad, por supuesto. La gente en la calle era otra cosa, sobre todo los ancianos. No es que nos trataran mal en ningún momento, sino que nos miraban como si fuéramos bichos raros. Se paraban en la calle cuando nos veían, sorprendidos, y hasta se apartaban para dejarnos pasar. Vamos, que me sentí como un animalito exótico en un zoológico. 

En esa ciudad, más allá de las miradas en la calle, no tuvimos ningún otro indicio de causar extrañeza con nuestra presencia salvo en un desayuno en el hotel. Un señor, sentado en la única otra mesa ocupada del local, le comentó a su amigo en voz suficientemente alta para que nosotros lo escucháramos, algo sobre “estos molestos extranjeros”. 

La segunda y última vez que algo así me sucedió fue en Kioto, y no deja de ser extraño porque allí se reciben varios millones de turistas al año. Fue el último día de aquella visita a la antigua capital con una prima de mi esposo. Habíamos pasado unos días espectaculares, de mucho ajetreo por toda la ciudad, y esa mañana decidimos ir a relajarnos en un sentō antes de regresar. 

Crédito de imagen
Un sentō es un baño público tradicional japonés, una especie de spa con masajistas, saunas y varias pocetas de aguas termales en las que bañarse. Los servicios y pocetas están divididos en dos secciones independientes, una para hombres y otra para mujeres, porque a diferencia de los spa occidentales, en estos baños se entra sin ropa, desnudos por completo. Son toda una atracción por lo que es común encontrar extranjeros en ellos, pero cuando entramos nos dimos cuenta de que en este solo había japoneses.

(En la imagen pueden ver un sentō relativamente pequeño, seguramente de un barrio. Los hay más grandes y modernos. A un lado está el espacio con asientos para ducharse antes de entrar a  las pocetas porque, como son de uso común, el cuerpo debe estar bien lavado para que el agua se mantenga lo más limpia  posible para todos.)

Crédito de imagen
La prima y yo nos dimos un masaje con unas tailandesas que había a la entrada. Luego disfrutamos de una sauna de sal, nos duchamos y al final fuimos entrando en las pocetas que en estos sitios suelen ser varias, con diferentes temperaturas o con unos u otros minerales que aportan distintas propiedades a sus aguas. Ahí fue cuando notamos que al entrar nosotras en una poceta, las japonesitas que allí había, todo sonrisas y reverencias, decidían salir. Al principio parecía casualidad, pero al repetirse en dos o tres ocasiones entendimos que no lo era. Ellas no querían bañarse con nosotras. 

Claro que no hay nada capaz de hacerme sacar un mal recuerdo de una estancia en la bella Kioto, pero puedo decir que esa fue una experiencia curiosa, lo más parecido a la xenofobia que viví allí.

domingo, 1 de marzo de 2015

MI COMPAÑERA, MI AMIGA , Y EL SIGLO XXI

Debo aclarar que antes de escribir conversé  y le solicité permiso para poder hablar sobre ella, aceptó siempre que no la nombre.


Le voy a poner como nombre "Anais" para que se haga más fácil el relato.

Hace unos 10 años recién se introdujo la computación en las escuelas fiscales, por lo que se preocuparon de darnos un curso de principiantes con lo más necesario para que podamos utilizarlas en la escuela y poder enseñar a los niños.

Recuerdo que para Anais, era como asistir a una clase de chino o alemán no entendía nada por más que el maestro le daba clases prácticamente personalizadas, de tal manera que terminó el curso y todo estaba en el disket que nos dieron pero en su cabeza, nada.

Cuando le tocaba transmitir sus "conocimientos" a sus alumnos, nosotros le dábamos la mano, por fortuna que tenía a los niños más pequeños y no era muy complicado lo que tenía que enseñarles.

Para su suerte, al siguiente año lectivo enviaron un profesor de Computación, le indiqué que aprovechara para que reciba también ella clases, pero se sentía incompetente para usar la computadora y que temía dañarla y tener luego que pagar.

De ahí en adelante, teníamos que hacer en la computadora: lista de los alumnos, matrículas, datos personales, calificaciones, reportes, etc y Anais, pagaba al maestro de computación para que se encargue de todo, y así fue hasta que se jubiló; pero si pensaba que se salvó de la computadora estaba muy equivocada.

Sucede que a las personas de la "tercera edad", el gobierno nos devuelve el IVA (impuesto al valor agregado), para eso debemos registrarnos con una serie de documentos y tenemos que dar nuestro mail para las notificaciones, me contó que les dijo que no tenía y se extrañaron muchísimo, la mandaron a otra dependencia para que abra uno, eso fue el terror para Anais, tomó sus cosas y se fue para su casa, me ofrecí para abrirle uno y que cada vez que necesitara abrirlo, venga a mi casa y yo la guiaba, pero se negó, dice que nadie la va a obligar a usar algo que para ella no tiene ninguna importancia, hasta que  su familia la convenció y una sobrina le dio su correo para que pueda seguir con el trámite.

Pero vaya sorpresa para ella, cuando regresó y dio el correo, ahora le pidieron el número de su celular, ya se imaginaran, su respuesta fue "no tengo" tampoco le creyeron, le dijeron que hasta la persona más humilde tiene un celular y que necesitaba que le de el número; para que termine el trámite, se inventó un número.

Para su martirio, ahora las facturas son electrónicas y tiene acumuladas muchas por no querer utilizar una computadora.

Le digo a Anais que se ha quedado en el siglo XIX, pues tampoco sabe utilizar una cámara de fotos.

Sin embargo ella vive muy feliz pensando que no se pierde nada si no ingresa a la web.

Los amigos virtuales

Creo que para todos los que estamos conviviendo en este blog virtual, la palabra web nos viene como anillo al dedo, pues no es casualidad que todos los aquí presentes nos destaquemos por ser ávidos internautas (por no decir adictos), con una curiosidad infinita por descubrir cada día algo nuevo de lo que ronda en el ciber espacio.

No recuerdo cuando llegué a tener este contacto tan cercano con lo virtual. Sé que mis pininos fueron alrededor del año 2000, cuando entré en una empresa donde teníamos correo electrónico, pero si puedo dar una fecha más precisa para cuando empecé algo que dura hasta ahora: mi relación con la página web de Pre-textos, mi grupo de lectura virtual. 

Fue en marzo del 2007, cuando una búsqueda en google de un grupo de lectura, me llevó hasta esa página. Al inicio un poco tímida, sintiéndome fuera de lugar por los "sesudos" comentarios de los compañeros hacia un libro que a mí no me había hecho mucha gracia: La insoportable levedad del ser. Incluso me pregunté si había desembarcado en el lugar correcto, pues no me sentía a la altura de los participantes.

Por suerte perseveré y aun al día de hoy, 8 años más tarde, sigo formando parte de este grupo humano con el que he compartido mucho. Pero si hay algo que esta página me dio, no sólo fue la oportunidad de debatir libros, noooooo, me dio algo mucho más grande e inesperado: La posibilidad de forjar amistades a través de la web, algo que nunca me había planteado anteriormente.

Inicié intercambio de opiniones con algunas personas, con unas, con mayor afinidad que con otras, y esto me permitió conocer al ser humano detrás de la pantalla y a apreciar el tiempo que se brindaba para el intercambio virtual. 

Con Vilma
El siguiente paso fue más emocionante. Por mi trabajo, he tenido la oportunidad de realizar varios viajes al extranjero, y por suerte y coincidencia, me ha tocado viajar a lugares donde vive alguno de los integrantes de Pre-textos.

Con Ceci (Alada)
Tuve la fortuna de conocer a amigos tan queridos como Daniel, Vilma, Cecilia, Luisa, Christian y Tania, y se me han escapado por un pelo los amigos mexicanos, pues no he tenido como destino sus ciudades de origen. 

¿Y saben qué es lo mejor de todo?, que cada uno de esos encuentros no se limitaba a los pocos minutos de que disponíamos para conversar, sino que incluía una serie de conversaciones previas, conspiraciones casi, para ponernos de acuerdo sobre el encuentro. 

Recuerdo el ir y venir de llamadas telefónicas entre Luisa y yo para tratar de coincidir en un centro comercial de Bogotá. La sincronización con Tania para que nos reunamos en un restaurante durante los 30 minutos que el tour de paseo por Santo Domingo me permitía. Las instrucciones de Vilma para coincidir en cierta escultura del centro comercial que estaría visitando esa tarde. La visita de Ceci al hotel donde nos hospedábamos para iniciar un tour de lujo con guía particular. 

Con Tania
Todos estos amigos, estas increíbles experiencias, me las ha dado la web. Ahora no es raro que entre a mi FB (también un regalo de la web) y tenga divertidos intercambios con personas de Argentina, México, Guatemala, República Dominicana, España, Colombia, Venezuela y muchos lugares más. A todos ellos, los que hacen mi vida más alegre y amena, a todos les digo ¡gracias! y ya sabes que si, que a ti, a ti, a ti, a ti, a ti y a ti me estoy refiriendo.



Con Adriana y Christian
LOS QUIERO MUCHO!!!