domingo, 30 de noviembre de 2014

Pero yo quería ir a los caballos...

Cuando tenía 8 años de edad, mi mami y yo hicimos un viaje a la ciudad de Nueva York, donde vive mi tía Norma, hermana de mi mamá. Fue un viaje del que recuerdo algunas cosas pero creo que son más las que he olvidado, sin embargo, hubo una situación que se grabó en mi mente y que hasta la fecha recuerdo.

Además de los paseos imperdibles a la Estatua de la Libertad (subimos hasta el nivel de la frente a punta de escaleras, todavía me acuerdo del cansancio), una vuelta a Manhattan en barco, al Empire State, pasamos también un día recorriendo el zoológico del Bronx. Creo que fue el día que más disfruté, puesto que era la primera vez que acudía a un zoológico de dicha magnitud y con tal variedad de animales: recuerdo haber visto osos polares, elefantes, jirafas, pingüinos, y más, pero los más esquivos fueron los leones, debido al tamaño del zoológico, por más que tratábamos de orientarnos en buscar a dichos felinos, terminábamos yendo a otro lugar y al final nos fuimos sin poder acercarnos a su jaula. De hecho, tuvimos un vistazo fugaz de los mismos cuando recorríamos el zoológico en teleférico, pero ya con los pies en la tierra seguimos sin poder encontrarlos. Tampoco vimos koalas, me pregunto si habría animales de esta especie en el zoo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Bronx_Zoo 

Dentro de todas las actividades que se podían realizar en el zoológico había una que nos llamó la atención y era la posibilidad de dar un paseo en una carreta tirada por caballos (a lo familia Ingalls) o montar en el lomo de un camello. Mi mamá y yo nos emocionamos... pero por razones distintas, yo estaba loca por subirme en la carreta de caballos, y mi mami por hacer que yo diera una vuelta en camello. Entre mis deseos y el razonamiento de ella de que en Ecuador yo podría subirme en todos los caballos que quisiera mientras que un paseo en camello probablemente no se volvería a repetir en mucho, mucho tiempo, pues venció la voluntad de mi mami y tuve un recorrido en camello que fue toda una experiencia, pues por su forma de caminar parecía que iba sobre una montaña bamboleante. Tenía una foto de esta experiencia pero se ha perdido con el paso de los años.

Al final resultó que mi mamá tenía razón, yo no he vuelto a montarme en un camello, y si he tenido la oportunidad de hacer recorridos en caballos, pero si tuviera 8 años nuevamente, sé que volvería a desear subirme a la carreta, es que yo quería ir a los caballos... :)

PD: Mami, un trauma más además de el del cuento regalado jajajajaja.


10 comentarios:

  1. tal parece que en nuestra vida hemos visto un koala más que en la tele jajaja

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    1. Ha sido todo un reto retorcer los temas de tal manera que pudiéramos mencionar a los koalas, o su ausencia, en una entrada jajajajaja

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  2. Que animalitos más escurridizos, pero ni para nuestras entradas se dejaron ver :P

    Lindo paseo al Zoo yo hace poco experimenté darle comida a una jirafa, sentir su lengua rasposa en mi mano es una sensación que no olvidaré.

    ¿Qué esperas para subirte a una careta de caballos? Deja de culpar a tu mamá, ella razonó muy bien :D

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    1. Es que el chiste es subirse cuando una tiene 8 años Miriam, ya a los 40 tengo otras aspiraciones jajajajaja

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  3. Ok, cuando vengas te prometo un paseo en carreta. Me divierten tanto tus anécdotas!! ni que decirte los comentarios que le dedicas a la mami!

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    1. Ceci, la próxima vez que vaya a BA te cobraré ese paseo en carreta jajajajaja

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  4. Madre mía! Qué pataleta atrasada!!! Cuántos años llevas con esto dentro? :P
    Los koalas parecen seres de cuentos. Nadie los ha visto!!!
    Linda tu anécdota. :)

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    1. Y es una pataleta que se ha arrastrado a lo largo de los años Elena, con decirte que apenas mi mami leyó el título de la entrada sabía a qué me refería y se echó a reír jajajaja.

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